Berri Otxoak, 12 años contra la exclusión

Barakaldo se enfrenta a su segunda crisis en apenas 30 años, pero tanto la cara de quienes la sufren como su forma de responder y movilizarse han cambiado drásticamente. Los empleados y empleadas precarias de Ikea y Mediamarkt, dos de las grandes superficies que han sustituido a las emblemáticas empresas siderúrgicas, lo tienen difícil para reproducir las huelgas de la reconversión industrial de los ‘80. En una ciudad de menos de 100.000 habitantes, 18.000 tienen un empleo precario y el 86% de los contratos son temporales. El desempleo ha subido al 14,5% y a día de hoy hay 2.200 personas paradas más que el año pasado. En una ciudad especialmente envejecida, 2.500 mujeres viudas viven por debajo del umbral de la pobreza.
Son algunas de las cifras que aporta la plataforma contra la exclusión social Berri Otxoak y que explica que sus integrantes se declaren “desbordados”. El número de consultas que recibe su pionera oficina informativa sobre ayudas sociales se ha duplicado en un año. De septiembre de 2008 a junio atendieron más de 600.
Las vecinas y vecinos de Barakaldo tardan una media de nueve meses en cobrar las ayudas de emergencia social, que se piden para salir al paso de situaciones de urgencia. “Desde el 9 de febrero hasta el 21 de mayo se han atendido en el Departamento de Acción Social a 1.328 familias; se han resuelto 709 expedientes y, así y todo, todavía ninguna familia barakaldesa ha percibido ni un euro para hacer frente a la actual crisis económica”, detallan en su web.
Ante una mayor demanda de servicios sociales, el Ayuntamiento habla de uso fraudulento de las ayudas, estigmatizando así a quienes las perciben y creando recelos entre las clases precarias. En la localidad vecina de La Arboleda, la asociación vecinal acosa a una familia gitana realojada en una vivienda de protección oficial. Pide vivienda gratis para todos, pero no paga su cabreo con el Consistorio o con el Gobierno vasco, sino con una pareja en situación de exclusión y sus dos criaturas.
Dignidad precaria
Son realidades que indican que el gran reto al que se enfrenta Berri Otxoak es el de unir a quienes soportan unas condiciones de vida precarias, superando todos esos mensajes que animan a la desconfianza y el individualismo. Su apuesta para ello es ofrecer “soluciones reales aquí y ahora”. Frente al modelo de colectivo compuesto por “funcionarios” centrados en organizar seminarios y escribir octavillas en clave utópica, la clave del éxito de Berri Otxoak es que personas que también sufren la precariedad en sus propias carnes les cuentan a otras qué pueden hacer para mejorar sus vidas, para cubrir sus necesidades más básicas. Les explican que no deben avergonzarse por pedir la renta básica, sino que es un derecho que les asiste y una solución a una situación económica de la que no son responsables. A la vez, refuerzan el trabajo de su oficina con una intensa presencia en las calles y la colaboración con el resto de organizaciones sociales del pueblo.
La plataforma ha logrado que el Ayuntamiento incremente el presupuesto para ayudas sociales y la plantilla que trabaja en los servicios sociales locales. Pero sigue siendo insuficiente, sobre todo en estos tiempos. “La gente está descubriendo cuál es la situación real de la protección social en Euskadi, que no es Suecia”, recalcan desde la plataforma. Priorizando las pequeñas mejoras cotidianas a las grandes promesas revolucionarias, Berri Otxoak puede presumir de haberse consolidado como uno de los grupos con mayor potencial transformador de Euskal Herria.
De la okupación a la lucha contra la pobreza
Óscar Chaves (Redacción)
El origen de la plataforma contra la exclusión social de Barakaldo se remonta al 12 de agosto de 1992. Ese día, la Policía Municipal desalojó un local situado en la calle Berriotxoa –patrón de Bizkaia–, que llevaba okupado desde mediados de los ‘80 y servía de sede a un grupo de mujeres, dos colectivos ecologistas, un colectivo de apoyo al euskera, la radio libre Zirika Irratia y la agrupación antimilitarista Kakitzat. A raíz del desahucio y con objeto de encontrar un nuevo local y denunciar la actitud “autoritaria” del Ayuntamiento se crea la Coordinadora de Colectivos Berriotxoa, que el 19 de marzo de 1994 consigue okupar un inmueble en la calle Apuko de la localidad. Progresivamente, la coordinadora se fue transformando en un grupo especializado en la problemática de la vivienda y poco después en cuestiones más amplias relativas a la pobreza y la exclusión social. El 18 de agosto de 1997 la Ertzantza puso fin a la Berrietxea, las viviendas y el centro social okupados de la calle Apuko. Este golpe no sólo no acabó con el colectivo, sino que, usando como base un espacio prestado, pasó a ser una plataforma contra la exclusión social. En noviembre de ese año se inauguró la oficina alternativa de ayudas sociales que conocemos hoy.
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