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16/01/2013 :: Nacionales E.Herria, Iñaki Gil de San Vicente

Cuatro opciones para 2013 (I y II)

x Iñaki Gil de San Vicente - La Haine
La toma del poder es una necesidad ineludible, unida a la destrucción/superación del poder estatal franco-español en Euskal Herria

I

El capitalismo es peor que el peor de los monstruos, porque él es capital en auto expansión. Para sobrevivir, el capital ha de crecer, lo que le obliga a devorar primero a la especie humana y al planeta, y luego devorarse a sí mismo. Por ejemplo, cada vez hay más lugares en los que el agua potable es más cara que la coca-cola, u otro ejemplo, para producir un filete de ternera se necesitan 7000 litros de agua. Por esto, el capitalismo es peor que Cronos, que sólo se comía a sus hijos, y peor que el dios cristiano que sacrificó a su hijo para salvarse él mismo. Cronos, dios, etc., son creaciones opiáceas de la humanidad alienada pero el capital se ha auto-creado gracias al terrorismo aplicado en la lucha de clases, en la opresión nacional y en la explotación de sexo-género. Para conocer 2013 hay que estudiar las contradicciones del capital en su momento auténtico, en sus crisis. Por ejemplo, el nivel de los mares seguirá aumentando, ya lo ha hecho en 11 milímetros desde 1992, superando las peores expectativas de la ONU y desencadenando una sinergia destructora aún desconocida. La realidad cruda del capitalismo únicamente se descubre en sus períodos de tensión extrema, agónica, cuando se han hundido todas las mentiras e ilusiones, y cuando la inhumanidad inherente a la propiedad privada empequeñece y ridiculiza a Baal y a Moloch, simple figurillas de barro comparadas con la ferocidad de la tasa de beneficio.

El alma del capital radica en la sangre humana, y cuanto más hambre y enfermedades padezca la humanidad, más triunfos se adjudicarán el euro y el dólar, esencias del humanismo burgués, un humanismo tan brutal que el gobierno portugués ha aconsejado al pueblo que no caiga enfermo, mientras que la burguesía española ha decidido entregar el negocio de la salud a la piratería privada. Por ejemplo, la desesperada política yanqui por asegurar sus reservas de crudo, así como otras causas, hace más que posible que el calentamiento climático se acerque a los 3,6º C. en unas décadas, límite catastrófico, según el último informe de la AIE. Y es que el capitalismo tritura lo real, lo humano, impelido por sus contradicciones internas, objetivas. Lo objetivo es aquello de lo que no podemos escapar por mucho que neguemos su existencia. Podemos renegar y reírnos de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, y del choque entre el creciente contenido social de la producción y la creciente privatización burguesa de lo producido, de la concentración y centralización de capitales, de su perecuación, pero en EEUU el 1% de la población posee el 40% de la riqueza y casi el 25% de la renta nacional, y en Vascongadas el 1,3% el 44,4% del PIB: malvivimos bajo la dictadura objetiva del capital, aunque subjetivamente no lo veamos.

También podemos ampararnos en el rebaño que niega la validez de la ley del valor-trabajo, de la teoría de la plusvalía, de la ley de la caída tendencia de la tasa media de beneficios, y de la dialéctica, ridiculizándola. Esto y mucho más podemos hacer, pero los hechos son tozudos, aplastantes. Ahora mismo una nueva recesión agrava aún más la larga crisis iniciada en 2007, llamada la verdadera Gran Depresión. Recordemos que las grandes depresiones y crisis han concluido en guerras mundiales. 2013 será el compendio crudo de lo anterior, su expresión, y a la vez será el tiempo en el que se agudicen más todavía estas y otras contradicciones por la sencilla razón de que el capital nunca puede exterminar del todo la conciencia humana. Puede idiotizarla, acobardarla, engañarla y drogarla con esos 400.000 millones de dólares que como mínimo se gastan al año en estupefacientes en el mundo. Todo con tal de exterminar la conciencia crítica o reducirla a un diminuto rescoldo oculto en la gris ceniza fría de la llamada «normalidad democrática». Pero nunca la exterminará definitivamente porque la antropogenia es anterior a la acumulación originaria de capital. Tarde o temprano el aumento de la explotación y la reducción del salario chocan con el límite biológico y social de la reproducción de la fuerza de trabajo.

