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Nacionales E.Herria :: 08/09/2013

Apostar por la conflictividad

Borroka Garaia
La ofensiva capitalista no ha cesado y se puede constatar que tanto en el aspecto nacional como en el social la ausencia de procesos y de respuestas contundentes es un hecho
El proceso de liberación nacional vasco se encuentra en un impasse. Un impasse que se alimenta de la estrategia político-militar de los estados, que con cierta eficiencia conjugan todas las formas de lucha contra-insurgente y del bloqueo del autonomismo a vías soberanistas, con especial importancia de la labor del PNV en ese sentido que genera modorra y destensionamiento social. Con un lehendakari gris a la cabeza, perfecto para tal labor asimiladora. Mientras tanto, las fuerzas de cambio durante este tiempo han estado centradas en un supuesto proceso de solución y paz, aún hoy no iniciado y posiblemente inviable en estas coordenadas, con la esperanza que en un futuro la relación de fuerzas electorales y partidistas sean el catalizador que pueda abrir un proceso soberanista. Si verdaderamente se quieren ganar las elecciones y no existe ningún otro baremo a considerar, no queda otra más que convertirse en un PNV de izquierda moderada, y llevar el conflicto al terreno de la burocracia donde la gestión institucional es el referente. No son pocos lo que creen que se ha avanzado en ese camino . Sin embargo, el soberanismo de izquierda debe hacerse prioritariamente la pregunta de cómo alcanzar el Estado independiente y socialista. Y ahí, en el marco de esa pregunta, surge la necesidad de una ampliación electoral (junto a muchas otras) que esté bien sujeta a unos baremos ideológicos, unido a otras muchas necesidades que no pueden ser solapadas cuando el horizonte es el Estado libre y socialista. Si se revierte esa lógica el bloqueo se enquistará. Si se confunde acumulación de fuerzas con acumulación electoral, el proceso derivará en electoralismo. Todo proceso de cambio profundo que quiera dejar atrás una injusticia no responde a la evolución natural de las realidades objetivas sino precisamente a la intervención directa de los sujetos en liza en su enfrentamiento. Son las energías que desatan iniciar procesos de lucha los que crean puntos de inflexión que abren oportunidades. No existen catalizadores concretos ajenos a la voluntad de lucha ni las realidades objetivas predestinan a nada. Euskal Herria no es una excepción. Las condiciones que hagan emanciparse nacional y socialmente a este pueblo solo nacerán de un proceso concreto y de unas decisiones tomadas con determinación en ese sentido. La única forma de abrir un proceso soberanista hacia la liberación nacional es abriéndolo y que las demás dinámicas alimenten esa vía. Cuando dinámicas inconexas toman la referencia no se alimenta una estrategia. Esta deficiencia es lo que cierra el círculo del impasse actual. Nadie en combate negocia si no es por temor recíproco ante el poder contrario. Solo la generación de conflictividad y presión, que principalmente vendrá del mismo proceso de liberación y de la erosión del muro impositivo del estado es lo que podrá abrir un proceso de solución o una vía unilateral hacia la libertad.. Cuando el mismo proceso de solución se hace central y no lo que puede generarlo, el bloqueo se enquista más aun. En el verano del 2012 el sindicato ELA apostaba por la insumisión y LAB por una revuelta social. Vamos a ir dejando atrás el verano del 2013 y a principios de éste LAB hablaba de nuevo de incremento de la conflictividad de seguir esta ofensiva capitalista. La ofensiva capitalista no ha cesado y se puede constatar que tanto en el aspecto nacional como en el social la ausencia de procesos y de respuestas contundentes es un hecho. Y es que nos hemos enfriado y el aire acondicionado del institucionalismo y electoralismo nos mantiene a duras penas la temperatura, pese a que todos y todas sabemos que nuestro termómetro no está en los grados adecuados. El voluntarismo, la moral de victoria … nos puede intentar convencer de que el número que marca ese termómetro se mantiene en los grados adecuados. No es así. Quizás sean recetas del pasado (enseñanzas más bien) las que en el presente sean en parte las necesarias, sobre todo en el lado del espíritu, de la gestión de la rabia, de energía popular y de capacidad de ponerse retos atrevidos que puedan pegar fuertes sacudidas. Algo que emocione y que impacte más allá de los números electorales. No limitando y poniendo diques al hartazgo popular. En vez de intentar impulsar la conflictividad, nos hemos centrado en solucionar problemas y no ser cada vez más un problema. Y puede ser que a día de hoy sea precisamente lo que más necesitemos. Ser un problema para los estados y el capital. La lucha de clases toma forma de lucha de liberación nacional en Euskal Herria y las recetas tanto en el apartado social como en el nacional son las mismas. Como bien decía hoy Tasio Erkizia en un artículo publicado en gara : Antes de que sea tarde, es imprescindible presentar batalla. Vamos perdiendo demasiado terreno sin una respuesta adecuada a la gravísima situación que atravesamos. Este otoño tiene que marcar un antes y un después. Impulsar una gran alianza que aglutine a amplios sectores populares en base a un programa de transformación social y la unificación de fuerzas en respuestas constantes y contundentes es nuestro gran reto. Los estados lo entienden perfectamente bien y no están dispuestos a dejar la contundencia a un lado. Clave última para desatar o apretar más los nudos de la opresión nacional y social. El que esté más cómodo en una situación de conflicto ganará.
 

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