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25/05/2022 :: Nafarroa

¿Por qué es necesario movilizarse contra los macropolígonos solares y eólicos?

x Sustrai Eraikuntza Fundazioa
Manifestación el próximo sábado, 28 de mayo de 2022, a las 18:00 desde la Plaza del Castillo de Iruñea, y bajo el lema “Cambiemos el sistema, no el clima”.

La plataforma NEE/TEN (Nafarroako Energia Eraldatzen/Transformando la Energía Navarra) constituida por plataformas de pueblos y valles navarros afectados por los macropolígonos eólicos y solares, ha organizado una manifestación el próximo sábado, 28 de mayo de 2022, a las 18:00 desde la Plaza del Castillo de Iruñea, y bajo el lema “Cambiemos el sistema, no el clima”.

La Fundación Sustrai Erakuntza quiere mostrar su apoyo a esta iniciativa. Es necesario que reclamemos pasos que tiendan a un cambio del modelo que impida o disminuya los cambios en el clima. Cambios de modelo que tienen que pasar, en nuestra parte rica del mundo, por una obligada reducción del consumo de todo tipo de productos y servicios, además de replantear el modelo de producción y propiedad, en la senda de un decrecimiento radicalmente justo. En este sentido, hemos preparado el siguiente documento para justificar nuestra posición:

Parece contraintuitivo: nos están insistiendo en la urgencia de instalar grandes cantidades de energía fotovoltaica y eólica para poder hacer frente al cambio climático. Sin embargo, si se analiza en profundidad la problemática, vemos cómo este despliegue renovable no está ayudando a mitigar los problemas de los combustibles fósiles que alimentan un modelo de producción, consumo y propiedad que está arrasando el planeta Tierra. Por eso, en este documento queremos plantear, a modo de preguntas y respuestas, las razones por las que es necesario luchar por un modelo socioeconómico y socioambiental que no comprometa la vida humana en el planeta.

¿Puede el planeta Tierra sostener los niveles de consumo actuales?

El pasado 12 de mayo se anunciaba que el Estado Español había ya consumido todos los recursos naturales de los que disponía para usar durante todo el año. A partir de esa fecha, los recursos que consumiera serían extraídos de otros territorios, de forma que estamos viviendo de prestado hasta final de año. Las necesidades de recursos naturales de todo tipo que se consumen en el Estado Español precisan de una superficie 2,8 veces mayor de la que se dispone.

¿Cómo puede ser posible esto? Sabiendo que el consumo mundial está desigualmente repartido entre países y clases sociales, la especie humana usa recursos naturales y servicios ecológicos por encima de los que nuestro planeta puede proporcionarnos de una manera sostenible. Esto se calcula en el día de la sobrecapacidad de la Tierra, definido como aquel día en el que la demanda de recursos y servicios ecológicos que la humanidad precisa en todo el año excede lo que la Tierra puede regenerar en ese mismo año. Y a nivel global del planeta Tierra, se calcula que la humanidad necesita ya de 1,7 planetas, cantidad que va constantemente creciendo desde que se empezó a calcular el índice.

¿Dónde está el límite? El consumo de materias primas y energía sigue creciendo a un ritmo exponencial. Y lo hace impulsada por una economía capitalista de la explotación y del beneficio privado que se comporta como si no estuviera inscrita en un planeta con unos límites físicos determinados. Así, científicos internacionales han identificado algunos de esos límites que están en grave peligro de ser sobrepasados, cuando no lo han sido ya. La Fundación Sustrai Erakuntza también ha advertido de algunos de estos desequilibrios en Navarra. Nos referimos al elevado consumo de combustibles fósiles y su emisión de CO2 que contribuye al Cambio Climático, las perturbaciones en los ciclos de fertilizantes como el nitrógeno y el fósforo en las macrogranjas, el irracional uso de agua y las insostenibles infraestructuras que lo acompañan, o los cambios en el uso del suelo y la pérdida imparable de biodiversidad derivados de la instalación de macroproyectos renovables.

Situación de los límites planetarios. Fuente: Steffen et al. 2015.

¿Podemos seguir emitiendo gases de efecto invernadero?

Según los datos científicos, ahora mismo hay 420 partes por millón de CO2 en la atmósfera, con un aumento casi constante de unas 2,8 ppm anualmente. De este modo, llevamos camino de alcanzar en pocos años el límite de las 450 ppm, que indicaría que el clima habría alcanzado ya un calentamiento por encima de los 2ºC de media global. Un umbral que se considera peligroso, y que al ritmo que llevamos parece factible que sea superado en breve.