Conforme se llega a esta dramática situación, la gente oprimida va optando por cuatro alternativas básicas: La primera, indiferencia ética y pasividad política aunque sepa que un 20% de la infancia irlandesa va a dormir con hambre, que en el Estado español los beneficios de algunas empresas públicas privatizadas servirían para cubrir los gastos sociales, manteniendo y hasta mejorando los servicios públicos si hubiera voluntad política. Más concretamente, el centenar de grandes propietarios del Estado obtuvieron en 2012 beneficios sobrados como para pagar el gasto público en pensiones, sanidad y desempleo. La gran burguesía estatal es un 8,4% más rica que en 2011, mientras que la pobreza infantil se ha disparado un 41% desde el inicio de la crisis. A la indiferencia y pasividad se le une la huida, como los miles de jubilados alemanes a los que nos les llegan las pensiones de miseria y se afincan en países más baratos, pensiones bajas que se cobran tras una década de retroceso salarial continuado a pesar del casi pleno empleo de 2012, que se debilitará en 2013.

La segunda, que la pasividad e indiferencia se transforme en extrema derecha, fascismo e imperialismo porque esa gente sabe que el mundo sólo necesitaría 9000 millones de dólares para solucionar el problema del agua y del alcantarillado, pero prefiere que la UE se gaste 164.000 millones anuales en helados, tabaco y alcohol, y el imperialismo occidental, USA+UE, 17.000 millones en comida para perros y gatos. Esa gente se sabe parte del 20% del planeta que posee el 82% de la riqueza mientras acepta que más de mil millones sólo disponga del 1,4%; acepta el hambre en el mundo, sobre todo esos 220 millones de niños desnutridos, aunque puede acabarse con esa lacra sólo con el 1% del rescate bancario mundial. Es la gente que exige la limitación del derecho de huelga aunque el Estado español haya transferido 216.000 millones de euros del erario público al capital privado, como mínimo, lo que equivale a 4.500 euros por habitante, con una tasa de paro que va a superar el 25%. Una vía hacia la derecha es la desesperada sumisión de ese 63% de jóvenes del Estado dispuestos a trabajar sin cobrar con tal de «hacer méritos», pero otros girarán a la izquierda.

La tercera, es el reformismo más o menos duro pero sin una estrategia revolucionaria ofensiva. Islandia es un ejemplo de las virtudes y limitaciones de esta opción. Lo mismo que los comedores públicos portugueses para la infancia, o las cooperativas griegas para superar la enorme pobreza energética, que en el Estado español llega ya al 15% de su población. En 2012 se ha incrementado la distancia entre la burguesía y el proletariado en la OCDE, afianzándose la tendencia de 2011, cuando se cayó a niveles de desigualdad de hacía 30 años; y 2013 será peor que 2012. Según INTERMÓN, de seguirse así en 10 años será pobre el 40% de la población del Estado español. Oficialmente, en Vascongadas las personas que han visto empeorar sus condiciones de vida han pasado del 8,1% en 2008 al 16,7% en 2012. Las que no logran cubrir el gasto básico han subido del 3,1% al 5,7%, un incremento del 88,1%. Las familias con problemas graves de alimentación han aumentado un 116,8% desde 2008, mientras que hambre lo sufre el 2,1%, dato nunca conocido desde que en 1996 se inició el conteo. En Nafarroa hay un mínimo de 4000 familias sin ningún ingreso económico. Son dinámicas del capitalismo occidental que no pueden ser revertidas con un neo keynesianismo resucitado fuera de su extinto contexto histórico, sino sólo mediante una áspera y dura lucha de clases. Debemos asumir esta realidad en empeoramiento acelerado para avanzar en nuestra lucha de liberación nacional de clase y antipatriarcal, o de lo contrario nos arrastrará la marea.

