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Nacionales E.Herria :: 15/11/2014

El miedo a perder … algo que no se tiene

Borroka Garaia
Sabemos que esto no se cambia solo en las urnas españolas o participando en sus instituciones. Sino que es en una lucha calle a calle y cara a cara

Hace un tiempo un dirigente que está en boca de todos en el estado español llegó a decir que sin el efecto Gamonal su proyecto no hubiera existido ya que fue una fuente de inspiración. Todo el mundo recuerda qué es lo que ocurrió en ese barrio y esa pequeña gran victoria popular que consiguieron.

Gamonal ya no es noticia, sin embargo de nuevo están pasando cosas estos días en Gamonal muy similares a las ocurridas y el silencio es casi total. No se ha enterado ni dios. ¿A qué se debe esta aparente contradicción?. Saber responder a esta pregunta explica muchas de las claves de lo que se está cociendo en el estado español.

¿Y qué se cuece en Euskal Herria?. La verdad es que por ahora poco. Y una de las razones de que sea así no es porque la izquierda abertzale siga instalada en una supuesta mentalidad “del pasado” sino que con diligencia ha abrazado nuevas premisas que no han dado resultado y el propio recorrido natural de esas premisas ha hecho que una por una vayan quedándose obsoletas ante una realidad que avanza opuestamente a los deseos y perspectivas no alcanzadas. Y como casi siempre, sin que nadie tome responsabilidad de ello ya que la culpa siempre tiene que ser de algún factor externo o que las bases no “interiorizan” bien.

Ante esta falta de perspectivas de futuro, donde un proceso democrático que haría poner contras las cuerdas al estado español, no ha resultado más que una entelequia inalcanzable, por pura disposición teórica de wishful thinking. Por lo que las esperanzas han recaído en el PNV y en las elecciones. Lo cual con gozo ha sido abrazado por el PNV y lo ha aprovechado para apretar tuercas intentando vehiculizar fuerzas a lo ya expuesto en el pacto de Ajuria Enea en torno a normalización y pacificación, con la sonrisa inefable de los Jonan y Ezenarros, enrocarse en la apuesta autonomista y además no sufrir desgaste alguno por la crisis capitalista de la cual es parte y no víctima sino que incluso dar pasos estratégicos como los de kutxabank mientras que la clase trabajadora en sus prolegómenos estuvo como las vacas viendo pasar el tren.

La apuesta eminentemente electoralista, que a su vez hizo centralizar a la izquierda abertzale en un partido institucional perdiendo continuamente esencia popular y de movimiento de liberación, unida a la dependencia dañina al PNV ha sido mucho más bloqueo que el bloqueo del estado español, algo que siempre hay que contar con la voluntad de que así sea.

Suerte hemos tenido que el proceso de descomposición al calor de la crisis ha derivado en una descomposición también del propio régimen español tal como era conocido, lo cual entre otras cosas ha propiciado un derrumbe del pp y psoe, especialmente del segundo, y pese a flotadores que se le han lanzado, hasta desde nuestro lado. Ante la segunda reforma franquista que estará al caer espero que no nos pille esta vez como a esas mismas vacas viendo pasar el tren.

Así que vamos a iniciar el 2015 con un bloque de partidos a la izquierda del PNV, pero aún no convertido en un bloque popular con derivaciones institucionales, sino meramente institucional y partidista, con todo empantanado en relación a cualquier tipo de resolución, sin proceso soberanista, sin agenda estratégica de lucha de clases.

Unido a que todavía contamos con muchos incombustibles creyéndose que estamos en un proceso de paz con el impulso de la UE de cara a un nuevo estado “en europa”. Pues bien, no hay nada de eso, estamos prácticamente en el punto cero de los movimientos a realizar de cara al futuro, que por mucha solemnidad y propaganda sobre tácticas y estrategias, no van a servir para operar lo que hay que operar de cara al futuro.

Y es que para operar lo que hay que operar de cara al futuro, la izquierda abertzale va a tener que ser la más  radical de toda su historia. Va a tener que poner en práctica en todas y cada una de sus instancias, y algunas nuevas que necesitará, la sabiduría popular gestada en el movimiento popular y la lucha en la calle. Va a tener que hacer realidad que el institucionalismo solo sea una correa de transmisión dependiente. Dependiente de lo pendiente que está por construir y aunar para lo cual no sirve, ni el partidismo, ni el electoralismo, ni el institucionalismo, ni el “acuerdo entre partidos”.
Ni expertos comunicacionales propagandísticos, ni técnicos, ni sabios intelectuales.

