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Nacionales E.Herria, Europa :: 06/08/2026

EH Bildu y el imperialismo

Petri Rekabarren
La estrategia internacional de EH Bildu y EH Bai se inscribe dentro de los intereses objetivos del subimperialismo europeo tal cual los interpreta la facción socialdemócrata y socioliberal de la UE

No importa lo que el soberanismo reformista crea subjetivamente sobre lo que hace, sino que lo decisivo es saber a quién beneficia objetivamente lo que hace. Hace años que EH Bildu abandonó el marxismo como método y como brújula, «modernización» que veía imprescindible para crecer en votos de centro perdiendo algunos de izquierda. Pero lo que ahora nos interesa es que aquel aggiornamento exigía a la fuerza el abandono del concepto de imperialismo, sin el cual no solo no se entiende nada de nada de lo que sucede en el mundo, sino que facilita e impulsa el giro al hueco democraticismo verbal que camufla las atrocidades imperialistas.

EH Bildu se creó como partido socialdemócrata en 2014, integrando fuerzas de centro, reformistas a secas y pequeño-burguesas, ninguna de las cuales se había caracterizado por su lucha antiimperialista, incluso había destacados miembros pro-israelitas. En ese 2014 la OTAN dio el golpe de Estado nazi en Ucrania con los aplausos de la Unión Europea (UE). Los ucronazis otanistas se lanzaron contra las Repúblicas Populares del Donbass que defendían su independencia nacional. Los ucronazis asesinaron a más de 14.000 personas por defender sus derechos nacionales y su identidad rusa. Internacionalistas vascos salieron en defensa de las Repúblicas mientras EH Bildu no movilizaba a sus bases en defensa de ese derecho fundamental.

Rusia llevaba tiempo advirtiendo a la OTAN que no siguiera preparando la guerra contra ella desde Ucrania. A comienzos de 2022 intervino en defensa de la población de las Repúblicas del Donbass con cuatro exigencias: desnazificar y desmilitarizar Ucrania, respetar la autodeterminación del Donbass, impedir la entrada de Ucrania en la OTAN y crear un sistema democrático internacional de resolución de conflictos. EH Bildu y el euroimperialismo llamaron a esto «invasión» rusa de Ucrania.

La propuesta de EH Bildu y de otros sectores de que no se enviaran armas a la OTAN y que se acabase la «invasión» mediante un proceso negociador era lógica desde la perspectiva pacifista convencida de que la UE es democrática y que no existe ya eso que llamaban «imperialismo». Pero era una propuesta que desarmaba teórica y políticamente a los pueblos de Europa al reforzar la creencia infundada en el mito europeísta. En vez de exigir que se avanzase en las cuatro peticiones rusas, que se denunciara al ucronazismo y que se desmantelara la OTAN, EH Bildu se ha unido a otras fuerzas como PNV, PSE, PP y Podemos en favor de una «paz justa» para Ucrania, como el pasado 12 de febrero de 2025 en Bilbo.

A comienzos de 2025 era ya claro que la OTAN y el ucronazismo habían perdido la guerra, que la Ucrania de Zalenski era una dictadura criminal, corrupta y podrida en su esencia, sostenida por los intereses de Gran Bretaña, EEUU, Alemania, Estado francés, etc. ¿Qué función tenía entonces pedir una «paz justa» en ese momento? Solo hay una respuesta: intentar salvar lo poco que quedaba de un régimen putrefacto para obtener siquiera unos pocos beneficios que compensen la impresionante masa de dinero público y privado gastado por UE, EEUU y otras potencias.

Ahora, hoy mismo, el fracaso estruendoso del reformismo en todas su formas desde 2022 es agravado por otras tres derrotas posteriores: Palestina, Irán y la actual guerra mundial. Veamos. El pueblo palestino de Gaza se insurreccionó el 7 de octubre de 2023 ejerciendo su derecho a la rebelión, a la reconstitución de Palestina como un Estado unido «desde el río hasta el mar», soberano y democrático, integrador de todas las culturas. Si ante la masacre ucronazi EH Bildu guardó silencio y luego se unió a la derecha más reaccionaria, en el genocidio palestino propuso el 18 de octubre de 2023 «la desescalada, el diálogo y la negociación» como solución, mientras la brutalidad inimaginable sionazi despanzurraba niñas y ancianos con el apoyo de la burguesía vasca.

EH Bildu niega el «sacrosanto derecho a la rebelión contra la injusticia» afirmado en el Preámbulo de los DDHH de la ONU de 1948.El 28 de julio de 2026 el parlamentario por EH Bildu en Madrid, Jon Iñarritu, ensalzaba al sionismo en una conferencia pública y el 16 de septiembre de 2026 Pello Otxandiano portavoz de EH Bildu en el parlamento vascongado, recurrió al gramscismo más tergiversado –«sociedad civil», etc.– para proponer una línea común sobre Palestina.

