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23/04/2018 :: Nacionales E.Herria

La Historia absuelve a ETA

x Jose Mari Lorenzo Espinosa
No podemos decir aquello de que «La historia absolverá (o no) a ETA». Porque la Historia ya lo ha hecho. ETA ya ha sido «perdonada» por la Historia

 ETA acaba de pedir perdón, en un comunicado. No es la primera vez que lo hace, aunque esta vez ha sido de manera inusualmente amplia y tratando de no dejar ninguna duda, sobre su arrepentimiento. O las menos posibles. Aunque en mi opinión, ha sido como mínimo, una sobreactuación sobre anteriores posiciones. En las que siempre se han lamentado los llamados daños colaterales. En especial, los causados a víctimas no culpables o indirectas. Pero de forma más escueta y menos emocional. Tal vez por esto, ni estas ni otras manifestaciones del arrepentimiento de ETA, han dejado contentos a muchos de sus acérrimos enemigos. Pero tampoco a alguno de sus amigos.

No podemos decir, como están diciendo los más tímidos, aquello de que «La historia absolverá (o no) a ETA». Porque la Historia ya lo ha hecho. ETA ya ha sido «perdonada» por la Historia. Los historiadores «antifranquistas» ya justificaron o absolvieron a ETA. En los años setenta y primeros ochenta. Y lo hicieron abundantemente, con toda clase de detalles y lujo de explicaciones. Aunque luego, con el plan ZEN y el reparto autonómico del presupuesto, llegaron las ofertas y carantoñas del poder. Las mercedes que se pagan por cualquier trabajo «orgánico». De donde viene lo de «mercenarios». Trabajos tasados, que pronto escondieron o transformaron las anteriores y abundantes menciones favorables.

Muchos de quienes hoy son sus enemigos declarados y la insultan o criminalizan todos los días (o casi), con el objeto de cobrar a fin de mes, comprendían mejor a ETAy la aceptaban en los años de la transición y primeros años ochenta. Escribían de ETA, como factor del cambio o como hecho histórico. O el fenómeno histórico más importante del franquismo. Incluso como alma de la resistencia. Icono de España. Referencia y núcleo. Cantera y paso obligado de toda una generación de militantes políticos y sindicales, en los años 70, etc.

Incluso la Ley de Amnistía (1977) aceptaba sus acciones armadas, como «hechos de intencionalidad política». Con lo cual fueron excarcelados todos sus presos. Cualquiera que hubieran sido las consecuencias de sus actos. Es decir, el poder legislativo, el judicial y el intelectual, estaban de acuerdo en señalar a ETA como una organización armada, que causaba muertos y víctimas, pero cuya «intencionalidad política» la hacía acreedora a los beneficios de la Ley de Amnistía y al beneplácito de los intelectuales.

Estaríamos ante toda una larga lista de historiadores, políticos, sociólogos, antropólogos, periodistas etc. cuyos adjetivos favorables y sus otras lisonjas políticas, serían difíciles de justificar ahora. Al menos por los mismos autores. Muchos de los cuales siguen en activo. Aunque en el lado contrario. En el de los arrepentidos o conversos. Tratando de que no reaparezcan y se olviden sus pecados juveniles. Sin tener que dar explicaciones del porqué de sus cambios.

Sin embargo, en primer lugar, habría que decir que ETA ha sido absuelta por el pueblo. Por su pueblo. Pero no solo por el pueblo vasco. Sino también por una parte de los españoles. Lo ha sido y lo sigue siendo, al menos en Euskalherria, en imnumerables ocasiones. Manifestación tras manifestación. Concentración tras concentración. Muchos días de todas las semanas. De todos los años. Desde hace muchos. La última, ayer 21 de abril de 2018, en Bilbao, con unos 20.000 asistentes. Gritando «Presoak kalera. Amnistía Osoa!».

No hay más que dar un vistazo a ese Informe Foronda, de 2013, encargado por el Gobierno Vasco, a sus historiadores orgánicos, en el marco de su campaña contra ETA. Al que no le queda otro remedio que reconcer que mientras un 76–82 % de los «asesinatos» de ETA, según la época, careció de respuesta en forma de movilización social o de protesta. En cambio, «todos los asesinatos de miembros de ETA contaron con réplicas en forma de huelgas y manifestaciones». Se refiere al periodo anterior a 1997, cuando todavía la intoxicación del plan ZEN no había dado frutos.

