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11/02/2007 :: Nacionales E.Herria

La Ertzaintza carga violentamente contra miles de manifestantes por los derechos de la juventud

x Gari Mujika
La Policía autonómica volvió ayer a cargar de forma violenta contra miles de personas en Donostia. Secundaban el llamamiento realizado por un grupo de jovenes para denunciar la prohibición impuesta por Madrid a la primera convocatoria del movimiento juvenil en defensa de sus derechos, tras la sentencia contra las organizaciones juveniles

Pero ni eso fue posible. Tras el veto de Garzón llegó el de la Ertzaintza, que cargó a pelotazos y detuvo a una joven.

«Adierazpen askatasuna, biltzeko askatasuna eta iritzi askatasuna». Ese era el lema que llevaba la pancarta que abrió la manifestación de ayer en Donostia. Un eslogan extraído de la Carta de los Derechos de los Jóvenes de Euskal Herria, realizada por el Consejo de la Juventud de Euskal Herria.

La convocatoria, como bien informaron en una comparecencia realizada a la mañana ante la sede donostiarra del PSE, pretendía únicamente reivindicar respeto a los derechos más elementales de la juventud de Euskal Herria; máxime después de que la Audiencia Nacional prohibiera una primera convocatoria realizada por los más de 3.600 firmantes del manifiesto en pro de la juventud que impulsó el movimiento juvenil.

Pero la Ertzaintza no respetó tampoco esta pretensión de las miles de personas que ayer se acercaron a Donostia en exigencia del respeto a los derechos más básicos. Y no sólo durante la marcha.

La Policía autonómica dio ayer una de las mayores muestras de desproporción policial y política. Puso controles en todos los accesos a Donostia, y también persiguió, retuvo y obligó a dar la vuelta a más de un autobús que pretendía acudir a la marcha, como en el caso del que transportaba a los vecinos de Sopela, Berango, Algorta y Leioa. Pero las intenciones de la Policía, una vez más, no cosecharon el resultado pretendido: para las 18:00, el Boulevard donostiarra acogía a miles de personas.

Ya al mediodía, la Ertzaintza protagonizó un mínimo de dos irrupciones en Alde Zaharra de Donostia, retirando todas las pancartas y carteles que hacían referencia, en su mayoría, a la denuncia de la juventud vasca contra la sentencia del Tribunal Supremo español. Ya a partir de las 15.00, un helicóptero también cooperaba en la exhaustiva labor policial sobrevolando Donostia una y otra vez.

Pero lo peor ocurriría a partir de las 16:30, cuando la Ertzaintza colocó controles policiales en al menos cuatro puntos de acceso de Donostia, causando un caos circulatorio en la capital guipuzcoana. Su pretensión era la de impedir el acceso de quienes acudían a la manifestación, aunque para ello fuera necesario bloquear toda la ciudad y sus alrededores. Y aunque no se consiguiera.

Hasta en los parking

Amara, Antiguo, Gros e Igara, al menos, fueron puntos escogidos por la Policía autonómica para instalar los controles. Además del habitual material antidisturbio en mano, los efectivos de la Ertzaintza también portaban varias armas de fuego ante los ciudadanos que circulaban.

Ya para entonces, cerca de una docena de furgonetas de la Ertzaintza custodiaban tanto el Boulevard como sus aledaños. Incluso vigilaron los accesos a los parking del centro donostiarra, llegando a meterse en ellos tras jóvenes que accedían a aparcar sus vehículos.

Mientras tanto, en cualquier caso, las miles de personas que ayer acudieron a la cita en defensa de los derechos de la juventud vasca iban llenando el Boulevard donostiarra. La presencia policial era exageradamente notoria, pero el ambiente que se respiraba no denotaba nerviosismo entre la ciudadanía que acudió con la intención de participar en la marcha cuya convocatoria se había conocido apenas unas horas antes.

Tras unas breves declaraciones a los medios de comunicación allí congregados ¯como botón de muestra de la amplía cobertura mediática cabe destacar la presencia de un periodista del ``Washington Post'' de EEUU-, en las que denunciaron la gravedad de la prohibición inicial del juez Garzón y se preguntaron «hasta dónde pretenden llegar con la represión contra la juventud vasca», la cabe- cera de la marcha se abrió paso entre la multitud concentrada en el Boulevard para toparse de frente con un amplio cordón policial.

Mientras que el mando de los ertzainas informaba a los portadores de la pancarta del veto impuesta a esta segunda marcha (la primera había sido prohibida por la Audiencia Nacional), otros dos policías se encargaron de grabar en vídeo a todas las personas que se encontraban en los alrededores.

La multitud que acudió a participar en la manifestación desbordaba el Boulevard, ocupando parte de la calzada reservada a la circulación vial que, en esos momentos, estaba paralizada por la propia Ertzaintza. Más de un centenar de policías cerraban el paso hacia el centro donostiarra, con una docena de furgonetas policiales.

