25 años encarcelado y Zornotza sigue esperando

Casi no lo recordará, o tal vez sí, por ser la última cosa que le sucedió fuera de una cárcel, pero ya hace 25 años que un día llegó la policía española y se llevó a más de quince vecinos de Zornotza. Desde entonces, Jose Mari Sagardui no ha podido volver a su casa, llevando más de la mitad de su vida entre rejas.
En este tiempo ha pasado por catorce prisiones españolas, ha sufrido torturas como el que más, y lleva casi diez años aislado. Ha llevado a cabo 13 huelgas de hambre, estando en total 190 días en ayuno. Es el veterano del colectivo de presos políticos vascos (EPPK), y para recordarnos cómo han cambiado las cosas nos trae a la memoria cómo, cuando se lo llevaron, habría unos 130 presos políticos vascos, cifra que ahora asciende a más de 700.
A mucha gente, todas estas cifras simplemente le pasarán por la cabeza y le harán sentir sorpresa, confusión e incluso en algún caso, indignación. Yo a lo mejor, puedo hablar mejor de estupor. De estupor cuando se reclaman el respeto a los derechos de todas las personas desde un atril sustentado en el aplastamiento de estas personas, sistemáticamente liquidadas en nombre de la democracia. Estupor, cuando se exige la participación indispensable en la resolución de este conflicto de las autoproclamadas "víctimas del terrorismo" (asociadas o no), siendo su opinión considerada no sólo legítima sino elevada al rango de verdad indiscutible, y sin embargo, más de 700 personas son silenciadas cuando exigen su reconocimiento colectivo y su derecho a participar en dicha resolución. Estupor, cuando desde el más absoluto olvido, represión y aislamiento, estas personas deciden unir sus gritos para demostrar que no sólo siguen ahí, sino que como personas que son, siguen teniendo unos derechos y no se los van a dejar arrebatar, mientras en los grandes medios de comunicación nos aparecen como criminales orgullosos que pretenden grandes privilegios. Estupor, en definitiva, al ver que si en Euskal Herria ya habíamos visto que hay ciudadanos de primera y de segunda según su opción política (denominados "demócratas" y "deshechos de la democracia"), los que han sido secuestrados y apartados de sus familias pasan a ser los parias de esta sociedad, siendo calumniados y odiados independientemente de lo que de ahí en adelante puedan hacer.
"Gatza" lleva además, en estos 25 años, recordándonos cómo la política penitenciaria española sigue siendo una maquinaria cuyo fin es la destrucción de la persona a cualquier precio, provocando que la palabra "reinserción" no sea una utopía, sino un objetivo que está justo al final del camino contrario al que las autoridades españolas han decidido recorrer. Una vez más, se nos muestra con Sagardui la crudeza de este método, que basa en la represión toda su fuerza y su ser, para de esta manera, hacer real el infierno, e intentar obligar a todo ciudadano de bien a seguir un camino determinado para no caer ahí.
Por eso, "Gatza" debe ser un revulsivo más en la carrera de fondo en que se ha convertido la lucha de todos los presos. Porque la lucha del EPPK debe ser apoyada desde fuera, para conseguir que los derechos de sus miembros sean reconocidos, así como su naturaleza de presos políticos. Porque no se puede permitir que una persona que ya ha cumplido las tres cuartas partes de su condena siga secuestrado en los campos de exterminio españoles. Porque esta es una muestra, como tantas otras dolorosas, de que el sistema penitenciario español sólo busca el sufrimiento, y por eso, se hace urgente acabar con él.
Ánimo Gatza, ta eutsi gogor, amnistia lortu arte!







