Elecciones sindicales en la ertzantza y la constatación del fascismo rampante

Alrededor del Aberri Eguna es siempre necesario reflexionar sobre el contenido social de la patria obrera que necesitamos, más cuanto que la crisis del imperialismo, incluida su pequeñita porción vasca, está tensionando al máximo las contradicciones de clase y nacionales en el mundo y en Euskal Herria. Por esto es muy importante analizar los resultados de las últimas elecciones sindicales en la policía regional de Vascongadas, gracias a las que, para sorpresa de nadie, supimos que las había ganado EUSPEL. Decimos que para sorpresa de nadie, porque viene de lejos la constatación de la presencia de una corriente reaccionaria cuanto menos, dentro de la ertzantza y de las fuerzas policiales en general.
Toda policía, sea ertzantza, Gestapo o aquél bobbie inglés mítico que ocultaba con su sonrisa la terrible violencia británica contra las clases y pueblos explotados, lleva en su interior el embrión más o menos desarrollado del autoritarismo y hasta del fascismo en caso extremo. Ese germen aparece ya en el nacimiento de primera ertzaña en 1936-1937, cuando el PNV necesitaba una fuerza de orden para contener y hasta reprimir a la izquierda vasca y defender las propiedades capitalistas. Más aún, el fuerte conservadurismo de la ertzaña, realidad asumida por todas las fuerzas político-sindicales del momento, ya estaba latente en la premeditada polisemia de su nombre que puede confundir entre artzaina -pastor--y ertzaña -policía--: la policía es el pastor que cuida al pueblo, al rebaño. ¿Cuidarlo de qué y para quién?
Bajo el eufemístico calificativo de "Euskal Polizia" podemos observar cómo se está desarrollando un proceso de homogeneización y cohesión que facilita la interconexión entre la ertzantza y las policías locales, actuando como vasos comunicantes que facilitan la expansión de estas posiciones reaccionarias. Ya no son los «munipas» de hace décadas sino cada vez más cuerpos especializados en vigilancias, controles y represiones socio-políticas, sobre todo en ciudades y grandes pueblos. El hecho de compartir academia de formación (Arkaute) no es baladí, y las estructuras sindicales compartidas en varios casos, desde luego, ayudan en esto. Además, muchas investigaciones relacionan Arkaute y la ertzantza con los sofisticados medios de espionaje global del Mossad israelí por no hablar de las relaciones históricas entre la CIA y los servicios del PNV.
Tampoco debe pasársenos por alto la gran presencia de elementos procedentes de otros cuerpos policiales de origen español, así como ex-miembros del ejército dentro de la ertzantza. Algo que viene desde sus inicios, pero que ahora adquiere especial relevancia. Aquella primera ertzaina ya tenía como mando efectivo a un oficial de la Guardia Civil de la II República española. La creación de la Ertzantza en 1982 respondía al acuerdo estratégico entre la socialdemocracia española e internacional con la democracia cristiana vasca e internacional, fundación inserta en la doctrina imperialista de guerra de contrainsurgencia detallada en el Plan Zen del PSOE de finales de 1982, por citar un solo referente.
La Ertzaintza, EITB y otros minipoderes prestados por el Estado español a Vascongadas y en mucha menor medida a Nafarroa, tenían en primer lugar el objetivo de reforzar la lucha contra el independentismo socialista autoorganizado en el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y en las diversas organizaciones armadas, sobre todo en ETA militar.; y en segundo lugar contra la poderosa lucha de clases diaria del pueblo trabajador enfrentado a prácticamente todas las explotaciones e injusticias que sufría. Un alto dirigente del PNV dijo entonces que la Ertzaintza derrotaría a ETA en pocos meses, un fracaso estrepitoso porque ETA se autodisolvió treinta años después.
Lo cierto es que si las fuerzas armadas y policiales siempre han sido un nicho en el que han recalado elementos fascistas, hoy día esto se ve multiplicado. Y no porque el fascismo haya incrementado el número de sus efectivos que han ingresado en la policía (algo que no hemos analizado lo suficiente como para poder afirmar o negar); sino porque la fascistización de la sociedad, en general, ha hecho su trabajo. No podemos explicar ahora en detalle la diferencia que hay entre fascistización como proceso y fascismo como corriente contra revolucionaria que desde el poder del Estado como forma político-militar del capital reprime con tortura, desapariciones y terror asesino toda resistencia obrera y popular.
La fascistización que avanza apoyada por crecientes sectores imperialistas goza además de dos grandes impulsores dentro de la Ertzaintza: la activación del nacionalismo histórico español más visigodo y tridentino, impositor fanático de la «España Una, Grande y Libre»; y el reforzamiento de los valores racistas y patriarcales que la industria político-cultural y sus redes sociales divulgan con su componente de miedo al futuro y de exigencia de orden tranquilizador y colaboracionista con la ley del amo.
