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Nacionales E.Herria :: 18/12/2013

El proceso vasco

Borroka Garaia
Y es que pese a que nos repitieran hasta el absurdo que sin lucha armada todo sería posible y negociable y que desaparecería la represión, simplemente mentían.
Hoy en el periódico mexicano La Jornada aparece una entrevista a un militante de la izquierda abertzale que me cae muy bien, no solo por su trayectoria de entrega a la causa vasca sino porque es uno de los que habla claro y cree firmemente en sus propias conclusiones, independientemente del grado de acuerdo que pueda suscitarme que como se verá en el artículo no es excesivo en algunos apartados. Por otra parte, debería estar en la calle desde hace mucho tiempo, al igual que el resto de presos y presas políticas vascas. En el caso concreto de Arnaldo Otegi, no simplemente porque esté secuestrado por realizar una labor política sino que como parte de un proceso de solución al conflicto junto al resto de presos políticos debería ser puesto en libertad. Esto no ha ocurrido porque desgraciadamente no existe ningún proceso de solución a día de hoy por culpa de los estados que no van a ceder así como así los privilegios que tienen, construidos en décadas de opresión nacional y social, ni van a parar sus injusticias por convencimiento. Que esto sea así, es triste y va contra toda lógica pero existen unas leyes históricas de los estados y el capital que se cumplen a rajatabla. Y es que en realidad, la resolución al conflicto histórico y político que enfrenta a Euskal Herria y los estados español y francés paradójicamente es de una simpleza apabullante. Reconocimiento y respeto a la palabra de un pueblo. Ni más ni menos. Como afirma Arnaldo en la entrevista, “no existe proceso de paz. El gobierno de España no tiene interés en la paz, no la desea”. Afirma que ha llegado a esta conclusión definitiva tras los últimos años y la declaración de ETA de poner fin a su campaña armada. La cuestión que se puede plantear aquí es que ha resultado del todo inoperativo pensar que dando diferentes pasos unilaterales eso iba a crear una reacción positiva en el estado o iba a desatar algún nudo del conflicto. El problema es que el estado no quiere la paz, a no ser que sea la de los vencidos y derrotados, pero eso ya lo sabíamos desde hace décadas por la propia esencia anti-democrática del estado español que es independiente al accionar del oprimido. Dejando de lado el idealismo, la metafísica, los intereses de la “industria de la paz” hablemos realmente de lo que es un proceso de paz en términos históricos y más pegados a la realidad. Un proceso de paz es un punto de inflexión al que se llega cuando una parte en conflicto se posiciona por encima de la otra. Ha conseguido cierta ventaja y el proceso de paz lo asentará. Si no se asienta esa ventaja en el proceso, éste proceso será rechazado, abandonado. Es decir, un proceso de paz es cierta hegemonía de uno de los bandos mientras el otro acata las condiciones de derrotas estratégicas. Puede que suene muy duro y políticamente no muy correcto esto que acaba de ser expuesto pero animo a cualquiera a que ponga un ejemplo de proceso de paz donde dos bandos de mutuo acuerdo llegan a la conclusión de que la paz es necesaria porque es un valor de la humanidad. También reto a que cualquiera exponga un proceso de paz donde no se asientan las posiciones de uno u otro bando en mucha mayor medida. Simplemente no ha existido proceso de solución ni de paz porque la izquierda abertzale no ha tenido la fuerza suficiente para crear las condiciones para que se lleve a cabo ya que desde la unilateralidad no se crea tal fuerza. Puede o no crear ciertos resultados políticos pero sin choque de fuerzas previo donde se crea cierta ventaja no hay proceso de paz ni negociación factible. Los hechos y la evidencia hablan por si solos. En las últimas décadas se han dado acercamientos, negociaciones y diálogo y desde hace unos años ni remotamente y ni hay perspectivas de ello. Este bloqueo absoluto a las perspectivas de llegar a un acuerdo resolutorio en mi opinión tiene su base en todo lo comentado hasta ahora. Pese a que Arnaldo afirme que “ La desaparición de la violencia armada de ETA le genera un grave problema, al estado, en la medida en que ya no existe excusa para no abordar el debate político real que no es otro que el respeto al derecho de autodeterminación del Pueblo Vasco.” , la realidad se muestra contraria a este planteamiento. El estado no encuentra un problema que le haga “buscar una solución” ni negociar y el debate está centrado en el chantaje y la búsqueda de penitencia de la izquierda abertzale. Y es que pese a que nos repitieran hasta el absurdo que sin lucha armada todo sería posible y negociable, que desaparecería la represión y que lo político tomaría la primera plana simplemente mentían. Las excusas esgrimidas para bloquear una salida al conflicto o para negar la existencia de ese mismo conflicto político son excusas y no la verdad. Nunca terminarán las excusas ya