Armarse de impaciencia

Decía recientemente la portavoz parlamentaria de EH Bildu Laura Mintegi que tiene miedo a que el PNV, que es especialista en ritmos a ralentí, nos tenga todo el siglo XXI deshojando la margarita, en referencia a su tibieza soberanista.
Lo cierto es que el PNV jamás ha intentado de una forma seria impulsar o iniciar un proceso de autodeterminación y mucho menos a través de éste uno independentista. Lo que resulta curioso es que de un tiempo a esta parte la excusa histórica del PNV para no hacerlo esté siendo alimentada desde algunas voces de la propia izquierda abertzale hasta convertirse en una auténtica corriente de opinión.
Se aduce que no existen las condiciones para que un proceso independentista pueda iniciarse, que hay que esperar a que esas condiciones objetivas se hagan realidad. Que la sociedad vasca “vive bien” y que no está para sacrificios. Que de alguna manera llegará un mágico día, que de una forma natural el pueblo vasco estará ya a las puertas de cambios profundos como si fuera una ley histórica escrita en alguna profecía u oráculo. Que subiendo pequeños escalones indefinidamente de esta manera en algún momento dado se llegará a algún tipo de meta. Por lo tanto, no quedaría más que esperar a ese momento en el que mediante algún catalizador que caerá del cielo haga posible lo que hoy es imposible y además apenas sin esfuerzo. Mientras tanto a verlas venir que es la traducción literal de lucha ideológica. Ya que la lucha ideológica (o cualquier otra) que es el alimento de un proceso concreto sin un proceso concreto se desactiva así misma.
Al parecer más de medio siglo de historia de lucha de liberación habría sido absurda y una pérdida de tiempo ya que no existían condiciones que requiriesen los sacrificios llevados a cabo. Aquello de la revolución vasca era pura retórica ya que en realidad el cambio será tranquilo y vendrá casi sin enterarnos porque estamos predestinados a ello.
Sin embargo la realidad es tozuda y cuando alguien se quiere engañar, no hay perdida, se engaña. Ya lo decían aquellos y hasta ahora nadie ha sido capaz de contradecirlo. El motor de la historia es la lucha de clases y de los pueblos. No las casualidades.
Todo proceso de cambio profundo que quiera dejar atrás una injusticia no responde a la evolución natural de las realidades objetivas sino precisamente a la intervención directa de los sujetos en liza en su enfrentamiento. Son las energías que desatan iniciar procesos de lucha los que crean puntos de inflexión que abren oportunidades. No existen catalizadores concretos ajenos a la voluntad de lucha ni las realidades objetivas predestinan a nada.
Colectivos terriblemente oprimidos son incapaces de alzarse, clases sojuzgadas hasta el extremo no desarrollan conciencia revolucionaria por su mera condición y pueblos que pretendan liberarse no lo harán si no se ponen a ello.
Euskal Herria no es una excepción. Las condiciones que hagan emanciparse nacional y socialmente a este pueblo solo nacerán de un proceso concreto y de unas decisiones tomadas con determinación en ese sentido. Si no se abre camino, si no se visualiza, si se cree que no hay condiciones , no las habrá en el futuro porque las condiciones nacen en el camino. Esperando a que el camino se libre de zarzas para empezar a recorrerlo no hará que desaparezcan.
Ya sabemos que lo del PNV han sido meras excusas. ¿Pero lo nuestro?.
Porque más de medio siglo de lucha de liberación no ha sido en balde, hay que continuarla armándonos de impaciencia calculada y responsable. Hoy es el futuro.
Cómo decía en un comentario un lector del blog, la revolución rusa no fue la toma de un palacio de invierno. Sino un proceso social que duró años, con una cadena de crisis y sucesos, pero que muchos años antes de que ocurrieran, específicamente en 1903, algunos ya tenían bastante claro de por donde tendría que ir el curso de los acontecimientos.