La célula básica va a necesitar ser el o la militante revolucionaria.
El campo de batalla, el pueblo trabajador vasco, el que hay que aunar y unir, las formas de trabajo para ello no se encuentran en discursos posmodernos ni en arcaicos, sino en algo que ya lo tenemos aprendido, que ya sabemos qué es.

De momento no tenemos la suficiente confianza en el pueblo trabajador vasco ni en nosotros mismos. Por eso intentamos amoldarnos a lo que hay en vez de una apuesta arriesgada. Cambiarlo. Y aunque olvidado, también sabemos que esto no se cambia solo en las urnas españolas o participando en sus instituciones. Sino que es en una lucha calle a calle y cara a cara. Que hay que ir a la raíz. Que hay que unir fuerzas para hacer fuerza no para desinflarlas. Podemos mirar todo lo que queramos a Escocia, donde los independentistas han perdido el referéndum, a Quebec donde viene sucediendo lo mismo, a Catalunya donde puede ocurrir aún cualquier cosa para bien o para mal. Sin embargo donde más hay que mirar es a nuestra propia historia, pues no existe ninguna otra Euskal Herria.

No se en qué momento perdimos la confianza en que el pueblo trabajador vasco puede cambiarlo todo, ni en que nuestra propias fuerzas y herramientas pueden ser el motor de ello.

Probablemente una mezcla de represión y el consumismo que iba a inundar el país del que nos alertaba Argala poco antes de ser asesinado por los escuadrones de la muerte españoles, tengan algo que ver en ello.

Tengo la absoluta confianza de que si salimos a la calle con nuestro proyecto claro y cargado de razones por la independencia y el socialismo, traducido en iniciativas claras en torno a ello, con nuestra cabeza alta por lo que hemos sido y somos, sin ningún miedo a la confrontación frente al estado y al capital, con agendas transparentes de qué queremos y cómo lo queremos, sin ningún titubeo para desobedecer y desestabilizar lo que haya que desobedecer y desestabilizar, con nuestra brújula siempre dirigida a la verdadera esencia de la patria vasca, que no es más que los sectores más desprotegidos y humildes de nuestro país, trabajando codo con codo de idéntica manera a la que lo hemos hecho en el movimiento popular anónimanente, venceremos.

Desde la izquierda decía Salvador Allende que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica. Luego existe otra cita de algún acomodado con los años que no se exactamente quien pronunció que decía algo así como que el que de joven no es revolucionario es un cabrón y el que lo es de mayor es un gilipollas. Lo cierto es que no comparto ninguna de las dos. Si existe juventud revolucionaria no lo es por generación espontánea sino que hay mucho detrás y el que llega a viejo siendo revolucionario supone una victoria personal frente a casi todo.

En cualquier caso es del todo innegable que la juventud vasca ha sido el hilo conductor y columna vertebral del proceso de emancipación nacional y social vasco, entre otras cosas por eso ha sido siempre el sector social más atacado.

Pero no solo eso, dentro de la juventud vasca el independentismo es hegemónico y las posturas más avanzadas a nivel social también se dan ahí. ¿Acaso creemos en el pensamiento mecanicista o ilusionista de que es así por voluntad divina?

Muchísimas de las claves para operar el cambio se encuentran en el estudio y la aceptación a nivel adulto de las dinámicas políticas que ha llevado a cabo la juventud vasca revolucionaria en cada pueblo y barrio de Euskal Herria.

Con mucho menos de la mitad de los y las que somos y lo que tenemos actualmente, mañana mismo en un par de maniobras políticas podíamos poner patas arriba al régimen y crear una crisis sistémica nunca vista. Y también creo sinceramente que no somos conscientes de ello. Seamos más, unámonos y hagámoslo fría y calculadamente mientras mantenemos ardiendo nuestro corazón. La batalla la vamos a ganar en nuestro cerebro, en nuestros corazones, traduciéndose en manos fuertes. Démosle fuerza a todo ello. Solo el miedo a perder algo que no se tiene lo puede evitar.

 

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