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Nacionales E.Herria :: 20/03/2007

La permanente reconquista de Navarra

Askapena
Para entender lo que sucede en Euskal Herria hay que mirar detenidamente a Navarra. Es una de las claves del conflicto y será una de las claves de la solución.

Constituida en Reino, fue desde el s. X hasta el s.XVI la configuración política de la que se dotaron los vascones. Reino consolidado a ambos lados de los Pirineos, nunca extenso, de fronteras en permanente variación, anterior a sus reinos vecinos: Francia y España, con identidad propia en la diplomacia europea hasta bien entrado el s.XVII.

Conquistado por el ejército español en el 1512, mantuvo una lucha de resistencia hasta el 1521, fecha en que fue aniquilado el frágil ejército de los navarros resistentes. Desde entonces, tanto España como Francia han hecho todo lo que está en sus manos para borrar las señas de identidad y los vestigios de aquel pequeño reino conquistado. Por lo que se refiere a España, el s.XIX fue testigo de dos guerras que tuvieron mucho de insurrecciónales: rebeldía contra los regímenes centralistas de Madrid. Estuvo a punto de iniciarse una tercera pero el Gobierno metropolitano, golpeado también por la insurrección cubana, decidió dar marcha atrás en sus políticas fiscales. Los navarros, para conmemorar aquella victoria decimonónica, alzaron un monumento a los Fueros que son expresión de identidad Navarra frente al centralismo español.

En Navarra está muy arraigada una difusa conciencia -no explícitamente nacionalista- de su identidad propia, con muchos elementos comunes con el restos de los vascos: lengua, cultura, música, toponímicos, apellidos... Si este sentimiento prospera, no sería muy difícil conseguir la aproximación de Navarra al resto de población vascona. Y aquí está el gran conflicto de España. Si Navarra se vincula con el resto de territorios vasco, nace un nuevo sujeto político diferenciado. Y, si esto sucede, el proyecto de unidad nacional española, entra en crisis. La única solución posible que se les ocurre es ahondar las diferencias entre vascos creando dos entes diferenciados y contrapuestos: Navarra por un lado y Euskadi por otro. Si se consigue la ruptura de Euskal Herria, se garantiza la unidad de España. Este criterio de actuación ha regido la política española en los momentos cruciales, de antes y de ahora.

La derecha española siempre ataca por el mismo flanco

En el año 1931 todos los municipios de Euskal Herria aprobaron por mayoría un Estatuto de Autonomía Vasco. El Gobierno de Madrid y sus terminales locales hicieron todo lo posible para que aquel Estatuto, que tenía carácter nacional, no prosperase. La izquierda republica comprendió que el particionismo, que ellos mismos habían promovido, favorecía los intereses de la derecha. Quisieron rectificar pero ya era tarde. Los militares habían vinculado a los dirigentes políticos navarros con el golpismo y aquel intento de unidad vasca, fracasa. La Navarra republicana tenía mucho asiento social pero los fascistas arrasaron la conciencia republicana y vasca. Aunque no hubo frente de guerra, más de 3000 personas fueron fusiladas en las cunetas navarras sin juicio alguno.

Aquella masacre produjo efectos demoledores pero no eliminó el sentimiento vasco y de izquierdas de Navarra. Cuando se produce la reforma franquista (1974-79) el clima político de Navarra estaba en plena efervescencia; los movimientos políticos y sociales eran muy plurales pero manejaban unos ejes coincidentes: rechazo al franquismo, apuesta por una ruptura democrática, fuerte contenido social y creciente conciencia nacional vasca. El franquismo se hizo la misma reflexión: si controlamos Navarra, la reforma está garantizada. Si no la controlamos emergerá Euskal Herria que reclamará sus derechos; y si Euskal Herria reclama sus derechos nacionales, el modelo de las Autonomías será inviable.

