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Nacionales E.Herria, Iñaki Gil de San Vicente, Pensamiento :: 26/02/2026

Marco autónomo de lucha de clases

Iñaki Gil de San Vicente - La Haine
Hilketak Gasteizen, emakume langilea, greba orokorra :: La importancia de las tres movilizaciones que vamos a realizar en la primera mitad de marzo

Un revolucionario no debe limitarse a explorar las contradicciones y posibilidades que una situación concreta presenta. Debe además de ello tratar conscientemente de crear fenómenos nuevos, debe conscientemente esforzarse por alterar y acelerar el contexto para precipitar situaciones revolucionarias.
Zutik. Nº 64. 1974 Maiatza 1. Documentos Y. Hordago. Donostia. T. 15, p. 369.

Ningún proceso revolucionario es químicamente puro. La destrucción del Estado burgués y la creación del Estado socialista nunca se logran simultáneamente en todas partes, como si la historia fuera un desfile con el paso de la oca prusiana. La ley del desarrollo desigual y combinado, ley tendencial, explica el porqué de los ritmos y formas diferentes de las luchas de clases singulares y concretas, dentro de las particularidades y, a un nivel más esencial, de la universalidad del antagonismo entre el capital y el trabajo. Las luchas de liberación nacional elevan esta dialéctica a su mayor complejidad porque en ellas tienen más impacto los factores subjetivos, identitarios, culturales, sexo-afectivos, además de los económicos, productivos y geográficos. La memoria de resistencia es especialmente importante en la siempre móvil y cargada de contradicciones identidad de las naciones trabajadoras.

Por marco autónomo de lucha de clases se entiende precisamente la materialización espacio-temporal en un contexto concreto de lucha de clases y de liberación nacional, de lo visto en el párrafo anterior. Es autónomo porque, como marxistas, sabemos que el modo de producción capitalista estructura y determina objetivamente la totalidad de las leyes tendenciales y de las contradicciones sociales no pudiendo por tanto existir nada fuera de ellas, absolutamente desligado de ellas. La revolución vasca tiene la misma esencia que la lucha del Sahel, Marinaleda, Palestina, Turín, Minneapolis, La Habana, por ejemplo, pero sus formas de expresión son específicas y algunas singulares. Un punto de incompatibilidad permanente entre la izquierda estatalista franco-española y el independentismo socialista es el de aceptar o rechazar si Euskal Herria o cualquier otra nación con historia marcada, es un marco autónomo o por el contrario, es sólo un pedazo, un trozo pequeño de la lucha de clases en los Estados español y francés.

Veamos, en la primera mitad del próximo mes de marzo se van a realizar tres grandes movilizaciones que afectan a la naturaleza misma de la opresión nacional de clase que Euskal Herria padece. Sin recurrir a la larga historia de nuestra lucha de clases desde la irrupción de la burguesía en los siglos XVI-XVII, los tres, más el Aberri Eguna a celebrar a principios de abril, muestran que sí, que existe una diferencia en objetivos, fuerzas y ritmos entre la lucha de clases vasca y las de otros pueblos, sin negar con ello la existencia objetiva de la contradicción antagónica universal entre capitalismo y socialismo. La categoría de lo universal/particular/singular lo explica perfectamente.

Durante el próximo 3 de marzo va a tener lugar una movilización de masas para denunciar la masacre de cinco obreros asesinados en la Gasteiz en 1976 por las fuerzas represivas españolas. Desde ese enero más de 6000 trabajadores y trabajadoras estallaron en huelga en muchas fábricas y barrios de Araba. Era un potente movimiento de autoorganización obrera y popular característico de la historia y la esencia de la lucha proletaria, tan frecuente en estas tierras y tan perseguido por el capital con el apoyo del reformismo político-sindical e ideológico. El 3 de marzo de ese año se reunieron en asamblea alrededor de 4000 huelguistas en una iglesia gasteiztarra. La policía disparó con odio y saña: además de los cinco asesinados hubo decenas de heridos, y otros dos asesinados más en las muchas protestas de los días posteriores.

