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09/06/2020 :: Nacionales E.Herria

Bilbao y cierra España

x Josemari Lorenzo Espinosa
La plaza pública de su matanza de toros, ha sido incluida en la lista de bienes arquitectónicos. Pasando a ser un “bien cultural con protección básica”

En estos lamentables meses que sufrimos, el excelentísimo ayuntamiento de Bilbao ha tenido a bien incordiarnos con una de sus ocurrencias. Obra de los caciques municipales (los torerófilos Aburto y Gil, bien ayudados por el inevitable PP) pretende incluir la aberración moral y urbanística, de Vista Muerte, entre los Bienes culturales de la villa. Proponiéndose introducirla en el próximo POGU (Plan de Ordenación Urbana), como un valor cultural de referencia. Cuya responsabilidad moral y material, serían incondicionalmente a cargo de los bilbainos. De los cuales, una inmensa mayoría no se ha enterado del porqué y ni siquiera del cómo.

Estos munícipes, el primero de los cuales cobra 105.000 euros y el segundo mas de 95.000/año, son los elementos públicos que mas cobran en el Estado. Mas incluso que el presidente del gobierno. Y mientras reciben estos suculentos ingresos, protagonizan aberraciones majaderas como esta. Sin la mas mínima molestia, por parte de quien debía de molestarse. Es decir, lo que llamamos (con cierta exageración) oposición.

Gracias a esto, la plaza pública de su matanza de toros, ha sido incluida en la lista de bienes arquitectónicos. Pasando a ser un “bien cultural con protección básica”. Una protección que como es natural, y no indica su nombre, a quien protege y beneficia es a la tauromafia. Amén de consagrar de este modo la existencia “sine die”, de este artefacto monumental. Construido, con dinero municipal franquista, en los años 60. Y que según recientes valoraciones periciales está a punto de caerse. Con tan mal estado estructural-superficial y ornamental, que aconseja su derribo urgente. Mas que nada, por la posibilidad de cualquier accidente grave.

De modo, junto al Gugenheim y otros edificios relevantes, o mas reconocidos del botxo, los caciques municipales quieren colar ese adefesio arquitectónico, llamado Vista Alegre por algún beodo mental. Y que no es otra cosa, que un engendro estilístico, mezcolanza de ladrillo y mal gusto. Con fines crueles y sangrientos. Como son el maltrato, la tortura, el desuello y la matanza de toros. Claro que todo ello, entre olés y pasadobles españoles. La mayor parte de ellos, apología de otros tantos matarifes de antaño.

En primer lugar, la maniobra se ha hecho con alevosía, como viene siendo habitual en estos supuestos. Sin consulta, ni comunicación suficiente a la “oposición”. Cocinándola en las comisiones al efecto y apareciendo sigilosamente en las páginas de la normativa municipal. Prácticamente sin que nadie se enterase. Y, desde luego, sin preguntar a ese sufrido peatón político, que es el bilbaino. Ya acostumbrado a que le presenten hecho, lo que tiene que hacer. O lo que tiene que votar y pensar. Mientras otros definen cuáles son los paradigmas oficiales del arte y la cultura de la villa.

Para el tándem Aburto-Gil y sus boys, no es suficiente con que una mayoría de los empadronados no vaya nunca, ni quiera ir, a ver cómo torturan, desuellan y matan animales en público. Entre aplausos, olés horteras y pasodobles españoles de taberna. Además en nombre del “arte y la cultura” de España. No basta tampoco con que esta plaza de la muerte esté cerrada todo el año. Que, desde el 2013, solo se hayan utilizado (semivacía) nueve días, durante las llamadas “fiestas”. Que son las reuniones sanguinolentas, que tanto gustan al sr. Gil. O, que desde el 2010 no haya visto ningún acto cultural. Ni piense verlo, que se sepa.

Tampoco quita, a estos efectos de protección a los padrinos de la tauromafia, que el armatoste en cuestión ofenda la vista, el sentido del gusto artístico y la urbanización del entorno. Así que, ni siquiera le atañe para nada el argumento de la inutilidad manifiesta, de semejante escenario de tortura. Que no solo sobra y estorba, sino que se podía convertir en algo de provecho, adorno, uso y disfrute, como ya han pedido muchos de los convecinos. Con mas sentido urbanístico y deber ciudadano que sus “representantes” oficiales. A los que, una vez jurado el cargo tan bien remunerado, se les olvidan los problemas ajenos. Tan manoseados en las campañas electorales. Y cierran totalmente puertas y oídos a las quejas y sugerencias, de los principales afectados.

