Congreso de ¿¿alcaldes??

Vuelven a la carga los comerciales del neoliberalismo. Ya están otra vez vendiendonos la moto. Una moto de aspecto moderno, de cuidadoso diseño y pintura… y motor roñoso, estropeado, obsoleto. Esa moto no anda más. Sólo va cuesta abajo, igual que el modelo Azkuna para Bilbo.
Cada vez que pasa revisión, le salen averías nuevas, averías en forma de deuda, falta de transparencia, déficit democrático y participativo y un largo etc. Pero ya se sabe, si algo ha hecho Iñaki Azkuna en Bilbao, ha sido vender la moto.
Los próximos 13, 14 y 15 de junio tendrá lugar la Cumbre Mundial de Alcaldes en la Alhóndiga de Bilbao. Una cumbre en la que participarán delegaciones de decenas de ciudades del mundo, delegaciones compuestas por algún que otro cargo público de las urbes allí representadas, pero sobre todo, por su clase empresarial. Por supuesto, la ciudadanía no está invitada. En la cumbre, se debatirá sobre aquellas cuestiones globales que, en sus propias palabras, afectan a las ciudades actuales, y marcan tres: la economía, la sostenibilidad y la calidad de vida. Tres ejes como aliños discursivos en un universo donde lo realmente importante es el papel que estas cuestiones juegan a la hora de aumentar la competitividad en el mercado interurbano, supenditándolas a sus exigencias.
Se trata pues de una cumbre no oficial, por tanto, desligada de cualquier tipo de control democrático, cuya agenda se marca por una fundación, presuntamente neutra y sin ánimo de lucro, bajo cuyo paraguas se amparan un grupo de empresarios que a modo de aves de rapiña se posarán en Bilbao relamiéndose ante la visión de un festín. Un festín en el que, a nuestra costa, y a pesar de ser vendido como un simple foro de debate, se marcarán las líneas futuras para Bilbao (y para otras ciudades del mundo), por supuesto, a puerta cerrada para la ciudadanía. ¿Acaso es eso transparencia? ¿Porqué cada vez más las decisiones y reflexiones que nos afectan se desarrollan en espacios que quedan fueran de los espacios clásicos, y oficiales, de decisión y de control? ¿A costa de qué se darán el festín? ¿O es que los empresarios no miran por sus negocios? Lo dudamos, conocido es el hecho de que un empresario que no mira sólo por lo suyo, es un empresario sin futuro. Y es que cuando una empresa transnacional habla de economía no habla de hipotecas, facturas, gastos diarios de alimentación, menaje y vestimenta; habla de rebajar los derechos laborales de su personal trabajador, de rebajas fiscales, de reformas laborales, de ERES, externalización de la producción, de comprar políticos para sus órganos de dirección, etc.
Cuando una empresa transnacional habla de sostenibilidad, no habla de enfrentar el alarmante calentamiento global, habla de la compra de emisiones de CO2 a terceros para seguir moviendo su producto por todo el planeta, habla de palabras-etiqueta como eco, verde o bio como herramienta de marketing, habla en todo caso, de sostener su ritmo de crecimiento y beneficio.
Y ¿de qué demonios hablarán cuando hablan de calidad de vida?, Porque sí, la calidad de vida es un producto beneficioso, eso sí, depende de a qué nos estemos refieriendo exactamente. En este caso, la calidad de vida se asocia con una ciudad escaparate, que sea agradable para pasear y, sobre todo, para consumir, y que, a poder ser, circulemos sonrientes en ella para no asustar a los turistas-inversores y sin pararnos en el camino, no sea que nos encontremos.
Es así como el espectáculo al que vamos a (no) asistir los bilbainos supone un ejemplo más de la maquinaria de mercadotécnia urbana puesta a funcionar por el gobierno de Azkuna. Una maquinaria que ha convertido a Bilbao en un producto para ser vendido, además, al mejor postor y con visos a convertirse en un producto de saldo. Y a las pruebas nos remitimos:
Ante la situación de crisis actual debemos analizar críticamente donde estamos. No vale con la huída hacia delante. Nos encontramos ante una ciudad en la que la pobreza va en aumento. Cada vez es mayor la fractura socio-espacial, la diferencia entre las rentas medias entre unos y otros barrios, al igual que la brecha entre los bilbainos más ricos y los más pobres. Esto, por supuesto, corresponde a una manera de hacer política, a un modelo de gestión urbana basado en los postulados del crecimiento, la competitividad y el negocio más que en los de la provisión de servicios públicos y redistribución de rentas. ¿Cómo puede ser que en una ciudad cuyo gobierno ha presumido sobre su maravillosa situación fiscal, las capas de pobreza hayan seguido aumentando?, ¿qué responsabilidad tiene la política municipal desarrollada por el gobierno de Azkuna en ello?, ¿cómo puede ser que en una ciudad tan premiada como Bilbao sigan existiendo problemas reales a nivel de infraestructuras, equipamientos y accesibilidad, sigan existiendo bolsas de pobreza y exclusión, sea tan difícil acceder a una vivienda a un precio razonable y el paro no deje de aumentar?, ¿qué podría haber hecho el gobierno municipal que no ha hecho? ¿Cuánto dinero público, nuestro, se está yendo por la alcantarilla en poner a Bilbao a la venta, en el automobombo de nuestro afamado alcalde? ¿Qué rentabilidad real se saca de estos gastos? ¿A quién se dirige exactamente esta rentabilidad? No puede ser que el gobierno municipal, gobierno de todos, haga una política más dirigida a crear un buen ambiente para los negocios que ha procurar que sus ciudadanos, más allá de transitar por una maqueta a tamaño real con palmeras, podamos disfrutar de calidad de vida real en todas sus dimensiones.
