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Nacionales E.Herria :: 20/11/2013

Violencia.

Borroka Garaia
Hablar de derechos humanos en Euskal Herria obviando que la base mínima de justicia es ser un sujeto libre reconocido es engañar
¿Por qué el estado y sus colaboradores eran tan furibundos en la exigencia de la “condena a la violencia”?. Mas importante aun, ¿Por qué siguen siéndolo una vez que ETA ya no practica lucha armada?. ¿Por qué los partidos del régimen desde el PNV al PP exigen auto-crítica a toda violencia que no parta de ellos?. Solo existe una respuesta a ello. Condenar cualquier tipo de violencia popular es una brutal necedad y una muestra clara de incapacidad (por parte de quien la condena) para salirse de las perspectivas ideológicas de la clase explotadora . Argala. No ha existido un solo estado ni clase explotadora en toda la historia de la humanidad que se haya auto-condenado. Tampoco la habrá en el futuro. La lógica es muy sencilla. Ningún estado ni clase explotadora puede mantener su hegemonía sin la violencia. Rechazar la violencia sería su auto-destrucción y auto-negación. ¿Cómo iban a mantener el estado español y francés su dominio sobre Euskal Herria y su clase trabajadora sin armas, sin policías, sin cárceles, sin ejercito?. Sería una tarea del todo imposible. La auto-critica en relación a la violencia que se le exige a la izquierda abertzale no tiene ninguna otra motivación más que integrar en la perspectiva ideológica de la clase explotadora y de los estados a las clases populares vascas. Todo ello sin rozar si quiera el monopolio de la violencia en manos del estado. Violencia de estado no es simplemente el GAL ni el BVE, tampoco las torturas, ni las cargas policiales, no lo es simplemente la “guerra sucia” o las ilegalizaciones, ni siquiera los encarcelamientos. La violencia de estado es fundamentalmente el aparato coercitivo que tiene capacidad para que la opresión se mantenga. Lo otro simplemente son medios, tácticas. Incluso descartables según el contexto. Por eso jamás de los jamases ninguna fuerza del régimen pondrá en entredicho al entramado coercitivo. Nunca el PNV dirá que la ertzaintza pese a que su labor es utilizar la violencia y portar armas desaparezca. Tampoco dirá el PSOE que las cárceles encierran a seres humanos en jaulas. Ni el PP dirá que el ejercito español sobra. Es precisamente la aceptación de esas realidades como naturales, la maquinaria violenta de la que nunca prescindirán. Sino el estado caería. Y la influencia de todos ellos con él. Los Derechos humanos son algo de lo que se habla mucho en relación al conflicto político que vivimos en Euskal Herria. Una de las razones es obvia. Los derechos humanos se han cercenado generación tras generación de una manera sistemática hasta que la memoria se pierde en la historia. Esa misma historia no deja género de duda ante cuales fueron los puntos de inflexión en el que los derechos humanos empezaron a violarse sistemáticamente y de manera organizada. La conquista armada extranjera del territorio vasco junto a la entrada del capitalismo son esos dos puntos históricos. Nadie que hable de derechos humanos sin partir de esa base está siendo honesto. La interpretación burguesa de los derechos humanos supone respeto a los derechos humanos asentados sobre privilegios previamente obtenidos mediante la vulneración de esos mismos derechos. Básicamente y en esencia, supone el respeto a los supuestos derechos del Estado y su clase dominante. Hablar de derechos humanos en Euskal Herria obviando que la base mínima de justicia es ser un sujeto libre reconocido es engañar y colocar el debate en un marco de no respeto a los derechos humanos sino de respeto a la injusticia. En estos tiempos de frases vacías, de mercadeo del dolor y de negación de realidades, la mejor aportación auto-critica que puede hacer el pueblo trabajador vasco es volver a estudiar la teoría del derecho a la rebelión de la declaración universal de los derechos humanos, la teoría del estado como dictadura violenta de clase contra clase y pueblos, la historia de este país y comprender la irreconciabilidad de intereses entre opresores y oprimidos. Solo así podrá evitarse entrar de lleno en la perspectiva ideológica de la clase explotadora y los estados, donde el relato del opresor navega en aguas tranquilas, y enfrentarle otra perspectiva que tenga como base no la injusticia y el monopolio de la violencia del estado sino la libertad y la justicia. Igualmente bases únicas donde construir una futura paz ya que nunca se podrán tratar a fondo las consecuencias de un conflicto sin que se haya solucionado. La violencia de estado seguirá apretando y el modelo coercitivo estará mas asentado y normalizado, actuando con más eficacia, de entrar en los baremos idelógicos de lo que Argala denominaba clase explotadora.
 

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