Opresión sin conflicto o conflicto resolutivo

En una fábrica existía un problema bastante grave. Varios obreros habían sido denunciados por el patrón al sabotear varias máquinas y se enfrentaban a juicios con severas condenas. Otros, habían sido expedientados por su actividad sindical de protesta ante el despido de un número importante de la plantilla y por si fuera poco las condiciones laborales cada vez eran más duras. La tensión subía por momentos y existían una serie de reivindicaciones sindicales de sentido común que no obtenían respuesta. En definitiva,que había un conflicto en toda regla.
Un grupo de obreros, al detectar ciertas actitudes del patrón; apostaban por solucionar las consecuencias del conflicto laboral, que se readmitiera a los despedidos y que se eliminaran los expedientes. Así mismo, llegar a un acuerdo donde se alcanzarían unos mínimos de dignidad laboral con sueldos justos y más protección. De esta manera convencieron a los obreros para que abandonaran medidas de presión, se diera una unidad sindical en las reivindicaciones y se pudiera llegar a un acuerdo.
Obviamente el patrón, libre de presión, no llevó a cabo ningún cambio. Los obreros se quedaron sin una estrategia confrontadora y empezaron a centrarse en las consecuencias del conflicto laboral sin poder llegar al núcleo de él. Con el tiempo llegaron más expedientes, más despidos y algún que otro juicio. La situación laboral tampoco mejoró.
¿Por qué?. Por que existen una serie de leyes históricas ampliamente contrastadas en las que el poder jamás ha soltado sus privilegios sin verse requerido directamente a ello mediante la presión e intensificación de los conflictos que pueden llevar a una victoria o a una derrota tanto para unos como para otros.
En ese ejemplo se ha podido ver la histórica tendencia de las masas explotadas a aceptar las promesas de las minorías explotadoras, a creerse sus mentiras, o sea, la inercia de la credulidad , los límites de la lucha individual y/o colectiva de mera protesta, que carezca de una visión crítica de la naturaleza del enemigo al que se enfrenta. Los límites de las luchas espontáneas, de los motines, revueltas y sublevaciones sociales que estallan cuando la opresión se hace insostenible. La capacidad de la burguesía para pudrir no solamente estas revueltas sino sobre procesos de luchas ascendentes que terminan ahogándose . La tendencia a la burocratización y al reformismo, la tendencia al corporativismo pactista y economicista del sindicalismo. La tendencia a los vaivenes, al estancamiento y retroceso de los movimientos populares y sociales. Los efectos alienadores y disgregadores del capitalismo y la efectividad de las represiones y violencias burguesas. Que ya se veía el otro día en un artículo.
Éste ha sido un ejemplo a muy pequeña escala del funcionamiento del capitalismo. A veces, se suele decir que para entender un problema en su totalidad hay que empezar por su unidad más básica.
¿Cuál es la estructura básica del conflicto político en Euskal Herria?. La imposición de una voluntad política ajena que se deriva de la negación de la nación vasca. Esta imposición a su vez está relacionada con los intereses del capital. Si seguimos estirando el análisis, veríamos que ese interés del capital es una extensión del imperialismo. Por lo tanto, el conflicto político es un conflicto que en esencia está forjado por el imperialismo español y francés además de mantenido por el ansia depredadora del capital y las burguesías española y francesa así como la colaboracionista autóctona. Ese es el conflicto nacional que padecemos.
Entonces surgen varias preguntas. ¿Hay que solucionar las consecuencias del conflicto, solucionar el propio conflicto o crear más conflicto? ¿Qué es lo que más acerca a la “solución”?. ¿Interesa la opresión “sin conflicto”? . ¿Cómo se van a arreglar las consecuencias del conflicto, sin que el conflicto desaparezca?.
Algunas preguntas pueden parecer contradictorias o directamente estúpidas, pero son perfectamente coherentes con el discurso que se ha instalado en torno “al nuevo tiempo” y a la ”solución”.
El debate central aparentemente esta ahí, o al menos para los que creen que las consecuencias del conflicto son culpa de la lucha y la resistencia vasca y que una vez “desaparecida” esa lucha y esa resistencia el conflicto no existe y por lo tanto no va a haber más consecuencias. Que Santa Lucía les conserve la esperanza porque la vista la tienen perdida. La represión no simplemente se queda en lo superficial, aparente o ataque directo sino que responde a una estrategia integral de opresión de Euskal Herria independientemente de la respuesta. Y la represión más dura y efectiva es la causada por el miedo y no tiene forma física, la otra tampoco se descarta. Creer que la represión se produce simplemente por la confrontación en determinados baremos es no entender la verdadera filosofía represiva que actúa más en la acción no aparente que en la propia acción directa.
Ahora bien, ¿Es necesaria una solución al conflicto?.Obviamente, eso significaría que están desatados los nudos que impiden a Euskal Herria decidir. ¿Es necesario que se resuelvan y traten las consecuencias del conflicto?.Indudablemente, no se podrá dejar atrás ese conflicto sin tratar sus consecuencias y sobre todo sin llegar a un marco donde haya garantía de que no se producirán. ¿Es necesaria la intensificación del conflicto?. Sin lugar a dudas, ya que como se comentaba antes, existen una serie de leyes históricas ampliamente contrastadas en las que el poder jamás ha soltado sus privilegios sin verse requerido directamente a ello mediante la presión e intensificación de los conflictos. El debate puede estar en cómo se intensifica el conflicto y cómo se genera esa presión y puede ser muy abierto, pero abandonar el pulso contra el estado y el capital es garantía absoluta de que no habrá solución al conflicto ni paz.
Cómo mantener un marco de cara a la solución, cómo se complementan la acumulación de fuerzas y la confrontación necesaria, cómo se intensifica el conflicto y se aceleran las contradicciones, todo ello unido e integrado en una estrategia ofensiva es posiblemente la única vía que pueda impedir una total y absoluta derrota por inanición y asimilación enfangados en una “solución” que nunca nos van a dar por voluntad propia ni la sociedad vasca por sí sola puede conseguir a no ser que se equipare a “la opresión sin conflicto”.







