Samidoun denuncia la escalada de criminalización contra la solidaridad con Palestina
La Red de Solidaridad con las y los Presos Palestinos Samidoun denuncia la detención de Asier y Youssef, dos militantes internacionalistas de Euskal Herria defensores del pueblo palestino
Es un nuevo episodio de la creciente ofensiva represiva dirigida contra quienes se organizan, informan y actúan en defensa de Palestina y de su legítimo derecho a la resistencia.
Estas detenciones no pueden entenderse como hechos aislados. Forman parte de una estrategia cada vez más evidente de persecución política contra organizaciones, colectivos, medios de comunicación alternativos, activistas y personas comprometidas con la lucha por la liberación de Palestina. Mientras el régimen sionista continúa desarrollando una campaña genocida contra Gaza, intensifica sus agresiones contra el pueblo palestino en toda Palestina ocupada, desde el río hasta el mar, y amplía sus ataques contra los pueblos de la región, son quienes denuncian estos crímenes quienes terminan siendo perseguidos, vigilados, interrogados o detenidos.
En este proceso, los aparatos del Estado español desempeñan un papel cada vez más activo en la criminalización de la solidaridad con Palestina, alineándose con las políticas impulsadas por Estados Unidos, la Unión Europea y el régimen sionista para intentar aislar y silenciar al movimiento de solidaridad internacionalista. La persecución de activistas, periodistas, comunicadores y organizaciones solidarias no busca combatir ningún delito real; busca generar miedo, desalentar la movilización y enviar un mensaje de advertencia a quienes se niegan a guardar silencio ante el genocidio.
Resulta revelador que, frente a uno de los procesos de exterminio más documentados de nuestro tiempo, los recursos policiales, judiciales y mediáticos no se dirijan contra quienes financian, arman, justifican o encubren estos crímenes, sino contra quienes levantan la voz para denunciarlos. La solidaridad con Palestina está siendo presentada como una amenaza, mientras los responsables de la ocupación, el apartheid, la limpieza étnica y el genocidio continúan actuando con total impunidad.
Tampoco puede ignorarse el papel desempeñado por determinados medios de comunicación y plataformas de propaganda que, durante meses, han señalado públicamente a Asier y Youssef, difundiendo acusaciones sin pruebas, promoviendo campañas de difamación y contribuyendo a construir un clima de persecución política. Estos medios no actúan como observadores neutrales ni como defensores de la libertad de información; actúan como instrumentos de una operación más amplia destinada a criminalizar cualquier expresión de solidaridad con Palestina y a estigmatizar a quienes denuncian los crímenes del sionismo y del imperialismo.
Asier y Youssef desarrollaban una labor pública de información, análisis y difusión sobre la causa palestina y sobre la realidad política y geopolítica de Asia Occidental. Su trabajo consistía en acercar a la sociedad hechos, acontecimientos y perspectivas que habitualmente son silenciados o distorsionados por los grandes medios de comunicación. La persecución de quienes informan, investigan, analizan o difunden contenidos relacionados con Palestina constituye un ataque directo al derecho de los pueblos a recibir información veraz, plural y crítica.
Cuando informar se convierte en motivo de persecución, no sólo se vulneran los derechos de quienes comunican; también se vulnera el derecho de la sociedad a comprender los acontecimientos internacionales y a formarse una opinión propia. El derecho a la información, la libertad de expresión y el libre debate político son pilares fundamentales de cualquier sociedad que pretenda considerarse democrática.
Las recientes actuaciones contra activistas, comunicadores y analistas plantean una cuestión de enorme gravedad democrática. ¿Qué ocurre cuando informar sobre Palestina, analizar acontecimientos políticos internacionales o dar voz a actores implicados en los conflictos de la región pasa a ser tratado como un problema de seguridad? ¿Qué ocurre cuando el ejercicio de la libertad de expresión y del derecho a la información deja de protegerse para empezar a ser perseguido? Cuando determinadas posiciones dejan de combatirse políticamente para pasar a ser objeto de operaciones policiales, judiciales y mediáticas, lo que está en juego no es únicamente la solidaridad con Palestina, sino las libertades democráticas más básicas.
La acusación de «terrorismo» se ha convertido en una herramienta política destinada a deslegitimar posiciones incómodas y restringir el debate público. Bajo esta lógica, la solidaridad internacionalista, el antiimperialismo, el apoyo a los movimientos de liberación nacional y la defensa del derecho de los pueblos a resistir son presentados como delitos, cuando forman parte de una tradición histórica y política legítima reconocida incluso por el derecho internacional.
Recordamos que la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 3070 (XXVIII), reafirmó la legitimidad de la lucha de los pueblos sometidos a dominación colonial, ocupación extranjera y subyugación por todos los medios a su alcance. El pueblo palestino no constituye una excepción. Intentar criminalizar el apoyo a sus derechos nacionales y colectivos supone un ataque directo a principios fundamentales reconocidos internacionalmente.
Se trata del derecho de los pueblos a resistir la ocupación, el colonialismo y la agresión; del derecho de las sociedades a informarse, debatir y solidarizarse sin miedo a represalias; y del derecho de las organizaciones populares a actuar sin ser perseguidas por razones políticas.
La detención de nuestros compañeros no es únicamente un ataque contra dos militantes solidarios. Es un ataque contra el conjunto del movimiento de solidaridad con Palestina, contra la libertad de expresión, contra el derecho a la información, contra el derecho de organización política y contra el derecho de los pueblos a ponerse del lado de quienes resisten la ocupación, el colonialismo y el genocidio.
La persecución de Asier y Youssef pretende enviar un mensaje al conjunto del movimiento de solidaridad con Palestina: que informar, organizarse y tomar partido frente al genocidio puede tener consecuencias. Nuestra respuesta debe ser exactamente la contraria: más organización, más solidaridad y más compromiso con la lucha por la liberación de Palestina.
Desde Samidoun expresamos toda nuestra solidaridad con Asier y Youssef, con sus familias, amistades y compañeros de lucha, así como con el conjunto del movimiento de solidaridad con Palestina en Euskal Herria. Rechazamos cualquier intento de intimidación dirigido a quienes se organizan contra el genocidio y reafirmamos que la represión no conseguirá aislar la causa palestina ni quebrar el compromiso internacionalista de los pueblos.
No pediremos permiso para ser solidarios ni aceptaremos que quienes justifican, financian o encubren la destrucción de un pueblo decidan qué formas de solidaridad son legítimas y cuáles merecen castigo.
No renunciaremos a denunciar el genocidio, la ocupación, el apartheid y la limpieza étnica, a señalar a los responsables, ni a defender el derecho del pueblo palestino a la resistencia, la liberación y el retorno. La detención de nuestros compañeros constituye también un ataque contra el derecho a informar y a ser informados, contra la libertad de expresión y contra el derecho de los pueblos a conocer la realidad de Palestina y de Asia Occidental más allá de los relatos impuestos por los centros de poder político, militar y mediático.
Porque el silencio ante la injusticia es una forma de complicidad. Porque cuando los derechos humanos se convierten en objeto de persecución, defenderlos deja de ser una opción para convertirse en una obligación. Porque la criminalización de la solidaridad no se enfrenta retrocediendo, sino ampliando las redes de apoyo, denuncia y resistencia. Porque frente al miedo que pretenden imponer, nuestra respuesta debe ser más organización, más conciencia y más solidaridad internacionalista.
Libertad para Asier y Youssef.
Fin de la criminalización de la solidaridad con Palestina.
Defender Palestina no es un delito. Informar no es un delito.
Viva la solidaridad internacionalista.
Viva la resistencia palestina.
Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá.







