De la España nacional de siempre y el independentismo de los otros

Han circulado rumores últimamente en el Reino Unido sobre el futuro referéndum por la independencia de Escocia que acusaban al Reino de España de que éste se opondría firmemente a dicha independencia a través de la Unión Europea, plausiblemente con la ayuda de Francia y luego el apoyo de Alemania. Sin embargo el ministro español de turno se apresuró a desmentir los rumores calificando el asunto como un problema interno del Reino Unido en el que España no debía entrar. De creerlos, la posición sería correcta pero desde Inglaterra, la reacción de la “pérfida Albión” ha sido nula. La pérfida Albión está en el ajo.
Los criterios históricos de la España nacional para negar la autodeterminación de los pueblos han estado basados exclusivamente en una interpretación falsaria de la historia o en una sacralización de la misma, jamás en la voluntad libremente expresada de los ciudadanos en referéndum. Véase Trebiño, Nafarroa, Euskal Herria, Cataluña, Kosovo...
Sin embargo hay una diferencia sustancial con Escocia. Las leyes consuetudinarias británicas reconocen el derecho a su unión y a su separación. En España mediante la guerra de sucesión de 1702/1714 y precisamente en años similares al tratado con Escocia, la élite castellana se apoderó del reino de las Españas, le impuso al resto sus leyes y quiso imponerle, su lengua y luego su sentimiento de conformar una nación, exactamente unos años antes que lo harían los revolucionarios franceses con las otras nacionalidades del reino de Francia. El nacionalismo castellano-español de la élite dominante, nació de la oligo- jerarquía, de sus intereses de dominio, de imperio económico y político. Durante 200 años jamás han cejado en su empeño, antes con el palo, hoy también con leyes convertidas en palo y zanahoria. Aunque no hay que echarse las manos a la cabeza, vista la vergonzosa historia del Partido Laborista israelí respecto a Palestina, es inadmisible que desde la izquierda, social demócrata o socialista, no se reconozca la historia de España tal que fué y es. Razones exclusivamente nacionalistas de sentimiento y sobre todo económicas, son camufladas hoy de solidaridades a sentido único apelando a la nación y no al conjunto de ciudadanos libres cuando del Estado español se trata o cuando dentro de la Unión Europea se vuelve a apelar a la nación soberana, a la incomprensión y a los problemas que generaría dicha solidaridad en las ciudadanías nacionales respectivas, viciadas estas durante siglos por los estado-nación, cuando de lo que se trata es una y otra vez de favorecer a las oligarquías transnacionales y no a los trabajadores.
En lo referente a la España nacional, ataca ahora esta con otras armas mas sofísticadas para rematar la “construcción de la nación española”. Este termino querido del ex-ministro del PP Mayor Oreja, que se lo copió y lo calcó en su día a la izquierda abertzale del País Vasco, ha sido empleado en privado por la derecha y la izquierda nacional en conciliábulos de sociólogos y psicólogos cuyos objetivos eran y son dominar a las otras nacionalidades de España, especialmente a la vasca. Estas actuaciones, calificadas de científicas, se efectúan al mas puro estilo neo-liberal como cuando se trata de cambiar una opinión ciudadana, contraria al sistema político o ideológico de turno. Sin embargo, la “construcción nacional” de los vascos nació de sus bases, de sus ciudadanos de izquierda nacionalista, con alguna que otra mano echada de militantes del PNV y de alguno que otro de sus dirigentes. A este respecto habrá que señalar al Juez Garzón, verdadero Machiavelo de la política, que para cobrarse fama y respeto internacional, lanzó la orden de detención contra el asesino Pinochet, justo un tiempo antes de arremeter contra diarios como EGIN o EGUNKARIA u organizaciones como UDALBILTZA bajo acusaciones ridículas de pertenencia a ETA, actuaciones santificadas e ignoradas por el stablishment progresista internacional al haber querido procesar a Pinochet. Dicho lo cual , no significa en absoluto que se este de acuerdo o se justifique el procesamiento actual del Juez Garzón en base a acusaciones de extrema derecha como “manos limpias” para evitar la verdad histórica de los crímenes cometidos por el Estado franquista.