Y la cuarta opción es la lucha revolucionaria, sobre la que me extenderé en un próximo artículo.

II

En la primera parte de este artículo, se exponían muy brevemente tres opciones para este año durante el cual tenderán a agudizarse todas las contradicciones del sistema incluidas las que se ocultan en posibles maniobras distraccionistas del poder, destinadas a ganar tiempo. Por ejemplo, aumentará el debate sobre los modelos socioeconómicos pero casi siempre desde una perspectiva abstracta y despolitizada, por citar una sola posibilidad. Denominábamos a las tres opciones como la pasota, la fascista y la reformista, definiciones muy genéricas y amplias que incluyen variantes, matices y diferencias apreciables pero secundarias en los momentos decisivos. Una característica oculta que las identifica es su aceptación última de la explotación, pese a las grandes distancias que les separan en determinadas cuestiones de innegable importancia: por ejemplo, la democracia burguesa, la dureza o tolerancia estatal, las libertades concretas de todo tipo, etc. La lucha por las libertades burguesas siempre ha sido una bandera revolucionaria, aunque sepamos que estas libertades no son socialistas y que, dependiendo de los errores de la izquierda, pueden fortalecer la explotación capitalista como de hecho ocurre.

Ahora, intentamos resumir lo básico de la cuarta opción, la revolucionaria. No es una tarea fácil porque entramos en otra dimensión cualitativamente diferente a las anteriores. Ya no bastan las simples cifras, porcentajes y datos cuantitativos, sino que debemos entrar a lo cualitativo teniendo en cuenta que nos centramos en el 2013. Ahora nuestra mente, nuestra capacidad de estudio crítico ha de cambiar de paradigma interpretativo, sobre todo debe perder el miedo a la verdad, inseparable del miedo a la libertad. Pero ¿qué es la verdad? Es la praxis en el interior de las contradicciones. Sin duda, este paso es el más difícil pero decisivo para avanzar en la opción revolucionaria durante el 2013. Cuando hablamos de miedo no nos referimos al miedo como alarma instintiva ante el peligro, sino al miedo socialmente incrustado en la estructura psíquica de masas mediante la educación dominante. Podemos encontrar un apoyo teórico al respecto, entre otras obras, también en la valiosa tesis de «la figura del Amo» de D. Sibony desarrollada para comprender por qué las masas explotadas italianas caían en la indiferencia política precisamente a finales de los ’60 y comienzos de los ’70 del siglo pasado. Luego llegaría Berlusconi. El Amo, su figura, es la cadena mental que nos impide superar el miedo socialmente impuesto.

Miedo al Amo es una de las respuestas básicas que debemos dar a la pregunta hecha por W. Reich sobre por qué no se sublevan las personas hambrientas y explotadas. Hay más respuestas, pero nos conducen al mismo fundamento teórico: el poder paralizante del fetichismo de la mercancía, tal cual lo demostró Marx. Naturalmente, no podemos explicar aquí con el rigor necesario la teoría del fetichismo, sólo decir que enseña por qué reducimos a las personas al estatus de cosas, de mercancías, y por qué elevamos a éstas al estatus de personas. Recordemos que la raíz de la palabra ‘persona’ viene del nombre en griego clásico de la careta que se ponían los actores de teatro para interpretar diversos personajes distintos y hasta opuestos mortalmente. O sea, nos remite a la inseguridad e incertidumbre dominante en una sociedad atrozmente patriarcal, esclavista e imperialista en la que el dinero, el equivalente que lo reduce todo a la ley del mercado, dominaba ya sobre los restos en retroceso de las relaciones sociales menos desiguales basadas en la economía comunitaria, como llegó a percibir Demócrito. En el capitalismo, ‘persona’ y fetiche mercantil son la misma cosa, y nos remiten a la propiedad privada de las fuerzas productivas. Suena a herejía lo aquí escrito, y lo es para la cínica doble moral burguesa.