Además de la «alta política», las bases de EH Bildu y EH Bai se caracterizan por frenar cualquier intento de radicalización antisionista en los pocos movimientos internacionalistas en los que participan. Las luchas que no consiguen debilitar o anular, son desprestigiadas de un modo u otro en sus redes sociales, utilizándolas para defender la indefendible imposición antidemocrática de los «dos Estados». La inhumanidad sionazi continúa a pesar de las letanías del soberanismo reformista implorando el respeto a la «legalidad internacional».

Ha sido el tercer ejemplo de la derrota del reformismo frente a la dialéctica del capital, la guerra de resistencia nacional iraní, la que más está haciendo en la práctica para abrir la verdadera resolución del problema sionazi: la liquidación del ente llamado «Israel» en el mismo proceso de la derrota del imperialismo.

La guerra total del imperialismo contra Irán había empezado en 1979, se intensificó en la guerra de los Doce Días de junio de 2025 hasta el presente. Si la UE provocó la rusofobia más racista lo mismo hizo contra Irán dando alas al eurocentrismo para jalear la guerra económica, científica y militar contra el pueblo persa, guerra sostenida por el sionazismo, el Pentágono y la OTAN. La ayuda antiimperialista de Irán a la Venezuela chavista, a Cuba, a Nicaragua, a Palestina, a Siria, al Yemen, al Líbano y un largo etc., es sistemáticamente silenciada.

Las sucesivas derrotas del imperialismo a manos del Eje de la Resistencia han puesto en un brete al reformismo: ¿qué decir ahora? Es una situación idéntica a la derrota de la OTAN ucronazi, situación de la que EH Bildu, PP, PNV, PSE y Podemos intentaron salir con el oportunismo de una «paz justa» en el acto público en Bilbo, como hemos visto. Pero, claro, ahora la bestialidad imperialista es bastante más criminal que en el régimen ucronazi, por lo que EH Bildu ha de «endurecer» su mensaje para defender lo mismo pero con palabras más aceptables por el sector progresista de votantes: basta escuchar las intervenciones de Mertxe Aizpurua en Madrid del 25 de marzo de 2026.

Así la casi nula base militante antiimperialista del soberanismo puede ya ampararse en su líder para justificar lo poco que hacen. Pero deberán decirlo con cautela para que nadie les recuerde el bluf de la diputada en Madrid cuando, exultante de optimismo, aseguró que había logrado abrir el proceso de reforma de la Ley Mordaza en octubre de 2024.

Bien, los fracasos del soberanismo reformista en su línea internacional sobre Ucrania, Palestina e Irán nos llevan al cuarto y definitivo error, que engloba y explica a los tres, el abandono del concepto de imperialismo inevitable desde que se abandona el marxismo. Leyendo o escuchando a EH Bildu sobre la crisis mundial, uno siente algo así como bucear en un abismo oceánico repleto de tópicos, vaciedades e ideologías burguesas sucesivamente fabricadas, difundidas y abandonadas al demostrarse su contenido de clase. Ignorar, no usar e incluso atacar el concepto de imperialismo es amputar el conocimiento crítico de toda la crítica al capitalismo desde la última década del siglo XIX: es hacer retroceder la historia y el presente del pensamiento crítico hasta el marginalismo, la escuela neoclásica, etc., de la década de 1870 en adelante.

Esta es una de las tragedias de EH Bildu: obsesionado por amontonar votos de centro debe amputar el conocimiento crítico hasta el momento en el que la intelectualidad burguesa reacciona contra el marxismo para intentar «pensar» la realidad sin tener que nombrar al fantasma rojo que aterra a la «democracia».

Por ejemplo, sin el concepto de imperialismo no podemos explicar qué es, por qué y para qué surge el fascismo, o si se quiere por qué no existe el fascismo hasta después de la I Guerra Mundial aunque ya existía el bonapartismo, el cesarismo, etc., desde la mitad del siglo XIX. Sin el concepto de imperialismo no entendemos qué ha ocurrido y para qué en Ceuta el 1 de agosto de 2026, cuando algo más de 70.000 personas forzaron las vallas entrando en la ciudad ocupada por el Estado español, y menos aún de sus efectos contra Euskal Herria.

Si no recurrimos a la dialéctica del imperialismo, es decir, al movimiento de sus formas y a la permanencia de su contenido tras un siglo de existencia, a la aparición en estos decenios de nuevas formas que actualizan su contenido, su esencia, si no aplicamos la dialéctica de las contradicciones objetivas del capital a la dialéctica del imperialismo, no entenderemos porqué es urgente expandir la conciencia subjetiva de esas contradicciones para entender por qué estamos al borde de entrar en una nueva fase de la III Guerra Mundial ya iniciada desde comienzos del siglo XXI.

