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25/03/2012 :: Nacionales E.Herria

Orígenes del movimiento Nafarzale

x Aitzol Altuna Enzunza
Un pueblo sin memoria histórica, sin información, sin conocer sus propios valores, su identidad, es campo muy apto para una colonización.

Orígenes del movimiento Nafarzale (I)

El historiador artajonés Jimeno Jurio (1927-2002) en Irujo Etxea Elkartea de Estella decía en el año
2001: “Un pueblo sin memoria histórica, sin información, sin conocer sus propios valores, su identidad, es
campo muy apto para una colonización. ¿Esto sigue vigente en la Navarra actual? ¡Claro! Para mí es una
verdad, una realidad: el pueblo que desconoce su pasado, los rasgos fundamentales de su personalidad, es
una marioneta que cualquiera puede manejar a su antojo”.

Siempre en tensión entre la independencia y el autonomismo español, tras morir Sabino Arana, se llegó a
fragmentar poco después el PNV en Comunión Nacionalista (nombre que ya había adoptado en 1910) y
un PNV-Aberri refundado por el hermano de Sabino, Luis Arana, y Eli Gallastegi “Gudari” (1915, línea
minoritaria). Ambos partidos se reunificarán tras la Dictadura de Primo de Rivera, pero Aberri será el
origen de los “Mendigozales” con su revista “jagi-jagi” (1921) que no pasará de ser una corriente dentro
del PNV, corriente independentista y de un nacionalismo bautizado como “humanista”. Comunión
Nacionalista se había convertido en un partido sin aspiraciones independentistas y de claro carácter
clerical, muy cercano al carlismo oficial con el que confluyó en numerosas elecciones impuestas por el
centralismo español.

De Comunión Nacionalista (que no de Aberri como cabría esperar), el día de San Andrés de 1930, nació
Acción Nacionalista Vasca-Eusko Abertzale Ekintza (ANV-EAE), partido aconfesional y socialista
(socialdemócrata en realidad, no marxista), que pregonaba un Estado republicano vasco, se trata del
primer partido que se proclamaba nacionalista vasco de izquierdas. Nació en la Asamblea de Bergara
poco antes de que se unificara de nuevo Comunión Nacionalista con Aberri para llamarse de nuevo
PNV. El lema de ANV era "Aberri askea herritar askeentzat" (clara copia del lema de los Infanzones
de nabarros o de “Obanos” : "Pro libertate Patria, gens libera state”) y "aberri eta askatasuna" (que
antepone la patria a cualquier otra cuestión), frente al clerical "JEL" (Jaingoikoa eta Lege Zaharra)
del PNV, además, ANV eliminaba cualquier referencia a los Fueros. Se definía ANV así mismo como:
obrerista, no etnicista, republicano (estructura política para un Estado vasco), unitario intravasco
(centralismo y no herrialdes o provincias confederadas como el PNV), demócrata, aconfesional-
laicista e independentista; aceptaban pactar con cualquier partido que reconociese el derecho de
autodeterminación del pueblo vasco, pero esta máxima no fue cumplida reiteradamente.
Otra gran diferencia respecto al PNV viene de la interpretación de la historia de los vascos. ANV
recuperó el hilo de la historia y la enfocó acertadamente a través de uno de sus fundadores, Anacleto
Ortueta (Bilbao 1877-1959) -que después dejaría ANV cuando este viró claramente a la derecha-,
miembro destacado del PNV hasta entonces y director de la revista “Euzkadi”, reclamando la referencia
histórica y política necesaria del reino de Nabarra para el nacionalismo vasco. Escribía Nabarra con “b”
como su referente histórico que eran las obras históricas de Artuto Kanpión sobre el reino de Nabarra o
del zuberotarra Agustín Xaho.

