Sobre el espacio de izquierda independentista
Hoy es incuestionable el fracaso del entramado Estado español-PNV-EE para asimilar la reivindicación nacional vasca. Esa es la victoria política de la izquierda abertzale
El debate y las interpretaciones en torno a la articulación de un espacio de izquierda independentista siguen sacudiendo las posiciones e interrogantes de diferentes agentes políticos y sociales.
Es palpable el nerviosismo que se suscita, curiosamente coincidentes en sus apreciaciones y consideraciones, en dirigentes del PNV y Aralar, en torno al denominado “polo soberanista” mientras, al contrario, en mayores sectores sociales esa expectativa se percibe con interés aunque, eso sí, con las lógicas prevenciones.
Esta misma semana la izquierda abertzale ha remarcado su voluntad de trabajar y aportar por una acumulación de fuerzas independentistas y progresistas con perfil estratégico. Es decir, más allá de tacticismos y aritméticas electorales el independentismo tiene, a nuestro entender, que convertirse en el sujeto determinante para un nuevo ciclo político en Euskal Herria.
Hace 30 años, con la constitución y estatutos como instrumentos jurídicos, el Estado español integró a un espacio abertzale (PNV y EE) en las coordenadas políticas del postfranquismo dejando, como consecuencia, en manos de los dirigentes del PNV la gestión del entramado administrativo autónomo en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y del PSN en Nafarroa.
En todo este período de tiempo los intereses político-económicos que representa el PNV han ido enraizándose en un modelo autonómico-administrativo que, eso sí, la lucha de la izquierda abertzale ha ido desenmascarando ante, cada día, más sectores de la sociedad vasca.
Hoy, en la antesala del treinta aniversario del modelo constitucional-estatutario, es objetivo e incuestionable el agotamiento y, a su vez, fracaso de este entramado jurídico para asimilar la reivindicación nacional y democrática vasca. Esa es la victoria política de la izquierda abertzale. Una victoria que el PNV, a pesar de sus “viajes” por Lizarra-Garazi, no termina de metabolizar y, sobre todo, una realidad política que le obliga a decantaciones de carácter estratégico.
Y, desde luego, esa decantación es muy clara. EL PNV, mas allá del balanceo político que viene realizando para proyectar sus dos supuestas “almas” internas, está optando con claridad en este tránsito de un marco autonómico agotado a un escenario de cambios donde el futuro se tiene que sustentar en bases democráticas cualitativamente diferentes.
En esa definición, el PNV, a pesar de los márgenes estrechos para realizar meros maquillajes al actual marco particionista y negador de la nación vasca, apuesta por seguir siendo un soporte de la estrategia del Estado pactando cambios o reformas que sólo buscan garantizar la permanencia en la gestión institucional y económica de sus intereses.
Así pues, el “Partido del Negocio Vasco” se sitúa ante este nuevo ciclo como hace treinta años pasó en Txiberta ante el inicio de la llamada transición. El “concierto político” que ofrece al Estado Español, como sucedáneo de posiciones que venían influidas por la etapa poslizarrista, es la renuncia al independentismo y su definitivo asentamiento como partido regionalista vasco-español.
Frente a esta decantación, el independentismo fraguado en la lucha contra el modelo autonómico y particionista, el independentismo que ha ido germinando y desarrollándose de la mano de la izquierda abertzale puede y debe ser un sujeto determinante en los prólogos y evolución del irreversible cambio político que necesita el conjunto de Euskal Herria.
Ante los monolitos de Santi y Iosu, asesinados en los años 84 y 89 por unos aparatos de Estado bajo tutelaje del PSOE, la izquierda abertzale se ha reafirmado en su trayectoria política, en sus señas de identidad táctico-estratégicas y en su disposición total para abordar la articulación de un bloque popular independentista que sustituya y condicione estratégicamente la interlocución, acción política y modelo social de un PNV que, mas allá de discursos, siempre opta por ser un instrumento de la estrategia del Estado.
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