lahaine.org

compartir

                    

Dirección corta: https://lahaine.org/gB8Y

convertir a:
Convertir a ePub  ePub        Convertir a pdf  pdf

  tamaño texto

  enviar          imprimir


traductor

08/09/2022 :: Nacionales E.Herria, Estado español

David Ballester: “Los 50 años de la Ley de Secretos Oficiales es patente de corso a la impunidad”

x Juanjo Basterra

SEP7

David Ballester: “La violencia policial en la Transición responde a la perpetuación de unas prácticas del franquismo y a la falta de voluntad de los dirigentes políticos de acabar con las mismas”

 “Del 20 de noviembre del 1975 al 2 de diciembre del 1982, 137 personas murieron por culpa de la actuación policial. Es muy significativo que casi la mitad de las víctimas policiales son del País Vasco”.

 “Alguna cosa se hizo muy valientemente en relación a la Memoria en los primeros años de la Transición, pero con la llegada de los socialistas al Gobierno español y establecerse el felipismo, todo esto se paró”

“Que sea una asignatura pendiente a estas alturas, que tengamos que estar en 2022, décadas después de muerto el dictador [Franco], todavía sacando y dignificando víctimas del fascismo es una vergüenza”

“Los cuerpos policiales durante los 80 bajo Gobierno socialista siguen torturando, ya no con tantas víctimas mortales, pero torturan”

“La gente de la UCD y los socialistas no se plantearon la depuración de los cuerpos policiales; todo lo contrario: les mantienen, les ascienden y les condecoran”

“Los 50 años que fija la Ley de Secretos Oficiales para conocer archivos oficiales es patente de corso a la impunidad”

Juanjo Basterra, kazetaria eta m. soziala * E.H

El libro ‘Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982)’ de David Ballester, ensayista y doctor en Historia Contemporánea por la Universitat Autònoma de Barcelona, aporta un análisis minucioso de los abusos y la violencia policial en lo que se considera la Transición. Son 137 víctimas, que Ballester enumera y analiza para dejar a muchos corazones helados y para situar a sus perpetradores y quienes les dieron y les dan impunidad en el lado más repugnante de la historia reciente y que algunos llaman democracia. 

David Ballester estará los próximos días 13 de septiembre en Vitoria/Gasteiz en la sede de Martxoak 3, a las 19:00 horas, y el 14 de septiembre en Bilbao en Zirika! Herri Gunea, a las 19:00 horas. Los interesados en la adquisición de un ejemplar lo podrán hacer en estos actos y también a través de la dirección: antifaxista.ekintza@gmail.com de Sare Antifaxista.

“La Policía mataba a un ciudadano cada 20 días como resultado de un exceso”, dice. Las torturas hasta la muerte en el “caso de Almería”, de Joxe Arregi o del profesor Francisco Javier Nuñez se encuentran recogidas, lo mismo que las muertes obreras del Tres de Marzo, la del joven Germán Rodríguez en sanfermines, la ecologista Gladys del Estal o del anarquista catalán Agustín Rueda. El doctor en Historia admite que el 80% de las muertes por tortura se produjeron en 1981, durante el tramo final de esa supuesta Transición.

Según Ballester, del 20 de noviembre del 1975 al 2 de diciembre del 1982, 137 personas murieron por culpa de la actuación policial. El 36,5% de las muertes se produjo en Hego Euskal Herria. En Madrid fueron 22 casos; en Andalucía, 19, y en Catalunya, 18 más. Recuerda en el libro que, a pesar de “esa violencia policial, el exministro de Gobernación/Interior entre 1976 y 1979, Rodolfo Martín Villa, explica en sus memorias que los agentes de la Brigada Político-Social, creada por Franco en 1941, fueron los mejores que había tenido bajo sus órdenes”.