¿Como hemos llegado a esta situación?

La fuente principal de la emisión de gases de efecto invernadero es el consumo de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural. Estos combustibles los utiliza nuestra civilización para toda clase de procesos industriales y sociales: la producción eléctrica, la minería, el transporte, la fabricación de los productos que utilizamos, la construcción, el turismo,… La otra fuente emisora principal de estos gases son los cambios en el uso del suelo: la desforestación, las prácticas agrícolas intensivas y el regadío, o la pérdida de suelo por construcciones e infraestructuras.

¿Está la alimentación de la humanidad comprometida?

La agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura están en el centro de los problemas que afrontamos por la llegada a los límites naturales del planeta. El uso intensivo que hacemos de los ecosistemas para estas actividades están contribuyendo a los problemas que afrontamos como humanidad en muchos sentidos.

El uso desmedido de fertilizantes nitrogenados, y las prácticas agrícolas industriales utilizan grandes extensiones de tierra que están modificando los usos del suelo. Pero además, todas estas actividades precisan de un gran consumo de combustibles fósiles.
Así, la producción de fertilizantes nitrogenados requiere un consumo notable de gas natural, de tal forma que, sin su utilización, es muy difícil que se pueda mantener la producción actual de alimentos.
Igualmente, las prácticas agrícolas y ganaderas industrializadas son grandes consumidoras de combustibles de origen fósil, tanto para su mantenimiento, como para la importación de inputs (soja, fertilizantes,…) y la exportación de outputs (comercialización en grandes distancias).

Se puede decir, que a día de hoy, comemos combustibles fósiles. En el pasado, la agricultura y la ganadería eran fuentes de energía para la humanidad: con ellas se extraía un excedente energético capturado de la luz del sol. Sin embargo, la sobreutilización de combustibles fósiles en el sector primario implica que ya no obtenemos energía neta de él; al contrario, se ha convertido es un sumidero en el que perdemos energía, en nuestro irresponsable afán de obtener un mayor rendimiento de los cultivos.

¿Qué cantidad de combustibles fósiles consumimos en Navarra?

Somos una civilización adicta a los combustibles fósiles, entrampada en este tipo de energía. Y reducir esta dependencia es una tarea difícil y compleja que no puede realizarse sin alterar radicalmente todos los esquemas fundamentales en los que se sustenta.

Tal y como desde la Fundación Sustrai Erakuntza hemos señalado en varias ocasiones, la sociedad navarra consume una cantidad enorme de energía fósil, que llegó a ser el 78,18% del consumo energético total de 2020 en nuestra comunidad. Esa cifra cercana al 80% se ha mantenido estable durante las últimas décadas, a pesar de los supuestos esfuerzos realizados por hacerla disminuir. Pero además, a esa cifra se debería añadir un 33% más de consumo fósil oculto en la producción externalizada de artículos que importamos.

Consumo de energía final de Navarra en 2020, según el Balance Energético del Gobierno de Navarra. Aproximadamente un 30% de la electricidad está producida con gas natural…

¿Se puede sustituir este consumo navarro de combustibles fósiles por energías renovables?

El discurso oficial trata de hacernos creer que el actual modelo de producción y consumo, así como la lucha contra el cambio climático, puede mantenerse con la sustitución de los combustibles por energía renovable. Sin embargo, estas intenciones chocan contra la realidad. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las energías renovables se producen en forma de electricidad, y ésta supone solo el 21,50% del consumo energético de nuestro territorio. Pero además, el consumo de electricidad está disminuyendo año tras año. El último Balance Energético del Gobierno de Navarra, de 2020, dice textualmente: «la electricidad experimenta en la última década una disminución del 4,40%, y en el último año, se ha reducido también en un 7,47%».
Finalmente, el consumo de combustibles fósiles se mantiene en las últimas décadas en torno al 80% del gasto energético total de Navarra.
En estas condiciones, es muy complicado que se produzca un cambio de tendencia sin que se produzcan a la vez otros muchos cambios.

¿Un despliegue a nivel industrial de energías renovables sería suficiente para mantener el consumo energético actual de la humanidad?

Vemos cómo es muy difícil que con energías renovables sea posible producir la cantidad de energía que se consume en el planeta Tierra a día de hoy. Desde el mundo científico que analiza estas cuestiones ya nos advierten que, con las energías renovables, sólo se podría llegar a cubrir entre un 30 y un 40% de las necesidades energéticas actuales, tal y como ya indicábamos en nuestro informe «El nuevo boom de las energías renovables en Navarra. Situación, impactos y propuestas alternativas».

