Soberanismo reformista y Movimiento Socialista


El colectivo Petri Rekabarren lleva 8 años haciendo lecturas sobre la situación nacional e internacional, sacando a la luz muchas de las contradicciones que han azotado al mundo, a Euskal Herria y en particular a la extinta izquierda abertzale desintegrada en forma de soberanismo reformista como espacio sociopolítico inserto en el orden del capital.
En estos ocho años, se han ido asentando las bases políticas de las «nuevas» «familias políticas» de la izquierda vasca, reapareciendo las viejas consignas socialdemócratas como reformistas, los supuestos comunismos abstractos, hasta las líneas que no han roto en lo esencial con las premisas del comunismo abertzale nacido al calor de las luchas de los años 60… Todas estas «familias políticas» unidas o desunidas según la intensidad de la lucha de clases internacional atravesada en Euskal Herria.
En los últimos textos, se ha puesto en cuestión la capacidad que tiene el soberanismo reformista en Euskal Herria para abrir un nuevo ciclo de lucha que lleve a nuestro pueblo a un escenario más emancipador. Con una conclusión acertada, vemos que con unos supuestos buenos resultados electorales en su único frente de lucha, el soberanismo reformista es irrelevante frente al poder de capital en todas sus expresiones.
Seguramente, hasta ahí estaremos de acuerdo todas las que nos situamos fuera y en contra del soberanismo reformista.
Pero no por esto, todo lo que ha salido en contraposición al reformismo es acertado ya que en los últimos años se han constituido otras fuerzas políticas que también pueden llegar a ser perjudiciales para la liberación nacional de clase de Euskal Herria. Aún incipientes, irrumpieron con mucha fuerza en una generación de la juventud.
El independentismo socialista aún sin recuperarse de los golpes del ciclo anterior de lucha y aprovechando la incapacidad del reformismo para solucionar los problemas más importantes de aquel momento, el autoproclamado Movimiento Socialista ha sabido estructurar a una parte de la juventud vasca y también de otros pueblos oprimidos por el Estado español con un discurso comunista sujetado en una «nueva» reinterpretación marxista del sujeto político y del partido. Un discurso que podría servir para dirigirse a cualquier persona de cualquier parte del Estado español sin tener que cambiar ninguna coma: el reino de la abstracción absoluta.
Durante estos años, han ido saliendo diferentes críticas hacia este movimiento. Sobre todo, criticas insustanciales, muchas veces incluso insultantes por parte de la militancia del soberanismo reformista. La mayoría de las veces desde el paternalismo con la intención únicamente de manchar su imagen, intimidar o presionar a sus hijos e hijas a que no se acerquen a ese movimiento… Incapaces para hacer una crítica desde su posición, siempre haciendo referencia a un pasado revolucionario interesado y frecuentemente tergiversado, a una ética militante que no practican y a un patriotismo que solo sirve para las movilizaciones del Aberri Eguna, como día de fiesta de guardar.
Pero, como decía mi amama, cuando el río suena, agua lleva. Para entender el por qué de la tendencia anti-independentista del Movimiento Socialista hay que entender las fuerzas internas que se dan dentro de la lucha de clases en el Estado español y como eso tiene influencia en algunas organizaciones de izquierdas españolizadas. Como dice Petri Rekabarren en Tesis sobre el momento y sobre lo necesario: La historia muestra que las grandes crisis también desbordan a muchas izquierdas revolucionarias que se retrasan con respecto a la velocidad de agudización de las contradicciones. En estos casos el retraso es más acentuado en todo lo relativo a las contradicciones que afectan especialmente a las complejas identidades de las clases sociales en lucha, burguesía y proletariado, como los problemas de opresión nacional en las izquierdas de Estados que oprimen a otras naciones, como el caso español y francés, sean en algunas izquierdas de pueblos trabajadores oprimidos como Catalunya, Andalucía, Euskal Herria, Castilla, etc.