Este bizkaíno escribió tres obras: “Nabarra y la unidad política vasca” (1931), “Vasconia y el Imperio
de Toledo” (1934) y “Sancho III el Mayor, Rey de los Vascos” (editada en buenos Aires cuatro años
después de la muerte del autor). Anacleto Ortueta reclamó sin mucho éxito que el nacionalismo vasco
asumiera la referencialidad histórica y política del reino o Estado de Nabarra. La interpretación que de
la historia del pueblo vasco hace el nacionalismo vasco, es una herencia del carlismo, en la que Sabino
Arana creía que los condados y señorío (tenencias entonces) ocupados por Castilla a Nabarra habían
sido siempre independientes y “unidos voluntariamente” a Castilla y que funcionaban desde entonces
como 3 pequeños “Estados” mediante un “pacto” con la corona castellana con sus gobiernos o Juntas,
leyes y defensa propia del territorio (idea introducida tardíamente por Esteban de Garibay, cronista
de l rey español Felipe II en el s. XVI) y que sólo Alta Navarra fue invadida, cuando en realidad no
son más que territorios de un mismo reino o Estado invadidos en diferentes siglos, junto con otros
territorios nabarros. Sabino Arana incluso tuvo una visión de las historia y de la cultura constreñida a
Bizkaia (su primer libro fue “Bizkaia por su independencia”, escrito a los 27 años) o a la Euskal Herria
verde, “romanticismo bucólico pastoril” como la definió Anacleto Ortueta, y que contribuyó a que el
nacionalismo vasco no tuviera una repercusión importante en el Ager vasconum o la Baskonia más
agrícola y por tanto en el conjunto de Baskonia o reino de Nabarra.

Anacleto Ortueta dijo cosas como: “Sancho III el Mayor eligió sabiamente las fronteras del Estado
Vasco, pues los límites que dio a Nabarra fueron los geográficos naturales. Es el genio tutelar de la
nacionalidad vasca. Gracias a él vivimos como pueblo”.

En “Nabarra, el Estado político de Vasconia”: “(…) Los pueblos imperialistas bien lo saben y por ello
acuden al empleo de otras armas más mortíferas que el hierro y el fuego. Acuden a las armas que se
denominan diplomacia, al dividir al pueblo que tratan de conquistar halagando a una fracción o tribu
del mismo para utilizarla contra el resto del país. La corrupción, el empleo de la dádiva, del dinero, del
ofrecimiento de falsos honores. Por ese procedimiento ha muerto la independencia vasca”.

ANV empezará a escribir "Euskadi" con "s", frente a la "Euzkadi" del PNV. Fue ANV la que el 2 de
abril de 1933 en Gernika impulsó la unión entre nacionalistas catalanes, gallegos y vascos conocido como
GALEUZCA (Galicia, Euzkadi y Catalunya), a los que meses más tarde se incorporó el PNV. Aberri
y sobre todo ANV, terminarían siendo la referencia histórica de los nuevos partidos surgidos tras la
muerte del dictador español, Eusko Alkartasuna y de Herri Batasuna, pero perdiendo toda la aportación
histórica de Anacleto Ortueta.

A partir de verano de 1939, el Gobierno de Euzkadi en París tuvo una definición nacional exclusivamente
vasca y cortó sus lazos con los partidos de ámbito español. Estaba el Gobierno en el exilio y desechas las
milicias vascas de “gudaris” compuestos por obreros del metal, peluqueros, aldeanos etc. tras perder la
guerra contra el fascismo español, que en nuestras tierras contó con su ejército colonial, con el ejército
fascista italiano y el nazi alemán que bombardeó la población civil de Gernika, entre otros muchos
municipios vizcaínos (según las memorias del Lehendakari Agirre, de 100.000 gudaris sólo sobrevivieron
30.000, sin contar con la numerosa población civil asesinada).

La invasión nazi-alemana de Francia gracias a la colaboración de gran parte del pueblo francés en mayo
de 1940, provocó la dispersión de los consejeros del Gobierno vasco exiliados en Paris y la desaparición
momentánea del antiguo alcalde de Getxo que resultó sorprendido por la ofensiva nazi en Bélgica
y que había encabezado el movimiento de los municipios por un estatuto o autonomía económico-
administrativa dentro de España para Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba y Alta Navarra durante la Segunda
República española, convertido durante la Guerra española de 1936 en el “Lehendakari” Agirre,
presidente de un pequeño y efímero Estado vasco que duró 9 meses en las tierras alabesas de Legutiano y
las de Bizkaia.

