Nacionales E.Herria :: 27/02/2014
Lo imprevisto
Generalmente el origen que hace surgir los imprevistos o las situaciones no esperadas reside en confundir deseos con realidad objetiva

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procesoCuando en un proceso de lucha aparece algo que no se esperaba o surge algún imprevisto debido al accionar del enemigo solo significa una cosa. El método crítico usado hasta entonces era erróneo e incapaz de identificar lo que se estaba generando.
Esto ocurre en ocasiones, sobre todo en procesos largos como el de Euskal Herria y tan importante es anticiparse a los “imprevistos” como en el caso de que surjan superarlos en el menor tiempo posible. Cuando entra en juego lo imprevisto lo natural es que aparezca la desorientación. Y esa desorientación no se resuelve solo dando respuesta a lo nuevo sino detectando que fue exactamente lo que produjo que no fuera detectado con antelación.
Un buen ejemplo es la estrategia ilegalizadora aún hoy vigente. El ex-consejero de Interior, Juan María Atutxa (PNV) ya en 1996 afirmó lo siguiente: “Yo entiendo que quizá no sea lo más correcto, pero lo que sí puedo decir es: ilegalicemos a esas siglas alegales. Considerémoslas ilegales. Y hablo de ilegalizar a Jarrai, Egizan, Gestoras Pro Amnistía y KAS. Por lo menos estas siglas”. Ya entonces el hoy ex-juez Baltasar Garzón en un auto de la audiencia nacional señalaba que KAS debía empezar a ser investigada. Eran lo primeros pasos de una estrategia de estado hoy conocida como “todo es ETA” a la que la izquierda abertzale no supo adelantarse y las consecuencias casi dos décadas después aún son muy evidentes y bastante desastrosas.
En muchos momentos y fruto de esa desorientación, los movimientos del enemigo son tildados de vengativos o locura como si viajaran sin rumbo o actuaran inconscientemente guiados de un odio atávico sin reflexión o incluso “que nos beneficia”. No es el caso del estado español. Un estado con siglos de experiencia contra-insurgente que ha sufrido muchas derrotas históricas que le han servido de aprendizaje y también muchas victorias en una combinación estudiada de brutalidad e hilar fino que en el caso vasco por ejemplo se ha visto traducido en la sumisión del PNV, la más que derrota y posterior absorción del bloque poli-mili, la desaparición del movimiento autónomo o la total integración para los intereses del estado de PSE-PSN.
Generalmente el origen que hace surgir los imprevistos o las situaciones no esperadas reside en confundir deseos con realidad objetiva o en la credulidad del oprimido en cuanto a promesas especialmente del enemigo, todo ello bajo una base donde el proceso de crítica y auto-crítica es deficiente.
Un ejemplo endémico y repetido sería por ejemplo la dependencia hacia el PNV que ante un movimiento táctico de manual como participar en la movilización del pasado enero levantó falsas esperanzas e ilusiones del inicio de una “vía vasca” con los jelkides mientras que recientemente el PNV cerraba un pacto estratégico de profundo calado para blindar una vía autonomista con el PSE. Otro ejemplo cercano sería la supuesta defunción de la “etapa ilegalizadora” desmentida por los propios golpes represivos y el chantaje permanente.
La manera de combatir lo “imprevisto” es haciendo uso del pesimismo optimista y siempre visualizar y tener en cuenta constantemente todas las opciones que se pueden abrir y especialmente lo peor que podría pasar pero no solo en la teoría sino en la práctica. Anticipándose de esta manera a todo tipo de situación. Un ejemplo histórico y clásico de ello fue la actuación del partido bolchevique que en periodos de ilegalización o legalización siempre mantuvo estructuras clandestinas paralelas. Precisamente esa actuación proactiva ante lo “imprevisto” es una vía que crea imprevistos para el enemigo.
“Lo peor ocurre cuando una parte del colectivo sí se da cuenta de lo que está sucediendo pero es desoída por el resto. En estos casos, más frecuentes de lo que sospechamos, asistimos al típico enquistamiento y cerrazón dogmática. Hay razones de índole psicológica como miedo a lo nuevo, necesidad de aferrarse a lo conocido, defensa del propio prestigio, burocratismo y dirigismo, creencia de superioridad de algunas personas que existen en todo colectivo. Razones que siempre condicionan en mayor o menor grado el pensamiento colectivo y en determinados momentos lo llevan al estancamiento aprovechándose de la tendencia a la aceptación acrítica que existe en todo colectivo. Fuerzas retardatarias como éstas, innegables, tienden a reforzarse en momentos de euforia, cuando se piensa y se cree que todo marcha perfectamente. Luchar en todo momento contra esa dinámica objetiva es una necesidad de primer orden.” [ Aprender y atreverse a pensar bien Recetario útil y oportuno para no pensar como tontas y tontos ]







