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Nacionales E.Herria :: 22/11/2005

18/98, mucho más que un juicio

La Haine - Euskal Herria
Ayer dio comienzo al jucio del macrosumario 18/98, cuya primera parte se dio en el caso contra jarrai-haika-segi. Ahora, casi 60 personas se sentarán en el banquillo, bajo acusaciones de pertenencia a banda armada por un proceso que puso en marcha el PP para acabar con la izquierda abertzale y que el PSOE no tiene por ahora ninguna intención de parar. Bienvenido sea este talante.

Ayer dio comienzo a un juicio que, en todos los lugares se ha considerado como histórico. Histórico para la derecha española, porque ven materializado su deseo de sentar a un sector de la disidencia vasca en el banquillo de los acusados para intentar eliminarlos de un plumazo y marcar un precedente único en la justicia no sólo española sino europea. Su delito, participar activamente en la construcción nacional de Euskal Herria, no sólo a nivel político, sino social, intentando superar los problemas existentes mediante la creación de alternativas reales para la sociedad vasca. Esto, en los tribunales de excepción españoles, se traduce por "pertenecer al entorno de ETA", que gracias al salto cualitativo que se dio con la inestimable ayuda del candidato al nóbel de la paz Garzón y sus colaboradores políticos, significa ser miembro "a pleno derecho" de ETA. Pero este juicio también va a ser histórico para la sociedad vasca, porque están en juego derechos fundamentales, como puede ser el de libertad de expresión o asociación, y se está mostrando el alicate que puede dar otra vuelta de tuerca más a la situación de represión que sufrimos en Euskal Herria. Y todo esto queda en manos de una institución franquista cuya función es responder a los ataques contra el estado y sus organismos, donde derechos civiles y políticos han sido sistemáticamente eliminados, siempre con la cobertura del estado de derecho. Un alivio.

El macrosumario 18/98 y sucesivos nació hace ya 7 años. En este tiempo hemos asistido atónitos a cómo decenas de ciudadanos vascos han sido detenidos, y en demasiados casos, torturados y encarcelados. 7 años en los que el estado español ha demostrado que la división de poderes es algo que ni interesa ni se da, pues durante este tiempo también hemos vivido cómo el poder legislativo se arrodillaba ante los mandatos políticos, y jueces insignes que se dedican a juzgar a genocidas de fuera de su país, pero miran hacia otro lado ante las barbaridades cometidas a metros de su casa, cuyos autos se convertían en el brazo ejecutor de dichos mandatarios. Por si fuera poco, cuando hubo una mínima disidencia desde la propia audiencia nacional (se admitieron varios recursos de la defensa), una campaña dirigida desde el gobierno español y sus medios de comunicación se encargó de quitar de medio a la molesta "sala cuarta" que podía entorpecer el camino.

Este proceso, que empezó bajo la batuta del PP y parecía llevar camino del olvido bajo los efectos del nuevo talante, supone una prueba de fuego para el gobierno del PSOE. En estos tiempos en los que los rumores y declaraciones sobre procesos de paz, treguas, conversaciones y negociaciones son el pan nuestro de cada día, los mal llamados socialistas van a volver a ejercer su doble juego, que llevan usando desde que llegaron al poder. Por un lado, crearán expectativas, nos hablarán de esperanzas, nos pedirán "firmeza democrática", "confianza en el estado de derecho" y no sé cuántas cosas más. Por otro, mantendrán su estrategia de acoso y derribo contra la sociedad vasca (ya no sólo contra la izquierda abertzale). Porque todos los gobiernos, y este no es excepción, han soñado con pasar a la historia siendo el gobierno que acabe con el problema vasco (eliminándolo, no solucionándolo), pero eso sí, a la vieja usanza, por la vía policial, aunque ahora nos lo intenten camuflar con buenas palabras. Así que, mientras puedan seguir a dos bandas, mantendrán la vía policial y represiva más dura que se puedan permitir, encarcelando políticos, cerrando periódicos o ilegalizando cualquier organización que no puedan controlar, para así imponer un estado de excepción en toda regla donde valgan todos sus métodos, pero eso sí, siempre con una sonrisa de comprensión y pidiéndonos más "voluntad política".

Así que, ante estos ataques, no nos queda otro remedio más que el ya conocido. Salir a la calle, dar todo el apoyo posible a los encausados y mostrar que ningún tribunal español tiene legitimidad alguna para juzgar la capacidad de organización de la sociedad vasca, pese a quien pese, denunciando este nuevo juicio farsa. No podemos ni debemos quedarnos parados ante esta vulneración de derechos en toda regla que se está produciendo, y es nuestra obligación centrar el debate político en la barbaridad que se está haciendo en madrid contra toda la sociedad vasca, dejando de lado falsas especulaciones sobre hipotéticas conversaciones o estatutos que van y vienen. Recordemos que no están juzgando 59 personas, o 42 jóvenes, o los que vengan, sino a todo el pueblo vasco, a sus derechos. Así que es a la sociedad vasca a la que le corresponde el turno de responder claramente a estos ataques. Porque es nuestra responsabilidad el que haya una presión social suficiente que pueda parar esta locura, antes de que sea demasiado tarde.

 

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