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Nacionales E.Herria :: 08/01/2006

Un compromiso con la acción de cada día

Editorial Gara
Las calles de Bilbo volvieron a llenarse ayer de pasos en favor de los derechos de los prisioneros.

Aunque puede parecer un clásico de nuestro paisaje político, la de ayer no fue una más del rosario de manifestaciones en favor de los presos políticos vascos que, en el cambio de año, se celebran en las calles vascas. La de ayer fue una manifestación, tal como lo destacaron los impulsores del Foro de Ibaeta, en la que se dio cita un amplio espectro del mundo político, social, sindical, cultural; una representación amplia y plural, en definitiva, de la sociedad vasca. Miles y miles de ciudadanos anónimos respaldaron con su presencia el camino emprendido por los agentes firmantes de un compromiso que explicita los derechos básicos a respetar a los presos y presas y que, al mismo tiempo, respalda la legitimidad de la interlocución política del colectivo de prisioneros y prisioneras cara a su participación en un proceso que aboque a este país a una paz justa y duradera.

Frente a las tentaciones de abordar la cuestión de los presos con un prisma exclusivamente humanitario, pese a las pretensiones de vincular sus derechos a la existencia de unas determinadas condiciones, frente al propósito de desnaturalizar la identidad misma de ese colectivo de setecientas personas, los firmantes del compromiso presentado el pasado diciembre hacen una apuesta integral por el derecho de los presos y las presas a estar en Euskal Herria, a estar cerca de sus familias, pero también a estar agrupados y en contacto estrecho con la comunidad política de la que forman parte en un momento que puede ser determinante cara a decidir cómo será la futura Euskal Herria.

En esa apuesta, los firmantes del acuerdo lejos de caminar solos se han encontrado, ayer en las calles de Bilbo, y se encontrarán, todos los días en las calles de cualquier localidad vasca, con una mayoría social que, sin prestarse a las muestras de solidaridad que no cuajan en acciones prácticas, mantiene una acción sostenida en el tiempo en favor del reconocimiento de los derechos de las personas presas. Porque, el acuerdo de Ibaeta es un compromiso con la actuación colectiva, con el trabajo en el día a día, ese mismo esfuerzo que ha hecho posible hacer a la sociedad vasca partícipe de las reclamaciones de los presos y sus familiares, esa misma dedicación que, salvando ausencias, ha permitido estructurar un foro que debe ser catalizador de una dinámica definitiva para traer a los presos a casa.

 

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