Navarra: Sube la electricidad renovable, disminuye su consumo y aumenta el de combustibles fósiles


Recientemente el Gobierno de Navarra ha publicado el análisis del Balance Energético de Navarra para el año 2024. A la espera del informe completo, este trabajo nos permite conocer los niveles de consumo y las tendencias emergentes en la producción y el consumo energético en Navarra. Al mismo tiempo, nos da la oportunidad de extraer conclusiones sobre el carácter de la transición energética que se nos está imponiendo.
Potencia, generación y demanda eléctrica
En 2024, la generación eléctrica renovable aumentó un 8,1% respecto al año anterior. De esta manera, vuelve a retomar los niveles de 2021, tras los descensos acusados de 2022 y 2023. Entre las renovables, destaca la eólica (280.785 TEP), seguida por la hidráulica (46.668 TEP) y la fotovoltaica (41.335). Por lo que se refiere a la generación eléctrica no renovable, ésta sufrió una importante bajada respecto a los años anteriores en los que creció para responder a la crisis energética europea a raíz del conflicto en Ucrania. Aún y todo, los ciclos combinados con 126.641 TEP se sitúan en segundo lugar tras la eólica en cuanto a producción eléctrica.
En cuanto al autoconsumo, a pesar de que ha crecido algo, sigue estando en proporciones bajas. Tan sólo representa el 4,5% de la electricidad generada en Navarra. Y por lo que se refiere a la potencia total instalada, ésta ha crecido un 2,8%, básicamente por impulso de la fotovoltaica mientras que el resto prácticamente se ha mantenido.
Para finalizar este apartado, dos conclusiones. La evolución de la producción de la energía eléctrica renovable y no renovable ha mostrado variaciones significativas según los años: la no renovable predomina en los periodos 2003/2011 y 2019/2022 y las renovables en 2000/2002, 2012/2018, 2023/2024. En el tiempo, la producción renovable se muestra más constante y afianzada, mientras las no renovables intervienen en momentos asociados a crisis de diferentes tipos.
La segunda conclusión tiene que ver con la demanda de electricidad. A pesar del aumento de la potencia instalada y la generación eléctrica, la demanda final de electricidad ha descendido en 1,2% con respecto a 2023, y un 7,5% con respecto a 2022. De esta forma se mantiene la larga tendencia descendente que se está produciendo en los últimos 20 años tanto en Navarra, como en el Estado español y a nivel europeo. Un descenso donde se entremezclan la eficiencia energética, la pobreza energética, la crisis industrial, la deslocalización o una mayor racionalidad en el consumo. Y un descenso que nos informa de las dificultades de la transición al “todo eléctrico”.
Productos petrolíferos
El consumo de productos petrolíferos ha aumentado un 7,42% con respecto a 2023, hasta alcanzar los 836.631 TEP. El gasóleo A, asociado al transporte por carretera, actividades agrícolas e industriales es quien más lo ha hecho: un 9,52%.
Tal y como se desprende del informe del Gobierno de Navarra, las fuentes energéticas fósiles siguen dominando el sistema energético navarro, representando aproximadamente un 75% del total, frente a fuentes energéticas renovables. Este mix energético apenas ha variado en los últimos 20 años a pesar de la fuerte penetración de las energías renovables.
Al mismo tiempo, y tal y como se reconoce en el informe, esta mayor generación eléctrica renovable y mayor consumo de productos petrolíferos se correlaciona con el crecimiento del PIB del 3,3% en 2024. Crecimiento que se concatena con el ocurrido en años anteriores: 1,3% en 2022 y 5,3% en 2021.
Algunas conclusiones
Constatar que a pesar del aumento de la potencia y generación eléctrica renovable no se reduce el consumo de combustibles fósiles es muy mal dato. Preocupante si fuera un hecho puntual. Alarmante porque una y otra vez se está repitiendo en contextos de crecimiento económico. Angustioso por los impactos añadidos por las nuevas tecnologías e infraestructuras en la biodiversidad, pérdida de terrenos agrícolas, artificialización, aumento en la explotación de materiales críticos y acentuación de las relaciones coloniales.
Esta situación nos hace sospechar del actual modelo de gestión energética por parte de las instituciones al servicio del capital privado. ¿Qué dinámicas, más allá de declaraciones y anuncios puntuales, han llevado las instituciones y partidos para promover la propiedad y control social tanto de la producción como de la distribución energética? ¿Cuándo se ha realizado un ejercicio de planificación serio en base a conocer cuánta, cómo y dónde se consume la energía? ¿De qué manera se ha garantizado que el acceso a la energía sea un derecho universal para satisfacer las necesidades básicas? ¿Qué decisiones estratégicas se han ido adoptando para reducir producciones y consumos superfluos, o promover alternativas más acordes y sostenibles?
Pero los datos son contundentes. Quieren que sigamos mirando el dedo de las renovables a toda costa para no reparar en la luna, en las consecuencias de no abordar y cuestionar con radicalidad el modelo actual movido por el motor del negocio, la ganancia y la explotación, sea con motor fósil o eléctrico. Y así nos encontramos que quienes nos imponen “sus” renovables siguen promoviendo el transporte individual y privado, abandonan la mejora del tren, gestionan residuos y aprueban biometanizadoras moviendo camiones de un lado a otro, aprueban proyectos mineros altamente contaminantes, siguen dando licencias a las grandes empresas de distribución para instalarse en polígonos alejados, reclaman más turismo y anuncian ampliación de servicios aéreos, apuestan por el crecimiento a toda costa, se concentran los servicios…
Hace dos años Iberdrola premiaba al Consejero de Desarrollo económico Mikel Irujo por su política verde. De la lectura de sus discursos, y a modo de manifiesto, una llamada a instalar más renovables, a reducir los combustibles fósiles, a cuidar la biodiversidad y a contar con las personas. De sus bolsillos no hay mención. De aquellos barros, estos lodos: que aumente la generación eléctrica renovable, que aumente el uso de combustibles fósiles y que crezca el PIB. Cuanto más, mejor para ellos, los de siempre, y peor para la mayoría social y nuestro territorio.
Artículo de opinión firmado por Mikel Saralegi Otsakar y Martin Zelaia García, miembros de la fundación Sustrai Erakuntza.