Una de las formas actuales del imperialismo es la sobredeterminación del capital ficticio de alto riesgo dentro del capital financiero-especulativo. El capital ficticio y las nuevas formas de «dinero invisible» que flotan por el universo mercantil ayudando a generar una deuda mundial impagable, multiplican exponencialmente la precariedad e indefensión vivencial de las clases trabajadoras y más aún de las naciones oprimidas. Esto hace que el fascismo actual sea más complejo y más dañino contra la subjetividad que el de los años de 1920 – 1945, siendo el mismo fascismo en lo básico: el exterminio del socialismo.

Necesitamos recurrir a la teoría del imperialismo cuando también en Euskal Herria el fascismo quiere asomar el hocico. En febrero de 2019 hubo fuertes enfrentamientos entre fascistas y antifascistas en Bilbo. Iker Casanova, parlamentario de EH Bildu, dijo que «contra el fascismo más neuronas y menos testosterona», frase desgraciada donde las haya por su feminismo burgués, su repelente pacifismo pseudo científico –neuronas– y por su desprecio engreído a millones de personas que han entregado su vida en la lucha venciendo al fascismo. La «paz» y los parlamentos nunca han vencido al fascismo, al contrario lo han normalizado facilitando su posterior reaparición.

También en Euskal Herria, esa pasividad facilita la reaparición de la bestia parda, comprobable por ahora en el fuerte ascenso del fascismo en la Ertzaintza, fuerza represiva estatal con txapela vasca, como se confirma en las elecciones sindicales de 2026.

El triunfalismo electoralista de EH Bildu es extremadamente peligroso porque hace olvidar los problemas reales, cotidianos, que subyacen fuera de la burocracia política excepto en las promesas de los períodos electorales. La máquina política triunfalista tiende a separarse de los problemas reales. Es cierto que es tanto el cansancio de amplios sectores populares hacia el matrimonio PNV-PSOE-UPN que EH Bildu aún tiene una base de crecimiento, pero es aquí donde debemos volver a la importancia de la teoría del imperialismo.

Nada de lo que ocurre en Euskal Herria está libre del poder imperialista yanqui y subimperialista europeo, consustanciales a la burguesía vasca y a los Estados español y francés. Nada está libre de la preparación de la III Guerra Mundial en su frente europeo contra Eurasia, tampoco la militarización del capitalismo vasco y el aumento de la represión material y moral. El empobrecimiento popular creciente responde a las exigencias militares, a la necesidad de revertir la caída de los beneficios intentando recuperar de la productividad del trabajo reforzando financiarización social absoluta. El manifiesto declive económico solo es reversibles con la guerra social interna y la guerra imperialista externa, que son las dos caras de la misma violencia injusta. En este contexto objetivo, EH Bildu camina como un ciego, un sordo y un mudo en un campo de minas.

El hundimiento de la salud psicosomática, el aumento de depresiones y drogadicciones, de la violencia patriarcal y racista, las tremendas dificultades que debe vencer a diario la euskaldunización, etc., son efecto de las nuevas formas de explotación, del desánimo y pérdida de perspectiva emancipadora en franjas sociales que se aferran el fetiche electoral como el náufrago a una tabla. Es cierto que, por el lado contrario, vemos signos esperanzadores de lucha nacional de clase, signos que no existían o eran muy débiles hace una década, y cuyo avance es mérito exclusivo de la izquierda revolucionaria que no se tragó el anzuelo de la «nueva estrategia» impuesta hace quince años. Aun así y pese a estos brotes, hoy el pueblo trabajador está en peores condiciones que entonces.

¿Qué debemos hacer?

Teniendo en cuenta la brevedad de este texto, la síntesis de todas las tareas necesarias que tendríamos que exponer aquí es sencilla y compleja a la vez: hemos de lograr que cualquier reivindicación, movilización, lucha corta o larga, etc., se ponga como objetivo la conquista del poder concreto en esa área por muy reducido, débil y fugaz que sea. Dicho más directamente: hay que impulsar el contrapoder obrero y popular allí donde sea posible, aunque dure poco tiempo por los golpes represivos y las traiciones político-sindicales de los reformismos varios. Pero propagar el contrapoder es propagar el antiimperialismo.

Un ejemplo entre muchos: es vital luchar contra el poder del sionazismo, de la OTAN, del ucronazismo, como las expresiones más crudas del imperialismo, en la instituciones autonomistas y regionalistas, en muchas empresas, en la Ertzaintza, Foruzaingoa, etc., en su penetración en la industria de la cultura burguesa, en los partidos reformistas, etc., pero a la vez es vital que simultáneamente generemos espacios materiales –contrapoderes– donde se coordinen todas ellas poniendo en común lo que les une por debajo de su especificidad, donde se debatan nuevos objetivos y donde se elabore un proyecto de nación trabajadora.

¿Utopía? No.

Desarrollaremos esta vía del contrapoder, inseparable de otras, en las entregas posteriores.

4 de agosto de 2026.
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