La importancia de la movilización de este 3 de marzo es doble: por una parte, actualizar la valía permanente de las sangrientas lecciones de hace medio siglo; y por otra parte denunciar de manera implacable el cepo reformista que quiere destruir el significado y actualidad de aquella masacre mediante las argollas de la supuesta «Memoria Democrática» fabricada por el capital y el Estado español. Los colectivos que defienden la memoria revolucionaria, la del pueblo trabajador, tienen aquí como en todo lo relacionado con la memoria revolucionaria, una tarea decisiva en la que debemos ayudar todos y todas.

Durante este 8 de marzo se conmemorará el asesinato en 1875 de 120 obreras a manos de la policía neoyorquina en una manifestación a favor de los derechos de las trabajadoras. El sistema patriarco-burgués sabía que debía arrancar con el terror la raíz revolucionaria de la emancipación de la mujer obrera porque iba en aumento. Lo sabía porque ya en 1833 María Stewart, mujer afroamericana que conocía la esclavitud, había esbozado algunos puntos de la teoría del plusvalor desarrollada por Marx dos décadas después. Lo sabía porque ya Flora Tristan, muerta en 1844, teorizaba por escrito y en impresionantes mítines la experiencia de cientos de trabajadoras en la lucha de clases, influyendo poderosamente en lo que luego sería el Manifiesto Comunista de 1848, año en el que se hizo una manifestación de mujeres contra la esclavitud y por el derecho a voto en Nueva York. Pero no sería hasta 1867, cuando podemos decir que surgió el feminismo sufragista pequeño burgués, facilitando que la progresía tuviera desde entonces su modelo de «mujer progresista» contrario al socialista y comunista que se había estado gestando desde un tercio de siglo antes siempre en medio de conflictos, huelgas y represiones.

Esta es una de las fundamentales tareas que ha de actualizar el debate colectivo sobre este 8 de marzo: el reformismo y la progresía feminista burguesa se presentan como los únicos y exclusivos representantes de la «mujer» como abstracción interclasista y cosmopolita, es decir, sin identidad nacional de clase obrera. Pero en realidad la mujer trabajadora fue muy importante en las matxinadas, motines, sublevaciones y guerras de resistencia nacional, mal llamadas "forales" y/o "carlistas", de los siglos XVI-XIX en Euskal Herria, como lo fue en las sucesivas huelgas generales obreras que han proliferado en nuestro país desde finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. ¿Y qué decir de las miles de mujeres vigiladas, marginadas, golpeadas, expulsadas del trabajo, represaliadas, detenidas, violadas, torturadas, encarceladas y asesinadas desde 1936 hasta ahora, no sólo por el terror material y moral católico y patriarco-burgués sino también por los Estados español y francés?

La triple explotación, patriarcal, de clase y nacional, es en realidad una sola y única: la de la mujer trabajadora de la nación oprimida como unidad productivo/reproductiva estructurante interno del pueblo trabajador y de su eje, el proletariado. La economía capitalista se desplomaría sin los beneficios obtenidos del trabajo no remunerado de la mujer, verdadera esclavización invisibilizada pero real, y sin los extraídos de las enormes diferencias salariales entre hombres y mujeres. Tampoco podemos olvidar la explotación sexo-económica de las mujeres de los pueblos oprimidos, de las migrantes sometidas al racismo más rabioso. Pues bien, todo ello se concentra en la violencia injusta que se abate sobre ellas y sobre todo en las especiales prácticas de tortura que sufren las militantes revolucionarias.

Una vez más es decisiva y urgente la batalla por la memoria sobre esta permanente gesta heroica sin la cual es incomprensible la Euskal Herria de hoy. Pero las movilizaciones del domingo 8 de marzo no son únicamente importantes por la activación de la memoria revolucionaria de la mujer trabajadora, que también, sino además por y para reforzar las luchas múltiples que se integran en la totalidad del enfrenamiento contra el capitalismo, sistema que sobrevive gracias a la explotación de la mujer trabajadora. En tanto que lucha anticapitalista debe ser socialista a la vez y por ello independentista. Eso de "post capitalismo" es otra trampa más que nos hunde en el vacío oscuro y gélido de la pasividad carente de visión estratégica, ignorante de la dialéctica de la historia.