José Antonio Agirre Lekube, clandestinamente, pasando por Berlín y Suecia, logró embarcar para
América a donde no llegó hasta el verano de 1941, mientras, en julio de 1940, Manuel Irujo tomó la
iniciativa de crear y presidir un "Consejo Nacional de Euzkadi", al margen de la legalidad española-
republicana y con un proyecto independentista confiado en los “Aliados” contra el fascismo, que serían
los garantes de una futura independencia vasca. Irujo asumía que Franco entraría en guerra en ayuda
de la Alemania nazi y que el triunfo aliado supondría la intervención militar en España, derrocando a la
dictadura. Manuel Irujo, miembro destacado del PNV y ex ministro sin cartera de la Segunda República
española al estallar la guerra, llegó también a firmar un acuerdo de colaboración político-militar con la
Francia libre del General De Gaulle, pero que contaba con la oposición del gobierno británico[1].

Así es como desde Londres en al año 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, el Consejo Nacional
Vasco presidido por Manuel de Irujo, redactó un anteproyecto de Constitución para todo el territorio de
Baskonia o reino de Nabarra:

El Consejo Nacional “Al Pueblo Vasco,
El día 7 de octubre de mil novecientos treinta y seis se constituyó en Gernika el Gobierno de Euzkadi,
presidido por Don José Antonio de Agirre, y juró ante Dios, bajo el árbol sagrado y en presencia de todos
los Alcaldes vascos, defender los derechos del pueblo, ser fiel a sus tradiciones de libertad, guardar la ley
de su democracia y mantener su personalidad nacional, propugnando aquellas actividades que fueran
necesarias para obtener su declaración. [...]

Circunstancias de todos conocidas les han separado de nosotros. El Consejo Nacional de Euzkadi recoge
su sucesión con el dolor de su pérdida, si quiera sea transitoria, pero con satisfacción de merecer el honor
de continuar su labor y con fe en los destinos de la patria. Somos los hombres que desde las Delegaciones
Generales de Londres, New York, México, Caracas y Buenos Aires y desde la Presidencia del Grupo
Parlamentario Vasco, colaboramos a la obra del Gobierno. Nuestra designación ha sido automática. No
ha intervenido en ella elección directa de la ciudadanía. Por propia decisión nos aprestamos a recoger
la enseña del Gobierno, con el fin de dar continuidad a su obra y unidad orgánica a Euzkadi. Hemos
recibido la adhesión entusiasta de las colonias vascas establecidas entre las naciones libres de la tierra.
Aspiramos a merecer la misma adhesión del pueblo que ocupa nuestro país al que, por imposición de una
realidad hostil, le es vedado hoy manifestarse. Nadie vea en nosotros más que depositarios transitorios de
los Poderes del Gobierno, ínterin puedan ser confiados a una representación más directa que la nuestra y
en la cual, las fuerzas nacionales vascas se traduzcan con la máxima autenticidad.

Nuestro programa es el mismo que aquel Gobierno, adaptado al momento histórico en el que nace el
Consejo Nacional de Euzkadi. Como vascos, aspiramos al logro de la libertad nacional de Euzkadi y al
reconocimiento de la misma por los pueblos de la tierra. Como hombres, unimos nuestro esfuerzo al de
las Democracias en la lucha empeñada, contra los Poderes Totalitarios. Como representación nacional
vasca, nos proponemos asistir a la ciudadanía de nuestro país, desarrollando a tal efecto la gestación más
intensa que permitan los medios que nos sea dado disponen Juramos ante Dios y ante nuestro pueblo
esparcido por el mundo ser fieles a estos postulados.

Para el desarrollo de nuestro programa mantendremos relaciones de acercamiento y cooperación con
todos los pueblos libres que las admitan, de manera preferente con Inglaterra, sostén y baluarte de
la bandera democrática, con las Democracias Peninsulares que unieron su esfuerzo al nuestro en la
última contienda, de modo singular con Cataluña a la que nos ligan lazos específicos, y con los pueblos
americanos, a los que nos acercan vínculos tradicionales de afecto, sangre e interés.

Somos hoy pues la representación nacional de Euzkadi Peninsular constituida por las cuatro regiones
históricas de Nabarra, Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, más las tierras vascas irredentas que fueron parte de
la Corona de Nabarra y en las que nuestros derechos raciales e históricos coincidan con la voluntad de la
mayoría de sus habitantes ratificada en marco de paz y con garantías internacionales.