Mucho menos les importa a estos caciques “democráticos” que, puesto que es dudoso que Bilbao tenga una vocación o identidad torerófila, como la que pretende don Gil, lo correcto sería someterlo todo a una consulta popular. Un Bilbao que apenas ha conocido un par de toreros regulares, tirando a malos-toscos. Cuyo mejor afán era que Alfonso XIII (rodeado de cortesanas y neguríticos) viniera, de vez en cuando, a Vista Muerte. Para aplaudir sus “artísticas y culturales” matanzas. Dedicándole la muerte y tortura, de algún pobre e inocente animal. Porque si la afición taurina en la villa, es históricamente escasa o nula. Es también un mal gusto, importado por los señoritos de La Bilbaina. Junto con la monarquía borbónica, la lengua del imperio y los pasatiempos macarras de los terratenientes.

Pero nada de esto quita el sueño a “nuestros” gobernantes, ni a sus funcionarios. Nada perturba sus incongruencias y contradicciones. Ni la mas que probable prevaricación, de alguno de los responsables del desafuero. Que ha hecho posible, de la noche a la mañana, convertir un armatoste arquitectónico, donde acuchillar animales, en nada menos en un “bien cultural”. Ocupando un terreno de mas de 16.000 m², en un lugar céntrico. Separando barrios y edificios, entorpeciendo el urbanismo y las comunicaciones, de una zona importante de Bilbao. Y haciendo que las españolísimas matanzas de toros, se conviertan durante nueve días, en la única justificación para que haya fiestas en Bilbao. Según afirma Gil, el mandamás municipal del PSOEspañol.

Alcaldada cultural española

Las justificaciones con las que el ayuntamiento pretende que toda esta aberración sea un bien cultural de “protección básica”, son tan absurdas y contradictorias con otras afirmaciones del propio municipio que cuesta creer, ante todo este cúmulo de atropellos, que no escondan algo turbio, sucio, mafioso y adinerado. Porque este escándalo cultural y engendro urbanístico. A punto de ser perpetrado por las fuerzas vivas españolas, en Bilbao, bajo el lema del concejal Gil: “Sin corridas de toros, no hay Aste Nagusia”, busca sobre todo, contentar económicamente a ciertos sectores.Y, en el plano político, mantener viva la unidad cultural española de destino en lo universal. La que se aferra al “como en España, ni hablar”, de mercado único y buenos negocios de los exportadores bilbainos. Aquellos que, desde las siete calles, pasando por las minas, navieras y astilleros, asaltaron la Gran Vía y dominaron con sus bancos todo el tinglado económico y cultural, de la villa. Haciéndola mas española que nunca, después de ganar tres guerras a mayor gloria y cierre de España.

La maniobra, que ahora nos ocupa, es de un talante ciudadano tan degradado que solo se le podía ocurrir a esta alianza “cultural” española en el ayuntamiento. Capitaneada por Aburto, Gil y algún que otro cacique del PP, en la sombra. Solo a estos personajes se les puede ocurrir llamar cultural, e introducirlo así en una lista de bienes, al recinto donde se consuma la mayor barbaridad sanguinolenta anual, que se comete en la Vista Muerte bilbaina. Una actividad digna de quien disfruta con el maltrato, tortura, desollamiento y muerte de medio centenar de animales en público. Entre tragos de bota, olés y pasodobles. Una afición y disfrute que solo puede el tener nombre y el tratamiento de una enfermedad: sadismo. Y, en el terreno de desgobierno municipal: alcaldada y caciquismo, cultural español. En fin, lo dijo Joseph de Maistre, ya en el s. XVIII: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Entre otras cosas, porque lo ha elegido la mayoría silenciosa. Esa que solo sale de casa para votar y comprar electrodomésticos. Y esto vale lo mismo para Aburto-Gil, que para Trump.

En cuanto a Bilbao, ya en los años veinte del siglo pasado, Eli Gallastegi (uno de los precursores de la izquierda abertzale) escribía preguntándose: “Habrá nacionalistas tan envilecidos que vayan aún a los toros?”. Era un Bilbao inculto y ramplón, que copiaba los gustos ordinarios y chillones de la españolidad, campante en la villa. Mimetizando la fiesta nacional del imperio, con toreros, barracas y bailes agarrados. Entre el bullicio y el ruido de la música estridente. Tributo al peor casticismo español de los olés y el asfixiante olor de la sangre del toro desollado. Víctima inocente de la barbarie taurina, importada desde el siglo XVIII. Y que el ayuntamiento quiere ahora perpetuar, como bien artístico y cultural, “de protección básica”. En sus degenerados, burocráticos y aberrantes planes de ordenación urbana. Cuyas consecuencias padecemos y pagamos todos. Sobre todo los que no estamos de acuerdo y rechazamos este escandaloso engendro municipal. Perpetrado por PNV, PSOE y PP.

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