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06/02/2019 :: Nacionales E.Herria

Pussy Riot en Euskal Herria. Algo sobre ellas

x EH-Donbass
Concluimos que se trata un grupo muy alejado de los valores socialistas, democráticos y anti-imperialistas.

Debido al concierto anunciado en Bilbao para esta semana del conocido grupo musical Pussy Riot, y debido a la admiración superficial que este grupo despierta (sea por el feminismo, antiautoritarismo o la estética punk) hemos resuelto hacer este dossier para desvelar la auténtica naturaleza imperialista, ultraliberal-derechista y anticomunista del grupo que actuará en Bilbao.

Pussy Riot utiliza la “libertad de expresión” para vender su mensaje. Claro está que defienden “el concepto de libertad de Occidente”, pero no les hemos oído nada en defensa de los artistas perseguidos en Occidente y en el Estado español. Alguien podrá decir que “la libertad de expresión no entiende de banderas”, pero por nuestra parte, salir en defensa de la “libertad de expresión” junto a los imperialistas por un caso en Rusia mientras nos callamos de las persecuciones en casa no es más que una derrota ideológica; sumando a ello que la defensa “abstracta” de la libertad de expresión, sin matices se asemeja al intervencionismo en nombre de los “Derechos humanos”.

Estamos seguros que nadie defendería la “libertad de expresión” de un grupo ultraderechista local (de Euskal Herria, Estado español o Europa occidental); pero sí en Rusia, donde parece ser más “urgente” porque así nos lo han hecho creer grandes holdings mediáticos u ONGs.

Como dicen los filósofos, tras la ideología hay más cosas. Mediante este dossier esperamos dejar claras algunas cosas. Si utilizamos bien la dialéctica, sabremos distinguir entre lo que se dice en apariencia, y quién cómo y contra qué (y a favor de qué) se utiliza eso que se dicen. Esto es, qué se esconde tras las ideologías aparentes, y cuáles son sus verdaderos objetivos. Este dossier pretende aclarar algunas cosas al respecto.

Un poco de historia y el “concierto” en la catedral ortodoxa

Se suele relacionar a Pussy Riot con el “concierto” o performance que hicieron en la Catedral del Cristo Salvador en Moscú, o con dos de las tres activistas (Nadezhda Tolokonnikova y Mariya Aliojina; la tercera, Yekaterina Samutsevich pactó una reducción de pena con el Estado). Pero el grupo es o era más extenso que ello.

Hoy en día no hay manera de saber exactamente qué es Pussy Riot. Como hemos dicho en un inicio el grupo fue más extenso que Aliojina y Tolokonnikova. Al parecer, el origen de Pussy Riot se encuentra en el colectivo de “arte performativo político” “Voina” (“Guerra”). El “arte” de “Voina” consistía en robos, provocar escándalos públicos (incluso con práctica de la zoofilia), y algunos ataques contra edificios o instituciones estatales (esto es, al “poder” abstracto, nunca a bancos o grandes empresas, o conflictos laborales). Resumiendo, Voina se dedicaba al viejo juego burgués de “epatar”, la guerra individualista o “creativa” del artista autoproclamado contra “la sociedad”, “la rutina”; “la planificación”: Esto es, el artista autoproclamado como nuevo paradigma del activista elitista (como “creador” que está por encima del pueblo). En una sociedad golpeada por el trauma de la caída de la URSS, el “antiautoritarismo” fraudo-marcusiano de Voina y Pussy Riot resulta ridículo.

El fundador y ahora portavoz de Pussy Riot Piotr Verzilov ya dijo una vez que su arte se dedicaba a atacar a los “valores del régimen”; pero no dijo nada sobre el sistema económico capitalista. (Claro que el arte performativo no tiene la misma acogida cuando se realiza en Occidente, en 2017 Francia deportó al miembro de Voina Piotr Pavlenski por una acción “performativa”. Anteriormente Pavlenski fue alabado en Occidente por acciones contra la FSB o por clavarse los testículos en la Plaza Roja “en protesta contra Putin”). Podemos interrogarnos sobre qué es lo que han aportado Voina y Pussy Riot a la escena política rusa, si han hecho avanzar el feminismo, el anarquismo o cualquier otra causa que defiendan; o tan sólo se han limitado a saciar su propia vanidad, reforzar la narrativa imperialista sobre la “falta de libertades” y a integrar un “frente antiputinista” con ciertos elementos indeseables, siendo el “color libertario” de dicha alianza.