Hay que tener en cuenta que las renovables se producen mayoritariamente en forma de electricidad, que es una energía que no es fácilmente almacenable. Y en el caso de las renovables es muy difícil, por no decir imposible, regular su producción, dado que ésta se encuentra a merced de las condiciones meteorológicas: la existencia de viento y de luz solar, principalmente.

Es importante, por lo tanto, tratar de almacenar parte de la electricidad que generan las renovables. Y para ello se han analizado todas las posibilidades, siendo las baterías y la producción de hidrógeno las mejor posicionadas. Pero ambos métodos tienen graves problemas ye importantes limitaciones: en ambos casos las pérdidas de energía en el proceso de almacenamiento son elevadas, llegando a pérdidas del 70% de la energía producida en el caso del hidrógeno.
A lo que hay que añadir la necesidad de aumentar la extracción de elementos químicos y otros problemas conexos. Esto llevaría a aumentar la cantidad de instalaciones de energías renovables para superar esas pérdidas, y por lo tanto a aumentar irresponsablemente los impactos ambientales.

¿Son las energías renovables sostenibles?

Y a los graves problemas que han condicionado hasta la fecha el despliegue de las renovables, hay que unir otros cuya importancia va a ser cada vez mayor. Nos referimos a los innegables impactos ambientales, la alteración de la biodiversidad que tiene su implantación, y las amplias necesidades de recursos minerales necesarios para construirlas.

La instalación de polígonos eólicos y solares han tenido ya graves impactos ambientales en Navarra, a los que habría que añadir los que producirían los más de 100 proyectos nuevos que se han puesto a exposición pública en el último año.
Su implantación supone una grave pérdida de biodiversidad en los montes y campos navarros, que viene a agravar los importantes impactos que generan el resto de grandes infraestructuras que nos imponen.

Pérdida de biodiversidad que se produce allí donde se quieren instalar este tipo de energías, que se ha de añadir a la que se produce en los lugares donde se extraen los minerales necesarios para construirlas. Porque hay que tener en cuenta que para el despliegue de este tipo de energías alternativas se requiere una extracción de minerales que es entre 8 y 25 veces mayor que la necesaria para generar energía con fuentes fósiles, como relatábamos en el informe citado. De este modo vemos como la supuesta solución renovable a los problemas globales a los que nos enfrentamos iría en la linea de agravar aún más esos problemas, y llevar la pérdida de biodiversidad a su limite planetario.

En este sentido, resulta rechazable la reciente aprobación por parte del Parlamento de Navarra de medidas que van a dificultar la participación popular y los plazos de tramitación y de estudio de impacto ambiental para los macroproyectos eólicos y solares.

¿Qué podemos hacer?

Parece evidente, por lo tanto, que no se trata tan solo de sustituir las fuentes energéticas. En los próximos años va a ser necesaria la sustitución de los combustibles fósiles por las renovables. Pero teniendo en cuenta que las renovables no van a poder producir tanta cantidad de energía como la que estamos consumiendo hoy en día, y que nos encontramos ante el agotamiento de muchos materiales, las prioridades deberían ser la satisfacción de las necesidades reales, eliminando estilos de vida y consumos superfluos.
Por tanto, la transición energética pasa por la transformación social profunda.

En los últimos años, desde la Fundación Sustrai Erakuntza hemos ido señalando una serie de alternativas para dar respuesta a la compleja situación en que nos encontramos y superar el esquema simplista de cambiar petróleo por renovables. Necesitamos un nuevo modelo energético no especulativo y basado en la planificación democrática:

Medidas para reducir y topar la demanda energética superflua: determinar las necesidades energéticas, sustituir el transporte privado, agricultura y ganadería ecológica, producción industrial, gestión de residuos basado en la recogida selectiva, compostaje y participación popular, paralización de macroproyectos energívoros y ecodestructores (TAV, Canal de Navarra, megaminería, centrales térmicas, polígonos solares y eólicos,…).Desconcentrar y descentralizar la producción y el consumo de energía.Propiedad y control social de la producción de energía que garantice el acceso universal a un bien básico como es la energía.Implicar a las zonas urbanas e industriales en la producción y en el ahorro energético.Compatibilizar la producción energética con la conservación de la tierra fértil, la biodiversidad y el patrimonio cultural.

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