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02/01/2015 :: Nacionales E.Herria

La batalla por la Amnistia. Amnistiaren aldeko guda

x Euskal Herriko Komunistak
La amnistía, desenmascara a todos aquellos que niegan o intentan desdibujar bajo diversas explicaciones que en Euskal Herria existe un problema de orden político

Castellano

Ninguna de las palabras que utilizamos en el curso de los debates, análisis políticos y luchas sociales son ideológicamente neutrales.
Fuera de la ideología, tales palabras pierden completamente su significado. Por lo tanto, al considerar cualquier concepto o término es posible proceder de varias maneras: o bien interpretarlo desde una posición que no penetra en sus fundamentos, o bien se intenta desnaturalizar, o se obvia, o bien se hace uso del método científico, que evidentemente no nos libera de la adhesión a una ideología, sino que nos obliga a pensar racionalmente y a situarnos en posiciones claras. Y precisamente de posiciones hay que hablar. El cese actual de la lucha armada de la organización ETA ha provocado la necesidad de retratarse respecto a un asunto que atañe al grupo de individuos más desprotegido del conflicto que se dirime en nuestro país. Este sector son los prisioneros políticos vascos y la cuestión cardinal en liza es la amnistía.

Hay momentos cruciales (y los actuales lo son) en los cuales cada grupo, organización, partido o fuerza social en Euskal Herria expresa sus posturas y eso ayuda en el análisis de quién es quién. En este caso concreto, la amnistía, que sobre todo es un concepto político (no sólo jurídico), consigue colocar a cada cual en el lugar que le corresponde en el actual panorama político de nuestro país y esto es así porque la amnistía, al actuar sobre un delito cometido, lo libera de culpa, ya que se reconoce la existencia de una situación previa injusta, causante de una respuesta de motivación política o social colectiva. Con la amnistía por tanto, una pluralidad de individuos que habían sido declarados culpables de uno o varios delitos pasan a considerarse inocentes por desaparición de la figura delictiva.

 

La amnistía, en definitiva, desenmascara a todos aquellos que niegan o intentan desdibujar bajo diversas explicaciones políticas que en Euskal Herria existe un problema de orden político y social y que esto ha traido consecuencias que hay que abordar. La amnistia se ha convertido en una batalla en donde cada actor asume un papel y actua en consecuencia. Algunos la niegan, los estados opresores y los partidos españolistas, otros la degradan, precisamente quienes quieren superar el conflicto político pero despolitizan a los presos vascos y a una forma de lucha, queriendo quitarles su protagonismo para sacarlos de la vida política. Hay quien habla de abandonarla como objetivo político estratégico, centrándose en los derechos de los presos como fórmula para reconducir el proceso “de lo posible”, y finalmente, se encuentran los que la olvidan de manera interesada, los que ayer decían que: “una decisión colectiva de abandonar las armas por parte de la Organización y un acuerdo con los presos políticos de ETA, sacaría a éstos en poco tiempo”.

Haciendo un repaso histórico, la Constitución Española de 1978 trajo consigo la prohibición expresa de indultos generales y el ejercicio de la amnistía quedaba relegado a la iniciativa monárquica. A lo largo de todo este tiempo de reforma española, en Hegoalde se ha perseguido, por medio de un movimiento popular y político amplio en el que la Izquierda Abertzale ha puesto todo su empeño, relacionar la amnistía con la consecución de un cambio del marco jurídico-político que pusiera las bases de un desarrollo del derecho del Pueblo Vasco a su emancipación.
Recordemos que, ya antes, el Gobierno Español redactó una ley trampa reflejada en la ley del 6 de octubre de 1977, en la que la amnistía fue en realidad una excarcelación que no abarcó a todos los disidentes políticos y fue aprovechada para imponer una autoamnistía, es decir, aplicar un tipo concreto de amnistía por la cual un estado decreta la amnistía para sí mismo en cuanto a los crímenes que los funcionarios estatales cometieron. []El fin de la autoamnistía por lo tanto era que no se pudieran levantar procesos contra los miembros del Estado que cometieron hechos delictivos y quedaran por tanto limpios de culpa.