El Consejo Nacional sella esta alocución y fija su posición ante Euzkadi, ante la Península Ibérica y ante
la lucha que envuelve a Europa, en el mismo lema que en el siglo XII empleaban nuestros infanzones y
que es conocido como la Carta Magna de los vascos: "Pro libertate Patria, gens libera state” [2] .
Una Constitución sólo es sostenible por un Estado, por eso la Constitución de Londres de 1940 en su
Artículo 1 decía: "Euzkadi, la Nación Vasca, se constituye en Estado, bajo el régimen de República
Democrática". Irujo hacía descender por tanto el neologismo Euzkadi de reciente cuño, del histórico
de Nabarra en contra del “zazpiak bat” de Antoine Thompson d´Abbadie (Dublin 1810-París 1897),
sabiendo que un Estado vasco no podía ignorar la historia de sus mayores sino engarzarse con ésta. En
su artículo 5º la Constitución de Londres declara como unidad territorial del Estado vasco el del reino
histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río
Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a
partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria)".
En realidad el límite del reino de Nabarra era Cudeyo en la bahía de Santander y no Cabo de Ajo donde
quizás Irujo confunde Cudeyo con Bareyo, municipio al que pertenece Ajo.

Orígenes del movimiento nafarzale (II)

Serafín Olave 1883, Diputado por Alta Navarra en las Cortes españolas del partido republicano
federalista de Pi y Maragall: "Navarra está dispuesta a admitir una libre reincorporación de los
territorios de La Rioja, vascongadas y la Sexta Merindad de Ultrapuertos (hoy francesa), que antes
fueron navarros; constando ya que, en algunos de ellos, existe la patriótica tendencia a tan fraternal y
conveniente unión, cuando las circunstancias lo permitan"

Tras huir del nazismo que asolaba Europa y retomada la Lehendakaritza por José Antonio Agirre,
en pleno exilio y siendo profesor de la Universidad de Columbia (Agirre era licenciado en derecho por
la universidad de Deusto), recibió en el año 42 el encargo de escribir la historia de los vascos por una
editorial norteamericana, así, para el Aberri Eguna de 1946, ya había escrito 520 cuartillas que abarcaba
hasta el siglo XIII en 8 tomos, por ello en la alocución habitual de conmemoración de esa fecha, en su
discurso a la nación habló sobre las libertades vascas que nacieron en el Pirineo con Eneko Aritza hasta
Sancho el Fuerte.

Esta profundización en la historia vasca, le llevó a escribir a Agirre esta reveladora carta donde daba
un vuelco a lo hasta entonces mantenido por el nacionalismo vasco en cuestión histórica. Se trata de una
carta dirigida a Ceferino de Jemein, “Keperin” uno de los hombres claves del movimiento “Aberri”, ex
presidente de Juventud Vasca de Bilbao y del EBB (1930), sabiniano extremo y, en tiempos de guerra,
secretario de sanidad militar.

La carta es todo un documento ya que el Lehendakari Agirre tenía gran sensibilidad sobre la necesidad
del conocimiento de la historia y con Galindez, Gurrutxaga, Jon Bilbao, Isaak Lopez Mendizabal,
Landaburu y un grupo de estudiosos más, quiso dejar a las siguientes generaciones una historia vasca
escrita por estudiosos vascos. Esta carta hay que encuadrarla en estos estudios (sacado del blog de Iñaki
Anasagasti):

Mi querido Keperin:
“(…) Vd. no distinguió entre historia y doctrina. Me inclino más por lo primero sin embargo.
Descuido del caso Ortueta.- Yo distingo el hombre del historiador. Censuro como el que más su actuación
en diferentes épocas de nuestra empresa patriótica en las que me tocó, como a Vd. un papel activo. Pero
esto no quita para que alabe su obra como investigador. Contra lo que Vd. crea Ortueta ha basado su
tesis sobre textos auténticos y su obra ha tenido el exterior una acogida seria por no citar sino la opinión
de Enrique de Gandía, probablemente el primer historiador sudamericano. No creo que el recuerdo de la
conducta de Ortueta deba ofuscarnos hasta negarle los méritos que tenga en sus escritos.
(…)

