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02/12/2018 :: Nacionales E.Herria

Por que hay que movilizarse contra las cumbres G20

x G20 Akatu! Herriok Erabaki
El mercado global impulsado por cumbres como la del G20, nos impone una forma de pensar, vivir y estar en el mundo estéril, vacía de contenido y superflua

A nadie se le escapa que este tipo de alianzas del poder, las cuales escenifican en forma de cumbres, foros, etc.; tienen como objetivo materializar políticas antisociales y perpetuar el injusto orden mundial que la mayor parte de la población mundial padece, para beneficio de una minoría. En este contexto, los derechos humanos y sociales son meros estorbos para sus fines, por lo que las protestas, más que legítimas, son imprescindibles para visibilizar el intolerable abismo de desigualdad que se abre en la humanidad y las terribles consecuencias que se vienen generando para el planeta y para generaciones venideras.


Nuestros pasos y nuestros ojos se dirigen hacia el mundo, que hace tiempo lleva amenazando con síntomas claros de devastación; humana, ambiental, económica, política…. Vivido de cerca, el mundo global esta lleno de oscuridades, de malestar, de guerras no declaradas, de fronteras enmascaradas, de violencias privatizadas. Con las zapatistas, aprendimos a decir que queríamos crear mundos en este mundo, con las okupas aprendimos a abrir espacios de vida en nuestros pueblos y ciudades, con la antiglobalización pusimos palabras y colores a otro mundo posible, con el movimiento contra la guerra, recordamos que, como siempre, los muertos los ponemos nosotras mientras que las guerras siguen siendo suyas y con los movimientos independentistas aprendimos que la lucha por el territorio es luchar contra el capital.


El mercado global impulsado por cumbres como la del G20, nos impone una forma de pensar, vivir y estar en el mundo estéril, vacía de contenido y superflua. Ese mismo mercado impone su ideología, su épica y su relato del consumo colonizando nuestras vidas y convirtiéndonos en meros espectadores de la masacre mundial que están realizando.


Pero frente a la ideología del capital, nosotras aprendimos de las revoluciones de los años 50 y 60, de las practicas del coperativismo social, de apoyo mutuo y de autoorganización. Llego internet y tejimos redes de solidaridad, fraternidad, autónomas y autoorganizadas. Aprendimos de los hackers y de la cultura libre. Reinventamos el feminismo. Descubríamos los barrios como lugares de implicación, Europa como problema, para nosotras como para las que desean llegar desde la miseria del mundo planificada por el capital.


En resumidas cuentas, el G20 reúne a los gobiernos de los países que mayor responsabilidad tienen en cuanto a la violencia patriarcal, cambio climático, la crisis energética y alimenticia, la especulación financiera y la proliferación del modelo neoliberal y por ende la crisis civilizatoria. Al mismo tiempo deja afuera a los países más afectados por las políticas de liberalización empujadas por este foro, y sólo pretende incluirlos a través de proyectos de inversión neocoloniales.


Si miramos a los países del G20, la falta de referencia a la democracia y los derechos humanos no debería sorprendernos. Todos los países miembros del G20 tienen un alto déficit en la defensa de los derechos humanos, los derechos de los pueblos y de la naturaleza. Una parte de ellos ni siquiera cuentan con regímenes democráticos que respeten las libertades básicas de las poblaciones. Ninguno de estos países está en condiciones de dar lecciones sobre el respeto a los derechos humanos, empezando por EEUU que mantiene una política permanente de guerra y saqueo económico alrededor del globo.


En Brasil, por tomar otro caso, gobierna el fascista Bolsonaro que llegó al poder tras un golpe institucional. A esto se suma el encarcelamiento ilegítimo del ex-presidente Lula da Silva y los cotidianos asesinatos de luchadoras sociales. En México, las elecciones presidenciales de 2012 fueron un fraude. En los últimos 10 años ha habido más de 32.000 desaparecidos y, en tan solo un año, un total de 23,101 homicidios entre enero y noviembre de 2017.