Pero, ETA habría sido absuelta también por las urnas. Si aceptamos como tal, el que este mismo pueblo haya votado las opciones políticas (generalmente las listas de la izquierda abertzale), que ETA apoyaba explícitamente. E incluso, que uno de sus presos asistiera, como candidato, a una sesión de investidura en el parlamento vascongado. Autorizado por el juez. También que, en alguna de las listas, que ETA apoyaba, a veces figuraran exmiembros de la organización. Además, el apoyo electoral tuvo algunos «picos» espectaculares como, por ejemplo, las elecciones europeas de 1987 o las autonómicas de 1999. Incluso el hecho, todavía actual, de ocupar numerosas alcaldías por toda Euskalherria, probaría este apoyo popular. Continuado y existente desde 1978.

ETA ha sido reconocida también, no sin cierto cinismo, por esos políticos que marcan, en su favor populista, las divisorias éticas. Del tipo, «la muerte de Carrero (si) y el atentado de Hipercor (no)». El «ajusticiamiento» de Manzanas, vale. La muerte de Pardiñes, no vale. Eran, son, quienes decían, y escribían, con un evidente interés parcial, que contra Franco valía todo. Pero contra ellos, no. Porque, como sabemos en virtud de un milagro político, una vez que ellos alcanzan el poder, el poder se democratiza.

 

La violencia histórica engendró a ETA

 

Pero lo que de verdad absuelve a ETA es la Historia. Porque ETA ha sido, y es, una criatura histórica. Y desde este punto de vista, desde la Historia, se puede suscribir sin ningún reparo que ETA no engendró la violencia. Sino que la violencia histórica ejercida por España, contra el pueblo vasco, engendró a ETA. Es también lo que escribió T.Monzón, en 1980.

A ETA, ya la imaginó Sabino Arana, cuando diseñó políticamente un enfrentamiento histórico mortal, entre invasores españoles y vascos invadidos. Su primer libro relataba una batalla entre vascos y castellanos. Sus demás textos, no hicieron otra cosa que probar la invasión ilegítima y violenta de los territorios vascos por los españoles. Y fundamentar el derecho de los invadidos a liberarse por los mismo medios.

A ETA la soñaron Eli Gallastegi, los aberri y los mendigoizales jagi-jagistas, en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando llegaron a la conclusión que lo que te quitan por la fuerza, solo por la fuerza se puede recuperar. Cuando se preparaban como fuerza paramilitar, para «liberar Euskadi».

Y a ETA la creó (desde luego, contra su voluntad) el gobierno del sotista Aguirre, que enviaba a sus gudaris a defender la libertad vasca. A los montes atacados por el ejército de Mola y Franco. Cuando lo que defendían en realidad, engañados, eran el Estatuto y los acuerdos con el gobierno español.
A ETA, que nació a finales de los 50, finalmente la engendró la dictadura político-militar del franquismo. Que contaba con la impagable pasividad histórica y las largas vacaciones del 36, del partido de Sota o del PSOE. Que detentan el poder vascongado, en rigurosa exclusiva, desde 1981. Es decir, que ETA nació también como consecuencia de la jubilación o excedencia de un exilio inerte. En el que se habían acomodado los estatutistas vascongados, esperando que se muriera Franco. O que alguien le matara.

Pero a ETA la crearon también, los trabajadores y estudiantes vascos, de las nuevas generaciones que no estaban dispuestos a seguir tolerando la inercia y quietismo de sus mayores. También la crearon los numerosos vascos y españoles, que en diciembre de 1970, protagonizaron las primeras protestas políticas generalizadas. Contra el régimen militar que había condenado a 15 de sus miembros en el proceso de Burgos. Y la creó la solidaridad de catalanes y otros europeos, que protestaron eficazmente contra Franco aquel año. Incluso una parte del clero vasco, que apoyaba a un grupo nacionalista vasco, en lucha armada contra la dictadura.

 

No tenemos que pedir perdón

 

De este modo, ETA ha sido responsable de su propia violencia. Pero sobre todo, la Historia es responsable de ETA. Una Historia que es inseparable de la malformación imperial de España. Una Historia de ocupación y violencia de las tierras peninsulares e insulares. De la explotación y exclavización de todo un subcontinente americano y varios pueblos africanos. Con la que las dinastías (Austrias y Borbones) crearon un imperio. Que nadie denuncia oficialmente en España. A quien nadie exige peticiones de perdón. Seguramente porque es «historia» de España.

