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Nacionales E.Herria :: 22/11/2005

Mikel Soto - Ciudadano torturado

Esperanto
Un agente procedió a explicarme la situación "tienes dos opciones, o te sientas en una silla y nos cuentas o te quitas la ropa, te tumbamos en el suelo, pruebas la bolsa, los electrodos, la bañera, te hostiamos y luego nos cuentas"

En todo momento y durante los interrogatorios, ya fuese cuando me golpeaban, cuando me echaban el agua o cuando me ponían la bolsa, cuando no podía más tenía que decir, "pare comisario", y según me decían, pararían, pero no lo hacían siempre». (...)«Un guardia civil se me puso encima y comenzó a hacerme la bolsa, lo pasé muy mal, comencé a moverme y casi le tiro. Se enfadó y les ordenó a otros dos que se echaran encima de mí para que no pudiera moverme». (...) «Los policías que estaban allí eran los mismos que me habían obligado a aprender la declaración en los interrogatorios, y ello era evidente, porque si se me olvidaba algo, de nuevo volvían al mismo tema». (...) «Era como si fuera una visión. Después, en el cristal veía una película de tipo pornográfico, ante lo cual prefería cerrar los ojos para que no me afectara más». (Testimonios de Jorge Olaiz, Aitor Sola, Ibai Aiensa y Pedro de Miguel)

Hay quien dice que los y las torturadas hablamos una especie de esperanto. Si dos personas que han sido torturadas hablan sobre la tortura, si una persona torturada lee un testimonio de otra; cada silencio, cada coma, cada expresión es autoexplicativa. No hace falta profundizar más, no hacen falta detalles, todo se sobreentiende. Es decir, se entiende demasiado. Pero nunca se termina por entender todo. La mayoría de personas torturadas sigue buscando en ese esperanto la explicación definitiva, la satisfactoria. Da igual que duelan los silencios, las comas y los signos de admiración, duele más aún la incomprensión o la sobrecomprensión.

Escribía Joxe Azurmendi que para el torturado la tortura jamás se convierte en pasado y es verdad. Jamás he encontrado una explicación tan satisfactoria al dolor común de los torturados. Cómo cerrar el pasado, sabiendo que en determinados momentos, en determinados lugares, cuando más lo necesitas, no eres persona, que no puedes mantener en pie la personalidad que creías haber cincelado en toda una vida. Es una verdad dura de comprender y de aceptar, que te mina, impidiendo que el pasado cicatrice en el presente.

Ni siquiera las personas que supieron mantenerse firmes y aguantaron la tortura sin doblegarse en un silencio lleno de gritos pueden sustraerse a ese lenguaje común. Bucean en las comas y en los silencios buscando su propia explicación y la de los demás.

Sin duda el lenguaje es un elemento que une a la comunidad y no cabe duda de que el esperanto de los torturados es un potente elemento identitario. Estoy seguro de que es capaz de alzarse por encima de épocas, razas, lenguas, nacionalidades o ideologías. No creo que Andreu Nin, Mehdi Ben Barka, Víctor Jara, Bobby Sands y Joseba Arregi tuvieran problemas para entenderse. Tampoco yo tengo problemas para entender a Jorge, Aitor, Leire, Ibai, Sergio, Iker y Pol. Nos entendemos. Me imagino que si alguna vez hemos conversado algunos de nosotros mediante nuestros testimonios, nos habremos sonreído, llorado, impresionado o ayudado al comprobar que algunos en vez de «pare comisario» tenían que golpear el suelo; que aunque decían que pararían no lo hacían casi nunca; que todos se enfadaban si te resistías; que todas las declaraciones son declamaciones; o que donde unos veían películas pornográficas otros veían Guernicas o Supermanes. Es raro, ya lo sabemos. Es nuestro nada recomendable esperanto.

Pero por desgracia las academias de Arkaute, Tres Cantos, Canillas... no cierran. No descansan, no dan descanso ni tregua. Tampoco la AN o los juzgados de Madrid o Donostia. Siempre están de guardia para demostrarnos que los vascos tenemos que ser como mínimo bilingües o trilingües. Esto último es lo único que es opcional.

Lo cierto es que opciones sí quedan, aunque se pretendan difuminar. Siempre queda como mínimo la opción ghandiana, ni más ni menos, que el otro día blandía L. M. Xirinacs de optar por el oprimido ante el opresor. También se puede optar por restituirle el honor a Atutxa, el otrora jefe de los torturadores de Arkaute, pero no parece una opción muy ghandiana, pese a ser ghandista.

Mejor optar por las once personas de Iruñerria y las decenas de toda Euskal Herria que van a pasar estas semanas por la AN. Mejor optar por todas esas personas que, aunque en algún momento dejaron de ser personas, van a mantenerse firmes en sus convicciones. Espero que todo les salga bien, pese a no tener muchas esperanzas. De todos es sabido que España es monolingüe hasta la médula y, conociendo a los traductores y jueces de la AN, dudo que haya alguno que conozca el esperanto. Ya lo sabemos, no es una lengua oficial.

Gara

 

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