También recuerda “la famosa foto que tiene lugar en un mitin del partido único celebrado en 1965 en Mota del Cuervo, un pequeño municipio del suroeste de Cuenca: aparecen Fernando Herrero Tejedor, conocido falangista y líder del Movimiento, y detrás tres jóvenes con la camisa azul. ¿Quiénes son estos jóvenes? Adolfo Suárez, Martín Villa y Juan José Rosón. Es decir, los dos hombres que, durante cinco de los siete años de la Transición, tendrán en sus manos el ministerio de Gobernación e Interior y Suárez, el primer presidente de la democracia”. Lo que para el autor del libro ‘Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982)’ es “algo inaudito, ya que no encontraremos en Europa ningún caso en el que el primer presidente de una democracia haya sido el último secretario general del partido que dominaba el régimen anterior. La continuidad con el franquismo, por tanto, es evidente”.

Detrás de cada libro siempre, o casi siempre hay una historia, ¿cuál es la historia de este para meterte en este ‘fregado’?

En este berenjenal, sí. Pues la historia es simple, publiqué hace tres años un libro que se llamaba ‘Vidas truncadas’, que era un estudio de casos de una docena y media de la violencia institucional, no solo policial, sino institucional, en el tema prisiones en Catalunya. Para contextualizar un poco el tema quise ver las cifras en el conjunto de España. 

Me di cuenta que las obras de ámbito español, en este sentido, teniendo en cuenta que siempre había sido un tema que me interesaba, según mi criterio no respondían exactamente a lo que precisaba. No había un estudio ni cuantitativo ni cualitativo de las victimas de la violencia policial durante la Transición porque en las obras que existían, desde mi punto de vista y en el libro creo que lo demuestro, tenían carencias. Entonces fue esa necesidad historiográfica y la necesidad ya más como ciudadano que como, incluso, historiador, de que estas víctimas tuvieran este lugar en la historia. Me puse en el tema y le he dedicado unas 4.500 horas al estudio. Me ha llevado muchos años y muchas horas, pandemia por medio, que me ha ayudado a hacer un monográfico hasta el agotamiento para llenar este vacío que existía.

¿Qué esperas de este libro?

Lo publiqué en mayo. Lo que espero básicamente es, en primer lugar, que los familiares de las víctimas que lo lean se sientan reconfortados y no tengan que ir con una mano en el hombro de no estáis solos, sino que hay alguien que se acuerda de los vuestros, que hasta ahora no había pasado, porque hay un vacío muy importante de memoria ante este tipo de víctimas. Y en segundo lugar que, aprovechando que el libro ha salido casi de forma paralela a la aprobación de la Ley de Memoria Democrática, que sirva, de hecho va a servir porque en la presentación que se hizo del libro en Madrid asistió el Secretario de Estado de Memoria Democrática y así lo hizo público cuando intervino al final del acto, de que el libro seria de utilidad a la hora de aplicar la Ley de Memoria Democrática y nadie iba a dejarse en el tintero. Si consigo estos aspectos que te digo de reconfortar a las familias y poner estas víctimas en el tablero de la historia y que sea de utilidad a la hora de aplicar la nueva Ley de Memoria Democrática me siento recompensado por las horas y el tiempo invertido.

Hablas de la Ley de la Memoria Democrática, 86 años después del Golpe fascista y 40 años de dictadura de Franco, todavía no se ha cumplido con la Memoria, ¿por qué crees que se está tardando tanto en reconocer a quienes murieron, muchos alojados en cunetas, etc?

Esto sería objeto de una respuesta muy larga, ya que de hecho esta inacción gubernamental, esta falta de políticas públicas de reparación de las víctimas de la Dictadura…. Bueno mi libro habla de las víctimas de la Transición, nos estamos saliendo un poco de guión, ¿no? Es la suma de muchos aspectos: de cómo se hizo la Transición, de lo que representa la Transición, del miedo de los socialistas, que en su primera legislatura frenaron los tímidos avances que se habían hecho. La gente lo desconoce pero en 1978, 1979 y 1980 en España con muchas dificultades y con miedo se abrieron fosas. Algunos de los que las abrieron tuvieron problemas con la Justicia. Por ejemplo, una de las fosas que se abren en Cuenca y un execrable miembro de la Iglesia, que era monseñor José Guerra Campos, en referencia a estos primitivos intentos de dignificar a las víctimas, dijo una frase que merece estar en todos los libros que dice ‘los perros no se merecen descanso’. 

