Cuando la conciencia es más fuerte que las mordazas

Los abogados de la nueva formación presentan recurso ante el Tribunal Supremo justificando el derecho que les ampara y reclamando vista oral para poder defenderlo. La vista se celebró en la mañana del día 16 y, en un plazo de tiempo record, el Tribunal Supremo dio la razón (como cabía esperar) al Estado: ASB, aunque aboga por los métodos de acción políticos, no tienen derecho a existir. Y, tras la agresión, el ultraje y la mofa: El Fiscal del Estado, en declaraciones de prensa del día 17, alardea con prepotencia de la manipulación de la justicia que han realizado con intencionalidad política: "Quizá nos hemos pasado en la ilegalización de candidaturas pero, lo cierto es que ha colado". Demasiados ultrajes acumulados de los que vamos levantando acta.
Crímenes de Estado mientras se desarrolla una campaña electoral totalmente viciada y, a veces, tensa. Creyeron los inquisidores que casi todo del arco parlamentario apoyaría la ilegalización de la izquierda vasca y no se equivocaron. Creyeron los ilegalizadores que Batasuna, una vez marginada, se hundiría en la desesperación y en la impotencia. En esto no acertaron. Creyeron los fascistas de nuevo cuño, que los perseguidos interiorizarían su culpa y se retirarían de la escena política. Se volvieron a equivocar. Creyeron los "demócratas" que su violencia no tendría respuesta popular ya que estaba amparada en su Ley. Y, una vez más, demostraron no conocer la entereza de la izquierda vasca.
Una campaña con permanente contestación popular
Los diseñadores de campaña habían planificado todas las agendas de los respectivos candidatos como si nada ocurriera. Es difícil encontrar un grado mayor de cinismo e hipocresía. Todos ellos tenían preparado su guión: se presentarían como garantes de los derechos ciudadanos y defensores del pueblo. Tenían previsto silenciar que en la misma ciudad, y en ese mismo día, había miles de ciudadanos ilegalizados a los que nadie defendía; y que otra formación política, debidamente amordazada, había quedado al margen de la contienda electoral.
Su actitud era despreciable pero lógica. Muchos de ellos habían propiciado la ilegalización, habían preparado a sus respectivas bases sociales para que la asumieran con naturalidad. Habían guardado silencio para que el atentado se produjera con total impunidad. Modificar su agenda de campaña suponía reconocer públicamente una grave irregularidad democrática de la que ellos eran responsables o cómplices. Una vez iniciada la campaña, les tocaba a ellos desarrollarla con normalidad; de esa forma, "la normalidad’ se convertía en arma estratégica para proyectar el mensaje de que nada había ocurrido y de que los auténticos demócratas no tenían ningún problema para ejercer su actividad. Por el contrario, quienes no podían participar en las elecciones, debían asumir el peso de su culpabilidad.
Las víctimas del apartheid decidieron romper las mordazas que les imponían. Y estar presentes en la campaña, no en la medida en que se lo permitiesen sus perseguidores sino de acuerdo a su fuerza y decisión política. Aunque sus ilegalizadores suponían lo contrario, la izquierda se siente acosada pero no derrotada, indignada pero no rendida. Es ella la que quiere marcar su calendario de actuaciones sin pedir permiso a nadie, y menos a sus perseguidores. Fue por eso que, desde el primer día de campaña, los "ilegales" comenzaron a intervenir fuera de lo que señalaban las agendas oficiales. En unos casos, se colocan delante de los locales donde van a celebrarse los mítines portando banderas vascas y carteles contra la ilegalización. La policía los rodea, los graba, los identifica, apalea, detiene. Pese a todo, y sin ningún complejo, ellas y ellos exhiben sus rostros y reclaman, a voz en grito sus derechos. En otros casos, se colocan delante de los candidatos cuando éstos están ya en la tribuna dispuestos a intervenir; los oradores tienen que esperar a que finalice la protesta. Hay casos en los que se acercan a los candidatos que caminan por las calles repartiendo propaganda electoral; les acompañan en sus paseos propagandísticos exhibiendo carteles contra la ilegalización; los interpelados tienen que forzar su sonrisa para la prensa disimulando la contrariedad que les supone el ser interpelados públicamente.
En otros casos, las formas de rechazo son más duras: arrancar carteles propagandísticos en los que aparecen con una sonrisa beatífica los candidatos cómplices; sonrisas que en nada se corresponden con lo que está ocurriendo. Otras manos, anónimas e indignadas, escriben frases de denuncia contra el fascismo sobre los estudiados eslóganes de la campaña o en las fachadas de los edificios donde se coordina la campaña de los diferentes partidos.
La reacción de los violentos "demócratas"
Como ya hemos indicado, las protestas acaecidas en los primeros momentos de campaña, les cogieron por sorpresa a los candidatos "legales". Ahora ya no ocurre lo mismo. Los respectivos coordinadores tienen que establecer nuevas estrategias para ver cómo salen al paso ante los probables actos de denuncia que les pueden alterar el guión inicial. Recogemos las reacciones de los diferentes partidos pues dejan en evidencia el grado de hipocresía con el que trabajan cada uno de ellos. Ninguno de los interpelados ha reconocido la justeza de las reclamaciones y, aunque fuese en un gesto simbólico, las ha hecho suyas. Por el contrario, de una u otra forma han cargado la responsabilidad de las protestas en quienes las realizaban:
Violencia física: El PP, muy en su estilo fascista, optó por la violencia física. Cuando unas candidatas del PP fueron increpadas mientras repartían propaganda, su servicio de seguridad recurrió a porras extensibles de acero y golpeó brutalmente a quienes les increpaban.
Violencia verbal: El PNV (la derecha vasca) también ha reaccionado con gran violencia, en este caso verbal, contra los denunciantes. El Presidente del partido insultó a quienes protestaban tildándolos de parásitos y garrapatas por reclamar sus derechos. Tanto él como el propio Presidente del Gobierno Autónomo, tildaron a los manifestantes de serviles y cobardes ya que no tienen el mismo valor para enfrentarse a ETA y exigirle que deje las armas.
Violencia burlesca: El PSOE alarde unas veces de que no ha intervenido (ha sido la justicia), de que ellos no son culpables (es Batasuna), de que quizá se han pasado en la ilegalizaciones pero que éstas han colado.
Violencia farisaica: Los partidos progres de la "izquierda colaboracionista" están muy indignados ¿Que han hecho ellos para que les increpen?. Y, en el colmo del cinismo "todos los ciudadanos tenemos derechos a exponer en la calle los respectivos proyectos sin tener que vernos sometidos a coacción". Y lo dicen censurando la actuación?.¡de los ilegalizados!
Euskal Herria, 21 de Mayo de 2007.
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