«PNV español»

«Euskal gazteria aurrera», «Hau al da zuen bakea?», «Independentzia» o «Jarrai, Haika eta Segi aurrera», fueron algunos de los gritos que corearon los presentes. Pero, sin duda, el más repetido fue el de «PNV español».

No parecía que nadie tuviera intención de moverse del lugar. Mientras, los ánimos de los manifestantes iban calentándose poco a poco, en proporción a la actitud policial. Los agentes volvieron de nuevo; esta vez, tampoco dudaron en empujar a los presentes, fotógrafos incluidos. Varios dirigentes de la izquierda abertzale mediaron para tratar de negociar con la Ertzaintza el transcurso pacífico de la marcha. Las parlamentarias de Ezker Abertzalea en Gasetiz Ane Auzmendi y Aiora Mitxelena hicieron otro tanto. Pero la Policía autonómica no estaba por la labor de permitir ningún acto, aunque pretendiera desarrollarse con normalidad. No tardaron mucho tiempo en demostrarlo.

«Tenéis diez minutos», espetó por última vez el policía. Los participantes continuaban sentados ante el centenar de ertzainas, como acto de protesta. Tras varios rifirrafes con los uniformados, los portadores de la pancarta optaron por evitar la confontación con la Ertzaintza y, tras darse la vuelta, avanzaron hacia Alde Zaharra. Recorrieron el Boulevard para adentrarse en la Bretxa; después de recorrer también la calle 31 de agosto y continuar en la calle Mayor, la Ertzaintza apareció.

Esta vez no hubo palabras. Sólo hablaron los pelotazos que lanzaron los policías inmediatamente después de bajar de las furgonetas que, a toda velocidad, se apresuraron a entrar desde el Boulevard. Cargaron directamente. Y corrieron hacia la cabecera de la marcha. Cogieron la pancarta y arrestaron a una joven labortana que se llevaron detenida a comisaría.

La pretensión de realizar detenciones parecía premeditada, ya que junto a las furgonetas de antidisturbios que se adentraron hasta el corazón de Alde Zaharra también acudió una de las furgonetas blancas celulares que emplean los policías para trasladar a presos.

El caos se apoderó durante unos minutos de Alde Zaharra. A la par que se oían gritos en contra de la Ertzaintza y en favor de la juventud vasca, resonaban por doquier los pelotazos que lanzaban los agentes de la Policía autonómica. Instantes después, el gentío que abarrotaba Alde Zaharra se volvió a reunir en los aledaños de la calle 31 de agosto y poco a poco acudieron, sin pancarta y en una improvisada manifestación, hacia los ertzainas que habían vuelto a tomar posiciones en las inmediaciones del Boulevard.

Después de unos minutos gritando contra la Ertzaintza, los allí reunidos acudieron a la plaza de la Constitución. Uno de los jóvenes que portaba la pancarta de la cabecera tomó la palabra y realizó una retrospectiva de todo los atropellos sucedidos desde que el movimiento juvenil decidiera impulsar un manifiesto y, en concreto, para denunciar el caso judicial contra Segi. El joven incidió en que la movilización de Donostia pretendía ser el final de una dinámica, pero visto lo visto sentenció que el de Donostia «es sólo el punto de partida».

«Somos presos por ser vascos»

Sólo en el Boulevard donostiarra se podían ver doce furgonetas antidisturbios de la Ertzaintza. En las inmediaciones, tanto en el centro como hacia Gros, aún había más dotaciones de la Ertzaintza con objeto de impedir la manifestación.

La aparición de una furgoneta celular blanca, empleada habitualmente para el traslado de los presos, en Alde Zaharra junto a varias furgonetas denotaba que la práctica de detenciones estaba ya de entrada en la agenda de la Ertzaintza.

La Policía autonómica colocó al menos cuatro controles en los accesos al centro de Donostia. Amara, Gros, Antiguo e Igara fueron los lugares en los que estuvieron, según pudo saber GARA. Un helicóptero también sobrevoló Donostia.

Aunque la Policía autonómica intentó impedir el acceso de la ciudadanía a la marcha en defensa de los derechos de los jóvenes, el Boulevard acogió a miles de personas. La delegación internacional de organismos juveniles también estuvo presente.

Obligan a un autobús a darse la vuelta y a no acudir a Donostia

Según denunció una vecina de Sopela, la Ertzaintza detuvo en Leioa el autobús que vecinos de Uribealdea organizaron para acudir a Donostia. Con material antidisturbio en mano y las caras cubiertas, los ertzainas conminaron al chófer del autocar a devolver a los usuarios a los lugares de procedencia.

Al parecer, acudieron con una orden de la Audiencia Nacional que instaría a impedir que partiesen autobuses hacia la manifestación. Después de que los jóvenes decidieran seguir con la pretensión inicial, los policías presionaron al conductor y lo hicieron retroceder, con custodia policial incluida.

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