En el campo nacional de los españoles, la comparación con “la construcción nacional “de los vascos resulta insultante. Los nacionales disponen y usan para ello, desde el ministerio del Interior, hasta el de Cultura y Deportes pasando por Fomento, etc. Mientras que en un bando fueron las aportaciones voluntarias, en el otro se invirtió y se invierte en la famosa “unidad de España”, cultural, de lengua, de sentimientos y por ende económica y política desde ministerios que en pura lógica no deberían pertenecer exclusivamente a la España Nacional. Se manejan todas las cantidades necesarias para la “noble tarea “de hacer de un Estado no nacional, la nación que llevan soñando desde el siglo XVIII. Hábiles en presentar “el problema vasco” como un problema de una organización terrorista sin razón alguna, se llevaron en las dos últimas elecciones democráticas un batacazo sorpresivo como el de aquellos que de tanta basura intelectual consumida, se acaban creyendo sus propias mentiras. Últimamente, copiando la trayectoria histórica de la república nacionalista francesa, no se habla, ni se comenta al respecto. La cosa es que el País Vasco en Francia sólo existe para el tiempo y el turismo de jubilados en los medios de comunicación franceses. En España el problema es de otra índole, no concierne, es decir, como la nota del ministro de Asuntos Exteriores de Madrid sobre Escocia. En realidad no hubo tal propuesta sobre Escocia, argumentan, porque con la España nacional, nunca existió ningún documento escrito, ningún “Union Act”, sólo ocultación del vencedor. Sólo los presos políticos vascos les rompen el esquema hoy por hoy, los presos políticos, terroristas o no. La indecencia intelectual de la España nacional debería curarse pues en el caso de los presos, como pretenden ellos curar su unidad de España: “...pero si eso ya no interesa a nadie” porque por mucha apología del toro son incapaces de cogerlo por los cuernos. Es que España no es ninguna nación y en términos de reciprocidad, justicia y sobre todo de democracia, debería cambiar varios artículos de su Constitución, esos que hacen referencia a la nación, a su lengua y al ejército como garantía de todo ello. Podría entonces hablar de dignidad y de exigencia de perdón para el futuro, porque sino, tenemos todos la salida antes mencionada: “pero si eso ya no interesa a nadie, ¿algún problema?”. Y aunque sea difícil meter en la cabeza de zoquetes ciertos principios, habrá que decir bien alto que España no es de los nacionales y que no les pertenece a ellos exclusivamente, que los demás ciudadanos no nacionales tienen también derechos si es que se trata de vivir en común, con nuevas reglas que impidan que el gato se coma al ratón, que una pretendida nación corroa y degrade a otra y tenga derecho legal a hacerlo en base a una democracia edificada por la España Nacional. Sabemos que afortunadamente el término de”nación” se está quedando obsoleto, pero en la práctica lo que se arguye con la boca no corresponde en absoluto a la realidad actuante que deja de ser obsoleta. Las naciones deberían desaparecer todas, pero la identidad nacional de los ciudadanos es otra cuestión y nadie tiene el derecho a destruirla y menos desde otra identidad. Hoy día, la lengua castellana, lengua excluyente en todo el Estado Español, tiene el derecho legal de competir con el catalán o con cualquier otra lengua del Estado, en el territorio de aquellos. No es mas que un derecho de pernada, un abuso de un abuso histórico, que es posible que hoy favorezca a un mercado neo-liberal de cincuenta millones de ciudadanos, a un mercado y a una ideología que hace del castellano el inglés efectivo de nuestro Estado y “la lengua común de todos los españoles”, históricamente impuesta con dolor, que también sigue imponiéndose por nacionalismo patrio aunque vaya disfrazada de lógica actualidad y la llamen el español que por supuesto nunca lo fue. Porque esa España es nacional y bien parece que no pueda ser otra cosa.







