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Nacionales E.Herria, Carlos Presente :: 15/11/2007

Un antifascista adolescente muerto para empezar a hablar del fascismo tolerado

Bilboko Asanblada Antifaxista
¡Qué jodido es cocinar a fuego lento! ¡Qué jodida la lucha antifascista! Pero es el camino que hemos elegido

Corren tiempos que se jactan de una tecnología inimaginable por los mejores relatos de ciencia ficción, tiempos saturados de avances científicos que presumen poder jugar a ser Dios, de comodidades que colman la clase obrera que bien podrían asumirse lujosas en solidaridad con el resto del mundo; pero tiempos que todavía necesitan un muerto para empezar a hablar. Para empezar a tirar del hilo que desenrede la madeja.

Un niño muerto, atropellado, para empezar a hablar y poner el semáforo que regulara el paso de cebra; una familia muerta para empezar a hablar y legislar las revisiones periódicas de las instalaciones del gas; un alumno muerto, que se tira de una muralla para empezar a hablar del acoso escolar y considerarlo ‘legalmente’; un muerto no político en comisaría, para empezar a hablar de tortura policial y de cámaras en interrogatorios; un antifascista adolescente muerto, apuñalado, para empezar hablar del fascismo tolerado, institucional o no, que una voz olvidada, legitimada por años de lucha obcecada, lleva bramando desde tiempos remotos, al menos, en el recuerdo de la juventud. ‘Secretos’ que sólo se desvelan con muertos. Asesinatos consentidos por todos aquellos que acallan los gritos en secretos. Y estos muertos nos duelen, y nos queman por dentro. Nos joden, nos joden vivos hasta el punto humano, irracional e inevitable de llorar ante muertes desconocidas y querer vengarlas a cualquier precio, porque nosotros llevamos gritando esos secretos tanto tiempo, que nos duele la garganta y si cabe, el corazón, porque rompen el silencio, pero no la conciencia. Y el asesinato, de alguna forma, queda así permitido. Suma una.

Frustración. Impotencia. Rabia. Frustración, impotencia y rabia, cuando los asesinos de Roger Ricardo, Aitor Zabaleta, Guillem Agullo, Lucrecia Pérez… y otras tantas víctimas de los secretos callados salen impunes ante una sociedad que sigue muda, porque a los medios de comunicación, resorte de la memoria de esta sociedad, ya no les interesa, y esta vez, han alquilado su consternación y preocupación, al cambio climático, ¿Por qué no? Si hasta Gore habla de él. Y sólo queda el recuerdo real en las mentes de sus familias, compañeros y amigos, que suman otra. Y ya van dos. Así, el mundo resetea, porque lo hace la delegada de la ‘voz del pueblo’, para volver a empezar con el cambio climático, ¿Por qué no?. Y el hilo del que se empezó a tirar se rompe. Frustración. Impotencia. Rabia. Pero nosotros, seguimos sumando, y con el olvido del reset ya van 3. La madeja, de paso, se enreda cada vez más. Frustración. Impotencia. Rabia.

Esta vez en cambio, lejos del reset, la ‘voz del pueblo’ baraja términos como ilegalizar partidos fascistas y neonazis; recupera del pasado la idea de los asesinatos ideológicos o xenófobos; incluso camina y ejecuta ilegalizando la manifestación de DN. Insuficiente, pero diferente. Esta vez en cambio, parece que el hilo no se ha roto, todavía. Responderá a intereses propios, esta voz del pueblo. Lo sabemos. Responderá a audiencias crecientes, esta voz del pueblo. Lo sabemos. Responderá al miedo, al por si acaso, esta voz del pueblo. Lo sabemos. Pero también sabemos que nuestro hilo sigue desenredándose, que nuestra voz empieza a escucharse, lejana, pero molesta. Que por primera vez, no se habla de peleas entre pandas, que por primera vez existen skins que no son malos, que por primera vez existe la izquierda rebelde y coherente, que por primera vez existimos como voz. Y como voz señalamos los culpables que debieron ser juzgados hace tiempo, pero que quizá por fin lo sean hoy.

Esta noche, rugía la caja de plástico, desveladora: “Bandas totalmente opuestas pero con los mismo métodos”. ¿Vamos a darles esa grandeza? ¿Vamos a caer en la provocación? ¿Vamos a vengar el cuerpo a cuerpo, para que el mundo resetee, como ya lo ha hecho antes, porque total sólo fue una pelea entre bandas de violentos? ¿Tiraremos por tierra el esfuerzo que desde diferentes puntos se está haciendo para recordar a Carlos como un luchador, y no como un macarra de barrio violento? ¿Ahora precisamente, que los culpables que hemos señalados ya están frente al paredón y sólo falta apretar el gatillo? ¿Venderemos su muerte, por la autosatisfacción egoísta o quizá simplemente humana, impulsiva, del ojo por ojo? Y peor aún, ¿dejaremos que escape el asesino de Carlos, absuelto, porque, sí, lo mataron en defensa propia, Carlos provenía de un background violento y cualquiera hubiera respondido así?

Leo que su mejor homenaje será la victoria. ¿Qué victoria, la de un nazi muerto? Vendrán otros. ¿Qué victoria, la de un puñado de fascistas magullados? Sanarán y volverán. ¿Qué victoria, la de bancos reventados? Los arreglarán. ¿Qué victoria, la de una ciudad ardiendo? La pagaremos y volverá a ser la de antes. Pero Carlos seguirá muerto, su asesino en la calle y el pueblo acallando de nuevo nuestros gritos. Quizá es hora de traicionar al corazón, aunque nos consuma la rabia y aceptar la racionalidad que tanto nos está puteando en estos momentos, en honor a los que ya no están.

La violencia, lo sabemos, mantiene la llama viva: ayuda a abrir los ojos que no quieren ver; a destaponar los oídos que ensordecieron; a despertar la conciencia que dejó de entender; la violencia saca nuevos hilos de donde tirar, cuando otros se rompen. Pero no olvidemos, que nosotros somos antifascistas, y como tales, elegimos el camino largo. Y si llevamos este estandarte debemos hacer honor a ello, dejando de lado los métodos fascistas, y creer en lo que proclamamos, confiar en la contra-información, la concienciación, la acción directa y la educación, que nos definen. Porque para el borreguismo, la difamación, los atajos y la violencia gratuita ya están ellos. ¡Qué jodido es cocinar a fuego lento! ¡Qué jodida la lucha antifascista! Pero es el camino que hemos elegido. Y aunque subnormales no somos, y plantaremos cara a quien nos ofenda usando la violencia cuando no queden hilos de los que tirar, ahora en este momento los hay.

Y le debemos a Carlos, y a todos los que han caído el ser capaces de pensar en frío. Le debemos a Carlos la victoria, y no traicionarlo con el olvido o una pena por defensa propia. Porque para la violencia tendremos tiempo en muchas otras ocasiones, mientras que pocas veces estaremos tan cerca de la horca mediática de la ultraderecha.

Él ha conseguido que salte la chispa, ha conseguido subir a los que tantas veces hemos señalado a la palestra, y ahora sólo queda tirar del gatillo, no atasquemos la sentencia final con reacciones impulsivas (humanas y lógicas, pero poco prácticas ahora mismo, e injustas para él), aunque nos sangren los puños y nos llore el interior, y tiremos por él, por los demás y por todos nosotros, de una puta vez del gatillo. Que su muerte no haya sido en vano, como parece lo fueron el resto.

 

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