Además, México está considerado, junto con Siria (país en estado de guerra), el país más peligroso para los periodistas. A esto se suma Arabia Saudita, dictadura monárquica donde la homosexualidad y el adulterio están penados con lapidación y las mujeres aún no pueden casarse, divorciarse, viajar, tener un trabajo sin el permiso de sus tutores varones. Otros países del G20 donde aún se aplica la pena de muerte son EEUU, China, Indonesia, Japón e India.


Asimismo, cabe señalar que en los países del G20 se encuentra la mitad de las y los migrantes y refugiados/as del mundo. Sólo en los países de la Unión Europea se encuentran más de un millón de personas, solicitantes de asilo político, emigrantes económicos, refugiados y refugiadas, víctimas de conflictos armados, migrantes en condición de vulnerabilidad, etc. Esto ha constituido una verdadera crisis humanitaria sobre la cual los países europeos, aún no han dado una respuesta política y humanitaria. Algunos países europeos como Hungría, han respondido con la construcción de muros para evitar el flujo de personas desde el oriente o, en el caso de Alemania, con la deportación a terceros países supuestamente seguros como Turquía (país que ha permitido la violación sistemática de derechos humanos). En este país, la disidencia es reprimida de forma implacable, y entre quienes sufren esa represión hay periodistas, activistas políticos y
defensores y defensoras de los derechos humanos


Una década después de la primera “Cumbre de Líderes” convocada de urgencia por el Presidente Bush en Washington, el G20 desembarcará por segunda vez en América Latina, pero ahora en un momento de debilidad, fragmentación y pérdida de autonomía de la región.
Desde 2008, grandes manifestaciones han acompañado las cumbres presidenciales: en Washington, Londres, Pittsburgh, Toronto, Seúl, Cannes, Los Cabos... hasta llegar a la semana de acción contra el G20 en Hamburgo en 2017, cuando cientos de miles se manifestaron durante varios días bajo el lema “el G20 no nos representa”.


A fines de 2016 se hizo público que Argentina sería anfitrión de la Cumbre presidencial y de la gran mayoría de las reuniones preparatorias en 2018. El gobierno argumenta que la llegada del G20 será la ocasión para poner
“las necesidades de la gente en primer plano”, buscar un “consenso para un desarrollo equitativo y sostenible”, discutir los modos de “liberar el potencial de las personas”, avanzar en la creación de un “sistema de provisión de alimentos más inclusivo y eficiente”, etc. Pero también ha trascendido que en el marco de un ajuste interno feroz, el gobierno ha dispuesto un fuerte operativo de seguridad con un presupuesto de más de 1.000 millones de pesos, mientras prevé la participación de las Fuerzas Armadas de Argentina y de otros países en tareas de “protección de un evento estratégico”.


El pueblo argentino va a salir a la calle. Como decían en rueda de prensa el otro día, en un comunicado leído por Nora Cortiñas madre de la plaza de Mayo: “El gobierno nos tiene miedo. La venida del G20 nos impulsa a seguir pensando cómo queremos vivir y a estar en la calle. No vamos a abandonar la calle, vamos a responder a todos los intentos de meternos miedo y a repudiar masivamente a la llegada de Trump y el G20 en su totalidad. El gobierno está haciendo todo lo posible para evitar la movilización. Esta intimidando a la ciudadanía. Pero nosotros estamos formando gente, educando, y debatiendo las políticas que quieren imponer sobre nuestros pueblos. No hay que tener miedo y tenemos que movilizarnos.”
Con la excusa de la reunión del G20, el gobierno está promoviendo la construcción de enemigos internos e intenta justificar niveles aún mayores de persecución de la disidencia política y de represión y criminalización de la protesta. A pocos días del inicio de las actividades del G20 y también de la contra-cumbre, el gobierno está instalando una campaña de miedo cuyo objetivo es intimidar a quienes quieran manifestarse, desmovilizar y desactivar las protestas. La vigilancia ilegal, la amenaza de represión y criminalización, y cualquier otra forma de intimidación, son limitaciones de derechos democráticos fundamentales como la libertad de expresión y el derecho de reunión.


Se han organizado numerosas movilizaciones para los próximos días. Todo el mes de noviembre se han realizado manifestaciones y acciones contra la llegada del grupo de los 20.


También se va a realizar una cumbre de los pueblos donde tomaran parte diferentes organizaciones sociales de américa latina.

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