En en Estado Español, la amnistía ha sido casi siempre una prerrogativa reservada al monarca. Ya en 1869, la constitución española exigía que el rey debía ser autorizado por una ley especial si quería ejercer el “derecho” de amnistía. Sin embargo, terminado el segundo levantamiento carlista, y como había sucedido en la primera insurrección de 1833, la nueva Carta Magna no incluyó el concepto de amnistía sino el de indulto. Este cambio originó que la salida de prisión o la vuelta del exilio de los carlistas vascos fuese condicionada a la aceptación de una serie de consideraciones, entre ellas el arrepentimiento, el reconocimiento de la nueva legislación y, en algunos casos, incluso la delación.

En la actualidad, y como en el pasado, hace algo más de dos años el Gobierno Español a través de su ministro de interior hizo pública su oferta (como en las insurreciones carlistas) para un proceso de “reinserción” de los presos políticos vascos, una readecuación actualizada de un chantaje histórico. En un primera fase, los presos políticos tendrían que “mostrar su voluntad de dejar atrás el terrorismo de forma clara, solemne y pública”, renunciar a ETA en un documento por escrito rompiendo de forma “clara y sólida con la organización a la que pertenecían” y participar en “aulas dirigidas a su educación en valores y formación laboral”. Todo ello sin necesidad de “pedir perdón”.

Una vez cumplida esa primera fase de acogerse al programa, “podría” abrirse una posibilidad de ser trasladados a cárceles “próximas a su domicilio” si cada preso cumple con ciertos requisitos añadidos: “petición de perdón”, “colaboración con la justicia” y “compromiso de satisfacer la responsabilidad civil”. Tras el cumplimiento de la segunda fase, además “podrían acceder a un grado penitenciario más flexible”. En los últimos tiempos desde el Ministerio de Interior se ha añadido repetidamente el mensaje de que “mientras ETA no se disuelva, no va a variar la política penitenciaria ni la dispersión de los presos”.

Por supuesto, PNV-UPN, en su linea habitual de colaboracionismo, valoraron positivamente y prestaron su apoyo. El Partido Nacionalista Vasco fue más alla. El regionalismo vascongado esperaba que las medidas del Gobierno de Madrid se acompañasen con más medidas para “apuntalar el fin de ETA y consolidar la paz”.

El Estado Español y el Francés son conscientes de que la lucha por la emancipación de nuestro pueblo no ha terminado, esa es la razón precisamente por la que los estados insisten en arrebatar el carácter político e ideológico de todo preso encarcelado en relación a la lucha por la liberación nacional y social vasca y someter a la amnistía a un marcaje represivo profundo.

En la Izquierda Abertzale en general y los abertzales comunistas en particular debemos visualizar que, dado que el conflicto va a continuar, en el camino hacia la amnistía todo avance en la mejora de condiciones en las cárceles desde un punto de vista humanitario es deseable y por lo tanto, la lucha por la amnistía y los derechos de los presos debe complementarse y en ningún caso son contrapuestos. Por eso es y será positivo el surgimiento de cualquier grupo independiente que desarrolle la reivindicación de la amnistía y también es y será positivo toda iniciativa en defensa de los derechos de los presos.

Es evidente que nunca, por voluntad propia, los distintos gobiernos hispano-franceses darán marcha atrás a sus políticas carcelarias si no se crean unas condiciones de presión necesarias que así lo logren. Ni la reivindicación de amnistía de los presos ni las mejoras de sus condiciones de vida debe desaparecer del horizonte de lucha sino que necesitan inevitablemente estructurarse y hacerse visibles todavía más ya que, nuevamente se vislumbra, al igual que a finales de los 70, que ambas cuestiones sólo vendrán de la mano de una lucha popular y política consciente que necesitará elevar la presión hasta el límite requerido.

Sin embargo hemos de admitir que para poder forzar una amnistía se necesita una correlación de fuerzas, no sólo favorable, sino también amplia que hoy por hoy no se tiene. Ser conocedores de nuestra realidad y sabedores de nuestras fuerzas para abordar las tareas y plantearnos los objetivos nos ayudará a combinar el trabajo de lo táctico y de lo estratégico.

Las prioridades en los objetivos vienen marcadas inevitablemente en función de las fuerzas acumuladas. Por todo ello llamamos a acompañar, participar y a organizar la marcha del día 10 de enero y a seguir en el combate por la lucha de los derechos de los prisioneros políticos vascos hasta conseguir la ansiada amnistía.

