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Nacionales E.Herria :: 12/10/2005

Victoria-derrota o diálogo-negociación

Txomin Ziluaga Arrate
Historiadores honestos reconocidos, estudiosos del Tratado de Versalles y de la Paz de París de 1919, consideran que las condiciones de humillación impuestas a la derrotada Alemania, tras la victoria aliada en la primera guerra mundial, alimentaron un resentimiento añadido a las siguientes generaciones del pueblo alemán que favoreció el desencadenamiento de la todavía más trágica segunda gran guerra que conllevó tantos millones de muertos, un sin fin de calamidades y tanto sufrimiento.

Una vez más la tesis de «victoria-derrota» evidenció que la historia de la humanidad es la historia de un inmenso matadero de personas y pueblos. Y los responsables conscientes de esta irracionalidad y de estos males han sido y son, invariablemente, las clases dominantes, las oligarquías e imperios ya sean monarquías y/o dictaduras con sus gobiernos conservadores o neoliberales. Su teoría se asienta en la desconfianza y negatividad de la naturaleza humana. Su práctica en el ejercicio de sus grandes poderes: militares, económicos y mediáticos.

Así, la derecha española, orgullosa o vergonzante heredera del 18 de julio de 1936, hoy representada en el PP, fiel a su esencia y trayectoria brindó su apoyo incondicional a la invasión de Irak. Nuevamente, la imposición de la teoría «victoria-derrota» evidencia los resultados escalofriantes que conocemos a diario; millares de personas muertas y mutiladas de la población civil de ese país. Respecto al conflicto histórico que enfrenta al pueblo vasco con el Estado español, los dirigentes de ese partido, coherentes con su enorme brutalidad, se proyectan como arrogantes valedores de las tesis más belicistas que se sustentan en esa estrategia. Victoria militar, policial y represiva de España y de las aspiraciones de liberación del pueblo vasco. Aún a sabiendas que desde cualquier perspectiva democrática, Euskal Herria tiene todas las razones para exigir el derecho a decidir libremente su propio presente y futuro. No por casualidad, la mayoría de las formaciones políticas, sindicales, sociales, culturales, artísticas y deportivas vascas reconocen en el diálogo y la negociación los instrumentos válidos en el proceso de nor- malización de su propia convivencia, en solidaridad con las personas y pueblos del actual Estado español así como de la comunidad europea e internacional.

Entre las teorías que hoy se conocen sobre resolución de conflictos, por ejemplo las de la ONU, predominan claramente las defensoras del «diálogo-negociación» respecto a las de «victoriaderrota»; es decir, las democráticas sobre las impositivas, represivas y dicta- toriales. En estas últimas, y dentro de la teoría de los juegos estratégicos, destaca el modelo de «juego suma cero» que consiste básicamente en perseguir la aniquilación del contrario. EEUU lo intentó aplicar en Viet-Nam y tuvo que reconocer posteriormente su fracaso. En la actualidad Israel lo pretende con Palestina y pueblos árabes al igual que el PP con Euskal Herria. Recientemente, los dirigentes del PP, San Gil, Urquijo y compañía, han afirmado públicamente que «el objetivo es la derrota de ETA y de su entorno, sin paliativos». Semejante brutalidad criminal y genocida equivale según el Larousse a derrota «sin atenuar un sufrimiento físico o moral». No se quieren enterar de que en este pueblo se ha forjado, como en otros contextos, una resistencia que ha demostrado y demuestra la imposibilidad objetiva de su victoria. Al margen de la maldad y perversión de los dirigentes del PP, representantes, electoralmente hablando, de varios millones de hispanófilos reaccionarios, se abren camino las teorías racionales defensoras del «diálogo-negociación». Dentro de ellas hemos de distinguir entre lo racional que ambas partes del conflicto normalmente se atribuyen y lo razonable que resulta de la correlación de fuerzas del momento, sus perspectivas, el cumplimiento por fases de los acuerdos y otros factores como declaraciones respecto al inicio del proceso.

En consecuencia, razonable puede considerarse la reducción, más o menos paulatina, tanto de la violencia institucional como de la violencia de la resistencia popular. Razonable puede entenderse el Derecho de Autodeterminación cuando la ciudadanía ha expresado histórica y sucesivamente su aspiración de que las instituciones y sus decisiones estén lo más próximas posibles a sus necesidades y deseos.

El pueblo vasco quiere ser libre y solidario. Por y para ello defiende y defenderá su capacidad de decisión hacia el logro de una sociedad más justa. Y, hoy la prioridad está en asegurar el inicio, desarrollo y conclusiones del proceso de Paz y Normalización que permita desarrollar en condiciones democráticas los logros históricos de la resistencia popular vasca.

* Txomin Ziluaga Arrate es Profesor de Relaciones Internacionales/UNED

Gara

 

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