Naturalmente que nadie del actual régimen, que cuenta con muchos aliviaderos, en sus campañas contra ETA, va a aceptar esto. Porque para toda la caverna mediática, que es mucha, fuerte y bien engrasada, la violencia vasca empieza con Txabi Etxebarrieta hace 50 años. Y el conflicto político es una invención de la izquierda abertzale. Que desaparecerá cuando desaparezca ETA. En su categoría de banda de delincuentes armados, sin más justificación que robar y cometer crímenes. Pero nadie sabe decir ¿por qué una «cosa» así, ha podido durar 50 años?. Algo que tendría que haber sido liquidado por la policía, como cualquier banda de malhechores, ha suscitado tanto interés, no sólo policial o judicial, sino también político y social. Por qué se han gastado tantas energías intelectuales, se han escrito tantos libros y tantos artículos para explicar o criticar a ETA. Porqué tantas universidades y tantos cerebros en venta se han encargado, de una cuadrilla de locos asesinos? Por qué se han calculado en más de 15.000, los posibles militantes o colaboradores de esta organización. En todos estos años. Con el riesgo, el peligro y las condenas que podían tener esta militancia.

Estos mismos misacantanos, son quienes citan y leen continuamente los nombres de las 800 víctimas de ETA. Pero no tienen noticia ni espacio, para las docenas de miles vascos, muertos por las tropas españolas en sus invasiones. Unos 200.000 en las guerras carlistas, del siglo XIX, por defender los Fueros. Otros 4.000 navarros masacrados, «después» de la guerra del 36, por las tropas de Mola. Solo por ser republicanos, rojos o nacionalistas. Sin juicios y muchos de ellos sin noticia, todavía, de su paradero.

Tampoco recuerdan, los intelectuales orgánicos del régimen, a los 1.500 civiles, bombardeados en Gernika (1937). Ni siquiera, aunque los alemanes hayan pedido perdón por ello. A los más de 300 en Durango, muchos de ellos en una iglesia. Mucho menos citan nunca a los militantes de ETA, más de 400, muertos en esta guerra del «norte». Alguno de ellos durante las torturas en comisaría. Otros muchos en la peculiar ley de fugas, emboscadas etc.

Para los cantautores del imperio, ninguno de ellos cotiza como víctima. Porque España no tiene que pedir perdón de nada de lo que ha hecho. Es un gran imperio desde los Reyes Católicos. Que era, ni más ni menos, lo que Dios quería. Y lo que los papas bendecían con sus bulas compradas. Entre ellos, el belicoso Julio II que vendió a Fernando el Católico, la justificación papal de su invasión navarra. Nada de eso es reprobable. Porque el imperio era, y sigue siendo, una gracia de Dios. Y un bien, para los pueblos ocupados. Azote y martillo de herejes.

España llevó, primero a Al Alandalus y luego a América la fe verdadera y el idioma del imperio. Obligó a canarios (siglo XV) a navarros (siglo XVI) a catalanes (siglo XVIII) y vascos (siglo XIX) a españolizarse. ¿Qué más se puede pedir… cuando «Dios era español»? España llevó por todas partes, a quien se dejaba conquistar (unos pocos, Flandes, Portugal… no se dejaron), la suerte de ser España. Imponiéndoles las bendiciones de pertenecer a un gran imperio. Y todo desinteresadamente. Haciéndoles el favor de igualarles en condiciones a sus hermanos españoles y de enseñarles la verdadera fe.

Todo esto costó, apenas unos millones de muertos. Pocos para pedir perdón. Además pasó hace mucho tiempo y eran muertos necesarios, para convertir a la fe verdadera a medio mundo. Por eso, España no tiene que pedir perdón por nada. Ni por 1492, ni 1512, ni por el 12 de octubre, ni por el 18 de julio, ni por la abolición de las Lagizarrak o por la ocupación militar permanente de las tierras vascas. Ni por el genocidio canario, la expulsión y persecución de árabes y judíos. O la invasión de Catalunya, con la imposición del decreto de Nueva Planta. España todo lo ha hecho bien. Al menos, desde el Cid campeador. Todo demás es «leyenda negra».

