El jueves, Euskal Herria paró contra la dispersión

El jueves, día de huelga y movilizaciones. Ayer y hoy, día de valoraciones, baile de cifras,... y de sonrisas. Sonrisas ante todos los intentos de los medios de calificar a la jornada de ayer de "fracaso", "desapercibida", etc... . Primero nos llegaron desde la patronal, desde el jueves por la mañana con cifras sobre el porcentaje de seguimiento (qué prisa se dieron algunos para anunciar a bombo y platillo algo que según ellos no tenía "ninguna importancia", también es casualidad), y poco después, desde el gobierno vasco, se hacen unas declaraciones que no hacen más que continuar en la línea de los despropósitos que llevamos soportando estas semanas. "ETA ha saboteado el borroka eguna de batasuna y su entorno" decía la portavoz, Miren Azcarate, con la misma vehemencia con la que afirmaba la gran actuación de la ertzaintza los últimos días.
Y sin embargo, sabían que mentían. Se empeñaban en poner la huelga y movilizaciones desde el prisma que a ellos les convenía: cifras de seguimiento y porcentajes, que son difícilmente contrastables pero causan un gran efecto. Desde la izquierda abertzale, se seguía manteniendo el mensaje que se había lanzado desde el lunes: la convocatoria es de la izquierda abertzale, ni más ni menos, con las fuerzas que tiene. Se trata de una reivindicación política y no laboral, y por eso no tiene por qué implicar a tantos trabajadores. Por eso, es una utopía pensar en una paralización absoluta de Euskal Herria en el día de ayer. Porque ni es capaz la izquierda abertzale, ni ningún otro movimiento en este país, sea del signo que sea. Partiendo de eso, se hacía público cuál era el objetivo: sacudir este país con una reivindicación: el fin de la dispersión, para conseguir una resolución democrática. Que por un día, todo el mundo notara allí donde estuviera (en su trabajo, en clase, en la calle, en su panadería,....) que algo ayer era diferente: porque ayer no podía ser un día más.
Hoy, 11 de marzo, podemos decir sin ningún tipo de duda que esto se consiguió. Desde la mañana, las calles aparecieron plagadas de mensajes contra la dispersión, y desde primera hora, hubo piquetes informativos en todos los rincones de Euskal Herria. Este país debía recordar que recientemente dos personas habían sido asesinadas por la política penitenciaria del estado español, diseñada con la participación activa del partido que ahora mismo gobierna en tres de nuestras provincias. En las movilizaciones matinales, la sensación fue unánime: agradable sorpresa, pues las calles se llenaban de gente, de más gente de la esperada en un grito unánime contra la dispersión. Sensación que fue corraborada durante el resto del día, y más si cabe en las manifestaciones del anochecer: mucha gente y mucha rabia. Rabia por los detenidos a lo largo de la jornada, por la actitud chulesca de las diferentes policías, por el hecho de estar de nuevo en la calle peleando por algo que tantos partidos apoyan... desde sus sedes y comunicados, nunca con los ciudadanos.
Hubo otro denominador común en esa jornada, y fue un factor que se vio a la hora de analizar la causa por la que las movilizaciones habían tenido tal éxito: mientras partidos, sindicatos y organizaciones pseudo-abertzales decidían quedarse en sus puestos de trabajo o en sus casas, sus militantes y simpatizantes les hacían subir los colores saliendo a la calle para exigir la vuelta de los presos a Euskal Herria. Para ellos, los derechos de los presos no pueden estar en función de estrategias partidistas; sin embargo, para los altos dirigentes, los derechos serán respetados en función de la ideología de cada uno. Así, vimos a gentes de Aralar, EA, ELA, e incluso del PNV marchando tras las pancartas, expresando de ese modo su descontento con las posturas oficiales, su hastío con los últimos acontecimientos (actuación de la ertzaintza en el 3 de marzo en Gasteiz, prohibición y masacres en homenajes y diferentes movilizaciones, actuación del sábado pasado en Santurtzi y portugalete) y el rechazo a la actitud de los partidos del gobierno vasco, que notificaba en un breve comunicado su preocupación ante la muerte de presos, y montaba una gran rueda de prensa para responsabilizar a la izquierda abertzale de la violencia ejercida por la policía de Balza (curioso que los que recibimos ademas seamos culpables).
También es de remarcar el hecho de la poca vergüenza que ha tenido el gobierno de lakua, apoyando públicamente a sus escuadrones represores, pero reprobándolos en privado; muestra de ello es que lo que hace una semana eran provocaciones (las fotos de los dos fallecidos), esta semana ya no lo eran, y por tanto, no se ha cargado en ningún lugar de la CAV. Respuesta contundente, por tanto, desde las filas del propio tripartito, para dar una lección de dignidad a sus dirigentes. Dignidad que no ha tenido nunca el PNV, mostrando públicamente su apoyo y vanagloriándose de los heridos que ha dejado a lo largo y ancho de Euskal Herria, negando todo tipo de responsabilidad y por si fuera poco, con Ibarreche a la cabeza asegurándonos que "con violencia no vamos a ninguna parte". Dignidad que tampoco ha tenido EA, cuando su portavoz Unai Ziarreta afirmaba que la actuación de la ertzaintza había sido correcta, pese a que en Gasteiz se vio a un Rafa Larreina llorando descompuesto ante las cargas policiales, suplicándoles que pararan. Que vuelva el año que viene, y repita las palabras de su portavoz,... si no se le cae la cara de vergüenza.
Dignidad es lo que ha mostrado la izquierda abertzale. Para conseguir, pese a prohibiciones y agresiones, dar el adios que se merecen a los dos últimos asesinados, para salir a la calle a denunciar las causas de esas muertes, y para conseguir sacudir Euskal Herria y que no quedara impasible ante estos hechos. Porque mientras unos hablan de mil días sin muertos, en ese tiempo, otros llevamos varios a las espaldas. Y además pretenden que los enterremos escondidos, que no se entere nadie, como en tiempos franquistas. Pero que se enteren bien, Euskal Herria ha respondido a los intentos de tapar aquello que no gusta a sus gobernantes. Ni el dolor se puede acallar, ni la dignidad pisar. Y el jueves quedó demostrado, este país sacudió su dolor para llorar a dos personas que han dado sus vidas por este pueblo, y nada ni nadie los silenciará.