La acción que catapultó a la fama a Pussy Riot, por lo menos bajo ese nombre, esto es, la acción en la Catedral del Cristo Salvador de Moscú entra dentro de la misma filosofía de “epatar”. Esta acción tenía como objetivo denunciar “el vínculo de Putin con la Iglesia Ortodoxa Rusa”, pero el verdadero objetivo era otro: atacar el viraje político estatista y en cierto modo colectivista, en forma de “ideocracia” rusa que Putin ha establecido desde el año 2000, esto es, atacar ideológicamente la “democracia soberana” en nombre de la “democracia liberal” –del individualismo ideológico de Occidente-; así lo dijo Tolokonnikova en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel (no conocemos que hayan hecho alguna acción parecida en Ucrania, aunque la neonata Iglesia Ortodoxa Ucraniana fue directamente creada por Poroshenko).

Pero también es cierto que la fama de las dos integrantes más conocidas ha oscurecido al resto del grupo; tanto que algunas integrantes originales hablaron de la escisión en el grupo. Pero no podemos decir que esta conversión ha sido algo solitario de Tolokonnikova y Aliojina, ya que algunos veteranos de “Voina”, como Piotr Verzilov han tenido mucho que ver en esta conversión: fueron él y el abogado Mark Feigin quienes han hecho de Pussy Riot una “marca” (y esto trajo el alejamiento del grupo de Yekaterina Samutsevich –y debido a esto Aliojina y Tolokonnikova amagaron en un primer momento en romper relaciones con Verzilov, pero no sucedió así, ya que Verzilov apareció como portavoz del grupo en 2018-). No podemos negar que esta estrategia les haya reportado beneficios: sus últimos vídeos han sido montados por el sueco Jonas Åkerlund, el mismo quien produce los vídeos de las grandes estrellas del pop comercial. ¡No es poco para un grupo de “punk anarquista”!

Por tanto, hoy “Pussy Riot” es más una marca o brand que siguiendo la estela de la fama de sus dos miembros más conocidas, actúa sin una membresía fija haciendo mítines políticos enmascarados de conciertos (del carácter que se puede esperar de estos mítines hablaremos más tarde). Por ejemplo, una vez actuaron al mismo tiempo en Bogotá y en Edimburgo. Por tanto, no podemos decir que las que vayan a aparecen en Bilbao sean Tolokonnikova y Aliojina u otras bajo la bandera de “Pussy Riot”. Curiosamente, Bilbao ya vivió una experiencia de ese tipo alguna vez.

Anticomunismo

En los grupos situados presuntamente a la izquierda, se extiende cada vez más, sobre todo en estos tiempos, la tendencia de discutir cada vez menos de clases sociales, modelos sociales, e intereses colectivos de masas, siguiendo la ideología de la “derrota de las grandes narraciones”. Así pues, la concepción de ideología como marca propia e individual es lo único que queda en cada vez más movimientos.

La estética punk con la que suele aparecer Pussy Riot destaca en ellas el carácter supuestamente “antiautoritario” del grupo. Aun así, más allá de la oposición a Putin poco sabemos de sus opiniones políticas, o del modelo social que pretenden implantar en Rusia una vez que consigan derrocar a Putin.

Pero si nos fijamos con atención, veremos que de vez en cuando han hecho declaraciones que traslucen su opinión política, aunque sea tangencialmente. Y estas son favorables a más capitalismo y totalmente contrarias a la experiencia de la Unión Soviética. Esto es, la base del esquema de Pussy Riot es “Putin está acabando con la poca libertad que hay en Rusia”; por tanto, se deduce que en su opinión la edad de oro de la libertad en Rusia sería la década neoliberal de los 90 (en la década de los 90 el presidente Yeltsin bombardeó el Parlamento, con todas las bendiciones de Occidente). En la famosa entrevista en Der Spiegel, donde Nadezhda Tolokonnikova hace profesión de fe “anticapitalista”, no hay ninguna mención ni valoración a la única experiencia anticapitalista vivida en Rusia, la Unión Soviética.

