De romanos y fariseos
Tal vez, durante demasiados años, en la izquierda abertzale se ha potenciado un tipo de militante que acepta que se le diga qué debe pensar
* Militante de la izquierda abertzale
Han pasado ya meses desde que los católicos, un año más, sacaron a pasear sus ídolos de madera por las calles para celebrar, con el exceso y el gusto por lo kitsch que les caracteriza, el martirio de su hombre-Dios. Sin embargo, parece que agosto es también un buen momento para las crucifixiones; y a falta de un hippy nazareno, bueno es un bertsolari lesakarra.
El pasado 2 de agosto, Xabier Silveira publicaba uno de sus Jo puntua en el diario 'Gara'. En él reiteraba sus habituales críticas al rumbo actual de la izquierda abertzale, inspirándose esta vez en el estilo del conocido grupo de rap político Los Chikos del Maíz. En realidad, nada nuevo para quienes seguimos sus artículos, que podrán gustar más o menos pero que, en el contexto actual, tienen el valor que tiene siempre el salirse del rumbo marcado socialmente como correcto. Por desgracia, el valor suele aumentar el riesgo de meter la pata (quien dice lo que se debe decir difícilmente pisará ningún callo), y algo sabe Silveira de este asunto. En esta ocasión, el error ha sido mencionar a Joseba Urrusolo Sistiaga.
El conocido emblema de la vía Nanclares no dejó pasar la ocasión, y 'Gara' le publicó una carta de respuesta una semana después de la aparición de la columna original [ http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130809/417056/es/Silveira-va-guerra ] . En esta carta, Urrusolo se lanza a un furibundo ataque contra Silveira, echándole en cara dos cuestiones: la primera, el supuesto gusto del bertsolari por las drogas (concretamente, la cocaína) y, segunda y más importante, su incoherencia. Según Urrusolo, Silveira defiende la continuidad de la lucha armada mientras se ha escaqueado de practicarla cuando ha tenido oportunidad. En mitad de un mar de descalificaciones, el exmiembro del colectivo de presos políticos vascos llega a decirle a Silveira que “sois el mayor obstáculo para solucionar los problemas de convivencia y el tema de los presos”.
Sobra decir que en las redes sociales la carta de Urrusolo fue bien acogida por quienes ya compartían sus planteamientos. Poco importa que a nadie incumba qué hace Silveira con su pituitaria, o que un arrepentido reclame sus galones por haber hecho algo de lo que actualmente abjura. Importa menos incluso que, en realidad, Silveira en su artículo no defienda la continuidad de la lucha armada, sino que se pregunte para qué ha servido su abandono. Para quienes se sitúan en posiciones enfrentadas a la izquierda abertzale, la carta de Urrusolo está muy bien, y es normal que así sea. Hasta aquí, nada que decir.
También hay que mencionar el eco que le ha dado a la carta cierta izquierda española [ https://www.facebook.com/PabloIglesiasTurrion?fref=ts ], que llega a calificar a Urrusolo de exjefe de ETA. Que un miembro de Los Chikos del Maíz se sume al carro de la descalificación, llegando a decir que “glorificar la lucha armada y no practicarla tiene tela. Hacerlo en Euskal Herria cuando realmente hubo oportunidad real de practicarla y no hacerlo, es escandaloso”, es de una desvergüenza atroz. No voy a hacer el trabajo de la AVT [Asociación de Víctimas del Terrorismo, organización fascista española], pero cualquiera que haya sido seguidor del grupo sabe que, en cuanto a glorificación de la violencia, los valencianos han ido años luz más allá de lo que ha podido ir Silveira en su artículo. Pero, por lo visto, si se hace desde Valencia es admisible; desde Euskal Herria, “escandaloso”. Recordando a Argala, es triste comprobar hasta qué punto sigue vigente lo que decía en su Autobiografía política acerca de la izquierda española. También en este punto, nada nuevo bajo el sol.
Lo que debería ser sorprendente, y hasta indignante, es que haya gente en la izquierda abertzale que se apresure a comprar ese discurso tan barato, y tan habitual durante décadas entre los jefes de los torturadores, sintetizado en “si estás a favor de la lucha armada debes estar dispuesto a practicarla, ya que en caso contrario eres un incoherente”. Es sorprendente, e indignante, que algunos no se den cuenta de que ese sucedáneo de argumento, que no es sino una falacia 'ad hominem' de manual, supone una enmienda a la totalidad sobre décadas de lucha, en la que cada uno ha aportado en la medida de sus posibilidades. Algunos que cuelgan en su perfil la foto de Argala cada 21 de diciembre, casi de manera ritual, harían bien en escuchar lo que decía el de Arrigorriaga en su famoso Testamento político, cuando hablaba de que quienes no puedan practicar la lucha armada, por mil razones que cada uno pueda tener, deben implicarse en otras formas de lucha (de hecho, el saber proporcionar a cada persona el marco de militancia adecuado ha sido uno de los grandes aciertos históricos de la izquierda abertzale).
Algunos, en definitiva, deberían mirarse a sí mismos con el baremo que pretenden aplicarle a Silveira; tal vez así verían lo absurdo, lo tramposo, de la argumentación que tan rápido han comprado. En resumidas cuentas, creo que debemos reflexionar sobre la rapidez con la que se ha aceptado entre algunos de nosotros el inaceptable argumento de Urrusolo.
Tal vez, durante demasiados años, en la izquierda abertzale se ha potenciado un tipo de militante que acepta que se le diga qué debe pensar. Así se puede pasar, sin pudor de ninguna clase, de calificar de vendido a quien hace la más mínima crítica a alguna acción de ETA, a adoptar los argumentos de los auténticos vendidos en muy pocos años. Y es una pena. Es una pena porque artículos como el de Silveira, independientemente del estilo agresivo y la calidad de sus rimas, plantean temas tan interesantes como importantes: la eficacia de la famosa unilateralidad, las consecuencias de entrar de lleno en las reglas de juego de la democracia burguesa, la inteligencia de comportarnos como si enfrente tuviéramos a la socialdemocracia sueca y no a un sistema heredero directo del franquismo, la cuestión eternamente aplazada de los presos, la ilusa esperanza de que PNV y PSN se conviertan en partidos abertzale y de izquierda respectivamente y consigamos la definitiva acumulación de fuerzas que nos hará alcanzar, esta vez sí, mañana, seguro, el Reino de los Cielos…
Cuestiones todas ellas vitales, que requieren un debate que haga sitio a la posibilidad de expresar la disidencia y no pretenda solventarse con un “si no estáis de acuerdo, montaos vuestro propio chiringuito”. Y mucho menos, haciendo uso de los argumentos tabernarios de alguien que hace mucho que dejó de ser uno de los nuestros y que tal vez, simplemente, está comprando su próximo permiso.