Pero esto es exactamente lo que se premia en estos foros, el gastarse el dinero (público) en venderse al mejor postor (privado), en vender a precios de saldo los recursos propios de la ciudad, ya sea el propio suelo, la gestión de servicios públicos, o los derechos y garantías ciudadanas y democráticas, despatrimonializando la ciudad a cambio de inyecciones de dinero rápido y fácil y que no ha supuesto una contrapartida real en las necesidades REALES de los bilbainos. Y es que con el dinero fácil ya se sabe: pan para hoy y hambre para mañana. ¿Y de qué viviremos cuando se cierre el grifo, cuando no haya nada más para vender, cuando los bilbainos no tengamos un sitio en esta ciudad del conocimiento y la innovación que están impulsando y que tan lejos nos queda a muchos? Esta cumbre no es más que apagar fuego con gasolina.
Las rentas, tan prometidas para los barrios y la ciudadania bilbaína una vez llevado a cabo el tan necesario proceso de revitalización, parece que no han acabado de llegar y si lo han hecho, ha sido a modo de migajas para adecentar aquello que hasta la fecha era insostenible. Parece, sin embargo, que han servido más para retroalimentar esta maquinaria de crecimiento económico, para algunos. Y ya se sabe, ahora estamos en crisis y BR2000, nuestra fuente de riqueza, tiene que desmantelarse.
¿Acaso no habría sido mejor invertir estas rentas en Iniciativas Locales de Ocupación eficientes, en implementar iniciativas de promoción empresarial y desarrollo económico y territorial que tuviera más en cuenta la dimensión social y la sostenibilidad, en garantizar unos más y mejores servicios públicos, en llevar a cabo políticas de bienestar social, en invertir de verdad en los barrios y sus vecinos, en vez de dejarles las migajas de las operaciones especulativas del centro, en llevar a cabo políticas de vivienda que estuvieran más dirigidas a garantizar el derecho a una vivienda digna que a facilitar la construcción de promociones de vivienda libre y a no hacerles competencia desde lo público a nivel de precios, en políticas de fomento del potencial comunitario, en políticas educativas reales y planes locales de inclusión social?
Pero no, ese Bilbao no recibiría tantos premios como el de ahora, porque ese Bilbao no sería rentable en términos económicos para la clase empresarial que parece ser nos gobierna.
Aun así no pasa nada, porque resulta ahora que Bilbao es la “capital de ciudades”, el espejo en que se quieren mirar Moscú, Londres, Washington, Pekín y Sao Paulo. Muestra de la gran eficacia bilbaina: desde los premios Lee Kuan Yew y World Best Mayor hasta la elección de Bilbo para la celebración de esta cumbre. Sin embargo, la duda razonable que sobrevuela estos premios y galardones es ¿Para qué y bajo qué coste (también económico)?
Desde luego gratis no ha sido, caro nos está saliendo a la ciudadanía el fracasado modelo Bilbao de Azkuna. Un modelo que se ha construido a base de privatización y desregulación, de aumento de la flexibilidad, de gestión partenarial, de respuestas rápidas y eficaces a las exigencias del mercado, de dejar que las aves de rapiña se nos metieran en casa hasta la cocina y se sentaran en la cabeza de la mesa. Este modelo nos ha puesto en una situación de constante vulnerabilidad y de pérdida de garantías democráticas.
Frente a este modelo y a este Foro, los pasados días 23, 24 y 25 de mayo se reunieron en Bilbao más de 250 personas en una jornadas abiertas a toda la ciudadanía para debatir sobre este modelo de gestión urbana que se ha impuesto y sobre sus posibles alternativas. En ellas se habló de la necesidad de incorporar cláusulas sociales en los contratos que redundarían positivamente en el empleo, en la economía local, en la cultura y en el medio ambiente. Porque en la gestión económica, caben muchas cuestiones más allá de las monetarias. Esta es la diferencia entre la economía capitalista y la economía alternativa y solidaria, es la diferencia entre poner el beneficio económico en el centro de la política económica o poner a las personas y la comunidad. En las jornadas se habló de las formas cooperativas tanto a nivel empresarial, de consumo o de vivienda para dar salida a los problemas que están empezando a ahogar a un gran número de bilbainos, y que van a más. Se habló de la necesidad de recuperar el espacio público como un espacio de encuentro y vivencia y no sólo de consumo, de fortalecer los instrumentos políticos democráticos que todavía resisten, de aumentar la participación ciudadana en la gestión de la ciudad, porque la ciudad es para sus ciudadanos y no para el mercado global.
En definitiva, cuando se acaben los festejos, cuando retiren la alfombra roja y los pétalos de rosas, cuando el castillo de naipes sobre el que se ha construido Bilbo los ultimos 20 años se derrumbe, solo nos quedará la resaca de la orgía neoliberal a la que nos ha sometido Azkuna. Sin embargo, podemos hacer que eso no pase, siempre y cuando construyamos alternativas en base a la cooperacion, la colectividad, la participacion y la solidaridad. En base a las personas. Algo impensable e imposible con este PNV, PSE y PP.







