17 de marzo: Huelga general en Euskal Herria
Los sindicatos ELA, LAB, Steilas, Hiru y Etxalde han convocado una huelga general. Se han unido otros sindicatos, como CGT, ESK o CNT, y más de 100 colectivos
Colectivos de jóvenes, estudiantes, ecologistas, antirracistas, feministas y pensionistas. El objetivo es la exigencia de un salario mínimo de 1.500 euros. Se han creado unos 140 comités de huelga unitarios a nivel de pueblos y barrios y cuenta con la adhesión de 1.750 comités de empresa y comités de personal.
En noviembre de 2025 el Parlamento vasco, con los votos del PNV, PSE, PP y Vox, rechazó la propuesta de Iniciativa Legislativa Popular (ILP) avalada por 140.000 firmas. Posteriormente, también la mayoría del Parlamento navarro se ha opuesto a una iniciativa semejante. De ese rechazo surgió este movimiento de defensa de los salarios, que es también un impulso para reforzar la negociación colectiva, una denuncia de los enormes beneficios empresariales y una exigencia para repartir las riquezas. Reproducimos el manifiesto de convocatoria.
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17 de marzo, huelga general: salario mínimo aquí y ahora
No son tiempos fáciles para la clase trabajadora y los sectores populares. En nuestro lenguaje cotidiano aparece constantemente la palabra 'crisis': económica, política, social, ecológica, de cuidados. El sistema capitalista patriarcal, ecocida y racista ha puesto el mundo del revés, propagando tendencias autoritarias y fascistas, provocando guerras imperialistas y profundizando en la pobreza y la precariedad. Las élites son cada vez más ricas, el poder se concentra en cada vez menos manos y una parte creciente de la clase trabajadora se ve desplazada a los márgenes. Las mujeres, las personas migradas, racializadas, las personas con diversidad funcional, la juventud o las personas sexo-género disidentes estamos en el punto de mira de la ofensiva del capital.

Euskal Herria no es ajena a estas realidades. La patronal y quienes ostentan el poder político actúan de la mano para bloquear cualquier medida que busque distribuir la riqueza de forma justa. Eso es precisamente lo que ocurre con el salario mínimo: pretenden evitar que quienes aquí vivimos contemos con ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas, ahondando en las brechas sociales que ya padecemos. Han cerrado todas las puertas a una reivindicación legítima, justa y factible.
La pobreza y la precariedad siguen extendiéndose y sus consecuencias impactan directamente en nuestros cuerpos, nuestra salud, en las relaciones sociales y laborales y en nuestros derechos. Construir proyectos de vida deseables y dignos se está convirtiendo en un imposible para cada vez más sectores de la clase trabajadora.
Pero aquí estamos: la multitud de agentes sociales y movimientos populares que nos organizamos a diario en pueblos y barrios. Quienes nos movilizamos contra el negocio de la vivienda y ponemos el cuerpo para evitar desahucios. Quienes organizamos la primera Huelga Feminista General de nuestra historia para reconocer, poner en valor y reivindicar los trabajos que se pretenden invisibilizar. Quienes llevamos años en la lucha por unas pensiones dignas y su equiparación con el SMI, y no con el umbral de la pobreza. Quienes luchamos día a día para promover los derechos de las personas con diversidad funcional. Quienes, para que nuestro territorio sea tierra de acogida, ofrecemos cenas cada día, apoyamos los procesos migratorios y defendemos todos los derechos para todas las personas. Aquí nos hemos unido quienes militamos en defensa de la tierra y por una transición ecosocial justa --conscientes de que los límites biofísicos del planeta se han superado--, quienes trabajamos por la revitalización de nuestra lengua y por el derecho a decidir de nuestro pueblo y quienes damos cuerpo a la ternura internacionalista. Personas que reivindicamos que otro mundo es posible y necesario.
Nuestras formas y modos son diversos. No coincidimos en todo, pero compartimos una idea fundamental: contar con un salario mínimo propio en Euskal Herria es una reivindicación que beneficia a todas las personas que trabajamos y vivimos aquí. Queremos ser consecuentes, no normalizar el sistema clasista, racista y patriarcal que domina la lógica del sistema de cuidados en Euskal Herria y promover relaciones de trabajo justas, también en el ámbito del trabajo de hogar y de cuidados.
Por ello, quienes hoy nos reunimos aquí y nos sumamos a este manifiesto queremos expresar nuestro compromiso. Participaremos en los Comités de Huelga de los pueblos y barrios. Realizaremos una labor de pedagogía y politización a favor de esta huelga, explicando los motivos de la convocatoria a la clase trabajadora y a la ciudadanía en general para que se sumen a ella.
Hay quienes acuden a la Casa Blanca y buscan hacer negocios bajo la servidumbre de gobernantes que causan la muerte de miles de personas. Hay quienes ni se sonrojan aun sabiendo que las decisiones tomadas en sus despachos provocan dolor y sufrimiento. Personas que oprimen, que viven de las rentas, que criminalizan lo diferente y utilizan el poder político, económico y simbólico para perpetuar las opresiones. Existen, sí, pero no son la mayoría y nosotros y nosotras no somos parte de ese grupo. Somos la clase trabajadora y un pueblo organizado que les hará frente.
Lo decimos alto y claro: vamos a ganar esta lucha. El 17 de marzo hacemos un llamamiento a pararlo todo. Llamamos a desnormalizar todos los trabajos. Llamamos a apoyar la jornada, teniendo presente a quienes les es imposible hacer huelga. Tenemos la convicción de que la lucha merece la pena y de que podemos lograrlo.
El 17 de marzo, el salario mínimo se decide aquí. SMI 1.500. Reivindicamos la soberanía para decidir sobre nuestras condiciones de vida, nuestros salarios y nuestro futuro ¡Mejoremos los salarios para repartir la riqueza!.