Cuando en páginas que Vd. leerá juzgo el reinado de Sancho el Mayor sostengo que su genio indígena
no solo sintió la unidad nacional sino que supo realizar una Confederación de Estados nacionalmente
homogénea. Y traigo como testimonios además de los hechos históricos probados los de Menéndez Pidal
y Serrano Sáenz. Yo hubiera querido testimonios de autores vascos, pero aparte de los de Campión,
Estornes Lasa y Ortueta pocos hay que utilizar entre los contemporáneos. La tesis confederal que Arana
Goiri instituyó corno norma política actual tiene conmoción histórica porque en esencia se refiere a la
unidad nacional y de él es el mérito de haberla definido y sobre todo programado.
Esta tesis no solo encuentra eco en los tiempos del Mayor sino también en los que precedieron a la
Monarquía Pirenaica en esos trescientos años de lucha contra el invasor germano que es cuando se
forma realmente la nacionalidad vasca con voluntad de existencia y de lucha. Llame Vd. como quiera al
sistema de aquellos tiempos remotos. Para mí basta que aquellos hechos reflejen una unidad nacional
histórica. Arana Goiri no estudió detenidamente los designios de la Monarquía pirenaica, ni pudo
estudiar la Baja Edad Media vasca, entre otras razones por falta de tiempo y porque no conoció textos
necesarios entre ellos los que contienen Momenta Germania Histórica o cualquiera de las colecciones
de documentos medioevales. Hizo en cambio lo que nadie hizo, ni haremos nosotros, es saber despertar
para siempre una clara conciencia nacional y darnos un programa de salud patria. Pero esto no quita
para que su obra cultural e histórica que la muerte interrumpió a los treinta y ocho años (38) necesite de
complemento y de perfección y en diferentes puntos históricos de ratificación.

No debemos empequeñecer la figura de Arana Goiri haciendo mutable sus opiniones en materia
histórica. No nos tomaría en serio nadie. Sabino no definió en Historia, ni pudo completar su obra en
la que se observa el mejoramiento de cada día. Fue un intuitivo genial, y hoy estoy seguro que con un
estudio de nuevas fuentes y otras comparativas hubiera perfeccionado su obra prodigiosamente. Yo he
leído íntegramente la producción histórica de Sabino con la profunda reverencia que siento por él. Pero
sé que le interpreto si nos empeñamos en mejorar la obra histórica nacional y sobre todo si excitamos a
la nueva generación estudiosa a bucear en el pasado, superando lo escrito hasta hoy en todo género de
manifestaciones culturales que en conjunto nos den, ¡al fin!, la verdadera historia de nuestra nación y de
la entraña y fundamentos de nuestra civilización indígena. (…)
Vd. me cita textos de Labairu y de Arana Goiri y del P. Estella para probarme la independencia de los
Estados vascos principalmente de Bizkaia. No la niego a partir del siglo Xlll en términos generales. Pero
antes. ¿Costará mucho probarlo documentalmente? Es desde este siglo para atrás donde se nota un vacío

histórico que lo ha llenado el arbitrismo -aquí viene la leyenda- no en su totalidad pero sÍ haciéndonos
creer en personajes legendarios como Juan Zuria y sus sucesores hasta el siglo XI, sin contar todos
aquellos de la época romana que hicieron las delicias de nuestros escritores del siglo XVIII y de bastantes
del siglo XIX. En cambio, ¡qué olvido de cerca de siete siglos de lucha nacional y unida por la defensa de
la independencia y la constitución de un Estado!. ¡Qué olvido de las ideas y de las formas políticas de la
época en que los hechos se produjeron!. ¡Qué menosprecio por lo que pasaba a nuestro alrededor o en
el mundo conocido de aquel entonces y que fácil aceptación del límite pirenaico como barrera histórica
siguiendo inconscientemente el espíritu de los cronistas hispánicos!
De aquí que nuestra producción histórica carente de visión nacional y fragmentada en exceso no ha
tenido aceptación en el exterior de donde se deduce la ignorancia que ha existido sobre nuestras cosas.
Empeñados en empequeñecer nuestra historia la hemos hecho incomprensible para quienes desean
estudiarnos. Las lagunas abarcan siglos y para llenarlas se ha acudido a la interpretación abstracta de
normas evolutivas aplicables en general a todos los pueblos, cuando no se han tomado como historias
hechas que el más ligero examen científico rechaza.

