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Nacionales E.Herria :: 17/11/2014

¡Abajo el régimen! … eh ¿pero qué régimen? (y II)

Borroka Garaia
Al fin y al cabo, la derrota del régimen surgirá de un proyecto constituyente de una nueva realidad, también ajena a la institucionalidad del régimen.

 

Continuación de ¡Abajo el régimen! … eh ¿pero qué régimen? 


Una de las claves del pensamiento de Gramsci en torno a la hegemonía residía en la implantación e impulso de un bloque social que no es homogéneo y cuenta con contradicciones de clase, pero la clase trabajadora es la hegemónica, domina y dirige, mientras con su acción mantiene unido lo heterogéno sin que las contradicciones se radicalizen y estallen. Para lograr esa hegemonía de la clase trabajadora, superando a la hegemonía burguesa, un paso imprescindible por tanto era radicalizar sus contradicciones que estallen desde todos los puntos de vista; político, cultural, moral… para Gramsci solamente con instituciones nuevas y un cambio de régimen la clase trabajadora podía llegar a triunfar.

Precisamente las dinámicas socialdemócratas que derivan en la obsesión por el electoralismo, el parlamentarismo como vía casi exclusiva lo que Gramsci criticaba del viejo Partido Socialista Italiano a la hora de teorizar la hegemonía. No se criticaba el parlamentarismo, ni lo electoral aun dentro del régimen burgués sino que no fueran empleados como herramientas para derribar el sistema institucional.

Un régimen es un sistema institucional, es el conjunto de instituciones políticas por medio de las cuales un Estado organiza la manera de ejercer el poder sobre la sociedad. Tanto el régimen como el estado nunca son neutros, obedecen a una dictadura de clase que hizo surgir ese régimen y esa institucionalidad. El régimen que tenemos en Euskal Herria es el régimen burgués capitalista de los estados español y francés implantados en nuestro país tras un proceso largo y sangriento de opresión nacional, un proceso imperialista. Y ese es el régimen, no existe ningún otro. Control de capital y  fuerza militar, ayudado de su propio proceso de hegemonía, represión, y su institucionalidad correspondiente.

El eurocomunismo malinterpretando a Gramsci y su concepto de hegemonía llegó a olvidar el objetivo de derribar al régimen legitimando la institucionalidad burguesa y también llegó a olvidar el propio concepto de hegemonía, y lo sustituyó por la contienda electoral y el pacto entre clases sin hegemonía popular.

Cuando se confunde el régimen con peones o servidores del régimen, se hace muy evidente todo esto. Ya que lo que saca a translucir es la creencia de que el régimen son los que lo gestionan y no el propio régimen. Siguiendo esa lógica, si lo gestionan otros, el régimen cambiaría. Como nos da a entender la editorial del Gara dominical de hoy: “El derrumbe está ahí, pero falta por ver si ese búnker aún aguantará el próximo embate electoral. Por todo lo anterior, Nafarroa se juega ahí más que un cambio político al uso. Se juega recuperar el poder para todos, enterrar un viejo régimen, ganar una nueva democracia.”

Recuperar el poder para todos, enterrar un viejo régimen, ganando las elecciones en Nafarroa Garaia. Hay que tener mucha confianza en el régimen y en sus instituciones para poder decir algo así. Y lo cierto es que es así, hay mucha confianza en las instituciones y en el régimen, como si fuera un problema de elecciones y castas políticas que una vez sustituidas ya está todo ganado. La ideología post y posmo al poder. Pero claro, ¿A qué poder?

Y es que con una ideología que no discierne entre poder, régimen o casta política se hace muy difícil la hegemonía de lo que a la postre puede poner el poder en manos populares y enterrar el viejo régimen junto con su institucionalidad.

Es evidente que la maniobra política de relegar a Barcina está ligada a un fracaso y erosión de los gestores fieles al régimen como tan evidente es que el verdadero poder no cambiará de manos independientemente de quien ocupe escaños tras unas elecciones dentro de un régimen concreto. Que esos escaños estén ocupados por personas que no son fieles al régimen es fenomenal pero es del todo insuficiente y la tendencia histórica es que esos escaños acaben igualmente legitimando al régimen si no son parte de la lucha por la caída del régimen. Si algunos nos dicen que el régimen cae, porque otros ocupen puestos del régimen, mal rollo. Porque abiertamente indica que no tendrían en mente derribar el régimen, sino gestionarlo mejor. La historia se ha repetido demasiadas veces ya en ese sentido.

Y es que aquí de nuevo nos encontramos con una contradicción entre táctica, estrategia y objetivos. La pérdida de confianza en los objetivos estratégicos impide trazar el hilo entre táctica y estrategia y pone el techo en lo posible del régimen. Y en lo posible del régimen no entra ni independencia ni socialismo ni nada que se le parezca.

Y es que hay que bajarse de la burra, no cambiará el régimen si UPN y PSN quedan relegados de la gestión del poder autonómico en Nafarroa Garaia. Pues el poder real y la esencia del régimen seguirá impregnándolo todo, así como la hegemonía burguesa. Que queden relegados será un paso táctico muy deseable siempre y cuando forme parte de un plan mayor de largo alcance donde se trabaja una hegemonía popular para derribar el verdadero régimen, siendo la lucha institucional parte de ello pero no lo decisivo, que estará en manos de la masa popular auto-organizada de la que la lucha institucional tiene que ser dependiente y mandar obedeciendo.

Si las prioridades cambian, eso hace que se utilice a la masa popular para fines electorales, (además no diciéndole la verdad, ya que no va a derribar el régimen un partido desde la legalidad del régimen).

Las barrabasadas que han realizado UPN, PSOE o el mismo PNV en la gestión del poder autonómico y menor, por muy grandes que sean y por muy beneficioso que sea impedir que sigan sucediendo no puede hacernos caer en un electoralismo ciego como pócima mágica que resuelva los problemas, pues ya deberíamos ser conscientes, hasta por experiencia propia de lo que supone la gestión del régimen, sus limitaciones, trampas e imposiciones. Y que es necesario nuevas perspectivas innovadoras,que creen hegemonía, también en la lucha institucional, basadas en el empoderamiento popular y no simplemente en la delegación de votos y responsabilidades. Algo que con la capacidad de gestión ya controlada se ha hecho muy poco y el pueblo no ha percibido prácticamente nada.

Al fin y al cabo, la derrota del régimen surgirá de un proyecto constituyente de una nueva realidad, también ajena a la institucionalidad del régimen. Y en ese camino es muy importante saber discernir entre pasos y objetivos.

La posibilidad de ruptura del control de la gestión del binomio histórico psn-upn es tan importante tácticamente en el proceso de hegemonía popular como tan nefasta podría resultar acotarla a los propios baremos del régimen. Y eso se está haciendo desde el mismo momento que indirecta o implícitamente se afirma que tumbar al régimen es un cambio que sustituya a partidos de la gestión del poder. Ya que eso al mismo tiempo nubla la posibilidad de un proceso constituyente que deje atrás el régimen y que sea impulsado por la sociedad.

En Nafarroa Garaia hay posibilidad de quebrar una forma de gestionar el poder y los partidos políticos deberían ponerse al servicio de ello y amoldarse para llevarlo a cabo siendo la clase trabajadora navarra la que se ponga al frente, no sola y meramente en un proceso electoral sino en uno de cambio real, para acabar con la impunidad de la clase burguesa y terrateniente, para beneficiar a la clase trabajadora y para romper con el régimen decidiendo un estatús político, una nueva institucionalidad que nadie le ha dejado decidir.

 

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