La “URSS” se nos aparece como una referencia negativa una y otra vez. Por ejemplo, sobre su juicio nos dijeron que “es similar a los sucedidos en la época de Stalin”. Y otra vez que “este juicio retrotrae a Rusia a la época soviética”, como si eso fuese negativo. No es la única vez que este grupo ha apuntado contra la URSS, Aliojina una vez dijo sobre la Rusia actual que “sólo le faltan los monumentos de Lenin y Stalin para ser la URSS”, y también otra cosa de más calado: “no hemos destruido el sistema soviético” (como si esa deconstrucción fuese necesaria). En ese juicio las integrantes de Pussy Riot citaron a Solzhenitsin como fuente de inspiración.

En un último artículo Tolokonnikova también ataca la Unión Soviética, alaba al propagandista y pseudohistoriador Timothy Snyder y describe como “liberación” la caída del Muro de Berlín –del socialismo- (además de meter en el mismo saco a Putin y Le Pen, aunque no tengan nada que ver).

Pero Mariya Aliojina va un paso más allá, ya que ella ha integrado una organización explícitamente anticomunista: ella ha creado el movimiento “Dekommunizatsiya” (“Decomunización”) junto al activista de extrema derecha Dmitri Enteo, “porque el Estado socialista convierte en máquinas a las personas”. No es nada raro que la “punk liberal” Aliojina se una a un extremista de derecha como Enteo en esta lucha contra el supuesto “estatismo excesivo” de Putin; para la filosofía “creativa” del epatamiento de Aliojina, Pussy Riot y Voina, el capitalismo neoliberal individualista de los 90 deja más espacio que el capitalismo estatista porst-2000. Entre las protestas de este movimiento está en equiparar las actuuales cárceles rusas con el “gulag soviético” y la actual FSB con la Cheka soviética (en sentido negativo, por supuesto). Esto es, ¡¡para Pussy Riot la Rusia actual es “demasiado soviética”, “demasiado comunista”, y eso hay que corregirlo!!

Vínculos con la extrema derecha rusa

A pesar de que la apariencia exterior parezca decir otra cosa, Pussy Riot está estrechamente conectada con la extrema derecha rusa. Cuando hay carencias ideológicas y de programa (y esto pasa muchas veces entre la “izquierda” posmoderna). La necesidad de llenar ese vacío hace que los movimientos inconsistentes de izquierda-derecha sean muy típicos.

Kanpo itxurak beste gauza bai ematen duen arren, Pussy Riotek errusiar eskuin muturrarekin lotura anitzak ditu. Askotan gertatzen da, ideologia berezkoa hutsala denean (eta hau “ezker” posmodernoari sarritan gertatzen zaio), norbere programaren hutsunea edozerrekin bete beharrak ezker-eskuin mugiaraztea.

Uno de esos vínculos es el político que aspira a ser presidente de Rusia y que Pussy Riot apoya, Aleksey Navalny. Las integrantes de Pussy Riot han mostrado repetidas veces su apoyo a Navalny, por ejemplo en el intercambio de cartas de Tolokonikova con el filósofo esloveno Slavoj Žižek (otro ejemplo aquí). Navalny es conocido por sus posiciones ultraliberales y racistas. De hecho un periódico poco sospechoso de “putinismo” como “El País” ya citó su participación en la ultraderechista “Marcha Rusa” en 2011. La prensa occidental critica mucho la situación de las minorías en el Estado multinacional de Putin, por no nos dice nada que el “liberal” Navalny, el amigo de las Pussy Riot pretende sustituir ese Estado por un Estado-nación ruso y limitar los derechos de las minorías.

Pero Navalny no es el político próximo a la oligarquía liberal que ha recibido las bendiciones de Pussy Riot. Allá por el 2013 ya mostraron su apoyo al famoso oligarca Mijail Jodorkovsky, quien se hizo famoso saqueando el patrimonio público de Estado: según Pussy Riot este es “el hombre apropiado para sustituir a Putin”. Bueno, ¡no es raro si hablamos de un grupo musical que toma los 90 como referencia! (¿Por qué seguimos relacionado a Pussy Riot con conceptos como “punk”, “feminismo” o “anarquismo”?).

