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Nacionales E.Herria :: 27/10/2006

La Izquierda Abertzale en la sala de los espejos

Hasier Arraiz
No olvidemos, ni por un momento siquiera, que Euskal Herria necesita una alternativa de izquierda con otro modo de ver, entender y sobre todo, de hacer política. Una política que dé prioridad al rendimiento social por encima del económico de unos pocos

Quien en alguna ocasión ha visitado algún parque de atracciones habrá tenido oportunidad de estar en la que suele denominarse Sala de los Espejos. Es una o varias dependencias repletas de espejos en las cuales vemos nuestra propia imagen deformada de las más variadas formas. Quien visita esta atracción proyecta una sola imagen pero depende a qué ángulo mire le será devuelta una u otra, sin que ninguna de éstas tenga mucho que ver entre sí, menos aún con la imagen original, la nuestra. Los espejos aprehenden una sola imagen pero devuelven cada uno de ellos una distinta a la persona que en ellos se refleja. Aunque el trabajo que nos ha hecho desembocar en el Proceso viniera de largo, lo cierto es que sólo han transcurrido siete meses desde que formalmente lo iniciamos con la declaración de alto el fuego por parte de la organización ETA.

Cuando menciono el trabajo de la Izquierda Abertzale en los últimos años, no sólo me refiero a todas las conversaciones entre interlocutores políticos, es decir, a todos aquellos puentes que se construyeron y se mantuvieron en pie hasta en las condiciones más adversas. Me refiero también al trabajo interno, el trabajo de análisis, reflexión y debate en el cual la Izquierda Abertzale fue pergeñando y madurando el actual escenario político. Sin lugar a duda, se han dado otros factores exógenos, -como el propio cambio de Gobierno en el Estado español -, sin los cuales el escenario sería radicalmente distinto. Pero tan cierto como eso es que las aportaciones hechas por la Izquierda Abertzale, sustentadas en esa larga reflexión compartida por su base militante, han sido sustanciales para ese cambio de escenario.

Y ahora, con todos sus altibajos, estamos en ese Proceso, en esa oportunidad histórica, que con ahínco, audacia y dosis considerables de sufrimiento y penuria la Izquierda independentista vasca ha buscado. Cuando en la Izquierda Abertzale en caso de tener que denominar al proceso no lo solemos llamar "Proceso de Paz" porque nos parece que a menudo tras esa denominación se esconden el interés por vaciarlo de contenido. Por eso, si tenemos que definirlo, preferimos el calificativo "democrático". Hablamos de "proceso democrático " porque consideramos que su fin último, -la superación del conflicto político que enfrenta a este pequeño Pueblo de ambos lados del Pirineo con dos grandes Estados europeos-, sólo llegará cuando la ciudadanía del mismo vea reconocido y respetado su derecho a decidir libremente su futuro político. ¿Hay acaso algo más democrático que los Estados (español y francés) respeten lo que el Pueblo (vasco) decida libremente?

Este incipiente proceso de diálogo, negociación y acuerdo político es la particular sala de los espejos de la Izquierda independentista vasca. Es cierto que a menudo la propia Izquierda Abertzale tiende a mirarse en un solo espejo, el de quien se sienta enfrente suyo,- ya sean representantes del Gobierno español en una mesa o del Partido Socialista de Euskadi en la otra -, sin embargo, no podemos obviar que la sala que nos rodea (el proceso) está repleta de espejos. A veces tendemos a obsesionarnos con ese espejo de enfrente: ¿tiene voluntad política el Gobierno español? ¿Está dispuesto el PSOE a llegar hasta el final, hasta un acuerdo de superación real del conflicto? ¿Busca solamente la rendición militar de ETA y pretende aderezar ésta con una reforma estatutaria que no solucione el problema de fondo? ¿Respetará Zapatero, tal y como dijo públicamente, lo que los vascos y las vascas decidamos libre y democráticamente?

Son dudas reales, dudas que crean la lógica preocupación a quien si tiene voluntad firme de llevar el proceso hasta el final. Pero sin obviar tampoco la enorme importancia de ese espejo, considero que la Izquierda Abertzale no sólo no puede perder de vista el resto de espejos sino que se tiene que mirar más en ellos.

¿Qué espejos? Son muchos, demasiados en una sala repleta, pero por citar alguno de ellos mencionaré aquel espejo mediante el cual no ya la Izquierda independentista, sino Euskal Herria en su conjunto está mandando una señal al mundo. ¿Qué señal estamos enviando al mundo, a ese mundo preocupado por problemas tan grandes y tan graves, pero que por un momento empieza a mirar siquiera de soslayo lo que está empezando a ocurrir en este pequeño rincón del regazo del Cantábrico?

O, ¿qué imagen nos devuelve aquel espejo en el que la izquierda independentista vasca proyecta su imagen a su propia gente, a nuestra base social? ¿Cómo se nos ve? ¿Qué nos pide nuestra gente? ¿Qué izquierda independentista queremos? Nuestras propias heridas, las que hemos hecho y las que nos han hecho, nos han hecho llegar hasta aquí. Hemos llegado hasta aquí a pesar de como somos y hemos llegado hasta aquí porque somos como somos. Podríamos haber llegado antes. Podíamos haber llegado más lejos y, sin embargo, hasta aquí hemos llegado. Hemos instalado el debate político dónde queríamos: derecho de autodeterminación para Euskal Herria. Nos ha costado treinta años y mucho sufrimiento, propio y ajeno. Pero lo hemos conseguido. Nuestra gente se lo merece todo y ahora nos merecemos ser generosas en nuestra victoria política. Es momento de compartir nuestro próximo reto con todos los sectores populares a favor de un marco realmente democrático, es momento de crear nuevas alianzas para el cambio político.

Y otro espejo más. Aquel en el que nuestro propio Pueblo, la sociedad de Euskal Herria, nos dice qué espera de la Izquierda independentista. Qué espera ahora y qué espera de aquí a unos años. Y ese espejo nos susurra que lleva mucho tiempo esperando, con la "impaciente paciencia" de Tomás Borge, una alternativa de izquierda audaz y amplia, una alternativa de izquierda a pie de calle y capacitada para cuestionar la hegemonía político-institucional de una derecha asentada en el poder para siempre. Una alternativa real y atractiva que cree nuevas sinergias sociales frente a una derecha sin escrúpulos, -llámese PNV, UPN o UMP-, una derecha que ha hecho negocio hasta del propio conflicto político, una derecha que sólo ha actuado y sigue actuando por propio interés de clase, una derecha que sólo gira en el tablero político cuando intuye que puede perder espacios de poder.

La sociedad de Euskal Herria necesita, por respeto a todos los derechos conculcados durante tantos años y por cuestión de simple supervivencia como identidad nacional diferenciada, -un acuerdo global que dé por superado el conflicto político. Ésa es la prioridad a día de hoy, pero no olvidemos, ni por un momento siquiera, otras necesidades de nuestra sociedad: Euskal Herria necesita una alternativa de izquierda con otro modo de ver, entender y sobre todo, de hacer política. Una política al servicio de la gente, una política con y para la gente, una política creíble y real que dé prioridad al rendimiento social por encima del económico de unos pocos. En definitiva, una práctica política radicalmente contrapuesta a la política convencional, una práctica política para construir una Euskal Herria diferente desde la izquierda.

* Hasier Arraiz es miembro de la Mesa Nacional de Batasuna

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