EHK (Euskal Herriko Komunistak)


Euskera

Eztabaidetan, azterketa politikoetan eta klase-borroketan erabiltzen ditugun hitzetatik bat ere ez da neutrala. Ideologiaz kanpo, hitz horiek beren esanahia galtzen dute erabat. Hortaz, edozein kontzeptu edo termino aztertzean, modu batzuetan joka daiteke: funtsetan sartu gabe interpretatzea, urardotzen saiatzea, saihestea, ala metodo zientifikoa erabiltzea. Azken horrek ez gaitu askatzen ideologia baten atxikimendutik, baizik eta zentzuz pentsatzera eta kokapen argietan jartzera behartu. Eta, hain zuzen, kokapenez hitz egin behar da. ETA erakundearen borroka armatuaren bukaerak kontu bati buruz aitortzeko beharra eragin du. Kontu hori gure herriko gatazkako talderik babesgabeenari dagokio: euskal preso politikoak. Eta eztabaidako gai nagusia amnistia da.

Une erabakigarri batzuetan (eta oraingoak badira), Euskal Herriko gizarte-indar, talde, erakunde edo alderdi bakoitzak bere jarrera adierazten du, eta horrek “nor den nor” azterketan laguntzen du. Kasu zehatz honetan, amnistiak, batez ere kontzeptu politiko izanik (ez juridiko soilik), bakoitza gure herriko panoraman dagokion lekuan kokatzea lortzen du. Izan ere, amnistiak, egindako delitu batean eragitean, errutik askatzen du, aurreko egoera bidegabe baten existentzia onartzen baita, eta horrek motibazio sozial edo politikoko erantzun bat eragin zuela. Amnistiaz, beraz, delitu baten edo batzuen erruduntzat jotako batzuk errugabetzat jotzen dira delitu-figuraren desagerpenagatik.

Batzuek Euskal Herrian arazo politiko eta soziala badagoela eta horren ondorioei heldu behar zaiela ukatu edo, hainbat azalpen politikoz, desitxuratzen saiatzen dira, eta amnistiak, laburbilduz, agerian uzten ditu. Amnistia gudu bihurtu da, eta bertan aktore bakoitzak paper bat hartu eta horren arabera jokatzen du. Batzuek, estatu zapaltzaileek eta alderdi espainolistek, ukatu egiten dute; beste batzuek, degradatu; horiek, hain zuzen, gatazka politikoa gainditu nahi baina euskal presoak eta borroka modu bat despolitizatzen dituzte, protagonismoa kendu nahian, bizitza politikotik ateratzeko. Batzuek helburu politiko estrategiko gisa bertan behera uzteaz hitz egiten dute, presoen eskubideetan zentratuz “posiblearen” prozesua berbideratzeko.
Eta, azkenik, beste batzuek modu interesatuan ahazten dute, atzo “Erakundearen aldetik armak uzteko erabaki kolektibo batek eta ETAko preso politikoekiko akordio batek horiek denbora laburrean kaleratuko” lituzketela ziotenek.

Historia errepasoa egiten, 1978ko Espainiako Konstituzioak indultu orokorren debekapen zehatza ekarri zuen, eta amnistiaren erabilera ekimen monarkikora mugatuta geratu zen. Espainiar erreformaren garai oso honetan, Hegoaldean amnistia marko juridiko-politikoaren aldaketa baten gauzatzearekin lotu nahi izan da, Euskal Herriaren askapenerako eskubidea garatzeko oinarriak ezartzeko, eta horretan Ezker Abertzaleak bere ahalegin guztia egin du, herri mugimendu politiko zabal baten bidez. Gogora dezagun lehenago ere Espainiako Gobernuak tranpa-lege bat idatzi zuela, 1977ko urriaren 6koa: amnistia horren bidez ez ziren disidente politiko guztiak espetxetik atera eta buruamnistia ezartzeko baliatu zen, hau da, Estatuak amnistia bere buruarentzat dekretatu zuen bere funtzionarioek egindako krimenei zegokienez.
Buruamnistiaren helburua, beraz, delitu egitateak burutu zituzten Estatuaren kideen aurka epaiketarik ezin abiatzea zen, eta hortaz erruz garbi geratzea.

Espainiako Estatuan, amnistia ia beti erregeren eskumen esklusiboa izan da. Jada 1869an, Espainiako konstituzioaren arabera, erregek amnistiaren “eskubidea” erabili nahi bazuen, lege batek baimendu behar zion. Hala ere, bigarren karlistada amaituta, 1833ko lehenengoan bezalaxe, Lege Nagusi berriak ez zuen amnistiaren kontzeptua hartu, indultuarena baizik. Aldaketa horren ondorioz, euskal karlistek espetxetik irten edo erbestetik itzuli nahi bazuten, baldintza batzuk onartu behar zituzten, besteak beste damua, legedi berriaren onespena eta, kasu batzuetan, salaketa ere.