Pues bien, tanto el 3 como el 8 de marzo de 2026 multiplican su importancia por varias razones: primera, por su valor tanto inherente contra el capital como por su valor en el momento actual, según hemos visto. Segundo por la necesidad imperiosa de reactivar y actualizar la memoria revolucionaria que la memoria reaccionaria quiere destruir. Y tercero, por sus aportaciones insustituibles a la huelga general del próximo 17 de marzo.

Las fuerzas convocantes a la huelga general del 17 de marzo se movilizan por una serie de conquistas vitales en estos momentos. Podemos resumirlas en los siguientes puntos que van más allá de recuperar la calidad de vida y trabajo del proletariado, situación empobrecida y deteriorada en los últimos años mientras la burguesía se enriquece a diario. Para ello es imprescindible acabar con la precariedad laboral y existencial, que debilita la conciencia y la esperanza humana sumiéndola en la resignación pasiva. También es urgente subir a 1.500 EUR el SMI o Salario Mínimo Interprofesional no sólo para reducir el empobrecimiento sino a la vez para forzar desde abajo una subida general de los salarios. Es imprescindible acabar con la feminización de la pobreza y con el racismo; realizar una drástica Reforma Fiscal en beneficio del pueblo trabajador y, en general, reducir el tiempo de trabajo explotado y ampliar los derechos obreros y político-sindicales.

La burguesía vasca ha criticado esta huelga con dureza y las fuerzas estatalistas dicen que las principales reivindicaciones planteadas solo pueden ser decididas desde las leyes españolas, superiores en rango y atribuciones a las de Hego Euskal Herria. No faltan quienes con la boca retorcida y desde el españolismo 'democrático' nos dicen que debemos aceptar el marco estatal y pelear dentro de sus restringidas leyes aunque eso suponga un retroceso en sus condiciones de vida y trabajo, porque lo decisivo, aseguran, es la revolución en el Estado, que tarde o temprano reconocerá el derecho formal a la autodeterminación.

Sin embargo, la historia confirma que las movilizaciones más avanzadas de los pueblos oprimidos pueden ser y de hecho son con frecuencia un acicate impulsor de las luchas de las clases trabajadoras menos concienciadas, sobre todo cuando sus organizaciones son verdaderamente antiimperialistas e internacionalistas. También ocurre lo contrario, que si los pueblos oprimidos ralentizan sus luchas para acompasarlas a otras menos radicales, entonces retroceden las dos. Estas lecciones son tan aplastantes que no merece la pena extenderse en ellas ahora mismo.

Aceptar la exigencia del nacionalismo español 'de izquierda' de supeditación de nuestras reivindicaciones a las estatales, supondría un tremendo golpe que nos debilitaría sobre manera además de en las reivindicaciones concretas como las arriba vistas, pero muy en especial en su síntesis lingüístico-cultural que aquí no hemos podido exponer: la cultura popular euskaldun como la fuerza comunal que se expresa y enriquece en su misma praxis. Como resultado de esa claudicación negaríamos lo escrito en la cita del Zutik Nº 64 arriba presentada: «crear fenómenos nuevos [...] alterar y acelerar el contexto para precipitar situaciones revolucionarias.».

La memoria revolucionaria es imprescindible como uno de los medios para crear nuevas situaciones y fenómenos, siendo otro el método materialista-dialéctico de pensamiento. Bajo las leyes españolas y francesas, desaparecería definitivamente la memoria de resistencia de nuestro pueblo, su memoria militar, entre otras razones porque el soberanismo reformista también necesita barrerla. Crear y acelerar nuevas situaciones revolucionarias, deber y necesidad de toda emancipación, sólo se logra mediante la dialéctica de la teoría enriquecida con las lecciones de la memoria, y la acción sostenida en la misma praxis.

Las tres movilizaciones que vamos a realizar en la primera mitad de marzo deben orientarse según esta brújula estratégica y deben prepararse para mostrar sus avances en la celebración del Aberri Eguna obrero y popular del 5 de abril de 2026, praxis también internacionalista y antiimperialista porque no es casualidad que el trumpismo quiera ilegalizar las banderas palestina y vasca en EEUU.

EUSKAL HERRIA 26 de febrero de 2026

 

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