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21/04/2012 :: Nacionales E.Herria

Martxoko Iraultza (La revolución de Marzo)

x Movimiento Popular de Gasteiz
Queremos denunciar por tanto la violencia policial que hemos sufrido a lo largo de todo marzo. Basta.

Marzo ha resultado un mes clarificador en Vitoria-Gasteiz. Nuestra pequeña ciudad se ha transformado en un inmejorable escenario para la representación de la lógica del poder.

El decorado llevaba tiempo trabajándose: aumento constante de la precariedad, disminución del gasto público destinado a necesidades básicas, aumento del gasto público destinado a intereses privados de los bancos, criminalización de pobres y migrantes… Y como guinda, una reforma laboral vergonzante, pre-democrática. Por último, una campaña propagandística masiva por parte de los poderes políticos, económicos y mediáticos centrada en disfrazar de verdad objetiva la falsedad del “no hay más remedio”. Con el fin último de garantizar, aún en este violento escenario, una absoluta paz social.

La propaganda no ha cumplido totalmente sus objetivos. A lo largo de marzo, agrupadas bajo el “existen alternativas”, los actores y actrices disidentes hemos sido más y nos hemos hecho ver en más ocasiones. El 3 de marzo, el 8, en contra de los recortes, en infinidad de variadas iniciativas. Cerrando el mes, en la huelga general del 29 de marzo tomamos el escenario, las calles, masivamente.

Ha sido entonces cuando han salido a luz los límites de la obra. En el momento en que hemos mostrado deseo y determinación para transformar el guión entre todas, han hecho entrar violentamente a la policía en el escenario. Decenas de personas identificadas, detenidas y heridas, impedimentos a los piquetes, violencia gratuita. La actitud policial vulneró el propio derecho a la huelga. Todo para hacernos comprender que el escribir el guión es labor de unos pocos, que a la inmensa mayoría nos corresponde resignarnos a sufrirlo. Para inculcarnos de una vez que el derecho a ser coescritoras del guión social termina en el momento en que se nos ocurre escribir algo que no es de gusto del poder.

Entre las actoras desobedientes de marzo, debemos subrayar un actor colectivo que ha sacudido la escena de manera especial: la juventud. Nos ha ilusionado el tener noticia de las nutridas asambleas abiertas que han celebrado en barrios y centros de enseñanza bajo el lema “Gazte altxa, hasi da martxoko iraultza!”, el ver trabajando en común a jóvenes de distintas procedencias e ideologías. Se nos dibujaba la sonrisa al ver a tanta juventud en la calle junto a nosotras luchando por transformar un modelo social que la condena a la esclavitud.

Parece ser que el enfado de algunos ha sido directamente proporcional a nuestra alegría, que hay quien ha visto motivos para la preocupación donde nosotras los veíamos para la esperanza. Un breve repaso: el 3 de marzo, cientos de jóvenes cortaron la carretera en una sentada que exigía responsabilidades frente a las sedes del PP y de la delegación del Gobierno. Frente a la chavalería que se mantenía sentada y con las manos en alto, comenzó una larga tormenta de golpes que dejo 15 heridos y 4 detenidos. Después, unos treinta encapuchados tomaron el servicio de urgencias de forma intimidatoria en busca de heridos a los que imputar. Acción denunciada unánimemente por el comité de empresa, quien ha solicitado una queja formal ante el departamento de interior. Esta misma juventud organizada convocó una manifestación en denuncia de lo ocurrido, convocatoria que fue prohibida bajo el argumento de que el lema “jo ta ke irabazi arte” podía incitar a la violencia (lo que se grita habitualmente en los estadios del Alavés o del Baskonia no se puede gritar en nuestras calles). Desde entonces, han continuado denunciando una atosigante presencia policial en todas sus iniciativas.

Y llegamos a la huelga del 29. A la actitud policial general señalada anteriormente, tenemos que sumar una obsesión represiva hacia la juventud. Cargas policiales en institutos, en la universidad, una especial fijación con personas jóvenes… y lo ocurrido a Xuban. Xuban, uno de los participantes de esta iniciativa juvenil que ha refrescado nuestra ciudad, ha pasado seis días en el hospital, tres de ellos ingresado en la UCI en estado grave, a consecuencia de un pelotazo en la cabeza disparado a escasos metros. Al día siguiente, la Ertzaintza impidió violentamente la concentración del movimiento 15M en contra de la violencia policial y en solidaridad con Xuban.

Lo sufrido por Xuban, y lo que por suerte no pasó pero podía haber pasado, no es “fatalidad”, sino consecuencia directa de una actitud policial habitual. ¿Cómo es posible que la Ertzaintza disparase pelotas contra las manifestaciones centrales del día que reunieron a miles de personas de todas las edades? ¿A donde apuntaban, a la multitud? ¿Cómo es posible que se dispare a la cabeza a unos pocos metros de distancia? (Este escrito comenzó a moverse entre los firmantes a partir del 4 de abril. Desde entonces, la Ertzaintza nos ha dado tristemente la razón. Iñigo, gogoan zaitugu!)

Queremos denunciar por tanto la violencia policial que hemos sufrido a lo largo de todo marzo. Basta. ¿Hasta cuando tendremos que continuar padeciendo una policía que silencia las problemáticas sociales a base de golpes? ¿Acaso es este el margen que nos deja esta democracia para la crítica, frente a los ataques en forma de recortes y reformas laborales de los poderosos?

Queremos también mostrar nuestro apoyo y nuestra solidaridad a la juventud de nuestra ciudad. El 3 de marzo estas jóvenes dijeron: “Nos quieren robar los derechos que nuestros padres y madres ganaron en la lucha”. Y se organizaron para hacer frente al robo. Después de 1976, Martin Villa explicó de una manera muy didáctica el objetivo de la represión que asesinó a 5 personas, al afirmar que el objetivo no era matar a cinco trabajadores sino, mediante esos cinco, “meter en cintura al resto”. Parece que el poder quiere aplicar la misma receta pedagógica, parece que apaleando a Xuban y a otras pretende docilizar al resto. Porque el ataque contra nuestros derechos sociales no ha hecho más que comenzar, y a la hora de imponerse sin resistencias, una juventud luchadora y organizada que se preocupa por las injusticias sociales podría convertírseles en un problema.

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