Desde luego, escribo todo esto por deformación profesional. Ya lo sé. Pero también porque creo que sin Historia las cosas no se explican. O no se explican bien. Y porque, si no sabemos historia, solo sabemos lo que dice el gobierno. Y los periódicos, la radio, la televisión del régimen. Es decir, lo que nos dicen todos los días a todas horas, los papeleros y voceros del poder. Entre ellas, que ETA es el mal absoluto y que no tiene perdón.

Los gobiernos y los medios de comunicación, con sus falsas apariencias y su no menos falsas diferencias, encaminadas todas a sostener y apuntalar el mismo sistema que les nutre. Son quienes determinan cuando empieza o acaba la Historia. Según lo que ese día les ha dicho que digan el director de la cadena. Que es el que les paga la merced, a fin de mes. Y para ellos la Historia de la violencia empieza con Txabi, hace 50 años. Es todo lo que necesitan saber para atacar a ETA. Incluso después de muerta. Y todo lo que necesita saber «el pueblo». Aparte de la fecha de las próximas elecciones.

Hace unos años, un histórico patriota vasco (I.G.) fallecido recientemente, fue condenado por la Inquisición española del 78, después de declarar a un periodista italiano, «que los vascos (ETA incluida) no tenían que pedir perdón a nadie. Que les tenían que pedir perdón a ellos». Evidentemente tenía razón, porque un pueblo ocupado, oprimido, impedido… no tiene que pedir perdón por defenderse. Nadie le dice a España que pida, o tenga que pedir, perdón por la Guerra de la Independencia, contra la ocupación napoleónica. Se lo piden, por otras guerras e invasiones propias. Pero es igual, el imperio de la ley o sea, la ley del imperio, tiene todo a su favor. Empezando por los medios de desinformación. Y las leyes de la carrera de San Jerónimo aprobadas entre los vivas de los palmeros. España no va a pedir nunca perdón por su Historia… ¿Nosotros, por qué?

 

No tenemos que pedir perdón

 

ETA, en cambio, si que ha pedido perdón. Y en su petición ha introducido algunos aspectos interesantes y otros más dudosos o discutibles. Uno de ellos es el concepto de reconocimiento de la «responsabilidad directa». Dejando, quiero suponer, el reconocimiento de la responsabilidad indirecta para los culpables originarios de la violencia. Para el primero que pegó. Provocando la defensa propia del agredido. Porque dos no se pegan si uno no empieza. La Historia no miente. Y la Historia dice que aquí el que empezó y pegó primero, fue España. Lo hizo, según creen no solo historiadores, sino todos los nacionalistas vascos.

Sin embargo, la cuestión sobre la desaparición de ETA está resuelta desde el año 2011. Lo que ha pasado, o está pasando, desde entonces es un asunto de pura forma. Incluyendo ruedas de prensa, creación de «artesanos por la paz», escenificación del desarme etc. Lo más reciente, la publicación de dos comunicados seguidos. Una declaración y una nota explicativa. Ambos centrados, mayoritariamente, en el reconocimiento de los daños causados. Con una cierta extensión, que no se corresponde con el estilo habitual (histórico) de ETA, en sus reivindicaciones.

Tal vez, entre otras cosas, por eso estas últimas notas, además de los consabidos rechazos, críticas e insultos habituales entre los medios de régimen, y las renovadas exigencias del partido de Sota, para una mayor humillación, han creado algún tipo de confusión. Y críticas, en otros medios de la izquierda abertzale. Algunas de estas constaban en un breve artículo de Ion Iurrenbaso, conocido expreso de ETA, publicado en diversos blogs.

Algo significativo, es que en este debate no se discute la cuestión de fondo del desarme. No lo hace Iurrebaso, ni lo ha hecho (creo) nadie desde 2011. Al menos en público. Todos damos por cierto que ETA ha dejado de ser, desde entonces. No se ha discutido nunca si la «rendición» y la decisión de entregar las armas y desaparecer, es criticable, necesaria, oportuna, conveniente o no. Se supone que esto habrá tenido un largo debate interno. No exento de polémica. Pero casi todos en público lo han dado por «bueno».