A pesar de todo, alguna cosa se hizo muy valientemente los primeros años de la Transición, pero con la llegada de los socialistas al Gobierno español y establecerse el felipismo, todo esto se paró. Y dice mucho de como se hizo la Transición, del tipo de democracia que se estableció en España hasta que llegó el año 2000 en que se exhuma la famosa fosa en El Bierzo, que es cuando llega lo que se denomina ‘la generación de los nietos’. Con ese impulso proliferan las entidades memorialistas, etc, pero toda esta inacción dice mucho de la calidad democrática de España. Es evidente. Que sea una asignatura pendiente a estas alturas, que tengamos que estar en 2022, décadas después de muerto el dictador [Franco], todavía sacando y dignificando víctimas del fascismo es una vergüenza.

Bueno, tu has introducido el tema de la Memoria, pero volviendo a tu libro recopilas 134 casos casos de violencia policial, ¿crees que hay más?

Son 137, más algunos casos dudosos que se tendrían que ver a partir de más información. ¿Más? Creo que pocos. En el apartado de la represión de manifestaciones, lo daría por cerrado. En el caso de torturas, también, incluyendo que hay varios casos de torturas que están en el apartado de dudosos y sí en el apartado de gatillo fácil podrían aparecer más casos, sobre todo, en los que denomino gatillo fácil social que está relacionado con la delincuencia. Porque en aquel contexto de abusos policiales constantes, lo más habitual era abatir a un delincuente, aunque no fuera ni armado ni agrediera a los agentes, etc. Es una lista variable, pero creo que el porcentaje de subir o bajar es mínimo. 

Es cierto que ya publicado el libro he descubierto un caso en Santander de gatillo fácil, que se tendría que sumar, y un caso catalán, por ejemplo. Gracias a un colega he descubierto el certificado de defunción, que impone un poco de duda respecto a la causa final de la muerte, que evidentemente fue herido por la policía, y este caso lo pondría en dudosos. Se habla de una movilidad, pero no creo que se va a incrementar de forma notable.

Te has quedado en 1982, pero tenemos en 1984 el caso de la Bahía de Pasaia donde fueron ejecutados militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Es un caso claro de gatillo fácil. Hay más a lo largo de la década de los ochenta tengo contabilizados bastantes casos, lo que ocurre es que me he acotado lo que es el periodo de la Transición que, por decirlo de alguna manera, historiográficamente el consenso sitúa el fin de la Transición en 1982.

En mi libro, sí que cito, porque creo que es necesario, la evolución posterior de los cuerpos policiales durante los 80 bajo Gobierno socialista y comento que siguen torturando, ya no con tantas víctimas mortales, que sí que hay un reflujo de las víctimas en la represión de manifestaciones por el cambio de política que se adopta al respecto y hay un decrecimiento, aunque los hábitos están muy arraigados y es muy difícil de desmontarlos. De un día para otro, no puedes hacer una orden interna a los cuerpos de Seguridad del Estado diciendo que a partir de ahora se van a utilizar las armadas así o asá aplicando la normativa europea al respecto, pero la tradición está muy arraigada. Entonces veo que a lo largo de los 80 de manera lenta van decreciendo los caos de gatillo fácil. Evidentemente, esto no se acaba de un día para otro. Que yo acabe el libro en el 82 no quiere decir que los abusos policiales acaban en el 82.

¿Mencionas a las torturas que sufrió Joxe Arregi y murió por las mismas?

Sí, claro es uno de los casos de los cinco de torturas y cinco víctimas en el ámbito de tortura que son: el profesor Francisco Javier Nuñez de 1977 en Bilbao. Los tres chavales de Almería y Arregi, claro.

Muy significativos, porque ya había avanzado la muerte del dictador, pero ¿esto no cambió?

Significativo también que las cinco víctimas por tortura se produzcan en ciudadanos vascos o relacionados con los vascos, porque a los tres chavales de Almería los confunden con miembros de ETA. En el libro aporto cifras y estadísticas en los cuales se pone de manifiesto en una gráfica de las más significativas que utilizo como es relacionar la población de cada ciudad autónoma, aunque existían las regiones pero he utilizado comunidad autónoma porque el lector ya está mas relacionado con las comunidades, donde relaciono población con víctimas. Y normalmente todas las comunidades autónomas de España tienen un porcentaje de víctimas inferior al de su población. Madrid ligeramente por encima, incluso Catalunya está por debajo, pero a la hora de poner País Vasco y Navarra vemos como el volumen de víctimas multiplica por cinco o por seis su tanto por ciento territorial en referencia al conjunto del Estado. Es muy significativo que casi la mitad de las víctimas en determinado ámbito son del País Vasco. Las cifras son contundentes y determinan como incidió la violencia policial en País Vasco.