que el objetivo de los estados no ha variado y si para no moverse les han servido excusas ya saben lo que tienen que hacer; seguir poniéndolas. Y tienen los medios para que puedan llegar a cuajar. Se suele decir que los estados autoritarios suelen agitar la bandera del enemigo interno para intentar cohesionar a la población y dirigirla por unos cauces adecuados a sus intereses además para intentar ocultar la realidad. Si bien eso es en gran parte cierto, responde a unas causas. Ese enemigo en realidad es uno de los enemigos a batir para el estado. En el estado español principalmene lo fue el comunismo y posteriormente ETA. No por casualidad o aleatoriamente. Sino precisamente porque lo eran. Estos enemigos internos siempre se situarán donde el estado vea mayores peligros. Si las movilizaciones sociales se intensifican, el enemigo serán “los antisistema radicales”, si un cambio social estaría a las puertas volverían a agitar la bandera del comunismo como enemigo interno. Si el pueblo relaciona bloqueo y represión con la existencia del enemigo interno, en vez de con la verdadera esencia de esas situaciones, el estado ya tiene la mitad del camino recorrido en sus intenciones. Sinceramente no creo que el estado español “necesite y añore el escenario anterior” porque realmente el escenario no ha cambiado nada en relación a ellos y además se han hecho fuertes en la credulidad del oprimido. Arnaldo constata que “ahora se abren sólo dos escenarios posibles: el más realista es el que nos hace prever un proceso de recentralización del Estado; y el que nosotros consideramos mejor, pero altamente improbable, de un proceso realmente democrático y constituyente en el que se reconozca el derecho de autodeterminación”. Debido a todos los factores comentados hoy por hoy un proceso democrático está fuera del alcance. Si existe auto-crítica esto se debería entender como un fracaso de ciertos planteamientos esgrimidos. El famoso tiempo de soluciones no está aquí. Debido a diversos motivos que incluso superan el propio contexto vasco y nos adentran en la crisis sistémica que afecta al bloque capitalista mundial, incluido el estado español, con sus propias características e intensidades; jarabe de palo, recortes de derechos y ataque a los pueblos y la clase trabajadora es el presente y horizonte futuro. Y no hay unilateralidad como la planteada hasta ahora que lo evite. Es precisamente el avance combinado de una unilateralidad ofensiva como sentencia el propio Arnaldo: “los vascos deberíamos, con una hoja de ruta propia, sin prisas, pero sin pausas, acompañarles en ese camino.(a los catalanes), avanzar unilateralmente a la independencia… ”, junto con la confrontación y no normalización de la injusticia, en los términos más adecuados en cada contexto, lo que puede abrir brecha. Solo de esa manera se puede generar la energía suficiente para rebasar la opresión. A lo que yo añadiría un proceso paralelo socialista unilateral, donde tenemos mucho que hacer y decir aún. Ya que realmente el estado vasco cuando surja será en relación directa de la correlación de fuerzas que ahora mismo y en el futuro cercano se den, entre la burguesía vasca y las clases populares, no un proceso que empieza el día siguiente de la independencia. Nuestros antecesores sabieron conjugar la conciencia de clase nacional para dar a luz al proyecto de estado socialista vasco. Hay que retomarlo e incrementarlo para seguir la senda histórica. Inestabilidad, subversión, aumento de masa crítica, aumento electoral, intensificación de dinámicas del movimiento popular, proceso de construcción nacional y social, con una lucha por la hegemonía más gramsciana que burguesa y pegada a la realidad vasca, con una unidad de fuerzas importante( también en lo nacional, y en derechos democráticos mínimos) , con una doble vía de lucha nacional y socialista coordinada y con un proyecto integral de liberación con especial importancia de la lucha de clases para acelerar las contradicciones y todo unido a un gran esfuerzo movilizador. … son algunos de los elementos necesarios de cara a la ruptura. Y es que en resumen se podría decir que no hay ninguna vía factible en estas condiciones que no pase por una ruptura, y por consiguiente por una revolución. Por todo ello, es posible que se haga necesaria la apertura de un nuevo ciclo revolucionario con el horizonte puesto en ello. Diseñando dos procesos paralelos de liberación nacional y social. Uno de forma unilateral para romper amarras con el estado mediante los hechos y acciones de una hoja de ruta detallada y otro hacia el socialismo donde hay que empezar por el diseño de la base que no está ni hecho. Todo esto va a ser difícil sin un proceso de auto-critica que identifique las limitaciones que han surgido los últimos años. Algunas auto-impuestas por nosotros mismos. Una que considero importante, el no haber llevado a cabo lo estipulado en relación a que la lucha popular debe ser la avanzadilla y lo demás estar a su servicio.
 

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