Así, aunque en Euskal Herria el fascismo no tiene por ahora presencia pública, sí algunos sectores de la sociedad resultan más permeables que antes a sus discursos, posiciones y actitudes, como jóvenes en paro sin conciencia nacional de clase, sin conciencia para sí de pueblo trabajador, sectores que justo tienen la culturilla funcional imprescindible para el «trabajo de represión» de cuyo importante salario viven, y por el que son capaces de reprimir manifestaciones populares a las que pueden asistir familiares, amigos y conocidos suyos. Esta conclusión se ha repetido en numerosas ocasiones en diversos análisis; la situación de profunda crisis en la que está sumida el capitalismo hoy día, obliga a acelerar en la expansión de la ideología fascista permitiendo legitimar lo que en otro momento se podría percibir como inaceptable, rechazándolo éticamente.
La necesidad de orden en este tipo de coyunturas, hace que la burguesía recurra a la fuerza más bruta, sin embargo la adaptación de las estructuras estatales al nuevo medio requiere esfuerzo y tiempo. La violencia del fascismo es lo que el Estado necesita.
Y es que el Estado sigue siendo, por más que el capitalismo haya adquirido características transnacionales, el elemento fundamental para la implantación de la estructura capitalista reprimiendo y adoctrinando a las poblaciones sobre las que ejerce su poder. Y con Estado nos referimos, efectivamente, a todas las instituciones que lo componen, sistema judicial y policial inclusive (sin negar, por supuesto, la función que ocupan en el sistema represivo los elementos paraestatales y estgraestatales, ideológicos, sistema educativo, etc.).
La presencia del fascismo dentro de la policía, no hace más que apuntalar ese andamiaje de orden necesario al capitalismo. Por eso no debemos equivocarnos concluyendo que una vez eliminados los elementos fascistas de la policía, el riesgo desaparece. No es así. No es tan mecánico. La fascistización es más fácil entre sectores sociales que funcionan como autómatas con órdenes que les vienen de la ideología socialmente dominante, mayoritaria, la ideología de la clase dominante, la burguesía. Cuando esta ideología empieza a dar órdenes de fascistización, los sectores más drogados por ella y más propensos a venderse por el salario del «trabajo represivo», activan la reserva de irracionalidad que ninguna educación alienadora quiere destruir, sino modernizar. No se trata, por tanto, de depurar la policía, de limpiar el pus de una herida, se trata de que desaparezca además de la herida la causa que la provoca: la opresión nacional de clase.
Pero este es otro debate que no podemos atender en este texto porque nos exigiría un espacio del que no disponemos; deberíamos estudiar una a una las propuestas meramente institucionalistas y de aceptación del exclusivo y excluyente mito de la pacífica policía de ayuda ciudadana, imposible de realizar si a la vez no se critica el sistema judicial y fiscal, la estructura entera de la «democracia» que embellece a la monarquía militar que nos oprime.
Lo importante es entender que la policía es funcional al capitalismo, un instrumento suyo, creado por él y para él. La presencia de elementos fascistas impulsados por la fascistización, supone un añadido que ofrece la posibilidad de que éste actúe con mayor impunidad si cabe, a la vez que facilita el desarrollo del Estado hacia un modelo más totalitario. No podemos cometer el error de creer que la represión fascista es torpe, al contrario, es terriblemente efectiva una vez que el Estado le ha dado los objetivos a exterminar, siempre y cuando esos objetivos comentan errores garrafales.
En el caso concreto de Euskal Herria, desde luego no podemos decir que la ertzantza haya sido alguna vez una policía propia y con vocación de servicio al pueblo. No en vano se han ganado, a pulso, el calificativo de cipayos. Su función en la lucha contrainsurgente y antirrevolucionaria ha sido destacada, como hemos dicho arriba. Está en sus genes, por lo que no va a desaparecer.
Por lo tanto, ¿qué problema añadido supone la existencia de una corriente reaccionaria o abiertamente fascista en la misma?
Tal y como hemos dicho al comienzo del texto, la fascistización de la propia sociedad es la que ha facilitado la expansión de esta corriente. Mediante la incorporación de nuevas promociones, el caldo de cultivo está dado. Un dato significativo fue el escándalo de las pruebas no superadas por una inmensa mayoría de los que se presentó. Es indicativo de la percepción que se tiene de la policía como un empleo que no requiere mayor formación cultural e intelectual (que realmente es así, por lo que imaginemos el perfil de la gente que se presentó), que proporciona un poder del que de lo contrario se carece, con un muy buen sueldo... y quienes se presentan como candidatos, son los miembros más incultos de esa sociedad cada vez más fascista; y en una proporción muy alta de mentalidades embrutecidas por la labor del sistema.