Me haría interminable si siguiera, porque entrar en el análisis de estos temas me haría llenar páginas
y páginas. Muchas las tengo ya escritas y aquí en mi poder las que se refieren a la época que llega
precisamente hasta el siglo XIII.

Se trata de la época más fundamental de nuestra Historia. El resto de la Historia vasca es más fácil de
comprender porque está contenida en documentos más recientes y conocidos.

Seguro estoy que esto sería lo que Sabino haría hoy y lo que en todo momento quiso fuera el resultado de
acuerdo con sus apreciaciones o fuera en contra.

Volvamos los ojos a aquella tradición de unidad -que es unitarismo- y no desdeñemos su ejemplo, que
nos ha de servir no solo para explicar racionalmente y comprensiblemente nuestra historia, sino para dar
un fundamento a nuestra lucha actual por la libertad, con nuestras ideas democráticas eternas y nuestra
concepción republicana vasca. Porque el ayer fue el ayer, y el hoy, es nuestro. Lo que no tenemos derecho
es a quebrar una clara línea de unidad nacional que nuestros mayores nos dejaron.

(…) Aceptemos que nuestros antepasados tuvieran una idea patriótica a su manera y según el tiempo en
que vivieron. ¿Qué sentido tiene de otra manera una lucha de trescientos años, coordinada al Norte y
Sur del Pirineo, contra francos y visigodos, y como explicar los doscientos años de lucha de la Monarquía
nacional por el mantenimiento de la Rioja, caída la cual, cayó Bizkaya, privada de soporte por el Sur.
(…) Con la unidad de todos los vascos llegará también la libertad. Y el pueblo dirá su voluntad y seguirá
escribiendo nuestra historia más al estilo del siglo VIII ó del XI que no de aquellos otros siglos de división
y confusión. (…)”. Hasta aquí la carta.

En el prólogo del libro del Lehendakari Agirre “Fin de la dinastía pirenaica- reinando Sancho El
Fuerte”, Ildefonso Gurruchaga decía por el propio Agirre: “Sabía que el conocimiento de la historia
propia desarrolla en los pueblos la conciencia nacional, y da, asimismo, al dirigente político perspectiva
de lo que pasa en el presente y cierta previsión de futuro” (edit. Ekin Buenos Aires).
El alcalde de Bergara, presidente del G.B.B., miembro del Gobierno Vasco fundador de la Ertzaina y
amigo personal desde la infancia de Agirre (cuyo padre era de Bergara donde pasaba Agirre de joven
parte del verano), Telésforo Monzón, también entendió perfectamente lo que era un Estado y el papel
mojado que era un estatuto, así como la necesidad de retomar el Estado anterior de los vascos, aquél con
el que fuimos libres durante 1.000 años, por ello recuperó el símbolo del “arrano beltza” que creía era
la primera bandera de Nabarra y no lo que es, el sello personal de nuestro Jefe de Estado Sancho VII
el Fuerte (1194-1234) que no pudo defender la Nabarra Occidental ante la superioridad militar de los
castellano-españoles.

Telésforo Monzón decía: «Resulta ridículo e indignante oír hablar de que Nafarroa... ya vendrá, ya se
incorporará, ya se sumará a las instituciones vascongadas. Nafarroa no tiene por qué venir a ninguna
parte, ni incorporarse a nada, ni sumarse a nadie. A Nafarroa le corresponde estar y ser (Egon eta Izan).
Nafarroa es Nafarroa. Nafarroa comienza en las playas del Cantábrico, que es el mar de Nafarroa.
Nuestra lengua es la "Lingua Navarrorum". El arrano beltza da sombra a todos los vascos de la tierra.
Iruña es la capital de Euskal Herria entera. Una sola consigna suprema, un solo grito por encima de
todos los otros: Gora Nafarroa Batua!».