Intensificaron de nuevo la violencia centralista, machacaron a las fuerzas de izquierda y reconquistaron Navarra. La remodelación de España como Estado de las autonomías consolidó la partición de Euskal Herria: por un lado la Comunidad Autónoma Vasca y por otro Navarra. Las burguesías de ambos territorios colaboraron en la partición y fueron muy bien recompensadas.

La salvación de la patria (española)

La derrota electoral de 2004 encendió las alarmas de la derecha española. Flota en el ambiente el convencimiento de que el actual marco político de la España autonómica está agotado y que ha llegado la hora de realizar la transición pendiente, realmente democrática. Esto supondría dar la voz al pueblo vasco para que determine cómo se quiere estructurar.

La derecha quiere recuperar el poder ya que no se fía de los socialistas. Estos están intentando una readecuación de los Estatutos para reforzar el modelo: "cambiar algo para no cambiar nada". La derecha, incapaz de sutilezas, considera que la unidad española está en peligro y que debe de asumir ella las riendas del Estado. Como siempre, considera que las claves son dos: recuperar el Gobierno de Madrid y reforzar la división de los vascos reconquistando Navarra para España. El día 10 de marzo ocuparon Madrid. El 17 de marzo invaden Navarra con la misma pretensión.

El unionismo navarro ha convocado a toda España para que venga en su auxilio; es lo mismo que ha hecho siempre. La convocatoria ha conseguido varias cosas: crispar aún más a la sociedad navarra ahondando su tradicional fractura. La convocatoria sólo ha contado con el respaldo de la ultraderecha: Falange española, Foro de Ermua... Ningún otro partido ni sindicato se ha adherido a ella. El Partido Socialista de Navarra no podía apoyar una marcha que va en su contra pero sus bases están bastante contaminadas de unionismo; por eso, su postura ha sido ambigua: desmarcarse de la manifestación, reafirmar sus planteamientos contrarios a la integración nacional vasca, pedir a la derecha (petición inútil) que desconvoque. Los sectores reformistas: IU y Nafarroa Bai, se han desmarcado de la marcha. La izquierda vasca -el sindicato LAB- tenía convocada una manifestación en Iruñea para la tarde del día 17 reclamando la autodeterminación y en contra de la deslocalización industrial. Aunque el unionismo elige más tarde el mismo día y hora para su convocatoria, LAB mantiene la suya. El Delegado del Gobierno en Navarra autoriza ambas marchas y asegura que pondrá todos los medios para que ambas discurran sin incidentes.

La marcha de las contradicciones

Unos 55.000 derechas, venidos de toda España participaron en la marcha unionista bajo el lema "Fuero y Libertad. Navarra no es negociable". Se reclama la libertad de los navarros para decidir y, al mismo tiempo, se apela a que toda España se implique al lado de los unionistas. Se dice que Navarra no es negociable y fue el precio que tuvieron que pagar los partidos que se promovieron la transición; fue el ejército español el que les impuso el actual marco particionista. Los socialistas navarros proclamaron la víspera su voluntad, también unionista; eso no les eximió de ser acusados de "traidores". Acabó la marcha frente a un monumento- ya comentado- que celebra el triunfo frente a Madrid y que proclama el carácter vasco de los navarros. Los "invasores" creyeron tomada la ciudad y no pudieron entrar al casco viejo donde cientos de vecinos golpeaban cacerolas para ahuyentarlos y muchos jóvenes se apostaban en las esquinas reclamando la condición vasca de Navarra.

A las 5, 30 se inició la manifestación que LAB tenía convocada contra la deslocalización y a favor de la autodeterminación. 8.000 personas secundaron la marcha en defensa de Euskal Herria. Las dos navarras se hicieron presentes. Una, la obrera, reclamando el derecho democrático de los navarros a decidir. La otra, la de las burguesías unionistas, entregando el derecho a decir de los navarros a manos de España.

Euskal Herria, 19 de Marzo de 2007.
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