En el libro, dices que ‘más que una enumeración de las víctimas es un comportamiento cruel de la Transición’, ¿eso nos retrotrae al franquismo, que seguía teniendo los tentáculos muy introducidos en el sistema policial y político?

Claro. De todas maneras, te puntualizo que hay un anexo en el libro que se descarga mediante un código QR, en el cual hay una ficha detallada de cada una de las víctimas. Esto no se había hecho nunca hasta ahora y ahí he hecho más de 800 páginas de un anexo en el cual se puede descargar.

Y en referencia a tu pregunta en concreto, evidentemente, esta violencia policial responde a dos razones: una, a la perpetuación de unas prácticas que emanan del franquismo pero, por otra parte, la falta de voluntad de los dirigentes políticos, en el que UCD enmendó la plana en ese sentido. Se perpetúa la policía franquista y con los hombres se perpetúan sus métodos. Hay una inacción política muy importante a la hora de atajar este tipo de conductas que se traducen en una serie de arbitrariedades, abusos y una serie de víctimas, que es lo que reflejo en el libro.

¿Se han depurado todas las responsabilidades de la violencia policial e institucional?

No, para nada. Es uno de los problemas clave. En el libro doy cifras de los policías que van a juicio. Y vemos como una una minoría muy pequeña van a juicio y las penas que recaen sobre ellos son inexistentes, pequeñas o ridículas. Se puede hablar claramente de impunidad, sobre todo en aquellos agentes que perpetraron abusos estando de servicio. Porque hay una parte de abusos policiales que se realizan por agentes que no están de servicio. Los que estaban de servicio no hubieron de hacer frente, y en algún caso, a sanciones disciplinarias de tipo interno. Otra cosa son los agentes que borrachos en un bar que pudieron matar a algún ciudadano, en algún caso pudieron recibir condenas, lo que no sabemos es el grado de cumplimiento. En en algunos casos sabemos que fueron amnistiados, indultados. Se puede hablar claramente de impunidad. Hay un caso que es sangrante que es del guardia civil José Martínez Salas, que mata en Tudela a Gladys del Estal. Fue condecorado por su “conducta intachable” en el mismo Tudela una década después, sin haber pisado aparentemente la cárcel y ya con el Gobierno socialista de Felipe González, cuyo ministro del Interior, José Luis Corcuera, arguyó que Martínez Salas estaba “rehabilitado”. Siguió en el cuerpo, donde perpetró un crimen y fue condenado a pena de dos años, y no ingresó en prisión. Mira si hay pueblos y localidades, hay diez mil pueblos y municipios y van y lo condecoran en el mismo lugar donde mató y con un Gobierno socialista (Felipe González) y José Luis Corcuera de ministro del Interior. Esto ya roza el mal gusto y el sarcasmo, la falta de sensibilidad fue muy absoluta.

Otra falta de sensibilidad de los dirigentes democráticos respecto de la policía es que a ninguno de ellos se le pasó por la cabeza cuando llegó la democracia disolver, readaptar, cambiar y modernizar a los antidisturbios. Las compañías de la Reserva General, las del pañuelo en el cuello, perduraron hasta el año 1989. Refleja una falta de sensibilidad tremenda, porque los antidisturbios no eran los únicos que protagonizaron barbaridades y excesos, pero sí que eran la cara más represivas que se dotó el Régimen para reprimir la conflictividad en la calle en las postrimerías del franquismo. A nadie se le pasó por la cabeza que en una democracia estos del pañuelo eran demasiado del pasado. Es más durante la democracia se crearon nuevas compañías de antidisturbios de este tipo. Y solo cuando estábamos en las vigilias de la Expo de Sevilla y de los Juegos Olímpicos de Barcelona se dieron cuenta que tenían unas unidades especializadas teóricamente en el control de masas, que serían necesarias en esos eventos internacionales, pero estas unidades están envejecidas y no homologables al contexto en el que nos vamos a encontrar, y los cambiaron por la UIP. Hay una falta de sensibilidad muy grande por parte de los dirigentes democráticos en todos estos temas de índole policial que se traduce en una inacción y ésta se traduce a la vez en la perpetuación de abusos y excesos. Es así.

