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Nacionales E.Herria :: 06/12/2005

Día de la constitución: ¿el mundo al revés o cada uno en su sitio?

La Haine - Euskal Herria
Un año más, se celebra en todo el estado el día de la constitución. Hace poco veíamos a la ultraderecha española manifestarse para reivindicar su validez, mientras que hace casi 30 años eran sus más férreos detractores. ¿Qué les habrá pasado?

Hace 27 años que se aprobó la mal llamada Carta Magna. Una constitución hecha a la medida del regimen franquista que no sólo se resistía a irse sino que seguía instalado con toda comodidad en el estado español y con la connivencia de la supuesta "izquierda" del país, con la excusa de dar solidez a la presunta etapa democrática que acababa de nacer. Entonces, la ultraderecha más rancia se negaba en redondo a aprobar cualquier documento de este tipo que puediera significar un mínimo cambio en el régimen (y mínimo acabó siendo el cambio, como hoy en día podemos comprobar); hoy sin embargo, se ha convertido en su más firme defensora y no permitirán que se toque un ápice de lo que entonces se dijo.

¿Qué ha pasado para que, de pronto, los papeles que jugaron en el 78 los diversos partidos hayan cambiado tanto? La sociedad española ha madurado, ha expresado su voluntad de avance. Avance, en cuanto que cada vez más gente es consciente de que aquella "transición" no fue más que un adecuamiento del régimen franquista a las normas que regían occidente, un simple lavado de cara, que mantenía los cimientos que habían funcionado durante 40 años intactos. Y por tanto, si aquello no fue transición, esto no es democracia. Es ahora, cuando tras varias épocas de luchas sociales con más o menos éxito, cuando los partidos estatales mayoritarios han quedado desenmascarados y cuando la sociedad se ha puesto de frente, que empiezan a llegar las dudas a todos los partidos, y para solucionarlo quieren poner en marcha una reforma, que en el lenguaje llano, es más conocida como otro lavado de cara.

Otro lavado de cara, sí, porque tras los años donde quedó muy claro que aquel "atado y bien atado" era literalmente cierto, se hizo un documento cuya función era establecer como base la concepción franquista de españa ("una, grande y libre"), para luego adornarla con una serie de artículos que le pudieran dar una apariencia democrática a ojos extraños. Aquellos que en su día dijeron que esa criatura era una maravilla, nos dicen ahora que es algo que hay que revisar, que puede que ahora no valga. ¿Están aceptando entonces, que aquel escrito se hizo con total y absoluto miedo? Porque si es así, ¿quién garantiza que ahora no se vaya a reformar siguiendo otras presiones igualmente interesadas? ¿O por qué no empezar de cero, con una hoja en blanco, y romper definitivamente con las ataduras que ya acumulan 70 años? ¿A lo mejor es que sigue habiendo el mismo miedo?

La ultraderecha española, ahora ha cambiado de bando y se ha convertido en el garante del cumplimiento de la constitución (de la parte que le interesa, por supuesto, nadie ha mencionado las partes donde se hablan de los derechos a la vivienda o a un trabajo digno, por ejemplo...). Han visto que ha sido un instrumento totalmente eficaz para prorrogar el estado de excepción cerca de 30 años más, y no quiere entrar en un debate que incluya cambiar una sola coma, por miedo a entrar en arenas que les pudieran resultar perjudiciales a sus intereses. Al fin y al cabo, ahora están en la mejor posición, con una herramienta de gran poder donde se establece la indibisibilidad de españa que tanto les preocupa, y no ha cuestionado instituciones antidemocráticas como la audiencia nacional. Por tanto, no es que se hayan vuelto locos: es que por fin se han dado cuenta de que el servicio que les lleva haciendo su constitución es más eficaz que cualquier campaña o nueva ley: es el "atado y bien atado" pero aceptado por los partidos y refrendado por los ciudadanos.

En Euskal Herria, llevamos 28 años también viviendo bajo el efecto de su carta magna que aquí ni siquiera llegó a aprobarse. Hemos visto como en cada intento de organización, y de liberación de nuestro pueblo oprimido, se ha invocado el sacrosanto poder de dicha carta para aplastarlo sin ningún remordimiento, sirviendo a su vez de posible aviso a navegantes. Como pueblo, llevamos años recordando que cualquier reivindicación de nuestros derechos nos puede traer al ejército, que tendría plena potestad para acabar de la manera que estime conveniente (y esto en un cuerpo no civilizado no es muy halagüeño) con todo y con todos. 28 años donde se nos ha matado, torturado, detenido, agredido y por los que nadie nos va a pedir perdón, simplemente porque la ley que entonces crearon les amparaba y les ampara, y a los ciudadanos nos deja realmente indefensos. Pero nadie dijo que estas cosas estarían hechas para el pueblo, sino para un mejor dominio de él, simplemente se trataba de crear un mecanismo que justificara la política de control que se iba a llevar a cabo.

Por eso, en Euskal Herria, un año más, no tenemos nada que celebrar en este 6 de diciembre. Aunque parezca que de pronto los partidos están cambiando, seguimos sufriendo igual; unos han visto en la constitución su particular gallina de los huevos de oro; otros, deben tratar de apaciguar los ánimos de los que no nos hemos creído aquel cuento que nos vendieron, porque sólo sirvió para traer más sufrimiento y violencia, y para ello intentarán maquillar cuatro aspectos secundarios, para mantenerla otros 30 años más. Pero a nosotros no nos vale. Como no nos valía en su día un documento redactado por los herederos del franquismo para la continuidad a perpetuidad del régimen. Mientras siga siendo símbolo de represión y de dolor, no tenemos nada que celebrar... pero sí mucho que lamentar.

 

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