Lo que si hace Iurrebaso, por su parte, es apuntar algunos defectos en los comunicados. Que son bastante significativos. Aunque su no presencia no alteren en última instancia el hecho final: ETA ha dejado de existir en la práctica, desde el año 2011. Este expreso apunta que ETA tendría que haber pedido perdón, también o en primer lugar, por «marcharse» sin cumplir su objetivo histórico: la independencia y el socialismo. Iurre dice, o quiere decir, que ya que se pide perdón a unas víctimas… Habría otras hipotéticas víctimas, en este caso el pueblo trabajador vasco, que sufrirían más con esta salida, que con su permanencia hasta la consecución de los objetivos fundacionales.

Por otro lado, el comunicado de ETA dice también que «hace mucho tiempo» este conflicto tendría que haberse solucionado. Y añade acertadamente «que el sufrimiento imperaba antes de que naciera ETA». O que, la violencia en nuestro caso es una violencia heredada. Así que, como decían Argala y Monzón, es una violencia no querida. Pero, al parecer, irremediable. ETA también amplia esta posición con un «ojalá nada de eso hubiese ocurrido, ojalá la libertad y la paz hubiesen echado raíces en Euskalherria hace mucho tiempo».

Lo que no deja de ser un modo idealista de expresar una convivencia imposible. Porque mientras el conflicto de la ocupación y la negación de la nación vasca siga… El problema no desaparece. Aunque lo haga ETA. O dicho de otra forma, desaparece su problema. El de las potenciales víctimas y objetivos de una organización armada. Pero no el problema político y social, de los vascos que se sienten ocupados, impedidos, oprimidos, dependientes… Obligados a ser lo que no quieren ser. Porque siguen las condiciones de anulación política y nacional, impuestas por España, desde el siglo XIX. Agravadas con el franquismo y disimuladas intencionada, maliciosa e inútilmente con la autonomía actual.

En este punto, Iurrebaso también se muestra en desacuerdo. Ya que entiende que este «no tenía que haber sucedido nunca», representa una autodescalificación histórica. «Un rechazo, dice, a su pasado». Un pedir perdón, no solo por los daños, sino por la existencia misma de la organización.

De todos modos, aunque me parece que hay una cierta sobreactuación literal en la petición de perdón, yo no estaría tan seguro de que esta frase pueda interpretarse de este modo negativo. No del todo. Si así fuera, es muy grave. Sin embargo, lo que creo es que ETA podía estar diciendo, precisamente lo contrario. Tal vez no esté bien explicado (o bien traducido, en la versión española), pero creo más bien que el comunicado se refiere a lo que siempre hemos sostenido. Que si no hubiera habido condiciones antidemocráticas, antivascas, antinacionales y antisociales tan opresoras, en Euskadi, ETA no «hubiera sucedido nunca».

Es cierto, que puede resultar un párrafo equívoco, para algunos, pero también se puede leer entendiendo que no tenían que haber existido unas condiciones nacionales insoportables, para los vascos. O, incluso, desde otro lado, que si los gobiernos españoles hubieran aceptado, al menos, discutir las ofertas y las alternativas KAS, el ciclo de la lucha armada pudiera haberse cerrado en la Transición. En la época de Argala. Fue la soberbia política del PSOE (González-Guerra) y el colaboracionismo de los sotistas autonomistas, lo que agudizó la fase armada del conflicto. Dejándolo todo a la victoria militar del Estado. Es decir, a la derrota militar de ETA. Algo que por cierto, por mucha fantasmada y músculo que exhiban los del PP, no ha sucedido.

ETA dice «que nadie puede cambiar el pasado», cuando nadie más que ella ha sufrido y sigue sufriendo la manipulación del pasado y de la Historia. Como una mercancía en compra-venta. Pero, sin duda, su expresión se puede referir más a que no se puede revertir el daño causado. Especialmente en el plano de las personas o sus familias. No obstante, como hemos dicho, es baldío e inútil, como también hace el comunicado, pretender que esto se convierta en un reconocimiento mutuo de «daños causados». España, el imperio, no puede reconocerse en sus daños. Sería tanto como aceptar la raíz y el origen de su malformación nacional.