Constatas en tu investigación que ha habido una represión brutal en ese espacio de tiempo, pero ¿después también?

Sí, todo eso se explica en el libro, se perpetúa una forma que viene de la dictadura con una manera de actuar, con una praxis determinada. Se perpetúan en la democracia sin que los dirigentes políticos nada hagan por cambiar en referencia a la negativa de la gente de la UCD y los socialistas a plantearse la depuración de los cuerpos policiales; todo lo contrario, les mantienen, les ascienden y les condecoran. Todo con una responsabilidad muy alta. 

Explico en el libro que ya avanzada la primera legislatura de los socialistas, un grupo de antifranquistas de Zaragoza envían una carta notarial a Felipe González y le dicen que ellos “lucharon por la democracia, nosotros fuimos torturados y nos torturó el tío que tu acabas de ascender”. Figúrate lo que dicen: “nosotros luchamos para que fueras presidente del Gobierno y tu vas ascendiendo a quien nos torturó. ¡Qué democracia es esta!”. Es un documento de una crudeza extrema y muestra algunos aspectos de como se hizo la Transición, con el tema policial con impunidad absoluta.

Para ir acabando, hemos hablado de la la Ley de Memoria Democrática, pero también está esta la Ley de Secretos Oficiales, que ahora se llamará Ley de Información Clasificada, pero siguen poniendo trabas para que se conozca todo ¿qué piensas?

Sigue la tradicional política oscurantista de los gobiernos españoles en referencia al acceso a determinada información muy sensible. Y se están colocando unos plazos que claramente tienen un objetivo: que cuando se hagan públicos estos documentos, las personas de los hechos que se reflejan en los mismos hayan fallecido y no se les pueda reclamar sus responsabilidades. Es así de claro.

Eso en una supuesta democracia no se permitiría, es un barco lleno de agujeros…

Claro, claro. En Estados Unidos son 20 años. A ver, si tu sabes que lo que haces se va a saber al cabo de 20 años igual te lo piensas dos veces. En cambio, si tu sabes que lo que hagas va a quedar en el ostracismo ‘in sécula seculorum’, quizás este freno no lo tienes. Lo norteamericanos lo tienen claro de que lo que hagas se va a saber.

De hecho, para conocer las andanzas del GAL y de Felipe González, etc hay que visitar la Biblioteca de Estados Unidos donde es más fácil que aquí.

Claro, es que hacerlo por 50 años es patente de corso a la impunidad. Va muy en la lista de la tradición archivística española, esta cerrazón, este oscurantismo, estas dificultades a los investigadores es así.

¿Estás trabajando algún otro libro?

Estoy con un proyecto que empecé hace años de forma paralela, y ahora estoy trabajando un libro sobre lo que vendría a ser una ampliación de este capítulo del actual que acabamos de publicar dedicado a la policía, analizando la difícil adaptación de la policía franquista a la democracia. Sería eso. Aquí en España se toca muy poco, en otros países europeos hay colegas que trabajan con toda naturalidad, también porque tienen acceso a los archivos, a temas policiales. Aquí nos retienen los temas ideológicos y la dificultad de acceder a los archivos es amplia. No tiene título todavía pero analizará, por decirlo de alguna manera, la larga sombra del franquismo en la policía española en la etapa democrática.

Si quieres añadir algo estás a tiempo. Ya nos veremos en la charla en Bilbao.

Encantado de ir a Bilbao y Vitoria/Gasteiz a presentar el libro, que son las comunidades más damnificadas por la acción policial.

https://sareantifaxista.blogspot.com/2022/09/david-ballester-la-violencia-policial.html

compartir

                    

Dirección corta: https://lahaine.org/gB8Y

 

Contactar con La Haine

Envíanos tus convocatorias y actividades!

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal