Nacionales E.Herria :: 06/06/2014
Esta en nuestra mano que “los de arriba” no decidan por los de “abajo”
No solo me decepcionó la centralidad del “derecho a decidir” en vez de autodeterminación, también lo hizo la profunda contradicción que transpiraba
Hace unos cuantos meses visioné el vídeo oficial [ http://www.youtube.com/watch?v=au3ZqgZR2UI ] de la iniciativa gure esku dago donde se sintetizaba y explicaba muy bien la filosofía y los retos que estaban por delante de cara a la socialización del “derecho a decidir”. Pese a ser un vídeo muy bien editado donde se notaba que se han utilizado los últimos trendings en diseño y presentación me resultó algo decepcionante. De entrada porque al contrario de lo que se afirma en el vídeo, el derecho a decidir jamás ha estado en la agenda política y social vasca ya que fue un término introducido por el PNV hace relativamente poco tiempo para intentar ocupar el espacio que tenía el término derecho de autodeterminación. ¿Qué objetivo tendría el think tank jeltzale que impulsó ese término en detrimento de autodeterminación?. Algo se puede intuir. El caso es que las intenciones fueron exitosas porque hoy en día autodeterminación parece una palabra tabú y apenas nadie la usa en Euskal Herria. Pero la autodeterminación sigue siendo el derecho a decidir de los pueblos. Su estatús político, social y económico, y la formación por ejemplo de un estado independiente y socialista si así lo desea.
No solo me decepcionó la centralidad del “derecho a decidir” en vez de autodeterminación, también lo hizo la profunda contradicción que transpiraba. Por una parte, acertadamente poniendo el acento en la implicación social y en el pueblo como activo principal pero al mismo tiempo plagando el video de políticos profesionales y estrategias partidistas. Tiene una lógica, recientemente un portavoz de gure esku dago afirmaba que la iniciativa busca desde la base social “mover a los de arriba”, en referencia precisamente a políticos e instituciones. Es decir, el pueblo, “los de abajo” serían una parte subsidiaria de los de “arriba” y delegarían en ellos su destino, que son los que se tienen que mover, y para que se muevan se tienen que mover “los de abajo”. Es decir, la centralidad la tienen los políticos y las instituciones extranjeras, pero no se les da a ellos directamente sino que es el pueblo de manera sustitutiva el que tiene que hacer fuerza para dársela. Sin embargo, el derecho a decidir precisamente es la desaparición del arriba y el abajo y el empoderamiento popular sin intermediarios ni delegaciones.
Ese discurso delegacionista me recuerda a la movilización por los derechos de los presos políticos en Enero que fue desconvocada debido a la presión violenta del estado. Las gotas, cada una de ellas, que habían sido el centro de la movilización pasaron a segundo plano y los partidos políticos tomaron el testigo yendo en contra de toda la filosofía que había impulsado la movilización.
Y es que es muy diferente que un movimiento social esté al servicio del pueblo con su autonomía correspondiente a que lo esté a las instituciones y los políticos por muy buena voluntad que puedan tener algunos de ellos, ya que estos cuentan con sus limitaciones que no podrán desbordar fácilmente y solo un movimiento social libre de esas ataduras puede hacerlo llegado el caso.
Sin embargo, los vídeos que se han realizado en muchos pueblos si me han gustado. Es otro rollo, ya sin corporativismo y sin esa dependencia encorsetada que huele a estrategia institucional anticuada o a la jet set academicista, cuando es el pueblo el que tiene que decidir, no los políticos, que precisamente están en instituciones donde la autodeterminación es negada por ley. Y aunque muchos de ellos realmente apuestan por la autodeterminación a otros solo les puede servir para hacerse un lavado de imagen.
La movilización del domingo entre Durango e Iruñea es muy importante para todos y todas las que defendemos la autodeterminación. Hace falta un movimiento social potente, independiente y activo en defensa de los derechos democráticos mínimos de este pueblo ( y de otras cosas también claro está). Un movimiento que desborde las inercias y que realmente acabe siendo popular, sin dependencias y con aspiraciones no solo ya de reivindicar el derecho que corresponde a nuestra nación sino que con el tiempo poner las bases para ejecutarlo. No ser simplemente una pieza secundaria de nadie. Y mucho menos de políticos, instituciones o académicos.
Para que ésto sea así, que este domingo se desborde de gente todo el tramo desde Durango a Iruñea para posteriormente desbordar todas las contenciones existentes de cara a la aplicación de la autodeterminación. Que no es otra cosa más que el pueblo tome la palabra sin intermediarios ni represores y que se acabe de una vez por todas con el esquema de que los de arriba tienen que decidir por los de abajo. Sean unos bancos, el FMI, la casta política o los estados español y francés.
No solo me decepcionó la centralidad del “derecho a decidir” en vez de autodeterminación, también lo hizo la profunda contradicción que transpiraba. Por una parte, acertadamente poniendo el acento en la implicación social y en el pueblo como activo principal pero al mismo tiempo plagando el video de políticos profesionales y estrategias partidistas. Tiene una lógica, recientemente un portavoz de gure esku dago afirmaba que la iniciativa busca desde la base social “mover a los de arriba”, en referencia precisamente a políticos e instituciones. Es decir, el pueblo, “los de abajo” serían una parte subsidiaria de los de “arriba” y delegarían en ellos su destino, que son los que se tienen que mover, y para que se muevan se tienen que mover “los de abajo”. Es decir, la centralidad la tienen los políticos y las instituciones extranjeras, pero no se les da a ellos directamente sino que es el pueblo de manera sustitutiva el que tiene que hacer fuerza para dársela. Sin embargo, el derecho a decidir precisamente es la desaparición del arriba y el abajo y el empoderamiento popular sin intermediarios ni delegaciones.
Ese discurso delegacionista me recuerda a la movilización por los derechos de los presos políticos en Enero que fue desconvocada debido a la presión violenta del estado. Las gotas, cada una de ellas, que habían sido el centro de la movilización pasaron a segundo plano y los partidos políticos tomaron el testigo yendo en contra de toda la filosofía que había impulsado la movilización.
Y es que es muy diferente que un movimiento social esté al servicio del pueblo con su autonomía correspondiente a que lo esté a las instituciones y los políticos por muy buena voluntad que puedan tener algunos de ellos, ya que estos cuentan con sus limitaciones que no podrán desbordar fácilmente y solo un movimiento social libre de esas ataduras puede hacerlo llegado el caso.
Sin embargo, los vídeos que se han realizado en muchos pueblos si me han gustado. Es otro rollo, ya sin corporativismo y sin esa dependencia encorsetada que huele a estrategia institucional anticuada o a la jet set academicista, cuando es el pueblo el que tiene que decidir, no los políticos, que precisamente están en instituciones donde la autodeterminación es negada por ley. Y aunque muchos de ellos realmente apuestan por la autodeterminación a otros solo les puede servir para hacerse un lavado de imagen.
La movilización del domingo entre Durango e Iruñea es muy importante para todos y todas las que defendemos la autodeterminación. Hace falta un movimiento social potente, independiente y activo en defensa de los derechos democráticos mínimos de este pueblo ( y de otras cosas también claro está). Un movimiento que desborde las inercias y que realmente acabe siendo popular, sin dependencias y con aspiraciones no solo ya de reivindicar el derecho que corresponde a nuestra nación sino que con el tiempo poner las bases para ejecutarlo. No ser simplemente una pieza secundaria de nadie. Y mucho menos de políticos, instituciones o académicos.
Para que ésto sea así, que este domingo se desborde de gente todo el tramo desde Durango a Iruñea para posteriormente desbordar todas las contenciones existentes de cara a la aplicación de la autodeterminación. Que no es otra cosa más que el pueblo tome la palabra sin intermediarios ni represores y que se acabe de una vez por todas con el esquema de que los de arriba tienen que decidir por los de abajo. Sean unos bancos, el FMI, la casta política o los estados español y francés.






