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Nacionales E.Herria :: 13/08/2013

Guiones no escritos

Borroka Garaia
Si alguien cree firmemente que la “paz sin justicia” es el paso previo a la justicia le escucharía atentamente sus argumentos y sus ejemplos históricos.

El pasado mayo, cuando se hicieron públicas las recomendaciones de cara al proceso de paz en Euskal Herria del foro social promovido por Lokarri y Bake bidetik comenté que en esencia significaban toda una serie de medidas encaminadas a poner sobre las espaldas del colectivo de presos políticos y ETA la responsabilidad de la actual situación de bloqueo y las supuestas llaves de su desbloqueo desvirtuando de pies a cabeza una salida integral.

Han pasado tres meses y así es. Es lo único que existe en la agenda política. El foco está situado en una espera tensa en relación a lo que pueda decir ETA al respecto y a la deliberación a la que lleguen los presos. Mientras tanto agentes diversos juegan sus cartas en ese sentido para crear una situación donde solo sea posible un resultado. Y ese resultado es una reconciliación sin justicia, el desmantelamiento inminente de las estructuras militares de la resistencia vasca saliendo de los esquemas de Aiete sin diálogo con los estados, la “reintegración” individual de los presos aceptando la ley y con condiciones políticas como la aceptación de la existencia de un falso “escenario de paz” y la negación de las bases éticas revolucionarias afrontando el “pasado” obviando el presente de conculcación de derechos.

Eso puede ser muchas cosas pero en ningún caso elementos de un proceso de paz y mucho menos de solución. Sino que simplemente parece más que es un proceso desmantelamiento de ETA camuflado de proceso de paz.

Era octubre del 2011 y gran parte de la sociedad vasca y muy concretamente la relacionada con la izquierda abertzale creía que la conferencia de Aiete estaba íntimamente unida a un gran trabajo de cocina multilateral que de alguna manera había propiciado esa declaración.

Nada más lejos de la realidad. Pasados prácticamente dos años desde aquella declaración, lo único que se ha cumplido de ella es el cese de la actividad armada de ETA. Pero el dato más significativo no es ese, ni la no participación de los Estados en un proyecto del que nunca se sintieron realmente implicados ni partícipes. Lo relevante pasados estos años es que ningún actor que fue vocal en el apoyo a esa hoja de ruta defiende hoy en día su viabilidad.

ETA por tanto se ha quedado prácticamente en solitario como agente político defendiendo esa hoja de ruta y habiendo cumplido exquisitamente sus recomendaciones. La conclusión es que el impulso fundamental de las recomendaciones de Aiete no ha sido gestionar los ingredientes que puedan dar una solución integral al conflicto sino el final de la lucha armada vasca en sí mismo.

Debido a que las coordenadas del impulso que subyace de las recomendaciones del Foro social no difieren del impulso que ciertos sectores dieron a la conferencia de Aiete, se ha podido comprobar que una vez más se ha puesto sobre las espaldas del colectivo de presos políticos y ETA la responsabilidad de la actual situación de bloqueo aunque no se exprese de esa manera. El resultado lógico de esa lógica supone que se intentará que ETA regale sus armas a quien sea, y que se abra entonces una fase que busque su disolución como organización socialista revolucionaria. Sin embargo, eso ni solucionará las consecuencias del conflicto ni el conflicto, ni abrirá un proceso de paz. Posiblemente alargue en el tiempo su verdadero inicio ya que mientras se piense que la clave catalizadora de la solución al conflicto que vivimos en Euskal Herria depende de pasos de ETA en esa dirección no se analizarán en toda su extensión los ingredientes necesarios para una salida global. Siendo uno de ellos la presión necesaria para derribar el muro impositivo que acorrala las libertades secuestradas.

Hoy en día un proceso de paz, o una etapa de búsqueda de soluciones compartidas parece que queda lejos. No solo porque sean imposibles de llevar hasta el final esos procesos unilateralmente sino porque no hay voluntad suficiente de iniciar un proceso con energía que haga cambiar las fichas del tablero. Dar por perdido el esquema de Aiete de antemano, es una pequeña constatación en ese sentido.

Algunas iniciativas planteadas en el futuro próximo y ciertas interpelaciones más bien parecen vueltas de tuerca de guiones no escritos con resultados que se pueden intuir con antelación.

Me encantaría que hubiera un proceso de paz en Euskal Herria y posiblemente la mayor aportación hoy en día para ello sea dar en el clavo de cómo dejar atrás la opresión española y francesa para que se abra paso la justicia que es lo único que puede engendrar la paz. Aunque si alguien cree firmemente que la “paz sin justicia” es el paso previo a la justicia le escucharía atentamente sus argumentos y sus ejemplos históricos.

 

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