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26/04/2019 :: Nafarroa

Asesinato de la ecologista Gladys Del Estal: ¿premio por condena?

x El Salto / Argia
Se cumplen 40 años desde que un guardia civil mató a la ecologista Gladys del Estal en un festival antinuclear en Tudela (Navarra).

Se cumplen 40 años desde que un guardia civil mató a la ecologista Gladys del Estal en un festival antinuclear en Tudela (Navarra). La Audiencia Territorial de Pamplona impuso al agente una pena menor de 18 meses, pero éste fue condecorado poco después con una cruz al mérito, sin haber cumplido todavía la condena. Del Estal se convirtió en un símbolo para el movimiento ecologista, y su muerte, otro ejemplo de impunidad policial.

 El 3 de junio de 1979 el guardia primero José Martínez Salas disparó un tiro a bocajarro en la cabeza de Gladys Del Estal, activista ecologista donostiarra, en un festival antinuclear y pacífico que se estaba celebrando en Tudela. En diciembre de 1981, el juzgado de Pamplona lo condenó a 18 meses de prisión —sentencia confirmada en 1984 por el Tribunal Supremo–, pero no hay constancia de que ingresara en la cárcel.

Según ha podido saber la revista Argia, tan solo dos meses después de haber sido sentenciado, el guardia civil recibió una condecoración por parte del Gobierno español. El hallazgo es parte de una investigación sobre la vida y muerte de Gladys Del Estal publicada en un monográfico.

Martínez Salas fue condecorado con la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil en su categoría de Cruz con distintivo blanco, conforme una resolución datada el 15 de febrero de 1982 y publicada en el BOE del 29 de marzo del mismo año. La resolución está firmada por el Subsecretario de Interior Juan José Izarra del Corral, un político de larga trayectoria con multitud de cargos en la época franquista así como en las posteriores etapas de UCD y PP, y cuyo nombre fue vinculado al atentado mortal perpetrado por elementos parapoliciales en un bar de Hendaya en 1980.

Ya era sabido que al autor de la muerte de Gladys Del Estal se le otorgó en 1992 otra cruz —al mérito militar—, por la cual el entonces ministro de interior José Luis Corcuera tuvo que da explicaciones en el Congreso de los Diputados, diciendo que el guardia civil ya había cumplido condena y estaba “rehabilitado”.

La condecoración desvelada ahora ha pasado desapercibida por abogados e historiadores, y la justificación esgrimida por el ministro de interior no sirve en este caso, ya que el guardia civil todavía no había cumplido su condena cuando se le impuso la cruz en 1982. Habría que estudiar la legalidad o no de la misma.

Pero la investigación de Argia también pone en cuestión la legitimidad de estos premios, más aún si observamos las condiciones para recibir la cruz con distintivo blanco. Se basa en una ley tardofranquista de 1976 y ordenada por el propio Rodolfo Martín Villa. Entre otras pone como requisito que la persona merecedora de la recompensa debe haber mostrado “relevantes cualidades profesionales o cívicas” y haber tenido en sus deberes una “conducta ejemplar”. Martínez Salas golpeó y mató con un arma sin el seguro puesto a una ciudadana que estaba sentada en el suelo pacíficamente. 

LOS HECHOS

El acto de Tudela se enmarcaba en una protesta internacional antinuclear organizada en todo el mundo el 3 de junio de 1979. El festival —que tenía todos los permisos en regla— discurrió con relativa normalidad por la mañana, a pesar de los fuertes controles policiales. Pero a primera hora de la tarde, cuando miles de personas se encontraban disfrutando de la sobremesa, numerosos efectivos armados de las fuerzas de seguridad irrumpieron en la zona festiva realizando cargas indiscriminadas, por lo que la marcha contra el polígono de tiro de las Bardenas fue suspendida.

Algunas personas se sentaron en el puente del río Ebro a modo de protesta, entre ellas Gladys del Estal, y fue entonces cuando varias patrullas de la guardia civil la emprendieron a golpes y uno de ellos mató a la ecologista de un tiro.

Hija de refugiados de la guerra, Del Estal estaba plenamente implicada en los movimientos ecologistas y vecinales en el barrio donostiarra que la vio crecer, Egia. Su muerte supuso una catarsis en un País Vasco horrorizado por la violencia policial de los últimos años. La llamada a la huelga general realizada por el consistorio de Tudela —gobernada por los socialistas— fue ampliamente secundada en Navarra y demás territorios vascos. En Donostia, tras el funeral de la activista hubo importantes disturbios, así como en Pamplona y otras localidades.

Durante este tiempo Gladys Del Estal ha sido recordada por grupos ecologistas y antimilitaristas anualmente, tanto en la Ribera navarra como en el parque de Egia popularmente llamado Gladys-Enea. En el cuarenta aniversario la iniciativa Gladys Gogoan está preparando multitud de actos de homenaje; también se rueda un documental que se presentará en el festival internacional Zinebi en noviembre. La injusticia sigue alimentado la memoria de una activista que amaba el sol.

Reportaje original publicado en euskera en Argia.

https://www.elsaltodiario.com/violencia-policial/asesinato-ecologista-gladys-estal-premio-condena

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