Pero esta relación se nos aparece más estrecha si miramos quién es el abogado de Pussy Riot, Mark Feigin. Feigin es famoso por defender a ultraderechistas de Rusia y de países exsoviéticos, y él mismo fue de joven miembro de un grupo ultraderechista llamado “Solidaridad Nacional”, antes de pasarse al yeltsinismo a mediados de los 90. Hoy en día es miembro del movimiento “solidaridad” (“Solidarnost”) capitaneado por Gari Kasparov, pero eso no quiere decir que haya dejado de lado sus convicciones ultraderechistas: en 2014 defendió al colaboracionista fascista de la II Guerra Mundial Andrei Vlasov, en un documental televisivo. Entre los defendidos por Feigin están Nadiya Savchenko, la famosa piloto ucraniana de extrema derecha que fue detenida en Rusia. Otro es el neonazi Iliya Goriachev, condenado por matar a dos personas. También el islamista ruso Geidar Dzhemal y Arkadi Babchenko, el periodista “disidente” que fingió su asesinato en Kiev en colaboración con el servicio secreto ucraniano.

Entre las “hazañas” de dicho grupo está el repetido apoyo dado al Maidan ucraniano. Pussy Riot fue una de las mayores justificadoras del golpe. Ya en 2013 Piotr Verzilov defendió al Maidan. En marzo de 2014, Tolokonnikova visitó Kiev donde llegó a decir que “en el Maidan no hay neonazis” y que “Rusia es la potencia agresora” (por tanto, presentó un golpe de Estado como una acción de independencia); y es más, dijo que “estas protestas son una inspiración para Rusia”. En 2014 se opusieron a los referéndums de autodeterminación de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, argumentando que “eran resultado de la invasión rusa”. Pussy Riot son capaces de ver “autoritarismo” bajo Putin, que gobierna una república burguesa democráitca multipartidista, pero no lo ven en la Ucrania semifascista post-Maidan. Lo último es la defensa de Oleg Sentsov, detenido en Crimea por preparar atentados junto al Sector Derecho.

Pero las relaciones pueden ser también personales, como por ejemplo, entre Mariya Aliojina y Dmitri Enteo (hemos mencionado que ambos forman parte del movimiento “Decomunización”). En esto no hay nada raro, quien conozco un poco la sociología rusa sabe que los liberales radicales y los extremistas de derecha comparten contexto social: los ambientes de clases medias de Moscú y San Petersburgo (la prensa liberal alaba este frente unido).

Vínculos con el imperialismo

La ausencia de un programa político creíble, y de unas raíces en el pueblo y en los movimientos sociales del país son síntomas de este tipo de movimientos “epatantes”, “anti” y en el fondo, individualistas. Eso hace que su único asidero para cumplir sus oibjetivos políticos sea el apoyo externo, como pasa esta vez.

Como hemos dicho, este grupo es poco más que una operación propagandística de Occidente. Esto se ve claramente en el apoyo que en repetidas ocasiones han brindado al imperialismo, así como que los principales capitostes del imperialismo occidental han bridado a ellas (por ejemplo, el Parlamento europeo, el Parlamento alemán o algunos think tank imperialistas). Las integrantes de Pussy Riot se han mostrado más de una vez como partidarias de sanciones más duras contra Rusia (un ejemplo aquí). Eso sí, durante esas visitas a Occiente jamás han criticado los déficits de derechos o persecuciones políticas que se dan en los países agasajadores.

Por un lado, en un contexto sensible como el que vivimos, con el golpe de Estado contra la República Bolivariana de Venezuela, debemos hacer notar la cercanía de las dos “stars” de Pussy Riot con el golpista Leopoldo Lopez. Y eso por no mencionar la participación en la campaña de la candidata belicista, partidaria de endurecer las agresiones contra Siria, Rusia e Irán, Hillary Clinton (esto también será justificable bajo la bandera del “feminismo”).

Pero Venezuela y Rusia no son los únicos países en el punto de mira del imperialismo atacados por Pussy Riot. En 2016, arremetieron contra Assad, en medio de la agresión imperialista contra Siria. Antes, en una de las comparaciones negativas hacia Putin, compararon a este con Gaddafi y Kim Jong Un. Esta última entrevista es de 2012, después de que los mercenarios de la OTAN matasen a Gaddafi.

Conclusiones

Lo explicado en este dossier muestra claramente qué se nos esconde tras el grupo que actuará en Bilbao. A pesar de que banderas tan atractivas para la izquierda como “antiautoritarismo” o “feminismo” les ha servido para esquivar críticas; tras haber analizado quién y para qué les da vos y tras examinar su verdadera ideología que se encuentra bajo el caparazón del antiautoritarismo digno de complejo freudiano, concluimos que se trata un grupo muy alejado de los valores socialistas, democráticos y anti-imperialistas.

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