Por otra parte, como estamos viendo, oyendo y leyendo. Siempre es superfluo, e históricamente injusto, dar la razón a los agresores de cualquier tipo. A los que pegan primero. En el caso de España, y su construcción imperial hay un principio: siempre tiene razón y, cuando no la tiene… bombardea. Es lo que está pasando, con la intención conciliadora, sin duda repleta de buenas intenciones, de ETA. Que ya se está encontrando con los carroñeros de radio, prensa y televisión. Los que no quieren la paz, sino la victoria. El arrodillarse de los vencidos. Entre insultos y vejaciones. Y el reconocimiento de su imperio. Que no solo es providencial, sino intocable. Y lleno de virtudes democráticas. Todas la reacciones de las vanguardias mediáticas, se agrupan ya bajo las «banderas victoriosas al son alegre de la paz». Y luego dicen que el himno de España no tiene letra.

ETA pide también apagar definitivamente las llamas de Gernika. Pero sabe mejor que nadie, que eso también es inútil. Decírselo a alguien que no solo ha confiscado el cuadro símbolo de Picasso, sino que lo ha colocado con agravio y alevosía en un museo con nombre de Reina. También sabe que solo Alemania ha pedido perdón por Gernika. España no. España no puede pedir perdón por su labor justiciera en la Contrahistoria. Dejaría de ser lo que es. Lo que ha sido desde los Reyes Católicos, hasta el victorioso ejército del 18 de julio. Que sirvió ara vertebrar la nación. Y cuyos sucesores directos, todavía hoy tienen el encargo de impedir la disolución de la Una, grande y libre.

También dice que dando una solución «democrática» al conflicto se podrá construir la paz y lograr la libertad. Pero cómo, un país de chanchullos, desvergüenza y corrupción política, va a saber el significado de una palabra y concepto tan difícil tan difícil de practicar, como «democracia». Cómo un capitalismo, hoy crecido con la crisis, va a permitir una solución democrática a ningún conflicto. Cómo se puede convertir en democracia la dictadura constitucional del 78?

Otro de los párrafos de la crítica de Iurrebaso alude a la intención de ETA prometiendo que no se repetirá lo ocurrido. Evidentemente, en este punto ETA habla en su nombre y no en el de los demás. Tampoco puede saber qué pasará en el futuro, si se siguen manteniendo las circunstancias negativas que rodearon su aparición histórica. Aunque Iurrebaso crea que esta afirmación puede ser una hipoteca para el futura de la resistencia vasca.

Por último: Si ETA hubiera dejado de actuar totalmente, en 2011. Como decía en su comunicado de aquel día. Es decir, si no hubiera hecho nada más. Ni más anuncios. Ni el acto de 2017 en Baiona. O la publicación de estas notas sobre daños… El resultado hubiera sido, en la práctica, el mismo. Nadie, entre los suyos, le hubiera exigido nada más. Una simple comunicación garantizando que lo deja«para siempre». Y se acabó. ¿Por qué entonces todo lo demás? ¿Quién o qué, está detrás de las escenificaciones posteriores?. De las exigencias que parecen perjudicar, más que beneficiar, a las formas de su final. ¿Hay algo que no sabemos? Y que el tiempo y los hechos nos ayudarán a comprender.

El tono general de los comunicados es, para mi gusto político, demasiado condescendiente. A veces roza, con ese pedir perdón por todo, el límite de una cierta dignidad. Se puede pedir perdón, incluso de forma convincente, sin tantas referencias y abundancia de autodisculpas. Con una sola vez, hubiera sido suficiente. No es desde luego, el estilo de ETA. Y más bien parece, o se ve, la mano de algún apuntador interesado. Cuesta creer que ETA haya escrito todo esto, sin más. Aunque es una simple conjetura y no tengo ningún dato ni referencia, para pensar lo contrario.

En todo caso, en lo que podíamos estar de acuerdo es en que esta retirada definitiva de ETA, y su puesta en escena, con la redacción de los comunicados, etc., no parece la decisión de un pequeño grupo dirigente. En una organización que ha tenido frecuentes escisiones en su historia, esta toma de decisiones se habrá hecho, en este tiempo de siete años, contando con la participación y aprobación de todos los militantes. Presos incluidos. Lo que para mí al menos, sería suficiente garantía de autenticidad y de aceptación.

Es cierto que no podemos esperar unanimidad en algo tan complicado y controvertido. Después de tanto tiempo. ETA tampoco esperaría que todos estén/estemos de acuerdo con todo. Pero en cualquier caso es su decisión… Y si lo es. No queda otra que respetarla. Tanto más si conlleva, o puede conllevar algún tipo de ayuda a la lucha de los presos y sus familias por la Amnistía.

Josemari Lorenzo Espinosa

23 de abril de 2018

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