Gaur egun, iraganean bezala, orain dela bi urte eta zenbait Espainiako Gobernuak bere barne ministroaren bidez jakitera eman zuen bere eskaintza (karlistadetan bezala) euskal preso politikoen “bergizarteratzeko” prozesu baterako, xantaia historiko baten egokitzapen eguneratua. Lehen fasean, preso politikoek “modua argian, irmoan eta publikoan terrorismoa atzean uzteko borondatea erakutsi” beharko lukete, ETAri uko egin agiri idatzi batean “zeuden erakundearekin argi eta irmoki” hautsiz eta “balore eta lan hezkuntzarako ikasgeletan” parte hartu. Hori guztia “barkamenik eskatu” behar gabe.

Programari heltzeko lehen fase hori beteta, “baliteke” bizilekutik hurbileko espetxe batera lekualdatzeko aukera zabaltzea preso bakoitzak gehitutako zenbait eskakizun betez gero: “barkamen eskaera”, “justiziarekiko kolaborazioa” eta “erantzukizun zibila betetzeko konpromisoa”. Bigarren fasea bete ondoren, gainera “espetxe gradu malguago bat jaso lezake”. Azken garaietan Barne Ministeriotik behin eta berriro mezu bera erantsi da: “ETA desegin ezean, ez da aldatuko ez espetxe politika ez presoen sakabanaketa”.

Jakina, EAJk eta UPNk, beren ohiko kolaborazionismo ildoan, onetsi eta beren laguntza eskaini zuten. Eusko Alderdi Jeltzalea harago joan zen. Erregionalismo baskongadoaren esperoan, Madrilgo Gobernuaren neurriekin batera “ETAren amaiera laguntzeko eta bakea finkatzeko” neurriak ezarriko ziren.

Espainiako Estatuak eta Frantziakoak ondo dakite gure herriaren burujabetzaren aldeko borroka ez dela bukatu. Horrexegatik tematzen dira euskal nazio eta gizarte askapenarekin lotuta espetxeratutako preso guztiei izaera politikoa eta ideologikoa kentzen eta amnistiari zapalkuntza markaketa sakona egiten.

Ezker Abertzalean oro har eta abertzale komunistok bereziki argi ikusi behar dugu, gatazkak iraun egingo duenez gero, amnistiarako bidean espetxeetako egoeretan edozein hobekuntza ikuspuntu humanitariotik desiragarria dela, eta beraz amnistiaren aldeko eta presoen eskubideen aldeko borrokak osagarriak direla eta ez inondik inora kontrajarriak.
Horrexegatik, onuragarria da eta izango da amnistia aldarrikatzen duen edozein talde independienteren sorrera, baita presoen eskubideen defentsarako edozein ekimen ere.

Gauza jakina da, beren borondatez, gobernu espainiar-frantsesek inoiz ez dutela atzera egingo beren espetxe politiketan hori lortzeko beharreko espetxe baldintzak sortzen ez badira. Ez presoen amnistiaren aldarrikapena ez euren bizitza egoeretako hobekuntzak ez dira desagertu behar borrokaren zerumugatik, baizik eta halabeharrez are ikusgarriago egin eta egituratu. Izan ere, berriro igartzen da, azken 70etan bezala, biak ala biak herri eta politika borrokaren eskutik baino ez direla etorriko, eta horrek presioa beharreko mailara altxatu beharko duela.

Dena den, amnistia behartu ahal izateko indar korrelazioa beharrezkoa dela onartu behar dugu, aldekoa ez ezik, zabala ere bai, eta gaur egun ez da. Zereginei ekiteko eta helburuak proposatzeko geure indarrak jakiteak eta geure errealitatea ezagutzeak taktikoaren eta estrategikoaren lana konbinatzen lagunduko digu.

Helburuen lehentasunak halabeharrez metatutako indarren arabera daude markatuta. Horregatik guztiagatik urtarrilaren 10eko martxan laguntzeko, parte hartzeko eta antolatzeko deia egiten dugu, baita euskal preso politikoen eskubideen aldeko borrokari eusteko, hainbeste nahi dugun amnistia lortu arte.


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