El nacionalismo republicanista y de izquierda español resurge periódicamente en cada uno de los enormes terremotos que cuartean al Estado español como marco material e ideológico de acumulación de capital. En esta zona geo-productiva, cuyas fronteras dependen de los vaivenes de la lucha de clases y no de la «identidad nacional española», muchas izquierdas ceden ante el nacionalismo español sin percatarse de que la revolución socialista es imposible mientras subsista «España», sobre todo una vez que ha sido subsumida como base militar-económica de la OTAN.
De hecho, la casi exclusiva y muy excluyente dedicación a la defensa de un «comunismo» flotante, sin base material ni encuadre sociohistórico alguno, es decir, sin apenas referencia a la opresión nacional o, peor, con abundantes referencias peyorativas a la identidad nacional e incluso al «nacionalismo etnicista», es un craso error de valoración que es utilizado por el reformismo para acusar injustamente de reaccionarismo a quienes tienen toda la razón por reivindicar el comunismo. También el desprecio acrítico e ignorante con el que se ignoran los grandes logros prácticos de la izquierda abertzale clásica, facilita las falsas acusaciones del reformismo.
En el momento actual, en el que parece que el soberanismo reformista y el Movimiento Socialista son las dos únicas «familias políticas» con futuro hoy en día en Euskal Herria, las dos tratan de polarizar a las masas trabajadoras entre soberania/acuerdo/país y proletariado/independencia de clase/socialismo. Se critican mutuamente sobre el grado de españolismo que practican, sobre la cantidad de personas que movilizan. Intentan marcar sus propuestas programáticas mediante movilizaciones sociales… Eso sí, no dejan de rehuir continuamente los necesarios debates sobre el relato del ciclo anterior con sus errores y victorias, de construir una memoria histórica que sirva en Euskal Herria como palanca de oxígeno a las ansias de libertad.
Rehúyen cualquier análisis de la continuidad de las contradicciones pese a sus cambios de forma porque quieren presentarse como nuevas recetas ante el nuevo ciclo político que supuestamente se abre para las dos opciones. En el caso del soberanismo, en la próxima remodelación española, y en el caso del Movimiento Socialista en el nuevo ciclo socialista que se abre en el mundo (por ahora reducido al Estado español).
Los independentistas socialistas tenemos que tener en cuenta estas consideraciones a la hora de plantear nuestro quehacer cotidiano. Tenemos que explicar por qué es necesario el comunismo para sobrevivir en este planeta, pero también tenemos que explicar que la lucha socialista en nuestro pueblo oprimido necesita de la independencia nacional, la independencia de la nación trabajadora, para romper con los estados español y francés como con la Unión Europea y la OTAN.
De hecho, en el mismo texto, Petri también explicaba como Dentro del capitalismo, el marco autónomo de lucha de clases va unido al de lucha de liberación nacional de clase en pos de la independencia socialista, porque la nación burguesa vasca, catalana, andaluza, galega, etc., son capitalistas y sub-imperialistas en mayor o menor grado según los casos, apoyando siempre a la OTAN y aceptando la opresión española y francesa. Por tanto, la liberación nacional en su sentido marxista de recuperación por el proletariado de las fuerzas productivas que hasta ese momento eran propiedad del capital, solo puede realizarse mediante la revolución socialista que impulse el avance al comunismo, proceso en el que «España» desaparecerá al romperse las cadenas que le identifican como «cárcel de pueblos».
El internacionalismo marxista siempre se ha basado en estos principios, nunca ha absolutizado el comunismo de manera mecánica y lineal, unívoca, economicista, negando o subvalorando la cuasi infinita gama de factores que operan internamente en la lucha de clases de las naciones oprimidas, entre los que destacan las formas de explotación, opresión y dominación imprescindibles para el capital nacionalmente opresor como son la opresión patriarcal y nacional, y la mercantilización de la vida, de la naturaleza y, a otra escala pero también importantes, sus relaciones con otros partidos, sindicatos y movimientos sociales o populares. La extrema variedad de colectivos de toda índole que por múltiples razones resisten y luchan en el campo de «lo nacional» solo puede ser comprendida conociendo la historia de resistencia de ese pueblo, nunca desde el exterior y en base a determinismos economicistas que solo ven la «lucha de clases pura» entre dos idealizaciones: la proletaria y la burguesa.
