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10/10/2018 :: Nacionales E.Herria

Lo abertzale, de ayer a hoy

x Borroka Garaia da!
Siglos después resulta esclarecedor que la tesis foralista sea en la que se pretende basar el nuevo estatuto fraude

En la segunda mitad del sigo XIX se usaban varios términos para referirse al pueblo vasco: Euskeria (o Euskaria), Vasconia y Euskal Herria. Anteriormente al nacimiento de Sabino Arana, según consta en el archivo del convento de los los padres franciscanos de Zarautz, hay una una poesía escrita por. Eusebio M.ª de los Dolores Azkue de Marzo de 1862 que se titula Euzkadia. Por tanto, sea la palabra un neologismo o no, la idea de Sabino Arana era que por encima de la connotación que entonces tenía Vasconia como realidad cultural histórica, el concepto Euskaria como connotación lingüística y Euskal Herria como socio-linguística, debía existir un vocablo que expresara la necesidad de constituir una realidad política. Así surgirá Euzkadi, según él, del prefijo euzko derivado de eguzki (sol) debido a la supuesta religión ancestral de adoración al sol (algo muy poco cristiano, todo sea dicho) y que era la teoría que Sabino copió de un cura de Durango del siglo XVIII que afirmaba (vete tú a saber porqué) que los vascos y vascas proceden “del País del Sol , de Oriente”. El caso es que Euzkadi pasaría a ser la denominación del proyecto político de independencia para todo el territorio vasco de norte a sur y de este a oeste. Claro que los tiempos cambian y las connotaciones también, o mejor dicho, el PNV se sacó de la manga que la constitución de una región española autonómica en un cacho occidental del territorio vasco debía denominarse Euskadi y tener un lehendakari. El resto es historia o mejor dicho, esa es la razón fundamental de que hoy en día Euskal Herria tenga la connotación política que antaño tuvo Euskadi.

Una vez definido el nombre del marco territorial político a declarar independiente Sabino Arana en 1896 recrearía el término de nación a través de la palabra aberri. Una mezcla entre aba y erri. Padre y pueblo. La fatherland en referencia a los padres de la patria o los ancestros. Una tradición indo-europea asociada al propio término de patria que proviene de pater patris (padre o antepasado) y en contraposición a la “madre patria” que sería el término extendido en las naciones oprimidas por diferentes imperios. El sufijo -(t)zale haría el resto configurando lo que sería más o menos el concepto de “patriota” con la palabra abertzale.

En realidad lo que hizo Sabino fue primero crear la palabra Euzkadi en base a teorías a-científico mitológicas de un cura que desvariaba para después recrear la palabra patria en una lengua no indo-europea desde una raíz indoeuropea. Todo esto en realidad no tiene demasiada importancia pues todas las palabras son construcciones que se explican por un contexto y hoy en día (ni antes) no existe nadie que crea que los y las vascas son los hijos e hijas del sol de oriente. Lo único que hace entrever esta metodología es el idealismo del autor junto con la base no científica de su accionar. Cosa que en cualquiera de los casos no excluye la existencia real y material de la nación vasca, ya que una nación no son palabras en el aire ni siquiera estados constituidos.

De esta manera, y con esta base no científica e idealista, el primer abertzalismo pese a su carácter independentista tenía una cuenta atrás de la que no se podría librar y cuando la clase burguesa se hizo con las finanzas del PNV empezó a darle el finiquito. La cuenta atrás era obvia debido a la corrupción teórica que solo podía llevar hacia la dependencia y no la independencia. Esa corrupción teórica hoy se llama estatutismo que no es otra cosa que una derivación fuerista.

El nacionalismo sabiniano fue sui generis, porque transitara entre el ‘fuerismo’ y el nacionalismo, siendo heredero y respuesta a la vez del desastre que deja el abrazo de Bergara. Por mucho tiempo, el objetivo político del jeltzalismo fue la ‘restitución del estatuto jurídico-político anterior a 1839′, es decir una recuperación del conjunto de prerrogativas forales completa, pero que en ningún caso suponía alcanzar la soberanía política (por mucho que descubriera trazas soberanas en el régimen foral). Al mismo tiempo que podía hablar de “derechos históricos” (y en todo caso relacionales con respecto a la corona española), descubre o categoriza, un nuevo ‘sujeto’, que como todo nacionalismo construye (o mejor reconstruye con una combinación de elementos existentes), una identidad, ‘los vascos’, que los define por lo que todos sabemos y de los que se esforzará por resaltar su ‘singularidad’, quizá con la idea de que a mayor diferencia era aun mayor el derecho a adquirir la independencia política. En consecuencia, desde sus orígenes el nacionalismo sabiniano, juega en ambos campos, a falta de independencia se reclaman fueros (o en su defecto: el autonomismo).

La rebelión campesina frente a la descomposición imperial romana que ocurrió por toda Europa, en tierra vasca fue factor clave ya que abriría un período de independencia durante varios siglos que evitó la desaparición de la cultura e idioma vasco, así como reforzó el colectivismo frente a la jerarquía.

