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Nacionales E.Herria :: 22/03/2007

Urge desterrar este tipo de estrategias

Editorial de Gara
La Audiencia Nacional convirtió ayer el juicio contra Arnaldo Otegi en un evento mediático que culminó con su absolución al retirar la Fiscalía la imputación de «enaltecimiento del terrorismo" por su participación en el entierro de la militante de ETA Olaia Kastresana. El tribunal especial español ordenó el arresto por la Guardia Civil del mahaikide, que fue trasladado en un avión fletado por el Ministerio de Interior.

La Audiencia Nacional española ordenó ayer la detención de Arnaldo Otegi después de que éste se viera forzado a dar media vuelta en Burgos por el temporal de nieve.

El portavoz de Batasuna, y miembro de la Comisión Negociadora de la Izquierda Abertzale, estaba citado ayer ante la Audiencia Nacional, acusado de un delito de «enaltecimiento del terrorismo» por su participación en un acto de recuerdo a Olaia Castresana.

Se da la circunstancia de que tanto la Fiscalía como los abogados de Otegi habían solicitado estos últimos días la suspensión del juicio. Pero ayer, a pesar de todo, Arnaldo Otegi intentó llegar a Madrid, hasta que el temporal y el caos circulatorio lo impidieron. En otras ocasiones, el juez simplemente suspendía la cita y ponía de nuevo día y hora. Ayer, sin embargo, la Audiencia Nacional quiso sacar pecho y buscó y forzó la detención de Arnaldo Otegi.

¿Qué ha cambiado, en realidad, en este ámbito en estos últimos 365 días? Hace un año Otegi se encontraba en una situación similar. Quizás sea éste el mejor resumen de lo que el Estado español ha dado de sí en estos últimos doce meses, después de que el 22 de marzo de 2006 ETA declarara un alto el fuego permanente.

Parece mentira que a la apertura de un proceso político en este país -hoy más necesario que nunca- no le acompañe la suficiente altura de miras y responsabilidad; parece mentira que los aparatos del Estado español tengan tal grado de impunidad para torpedear, un día sí y otro también, un desarrollo razonable y democrático de una oportunidad tan clara como la actual.

No parece éste el mejor modo de contribuir a propiciar bases de entendimiento y buscar recuperar confianzas y dinámicas que nos devuelvan al buen camino. Es tiempo de sumar, todos, no de poner viejos obstáculos; es tiempo de dar pasos y actualizar compromisos, no de forzar detenciones absurdas que la inmensa mayoría de este pueblo ni entiende ni comparte; es tiempo de impulsar, de forma urgente, un proceso político que aborde las causas del conflicto.

Lo ocurrido ayer, aunque al final Otegi no vaya a ser juzgado, es un hecho grave y en nada ayuda a avanzar en la vía del diálogo.

 

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