Si atendemos a las cinco reflexiones que Petri Rekabarren nos presenta al final de la trilogía, no encontraremos únicamente como hacerle frente al soberanismo reformista, sino que también encontraremos reflexiones que nos ayudarán a no caer en las estrategias que nos empujan a un comunismo abstracto con tendencias españolizantes, algo parecido a dos escisiones de ETA en la segunda mitad de los sesenta, totalmente fracasadas. No es casualidad que el reformismo soberanista y el Movimiento Socialista, partes supuestamente enfrentadas, no quieran entrar a los debates que corresponden a la liberación nacional de clase y a su historia, como hemos dicho, ya que enfrentarse a este debate, les supondría asumir que, a la contra de lo que piensa la mayoría de las personas que siguen este urgente debate, no cumplen una función tan distinta a la hora de domesticar al pueblo trabajador vasco ante las estructuras de dominación del capital, los Estados español y francés, la Unión Europea y la OTAN. Sin tener en cuenta el marco autónomo de lucha de clases que es Euskal Herria, los únicos marcos que nos quedara por reforzar, serán las de las cárceles de pueblos que son los Estados burgueses español y francés. No hablamos de la identidad cultural y idiomática de las personas que militan en estas estructuras, si no la dirección que toman sus respectivas estrategias al negar este marco.
Aunque algunos se echarán las manos a la cabeza al leer estas líneas, eso no hará que la realidad se adapte a los discursos o que los discursos se hagan realidad por arte de magia. Más allá de discursos bien elaborados que se publicitan con buenas fotos y vídeos hechos con smarphones y drones de última generación, las estrategias planteadas por las dos «familias» refuerzan el marco establecido por el imperialismo yanqui en estas coordenadas. Eso no quiere decir que el independentismo socialista no tenga que hacerse autocrítica.
Si no conseguimos que el pueblo trabajador vasco vea la necesidad de organizarse para luchar por la independencia socialista como medio para conquistar sus derechos, todos los discursos grandilocuentes que hagamos copiando a las otras dos familias, también serán en vano. Hay que extender la organización del independentismo socialista, hay que elevar la conciencia nacional de clase, hay que organizar al pueblo trabajador vasco para que trabaje a favor de su propia liberación aportando así a la liberación del resto de los pueblos del mundo. La tarea es inmensa y el camino largo. No nos perdamos por senderos y atajos que nos llevan a la perdición.
(Mi resumen de los cinco puntos): Extender la certidumbre de que el presente seguirá empeorando si no reactivamos la lucha desde la constatación de que Euskal Herria es un marco autónomo de lucha de clases en Europa, no solo en los Estados español y francés.
El marco autónomo de lucha de clases determina que planteemos la lucha contra cualquier opresión desde y para el desarrollo del independentismo socialista dentro de una política internacionalista y antiimperialista a escala mundial, con el pueblo trabajador vasco como sujeto.
La conciencia nacional de clase es la fuerza sociopolítica que más luchas radicales ha impulsado y vuelve a impulsar desde fuera y a la izquierda del reformismo.
El marco autónomo de lucha de clases tal como se plasma en la actualidad muestra otras urgencias que debilitan al capital: además de la lucha sindical revolucionaria en todas sus plasmaciones.
Estas y todas las demás militancias debe argumentar siempre sus relaciones teórico-estratégicas con el socialismo como paso al comunismo. Si no se hace esto, si solo se habla de táctica presente, olvidando objetivos y coherencia teórica, se cava la fosa de la derrota.
El marco autónomo de lucha de clases que es Euskal Herria forma a la vez parte de la lucha mundial entre el capital y el trabajo, entre capitalismo y comunismo.
24 de febrero de 2025
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