El sistema revolucionario de democracia campesina en ausencia ya del poder romano se veía amenazado tanto por el norte (Carlomagno) como por el sur (algunas facciones árabes), como por la oligarquía autóctona. Esto llevaría a esta última a centralizar poder y territorio en sus manos a través de un único jefe oligarca (Eneko Aritza) reconvertido en monarca y dando posteriormente inicio al reino de Iruñea (después conocido como reino de Navarra). Esta oligarquía monárquica que se hizo con el poder entró en disputa tanto con la auto-organización histórica de los valles y la autonomía político-económica derivada del colectivismo vasco (Juntas) en un proceso feudalizante que intentaba extirpar cualquier elemento real de soberanía vasca.

La gran fractura de la sociedad de comunidades aparece con la división entre “vecinos” y “habitantes”. Esta dicotomía convirtió con el tiempo en explotadores a los primeros y en explotados a los segundos (llamados por cierto “segundones”). La usurpación del Batzarre por una élite perteneciente a los “vecinos” trajo como consecuencia la separación entre el órgano de poder y la comunidad así como la generalización de la propiedad individual. Aquí se empieza a conformar la figura de los jauntxos como parte de la clase dominante vasca.Y así también, los Ahaide Nagusiak, zaldunak y Aitonen Semeak. Las juntas dejan de ser expresiones del poder popular , hasta el punto de que solo estaban conformadas por ricos, comerciantes, curas y señores feudales.

El resto es historia. Al reino de castilla le interesa salida al mar por el cantábrico y entra a la Euskal Herria occidental y pone bajo asedio a Gasteiz por casi un año aprovechando que el rey navarro estaba ausente debido a sus aventuras imperialistas. La clase dominante vasca de la Euskal Herria occidental ante la invasión hace un pacto con la monarquía castellana. Este es el verdadero origen de los autonomistas vascos (foralistas), y a esto hoy lo llaman con toda su cara dura “derechos históricos”. Cuando el hecho fue que la clase dominante vasca acepta la conquista e integración de territorios a cambio de que el rey castellano les deje mantener privilegios sobre el pueblo llano vasco (jurar los fueros), manteniendo así sus intereses económicos intactos. Más tarde ocurriría exactamente lo mismo cuando el resto del reino de navarra fue conquistado. La clase dominante pactaría su integración en relación a guardar sus propios intereses.

Y así, haciendo jurar a los reyes castellanos los fueros, la proto-burguesía vasca comercial y mercantil se aseguraba monopolizar la línea Castilla-Flandes y va acumulando capital con el saqueo de América. Siendo esta proto-burguesía de las más avanzadas del pre-capitalismo.

Siglos después resulta esclarecedor que hoy en día todavía esta tesis foralista sea precisamente en la que está basada todo el andamiaje autonomista con su estatuto y amejoramiento. Y también sea en la que se pretende basar el nuevo estatuto fraude.

Al contrario, el abertzalismo de izquierda ya desde ANV reivindicaba algo por fuera de todo orden, legalidad o derecho derivado; era legítima la aspiración a la soberanía política de una comunidad humana, la vasca, aunque no hubiera ningún papel que así lo estableciera en el pasado, más aun si los fueros habían dejado de ser vigentes o hubieran sido minorizados de nada importaba. Esto de alguna medida era nuevo, un reflejo del ‘derecho natural’ que reclamaba la ilustración en los prolegómenos de la revolución francesa, a saber, que aunque las leyes no lo recojan, las personas tienen derechos pre-existentes y superiores a lo que la ley disponga.

Desde la revolución de Octubre se abre paso internacionalmente la teorización del derecho de autodeterminación. Una nación no se debe a nadie que no sea así misma y a su ahora,por mucho que el pasado haya sido de opresión nacional, ni es deudora de pactos que pudieran haber hecho sus clases dirigentes. El derecho de autodeterminación para Euskal Herria sería pues ya desde los años 30 el salto cualitativo teórico que dejaba definitivamente atrás al moribundo carlismo y su heredero foralista ya que no existe camino hacia la independencia sin ejercer la autodeterminación. El siguiente paso cualitativo sería la unidad de intereses entre la clase trabajadora y el abertzalismo para la función de clase constituyente para la independencia. Euskal Herria ya no sería una cosa inmaterial que está en el aire, en un bandera o en un mapa, que los vascos y vascas son el pueblo, los y las de abajo, los descendientes de todas las películas haciendo de bulto. El pueblo trabajador vasco. Y que una cosa no es la patria y otra cosa la clase trabajadora vasca sino que son una misma cosa.

A 2018 cobra más vigencia que nunca estos paradigmas tanto como el rechazo al estatutismo, por lo que el nuevo salto cualitativo será aquel paradigma que lo ejecute mediante la clase trabajadora vasca haciendo finalmente de la causa de la nación la causa del pueblo trabajador rompiendo todas las barreras creadas por propios y extraños mediante el interclasismo burgués y el pactismo, para que de esta manera se estructure un bloque político-social no delegado ni dependiente de intereses ajenos. O lo que es lo mismo, crear y desarrollar un pueblo trabajador organizado y dispuesto a movilizarse hasta las últimas consecuencias para una ruptura en todos los ámbitos.

https://borrokagaraia.wordpress.com/2018/10/09/lo-abertzale-de-ayer-a-hoy/

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