Años más tarde, muerto ya Agirre (1960), el getxotarra Federico Krutwig (Getxo 1921-Bilbao 1998),
el cual firmaba como Fernando Sarrailh de Ihartza en 1962 su libro “Vasconia”, hablaba de qué
supuso el Congreso Nacional Vasco de 1941 y la Constitución redactada y después leída por Manuel
Irujo: "de un nacionalismo defensivo pasó a un nacionalismo expansivo, a una dinámica positiva con
la que se reivindican los territorios que fueron robados a la patria vasca, es decir, los territorios que
correspondieron al Reino de Navarra. Es más, parece que existe a este respecto un acuerdo firmado por
los nacionalistas vascos en el exilio londinense y el coronel (sic) de Gaulle, en que éste se compromete a
dar la autodeterminación al País Vasco, en caso de ganarse la guerra".

“Todo buen vizcaíno, guipuzcoano, riojano etc. que se diga nacionalista debería sentirse navarro y desear
la restauración de ese estado en forma de República Vasca tal y como promulgaba Irujo durante el exilio
en Londres. (…) Es muy de lamentar que esta visión que seguramente nos hubiera llevado hace tiempo a
la independencia vasca, siguiese en París un Gobierno diciendo defender un Estatuto ridículo, obtenido
de un Gobierno republicano que sólo lo concedió a última hora y porque no tenía otra posibilidad ante la
anarquía y el desorden que reinaban en el territorio español después de la sublevación militar del general
Franco” (…) “En lugar de platear el problema vasco claramente sobre la necesidad del establecimiento
de una República Vasca, que englobe a los territorios de Navarra y del ducado de Vasconia, se sigue
defendiendo un estatutillo por política de poca categoría”.

“Las razones históricas pueden ser fundamentos secundarios, que sirvan para acrecentar la personalidad
de una nación, pero nunca son razón suficiente para la independencia”. (…) "De la historia sacamos,
por otra parte, la lección de que la independencia nacional es una hecho que depende siempre del interés
que demuestran los sometidos por su liberación. No hay duda de que el opresor no estará dispuesto
a conceder la independencia a una conquistado si observara que éste no muestra por su parte interés
innegable por la consecución de la liberación nacional y que la idea de la independencia y soberanía es la
segunda naturaleza del oprimido".

“La fórmula “zazpiak-bat” es un símbolo de un falso planteamiento del problema vasco y habla de
estrechez mental” (…) “Un movimiento nacionalista vasco sobre bases étnicas tendrá que reclamar,
desde el punto de vista histórico, el restablecimiento de una Euskadi que incorpore la vieja Navarra y
el Ducado de Vasconia (...) No cabe duda de que históricamente considerando, el futuro Estado libre
vasco deberá comprender al sur de los Pirineos y al norte los territorios que correspondieron a la corona
Navarra y Ducado de Vasconia (…) soberanías que en su origen son las mismas”. (…) “En realidad se
puede decir que todo el País Vasco ha sido parte integrante de la corona Navarra (…)”
F. C. Krutwig Sagredo en una escrito sobre “Aberri-Egunaren erran-nahia orain eta lehen” (Anaitasuna
marzo 1978): "Euskalherriaren garhaipen historiko bat hospatzen den egun batetan finkatu behar
lizateke. Neure aburuz hunelako fetxa historikoa Euskalherrian, Orstaroaren 15/a izan da (abuztua),
noiz euskaldunek Frantziaren harmada Orreagan suntsitu bait zuten. Euskaldunen viktoria hau mundu
osoan ezagutzen da. Eta hunela kanpotar iainko baten heriotza ta phizteaz xinta-mintaka egoitearen
ordez, euskaldunek, beren herrirat kanpotar iainko hori ethorri baino lehen, beren Historian iaraietsi
duten ekhintza nabusiena ta ezagutuena hospa lezakete. Hunen araura flamenkoek bere nazional jaiaz,
Kortijken frantsesen kontra irabazi zuten "urrhezko ezporen bataila" hospatzen dute, eta Alemaniko
patriotek beren nazional jaia bezala germanoek Arminius buruzagiaren manupean Varusen legioneak
deuseztu zituzten eguna dute."

