Nacionales E.Herria :: 08/10/2013
La solución del conflicto
La solución del conflicto vendrá del incremento exponencial del conflicto, por vía de aunar voluntades y ponerlas en un carril rupturista y no dependiente del estado

Después de un análisis profundo de la trayectoria política de Euskal Herria, el estado español se dispuso a efectuar una estrategia concreta y definida que ha tenido consecuencias aún hoy muy apreciables y relevantes.
Una estrategia de una fase represiva que empezó a dar sus primeros pasos a mediados de los 90, con un auto de la audiencia nacional española firmado por Baltasar Garzón en enero de 1996 que señalaba que KAS debía ser investigada. En esos momentos es probable que la izquierda abertzale no fuera consciente de que ese tipo de señales no eran más que los prolegómenos de una estrategia que en primera instancia consistía en el análisis de que ante la imposibilidad policial de poner fuera de juego a ETA, se lanzarían contra el movimiento político y civil, de esta manera presionando violentamente a la izquierda abertzale y al pueblo no armado, a modo de chantaje, se buscaba la desactivación de ETA como paso imprescindible al colapso total del MLNV. De ahí viene el “todo es ETA”.
Esta estrategia ha tenido victorias evidentes y quizás una de la más importante es que amplios sectores interiorizaron que ETA era un estorbo para la lucha. Y eso ha sido, se quiera reconocer o no, uno de los factores que ha impulsado el cambio estratégico de la izquierda abertzale. Que además estaba asentado en un estado de ansiedad ante las implicaciones que supone estar fuera de las instituciones, lo cual solo encamina hacia la marginación y que Rubalcaba lo definió de esta manera: “Votos o bombas”.
Esa estrategia también ha tenido derrotas ya que el estado no consiguió el colapso del MLNV aunque si el cese de la lucha armada. Y de la posiblemente única manera de poder lograrlo. Indirectamente ante la imposibilidad no reconocida abiertamente pero aceptada en privado de una victoria policial.
Aquella estrategia represiva iniciada tímidamente en los 90 e intensificada en la ultima década está llegando a su fin. O ha llegado hasta casi el máximo donde podía llegar. Justo hasta el punto anterior a una disolución de ETA que no han conseguido.
Al estado español ante la evidencia del cese armado de la resistencia vasca se le abrió un dilema. Que la necesidad contra-insurgente debía pasar por el destensionamiento de la vía represiva clásica y la re-formulación de la estrategia con vistas a alimentar procesos de asimilación con los que cuentan con mucha experiencia histórica como el producido por el PNV, EE o PCE. Eso o seguir tensando la cuerda. Dice el refrán que si algo funciona no intentes arreglarlo. El éxito parcial cosechado por la estrategia y también la necesidad del capital de colocarse en ofensiva para que la “crisis” no suponga un retroceso para sus intereses les da confianza para seguir tensando la cuerda e intentar poner encima de la mesa un nuevo binomio de “X o Y”. En este caso la Y es la disolución de ETA, no solo como organización armada sino como organización revolucionaria socialista de liberación nacional y la X lo que pueda ofrecer el PNV, el PSOE y el estado para salir del “bloqueo”. Ese es su objetivo prioritario en estos momentos y cuenta para ello con el apoyo del PNV y el PSOE. Cada uno cumpliendo su papel y sus promesas, mientras que en su accionar bloquean todas las demás opciones que podrían abrir el paso a acuerdos o procesos que se les podrían escapar de las manos al estado, dándole por tanto manga ancha y haciendo que la represión en todas sus variantes no sean descartables.
En cualquier caso no deja de ser una apuesta arriesgada la del estado. Ya que la cuerda también se puede romper. Esta estrategia de chantaje es pura esencia de estado y no tiene fin, el objetivo siempre será la destrucción por todos los medios necesarios, incluso en el supuesto de una disolución, donde podrían empezar a conjugar la estrategia destensionadora con nuevo binomios “X o Y” quirúrgicos para intentar conducir hasta la total asimilación y la “desaparición” de la represión.
Por muy contradictorio que parezca el objetivo de la represión es que la represión no sea utilizada en grandes dosis. Que no sea necesario utilizarla para mantener un sistema autoritario. Ya que la represión es un esfuerzo extra que tiene que realizar el sistema que siempre le va a causar un coste y que fácilmente puede poner en entredicho su legitimidad. Es la misma filosofía que subyace de la mejor estrategia militar, la cual consiste en ganar batallas y guerras con el menor esfuerzo posible o en el mejor de los casos directamente sin llevarlas a cabo militarmente. Es contradictorio en apariencia pero desde hace milenios los expertos generales ya entendían que lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla. Por lo tanto, la estrategia represiva tiene como objetivo su cese en intensidad y la supuesta apariencia de su inexistencia. Es importante tener conciencia de ello ya que el pensar que la represión es realizada por algún tipo de maldad intrínseca del que la practica sin ningún otro baremo a analizar puede suponer un error de cálculo fatal.
Esta estrategia se alimenta de la credulidad del oprimido, de la guerra psicológica y de intentar esconder la debilidad del estado pero también se encuentra o puede encontrarse con muchos obstáculos. La tradición de lucha de la izquierda abertzale es uno muy poderoso, no siendo menos la no aceptación del marco político actual como democrático.
Si la sociedad vasca es capaz de entender el esquema que guía este accionar del estado que hace irreconciliable cualquier entronque de una Euskal Herria libre bajo legislaciones que buscan su destrucción, si la confrontación se instala, iniciándose un proceso unilateral hasta ejercer la soberanía, si la clase trabajadora se radicaliza y empieza a generar contradicciones, puede abrirse la opción para cortar amarras con ese bucle chantajista del estado que nunca terminará, o por el contrario instalarnos en él y llegar a creer que dependiendo de lo que haga el oprimido en el sentido vehiculizado por el estado, éste cesará en sus ansias depredadoras.
En definitiva, y pese a que parezca también paradójico, la solución del conflicto vendrá del incremento exponencial del conflicto, por vía de aunar voluntades y ponerlas en un carril rupturista y no dependiente del estado. Como decía un lector del blog en un comentario: “El arte que hay que recuperar, es el arte de la rebelión, en éste se encuentran las llaves de la salida.”.







