A Santiago Alba Rico

1. Su análisis sobre el desarrollo del proceso político vasco es extremadamente parcial, puesto que todo lo sitúa en función de una hipotética tregua por parte de ETA, hasta convertir ésta en un tótem. Pese a unas condiciones extremadamente duras, en los últimos años, la izquierda abertzale ha logrado generar iniciativa política para intentar avanzar en ese proceso tremendamente difícil. Sin embargo, Santiago Alba Rico, además de plantear la cuestión de forma maniquea y simplista ísi ETA da una tregua, directos a la soberanía; si no la da, es el finí, sólo aporta su propia angustia personal. Debe saber que los vascos ya tienen bastantes problemas y sufrimiento para, además, tener que sumar la zozobra de agoreros.
2. Pide explicaciones a Arnaldo Otegi, GARA y columnistas de este diario para que le expliquen los porqués de la actividad de ETA. Dice incluso que es partidario de la lucha armada en Palestina e Irak. Debiera saber que, si alguien sostuviera públicamente eso mismo respecto a Euskal Herria, terminaría con sus huesos en la cárcel. Lo digo para que Alba Rico sepa que está planteando debates en los que no todos tienen las mismas posibilidades que él.
3. El manido recurso de que los extremos se unen no es más que propaganda. No es admisible que, desde posiciones pretendidamente revolucionarias, se sostenga que ETA favorece al PP, o majaderías similares. Si se coge ese camino, podría perfectamente acusarse a Santiago Alba Rico de hacer el caldo gordo al PNV y a todos aquellos que intentan acabar con la izquierda abertzale.
Por todo ello, sólo cabe pedir a este filósofo que muestre un mínimo de rigor y algo de respeto. Le aconsejo que se sacuda ese complejo del misionero que se ve en la obligación de enseñar el camino a esos pobres vascos que, con lo fácil que lo tienen, no saben cómo ganar. No es una buena forma de entender la solidaridad internacionalista.
Donostia
1 de marzo 2004