Estas línea de pensamiento, toman un nuevo y definitivo giro en el libro del ronkalés Tomás Urzainqui
(ex vicepresidente de Eusko Ikaskuntza y ex presidente de Nabarralde) y del gipuzkoano Juan María
Olaizola y que llevaba el título de “La Navarra marítima” publicado en el año 1999, el cual ha marcado
un antes y un después del movimiento nafarzale, según comentaba el propio Tomás en una entrevista:
“Principalmente esa obra da respuesta a cuestiones que condicionan el devenir de nuestra sociedad.
Por qué nos subordinan o por qué motivo vamos a ser españoles o franceses, y en esa clave se hace
imprescindible conocer qué pasó aquí y quiénes somos. Ése es el núcleo del problema hoy existente. Hay
que aclarar los dos conceptos de vasco y navarro, algo que resulta imprescindible para recuperar la
libertad individual y colectiva. Navarra es el referente político estatal de los vascos. El pueblo navarro
objetivamente es independiente y subjetivamente soberano. Independiente, porque tiene su Estado
propio, que es Navarra, y soberano porque constituye una sociedad que no puede estar subordinada a las
sociedades soberanas española o francesa. Navarro o vasco son nombres que hacen referencia a la misma
sociedad, a la misma gente. Mientras que el concepto navarro tiene un significado estatal, político y
nacional, el concepto vasco se refiere al euskara. Existía un campo histórico bastante ocultado que era la
realidad navarra de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, y también de La Rioja. Y esa carencia del conocimiento
de nuestro pasado estaba influyendo gravemente en la situación actual, porque se había llegado a la
barbaridad de contraponer dos conceptos que se refieren a lo mismo, como son vasco y navarro. Desde
hace treinta años han puesto en marcha desde el ámbito del aparato estatal español una campaña de
reacción planificada, vestida de visceral, centrada en una buscada fractura entre lo navarro y lo vasco,
ante un posible proceso de recuperación de los derechos políticos del conjunto de esta sociedad que es a
la vez navarra y vasca. Por lo que era preciso rebobinar la historia para mostrar cómo sustancialmente
es lo mismo. La nuestra era una sociedad política estructurada con la forma del Estado de Navarra y sus
habitantes eran navarros en los hoy territorios occidentales de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, tal y como
recoge la documentación de la época. Los textos jurídicos, también se referían a esa denominación de
navarros, tanto en el Fuero de Vitoria, como en el de San Sebastián y otros. La forma en que se fracturó
el territorio influyó en un olvido con intereses políticos de esa unidad de Navarra”.

El propio Tomás Urzainqui en el artículo “Construcción o liberación de un estado propio” remarca
la importancia de lo que aquí se ha tratado: “Algunos de estos nacionalistas "fundadores", sin duda
con buena fe, confundieron el tocino con la velocidad. Supusieron que la división territorial político-
administrativa en la que ellos habían nacido era originaria y existía desde el comienzo de los tiempos,
ignorando que eran divisiones sobrevenidas tras la invasión, surgidas como consecuencia de la
dominación nacional. Sobre este tema se trata con más detalle en el libro "La Navarra marítima".
Pero no se conformaron con dar por bueno ese error de apreciación histórica, sino que, dando rienda
suelta a la imaginación, construyeron en el aire el mito de los "Estados Vascos", como premisa lógica de
las engañosamente justificadoras teorías político-pactistas. Así, la falsedad ya había cerrado el círculo
completo: "Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, como Estados soberanos, habían pactado, de igual a igual, de
potencia a potencia, con España, su voluntaria entrega". Planteamiento que en la práctica ha tenido un
efecto disgregador y secesionista intra-nacional. Por otro lado ha facilitado el surgimiento del estatutismo
constitucional español. En todo el siglo XX sólo se redacta un Proyecto propio de Constitución estatal
en el año 1940 por el Consejo Nacional Vasco en Londres (…) Hoy "el conflicto político con los Estados
español y francés", "la territorialidad" y otros problemas evidenciados, no se pueden contemplar por
separado, pues todos ellos se reducen a uno: la realidad del Estado nacional propio secuestrado por los
Estados español y francés. (…) No se trata de construir la nación, sino de liberar el Estado nacional.
Liberar, en el más amplio sentido”.

-NABARRA ESTATU MUGIMENDUA-
[1] Wikipedia.
[2] Juan Carlos Jiménez Aberasturi (ed.): Los vascos en la II Guerra mundial El Consejo Nacional Vasco
en Londres 1940-1944. (Recopilación documental), San Sebastián.

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