Nacionales E.Herria :: 26/06/2014
¿Delirios radicales o sentido común?
El gancho a la privatización estaba ya en el principio de todo.Ese parecía ser el argumento discursivo que iban a emplear para justificar el proceso de privatización
Cuando en el 2011 empezó todo el “rollo”de Kutxabank y la fusión fría de cajas dos elementos empezaron a sobrevolar nuestras cabezas; la bancarización ( transformación de las cajas de ahorro en un banco) y la privatización (paso a manos privadas).
Pese a que el margen de maniobra de EH Bildu no fuera el más óptimo y pese a recibir posiblemente críticas injustas en algunos apartados, en Gipuzkoa existían posibilidades de ralentizar o bloquear esa fusión. El proceso siguió con el acuerdo alcanzado entre EH Bildu y los representantes de las cajas.
El punto central de ese acuerdo entonces fue que las cajas conservarían el 100% del accionariado, y si alguna de ellas quisiera vender parte de sus acciones, cualquiera de las otras dos tendrían preferencia en su adquisición, y que de existir alguna otra opción, esta debiera estar sometida a la decisión mayoritaria de las tres asambleas de consejeros de las cajas. [Voy a dejar de lado el tema de la obra social].
Este acuerdo, y desde un triunfalismo desmesurado, se vendió casi como un paso determinante hacia el estado socialista vasco. Pero lo cierto es que como posteriormente afirmó el presidente de Kutxabank Mario Fernandez: “En el acuerdo cerrado con la formación soberanista con el objetivo de que la fusión naciera con el máximo consenso social, se han incluido capítulos relativos al blindaje del accionariado y a los recursos destinados a la obra social. Así se ha pactado que cualquier operación relativa a una alteración accionarial deberá ser refrendada por los consejos de administración y las asambleas generales de las tres cajas salvo que fuera exigido por cualquier normativa aplicable o por otro organismo u administración pertinente”.
Y el “salvo que” la metió doblada
El gancho a la privatización estaba ya en el principio de todo. Ese parecía ser el argumento discursivo que a futuro iban a emplear para justificar el proceso de privatización.
Por lo tanto, privatización si o si, y cumpliendo su papel la prensa local del capital (ya sea Deia o el grupo Vocento ) haciendo la labor de convencimiento social para que sea aceptada la integración de capital privado en el accionariado de Kutxabank, siempre remarcando una supuesta situación de obligatoriedad normativa e inevitable privatización. Ni que decir tiene que con la mayor de las ignorancias, la clase trabajadora vasca será desplumada por la vocación “vasquista” de Kutxabank sin que haga mover una ceja a ciertos spocks jeltzales del derecho a decidir de escaparate. Y es que cuando el capital pasa por medio no hay dios que decida nada.
La labor de extensa promoción y aplauso ensordecedor en su día de un acuerdo que en realidad ha sido fácil su instrumentalización para atacar a la clase trabajadora y poner las bases para robarla descaradamente, sin palancas y de día, además de hacerle bajar su sistema de defensa, debate y alerta, distrayéndola aunque sea desde la inconsciencia, de la amenaza inminente de robo, recae en la izquierda soberanista institucional y no en un cajero chamuscado de kutxabank.
Porque un cajero de kutxabank (y todos los derechos humanos de sus plásticos y hierros) nunca van a propiciar la privatización ni beneficiar a PNV-PSE-PP para esa labor. Lo hará que el pueblo trabajador no esté enterado de lo que “le organizan”. Y no se puede desviar la atención en debates donde nadie contestará.
Nos aprieta el corsé
Ahora deprisa y corriendo porque nos aprieta el corsé, hay que lanzar una ofensiva para parar el proceso de robo. Mas vale tarde que nunca y rectificar discurso y acción es de sabios,está bien, y no siempre es fácil. Aplauso a EH Bildu cuando toca.
¿Qué hacer?. Ante esto hay dos opciones, o apostar por la estrategia blanda; Mostrar oposición, un par de manifestaciones ordenadas, buscar el convencimiento social del capital o la burguesía vasca (la misma que la ha metido doblada con kutxabank y que se lo pasa todo por el arco del triunfo), o empezar a jugar en serio.
¿Quién va a tener el valor de anunciar públicamente, frente a las pantallas de televisión, con la sigla de su organización, partido o sindicato luciendo en la solapa, que una de las herramientas de presión de la mayoría sindical , social y la izquierda soberanista en pleno ( y quien quiera unirse) para paralizar la privatización y el expolio bancario sea algo como la amenaza legítima, directa y sosegada de sacar el dinero, cancelar las cuentas bancarias, y cambiar todas las domiciliaciones de ingresos y pagos, y estar dispuestos a llevar esto con una inusitada determinación? ( ¿recuerda alguien lo de la desobediencia, contrapoder popular, confrontación y demás?).
En asuntos de dinero la cosa se pone tensa
Sacar los cuartos de las cuentas de kutxabank, cancelar las cuentas. Dar de baja las domiciliaciones de nómina, y pagos como teléfono, seguros, electricidad, etc., etc. Hay que darles donde realmente les duele, el asunto de las pelas, bueno euros ahora.
A dar de baja las cuentas bancarias. ¿Cuántas mil, cinco, diez o veinte mil…?. Siguiente problema, ¿a dónde vamos?. ¿A la laboral?, no, para que el Opus Dei meta mano, ¿a la banca ética?, pero si anda por detrás la Iglesia, y algunas sectas más raras que el copón. ¿a dónde?. Lo suyo seria unas buenas cooperativas de crédito obrero, donde no meta mano ningún puto político, ni institución, ni sacamantecas ceniciento. Ah, que no se nos ha ocurrido aún crearlas por mucha estrategia de construcción nacional y social. Que ya vamos tarde.
No hay que ser muy mal pensado para coscarse que eso de sacar las pelas del banco, puede tener mucha tela y darle mucho vértigo a algunos.
La mano de los bancos (o cajas sean públicas o privadas o pluscuamperfectas) es muy larga. Los partidos institucionales suelen pedir créditos, los ayuntamientos también suelen requerir ya sea para financiar inversiones locales, y en estos tiempos de crisis hasta temas tan sensibles como los gastos corrientes que van desde la nómina del personal, los munipas, o el gasto en alumbrado público.
Créditos que son fundamentales para sostener la liquidez, aunque tales ayuntamientos sean solventes y tengan un déficit mínimo. No disponer de esos créditos es gravísimo, en dos ámbitos, uno operativo (no vayan a cortar la luz del pueblo) y otro político (un ayuntamiento con problemas de dinero es “culpable” siempre y es acusado de mala administración o cosas peores, aunque sea todo lo contrario).
¿Nos conformaremos con la “estrategia blanda” , aun sabedores de su destino o haremos uso del sentido común descartando el delirio radical de que existe un capitalismo amable y posible de convencer ?
Y al final, una tras otra, lo que se chamuscará será la clase trabajadora de combustión espontánea. ¿Y eso a quién beneficiará? Supongo que a alguna empresa de extintores de la burguesía vasca.