El fascismo organizado dentro de la ertzantza refuerza la irracionalidad de una estructura psíquica sadomasoquista: obedecer al mando y golpear al pueblo, estructura que canaliza aquellas frustraciones de todo tipo de las nuevas hornadas (y muchas de las viejas). Un ejemplo claro es el conflicto que mantienen los sindicatos policiales de la ertzantza con el Gobierno Vasco.
Escondido tras el discurso de mejoras laborales, se encuentra el impulso por un aumento de policías (se propone como número ideal el de 8000 ertzainas) en un territorio absolutamente militarizado y en el que el ratio policial supera con creces los estándares del resto de territorios europeos (Euskal Herria es el área más militarizada de todo Europa); así como la exigencia de mayores cotas de impunidad. La militarización asfixiante es un dato incontrovertible de la opresión nacional de clase que sufre el pueblo trabajador. ¿Por qué será?
En este sentido, la presión y manipulación ideológica que desde la ertzantza se ha llevado a cabo en torno a la identificación de delito y migración, presiones que fortalecen objetiva y subjetivamente el racismo que la burguesía quiere generalizar. También los intentos de hacer pasar a la ertzantza como un colectivo minoritario y discriminado, objeto del odio de la sociedad, han servido a este propósito. Muchas veces alentado por las instancias políticas del Gobierno Vasco y del PNV. Que los victimarios, la ertzantza, se presenten como víctimas de un justo y amplio rechazo popular y hasta odio por parte de sus franjas más concienciadas, es también parte del componente de guerra cognitiva que se aplica contra Euskal Herria.
Pero lo que ha dejado en evidencia estas últimas elecciones sindicales de la ertzantza, dando la victoria a EUSPEL, es que una gran parte de esta numerosa fuerza armada sujeta en última instancia a la disciplina político-militar ultra española, no está dispuesta a contemporizar ni con el Gobierno Vasco ni con el PNV. Son varias las imágenes de referentes del fascismo español en apoyo a EUSPEL, que ha asumido los postulados de "Ertzainas en lucha", capitalizando esa base.
Esto indica, a nuestro parecer, que esta estructura sindical está preparándose para poner a la ertzantza al servicio de las fuerzas reaccionarias que propugnan una recentralización nacionalista del Estado español. Quienes hayamos conocido la época de José María Aznar, Jaime Mayor Oreja, María San Gil y demás, nos podemos hacer una idea de su objetivo y los medios para conseguirlo.
No dudamos que la ertzantza jugará un papel fundamental en la estructuración que quieren hacer al Estado español, por un lado desarrollando el discurso securitario y de orden que éste necesita, tal y como hemos explicado. Pero sobre todo en la lucha contra los elementos insurgentes que permanecen en pie en la lucha por la liberación total de Euskal Herria.
Ha habido diversas causas organizadas por la ertzantza, intentando criminalizar a diversos colectivos (sobre todo juveniles) de Euskal Herria. Tenemos varios ejemplos en los que los propios sindicatos policiales han difundido la noticia de que algún policía ha sido expulsado de algún recinto de txoznas o varias causas en las que se pone en la diana a organizaciones concretas, así como a militantes concretos. La provocación es una táctica que desborda la llamada «guerra sucia» para ser parte de la doctrina de contrainsurgencia y de la guerra cognitiva que ha venido siendo modernizada desde el primer gobierno de la UCD, antes incluso que el Plan Zen elaborado por expertos imperialistas y firmado por el PSOE. Un ejemplo lo tenemos en la Ley Mordaza de 2015 aún en vigor a pesar de las falsas promesas sólo de reforma, que nunca de derogación absoluta, del tándem PSOE-EH Bildu.
Una de las últimas actuaciones por parte de los sindicatos policiales, en este caso EUSPEL, fue respecto a los hechos ocurridos el 12 de octubre en Gasteiz. En los que el pueblo hizo frente, de manera contundente, al fascismo que pretendía reivindicar la españolidad de Euskal Herria. Fue la propia EUSPEL la que habló de tácticas de guerrilla aventurándose, incluso, a establecer la pena concreta de las personas encausadas.
Se vienen tiempos oscuros, y los monstruos son cada vez más aterradores. Un somero análisis de otros tiempos y latitudes nos puede dar una idea de lo peligroso que resulta tener al fascismo armado y con el respaldo del Estado y del regionalismo. Hemos dicho arriba que en este escrito no podemos extendernos en un análisis crítico de la demagogia de los reformismos varios al respecto, pero cada día es más necesario hacerlo.
Es tiempo de organizarse y hacerle frente.
Euskal Herria, 2026ko apirilaren 3a
Recibido por La Haine y publicado.