Tal vez Freud no lo supiese, o prefiriera no decirlo, pero su crucial descubrimiento de la «resistencia al análisis», innegable en todos los sentidos, surge de una de las facetas del fetichismo. Al igual que el fetichismo también actúa en el nivel más consciente mediante la «voluntad de no saber», según la feliz expresión de J. P. Garnier. ¿Por qué hablo del miedo a la verdad como la primera cosa a superar en la opción revolucionaria en este 2013? Porque es la cuestión decisiva en la política y en el poder, o sea, en la quinta esencia de la economía. Desde la mitad del siglo XIX el marxismo insiste en el destructor papel de lo irracional, de la sumisión y de la obediencia. En 1868 Marx afirmó que: «donde el obrero es burocráticamente disciplinado desde la infancia y cree en la autoridad y los organismos ubicados por encima de él, lo más importante es enseñarle a actuar con independencia»; y en 1877 rechazó radicalmente toda «postración supersticiosa ante la autoridad» del partido revolucionario. Como en el pasado, en este año que entra la subjetividad organizada en fuerza consciente va a tener que enfrentarse a enormes obstáculos levantados por la poder, y el primer requisito necesario para superarlos será, otra vez, el de rechazar toda postración supersticiosa a sus sutiles o burdas maniobras, sean promesas de sustanciales reformas o mediante la represión.

Por ejemplo, suenan los cantos de sirena de los brotes verdes en economía, pero incluso aunque fuera cierto no mejoraría en absoluto la vida de los pueblos explotados. Si la izquierda no conoce la verdad del capitalismo embarrancará en las rocas al no haber tomado el rumbo de alta mar, proa a la tempestad. En contra del reformismo, no existen puertos en medio de la crisis sino sólo un buen rumbo. El miedo a la verdad ofusca el pensamiento y hace ver falsas soluciones donde sólo hay barrancos. Los cuatro grandes retos decisivos a los que se enfrenta la izquierda no pueden ser resueltos en este 2013, pero sí deben ser progresivamente concretados: el sujeto revolucionario, la toma del poder, la forma-movimiento y la planificación socialista, bases objetivas de nuestra República Vasca. Definir el sujeto revolucionario supone definir al sujeto reaccionario, a la burguesía, porque no hay explotado sin explotador; pero saber qué es la burguesía es saber qué fuerzas utilizará para aplastarnos tarde o temprano. La burguesía vasca no es independentista, puede serlo una parte de la pequeña burguesía.

La toma del poder es una necesidad ineludible, unida a la destrucción/superación del poder estatal franco-español en Euskal Herria. Sin poder obrero y popular desapareceremos como nación, pero nunca nos van a dar gratuitamente el poder sino que debemos tomarlo y construirlo, tarea hercúlea que produce vértigo. Sujeto revolucionario y poder vasco exigen un sistema organizativo ágil, crítico y capaz de vertebrar internamente la riqueza autoorganizativa de nuestro pueblo trabajador, y no podemos crear esta organización con mentes burocratizadas. Los tres retos se complican con la necesidad de prefigurar el socialismo, o sea, cómo ir acabando con la propiedad burguesa, núcleo de la civilización del capital. Y aquí al vértigo se le suma la ignorancia acumulada durante años. En 2013 estas y otras tareas van a ir adquiriendo más y más importancia debido a la agudización de las contradicciones de todo tipo. No resolveremos definitivamente ninguna de ellas, pero sí debemos dar el primer paso: empezar a crear la verdad euskaldun, socialista. No se trata tanto de lograr una hegemonía abstracta, cuanto de profundizar en la praxis dentro de las contradicciones, en el interior de la opresión nacional, mostrando la verdad independentista como fuerza subjetiva materializada objetivamente en todas y cada una de las luchas de nuestro pueblo. ¿Suficiente? No si se limita a eso, pero necesario.

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